16 de abril de 2021
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Cónclave: avanza la elección del nuevo papa de la Iglesia Católica

12 de marzo de 2013
12 de marzo de 2013

Ciento quince cardenales electores, menores de ochenta años, se encerraron en la Capilla Sixtina. El nuevo papa debe ser elegido por dos tercios de la totalidad de votos.

La palabra “cónclave” procede de la expresión latina “cum clave”, o sea, “cerrado con llave”, y hace referencia al recinto cerrado, donde los cardenales permanecen tradicionalmente hasta elegir al nuevo Papa. He aquí lo que nos contó al respecto el historiador y teólogo ruso, Alexéi Yudin:
—Históricamente se ha comprobado que para llevar el asunto a feliz término es necesario aislar a los cardenales del mundo externo, creando un ambiente adecuado para que se dediquen a una sola cosa: la elección del Pontífice.

Hubo casos cuando la elección duró casi tres años. Últimamente, el plazo promedio fue de dos a cuatro días. Benedicto XVI que renunció al papado fue elegido en dos días. Es cierto que en aquella ocasión solo hubo dos opciones: Ratzinger o no Ratzinger. Esta vez, la situación es mucho más complicada: no hay una sola figura de referencia. Los ismo cardenales dicen que este cónclave va a ser difícil.

La Capilla Sixtina atenderá el cónclave por vigésimo quinta vez. Formalmente, el recinto obtuvo el estatus oficial de lugar del cónclave solo en 1996, tras la aprobación de la Constitución Apostólica Universi Dominici Gregis, de Juan Pablo II.

A principios de marzo, en ese famosísimo monumento del Renacimiento italiano, comenzaron los preparativos para el cónclave. Una cuadrilla de cuarenta obreros polarizó las ventanas, montó un podio especial de madera cubriéndolo de tapiz color beige y puso las mesas y butacas. Apareció un conducto de chimenea sobre el tejado para anunciar con el humo la elección o no del nuevo Pontífice. Por dentro se colocó una estufa para quemar las boletas, prosigue Alexéi Yudin:

—Para un cónclave se colocan dos estufas. Una para quemar las boletas y otra especial para echar humo. El cardenal que sea elegido deberá anunciar claramente que acepta ser el papa. Hay opciones para el caso de su negación. Pero la historia de la Iglesia Católica aún desconoce tales casos.

Simplemente existe este procedimiento. Luego saldrá un cardenal para decir  “tenemos papa”. Y se procederá a la entronización del nuevo Pontífice.
Inmediatamente después de ser elegido, el nuevo papa debe retirarse a la Sacristía de la Capilla Sixtina para orar por el peso de la responsabilidad que le va a caer encima. Allí mismo se viste con vestiduras papales hechas en tres tamaños, dependiendo de la talla del nuevo pontífice y anuncia su nuevo nombre de trono. El Papa está obligado a cambiar su nombre por un papal, explica Alexéi Yudin:

—Suele tomar un nombre que señale a un predecesor suyo, cuya causa le gustaría continuar. Por ejemplo, Juan Pablo I fue sucesor de la causa de Juan XXIII, quien convocó el Segundo Concilio del Vaticano, y de Pablo VI, quien continuó ese rumbo. Ese Papa falleció pronto, solo treinta y tres días después de asumir el pontificado. Le sucedió Juan Pablo II, quien continuó la causa Juan XXIII, Pablo VI y Juan Pablo I. Así que el nombre puede ser cualquiera, todo depende del cardenal elegido al papado.

Esta vez, entre los cardenales papables, principales candidatos a la Santa Sede del Vaticano, figuran el italiano Angelo Scola, el brasileño Odilo Scherer, el canadiense Marc Ouellet y el estadounidense Timothy Dolan. Pero como no hay favorito indiscutible, cualquier otro cardenal también puede ser elegido. El analista Piotr Sviatenkov afirma que, independientemente de quien sea el nuevo papa, no iniciará una reforma radical de la Iglesia Católica:

—Estoy seguro de que la Iglesia Católica seguirá en su postura conservadora con el nuevo pontífice. Y si se emprenden algunas reformas, no serán importantes.

El cardenal francés Jean-Louis Tauran es la persona encargada de anunciar el nombre del futuro papa. A estas alturas, lo único que sabemos es que el nuevo pontífice difícilmente se llamaría Pedro II. Primero, porque sería demasiado ambicioso equipararse al apóstol Pedro, cuyo nombre ostenta el Trono papal. Y segundo, porque de acuerdo a una profecía del monje irlandés Malaquías que vivió en el siglo XII, justamente un papa llamado Pedro de Roma o Pedro II será el último pontífice de la Iglesia Católica Romana.