16 de abril de 2021
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El CPB transita por la calle de la amargura

16 de marzo de 2013

A finales de abril lo notificaron como representante legal la expropiación de los dos edificios de la calle 26. Junto con otros colegas abogados analizaron la situación y Giraldo decidió solicitar una audiencia al entonces alcalde distrital, Samuel Moreno.

Mientras tanto, se convocó una  asamblea extraordinaria que le autorizara negociar con la administración por cuanto la expropiación significa que aunque no haya un juicio, el valor determinado oficialmente por el Agustín Codazzi, se pague a través de un depósito judicial con abonos periódicos que puede tardar varios años y que parte de esos pagos se hagan con títulos oficiales de tesorería.

William fue a la reunión del Liévano acompañado por cinco ex presidentes del CPB (Javier Ayala, Oscar Alarcón, Sylvia Jaramillo, José Salgar y Fernando Barrero) así como algunos miembros de la junta, entre ellos el Fiscal de la junta, Germán Mejía Pinto, comentarista de automovilismo.

Cambiar expropiación por enajenación

En nombre del Círculo, dispuesto siempre a colaborar con el progreso de la ciudad, el presidente Giraldo  propuso al alcalde cambiar la figura de la expropiación por la enajenación voluntaria, que significaba la entrega inmediata de los inmuebles y el abono de un 80 por ciento del valor de éstos para que el CPB pudiera sanear los problemas financieros que arrastraba desde mediados de los años 90.

En el lugar ocupado por el CPB y otros predios vecinos se construiría la estación central de Transmilenio.

El fiscal Mejía y la tesorera de entonces, Gladys Patricia Contreras,   dicen que al CPB se le apareció la Virgen y que por eso hay derroche del patrimonio.

Los primeros depósitos

Con los primeros dineros recibidos a finales del 2010, el presidente propuso a la asamblea que tales recursos no fueran a una cuenta de ahorros, sino a un fideicomiso que les diera seguridad para el dinero, aunque la rentabilidad fuera mínima. Eso también lo aprobó la asamblea.

La sorpresa de Giraldo vino cuando comprobó que la Virgen no hace milagros jurídicos y empezó a vivir el calvario de ser representante legal de la entidad porque  al intentar abrir el fideicomiso, le informaron  que el CPB está vetado en el sector financiero, debido a los procesos judiciales que por deudas tenía con varias entidades.

William recurrió a algunos conocidos en el oficio periodístico y  una Fiduciaria decidió aceptar que depositaran el dinero en administración. Las fiduciarias invierten en fondos que generan rentabilidad en la medida en que el interesado esté dispuesto a asumir riesgos, es decir que entre mayor rentabilidad pida, más riesgo asume por tipo de inversiones -algunas veces especulativas.

Pidió la rentabilidad más adecuada para que lo recursos estuvieran en fondos conservadores, pero seguros. Eso les dio a la vuelta de once meses una rentabilidad de cerca de $60 millones.

Se inicia el pago de deudas

Con otra parte de los recursos, el CPB  empezó a pagar acreencias. Lo primero fue para los ex-empleados despedidos por Gloria Tamayo sin el pago de las prestaciones sociales. Cinco empleados tenían a su favor obviamente las sentencias que prestaban mérito ejecutivo para embargar los dineros que ingresaran al CPB (de ahí la importancia del fideicomiso) con el fin de hacer efectivas sus acreencias.

Después se iniciaron negociaciones con Covinoc que a través de un proceso ejecutivo cobraba un préstamo de $103 millones otorgado por Granahorrar, más los intereses moratorios y demás arandelas. Una suma que bordeaba los $250 millones. Al despacho del juez estaba la petición de remate de uno de los inmuebles para hacer efectivo el cobro.

Se negoció con Covinoc el pago únicamente del capital adeudado. Finalmente se pagaron $81 millones 800 mil.

Arreglos con otros bancos

Una tarea igual se adelantó con el Banco de Bogotá. Un proceso ejecutivo que iba en $205 millones. Se pagaron únicamente capital y honorarios por $27 millones. Se trataba de un préstamo solicitado por Gloria Tamayo  a mediados de los años 90 para supuestamente pagar la nómina del CPB.

Al Hotel Tequendama se le pagaron $36 millones de alquiler del salón Rojo y servicios de un Premio CPB que Gloria Tamayo no había pagado y también se encontraba en proceso judicial de cobro.

Una vez logrado los acuerdos de pago, llevaron con el asesor jurídico los oficios correspondientes para que los diferentes jueces civiles ordenaran los desembargos para que los inmuebles volvieran al comercio y así poder suscribir las promesas de compraventa y las futuras escrituras públicas.

Fueron cerca de $350 millones destinados al pago de las acreencias con parte de los recursos girados por la administración distrital. Al Fideicomiso se destinaron $2.400 millones.

Llega la hoguera

Y vino a continuación la hoguera del purgatorio. El Presidente del CPB tuvo que asumir negociaciones con diferentes entidades: con el Catastro Distrital para aclarar cabidas y linderos de los lotes sobre los cuales fueron construidos los edificios por cuanto las medidas físicas no coincidían con las de las escrituras. El Distrito había usado parte de los predios para construir también parte de las calzadas de la calle 26 y de la carrera 13A con sus respectivos andenes y no existía documento alguno de cesión de espacio de parte del Círculo, no había sido pagada ninguna indemnización ni había documento alguno de acuerdo entre el distrito y el CPB al respecto.

Esa tarea, con antesalas de hasta días enteros, duró casi dos años y medio. El 14 de agosto de 2012 fue entregado el último de los cinco certificados de cabida y linderos de los cinco lotes ocupados por los inmuebles. Hasta entonces no había probabilidad de suscribir escrituras.

Nota: Esperamos poderles presentar la próxima semana la parte final del rosario de vicisitudes que afronta el abnegado colega William Giraldo Ceballos, presidente del CPB, la más respetable de las agremiaciones del diarismo nacional, por su resuelto empeño de hacer que el Círculo recupere su estabilidad, su buena imagen y su prestigio.