16 de abril de 2021
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Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

El día que Puyana aprendió a detestar el vocablo maestro

4 de marzo de 2013

Una noche, después de cenar en casa de sus padres, en Bogotá, en compañía de don Andrés Segovia, el español que revitalizó la guitarra para el mundo como instrumento de concierto, el consagrado músico colombiano don Rafael Puyana resolvió convertirse en el principal enemigo de la aplicación del adjetivo maestro, tan socorrido en todas las manifestaciones culturales, especialmente en la de su arte que lo hizo ciudadano universal sin visas, aduanas, ni fronteras.

Puyana, notable ejecutor del clavicémbalo, también es famoso porque acostumbra llamar las cosas por su nombre. La hipocresía no hace parte de su repertorio. Al pan le llama pan y vino al vino. Para sus críticos es, simplemente, un hombre de partituras y de malas pulgas, amigo de querellarse con un sector de la prensa que lo malquiere. Los adoradores de la música culta salen en su defensa y lo definen como un genio a veces incomprendido.

El relato de puño y letra del artista

Para justificar su oposición al empleo del calificativo que lo saca de quicio, el propio profesor Puyana, a quien debe aturdirlo el imperativo ¡Música, Maestro!, hizo este relato:

“Basta con recordar la famosa anécdota que contó en el mundo entero don Andrés Segovia, el consumado concertista de guitarra, sobre aquella tarde en que preparaba en el Teatro Colón, de Bogotá, un recital que debía interpretar esa misma noche. Un carpintero que estaba martillando en lo alto de las tramoyas, mientras Segovia desesperado trataba de ensayar, oyó el estridente grito de un empleado que vociferaba: “¡Maestro!, deje de hacer ruido. ¿No ve que el artista está ensayando?”. Atraída por semejante algarabía, acudió la directora del teatro a presentarle disculpas al célebre guitarrista español, quien enfadado le contestó: “Decididamente, en este país llaman ‘maestro’ a cualquiera”. Después del recital, Segovia fue a cenar a la casa de mis padres y por primera vez contó, con la gracia que lo caracterizaba,  esta anécdota. Desde entonces quedó en mi mente que el título de ‘maestro’ dejaba de ser honorífico y se convirtió para mí en una lisonja que había que evitar prodigar a toda costa. Ni que me hubieran presentado en persona al mismo Stravinsky, lo hubiera llamado ‘maestro’. Más tarde, como en el caso de León de Greiff, percibí que el título de maestro lo distribuían indiscriminadamente quienes buscaban congraciarse con personajes de poca categoría, para halagarlos”.

Maestros como arroz

Aunque se moleste mucho el Señor Puyana, en Colombia hemos tenido maestros de verdad para dar y convidar. Repasemos arbitrariamente, a vuelo de pájaro o a ojo de buen cubero, algunos nombres: en las artes plásticas, Alejandro Obregón, Fernando Botero, Enrique Grau, Pedro Nel Gómez, Rodrigo Arenas Betancur, David Manzur, Darío Morales y que no falte la maestra Débora Arango. En la música culta, Luis A. Calvo, Blas Emilio Atehortúa, Roberto Pineda Duque y Luis Biava, y en la música popular, Lucho Bermúdez, Pacho Galàn, Carlos Vieco, Rafael Escalona, José Barros, José A. Morales, Oriol Rangel, Emilio Murillo, Pedro Morales, Edmundo Arias, Luis Uribe Bueno y Jaime Llano González. En el periodismo radial, Antonio Pardo, Yamid Amat y Alfonso Castellanos. En la tauromaquia, Pepe Cáceres y César Rincón. Y muchos etcéteras más.

Otro descalabro de carambola para Albornoz

El reconocido político nariñense Carlos Albornoz Guerrero afronta, además de los ocho cargos que le ha imputado la Fiscalía General de la Nación por su desempeño en la Dirección Nacional de Estupefacientes,  un nuevo descalabro judicial por concepto de la sentencia condenatoria que contra su esposa Blanca Bernal ha fallado la Corte Suprema de Justicia. El alto tribunal condenó a la señora Bernal y su hermana María Luisa (Lulú) al pago de una millonaria indemnización de orden laboral a favor del periodista Germán Salgado Morales, ex–director de noticias de Radio Santafé.

La tradicional emisora capitalina fue recientemente arrendada al Grupo Prisa, propietaria de la cadena Caracol, al parecer por los próximos cinco años, y para esta negociación la empresa radial cambió su nombre, en una maniobra considerada ilegal y supuestamente encaminada a no cumplir la orden del máximo tribunal judicial de la Republica.

De confirmarse la maniobra dolosa, la familia de Albornoz-Bernal se expone a una nueva demanda de carácter penal, por fraude a una resolución judicial proferida por la Corte Suprema, que podría enviar a prisión  a la propia esposa del cuestionado ex director de Estupefacientes.

Caos en Colpensiones

El Ministro de Trabajo, Rafael Pardo Rueda, mantiene tensas relaciones con el presidente de Colpensiones, Pedro Nel Santamaría, quien aseguró desde el año pasado que la entidad estaba lista para atender todos los asuntos de reconocimiento y pago de las mesadas de los diferentes afiliados de todo el país.

Sin embargo, hasta el momento el desgreño administrativo continúa tanto en los puntos de atención como en el Bunker que ha montado Ospina en el edificio de Granahorrar en la Calle 72, en Bogotá.

No se resuelven a tiempo las solicitudes de pensión y a la institución le caerán próximamente más de 50.000 tutelas falladas y un número similar de desacatos que harán imposible cualquier gestión planificada, ante la prioridad que demandan los fallos judiciales.

Tolón Tilín

Esta situación tiene al ministro Pardo absolutamente contrariado, pues siempre se le prometió que Colpensiones estaba listo para arrancar y no obstante los gastos administrativos que, ya superan los 400 mil millones  de pesos, la entidad sigue estancada como el primer día.