17 de abril de 2021
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Las hormigas: sabias diminutas

26 de febrero de 2013
26 de febrero de 2013

catellanos jorge El débil murmullo de las hormigas y su pequeño tamaño caracterizan a un pueblo que, sin tener capitanes, prepara su alimento en el verano para disfrutarlo en las otras estaciones. Su sistema organizacional es de excelencia comprobada. Recoge la cosecha y la almacena para futuros días.
Las hormigas redimen el tiempo. Todos los individuos cumplen incesantemente con el trabajo que les corresponde. La laboriosidad en conjunto, la plena participación, el desarrollo general de los asociados, la erradicación del ocio, la conciencia de previsión, son metas que se imponen y logran dentro de su organización. Los fuertes sistemas de integración social y de cooperación total, asociados al beneficio recíproco de la comunidad, identifican la existencia de las hormigas, avalando su supervivencia desde épocas milenarias. En un viaje a la raíz de su entorno se descubren interesantes cosas: se les aprecia en sus laberintos siempre en continuo movimiento. Viajan en columnas gigantescas que pueden alcanzar varios metros. Las legionarias suelen ser grandes, están dotadas de potentes y amplias mandíbulas y actúan como verdaderos soldados que arrasan todo a su paso. Su semejanza con regimiento humano es asombrosa. Se cuenta que de un caballo atado no quedaran más que sus huesos, en virtud de que las hormigas se lo comen vivo. Existe la creencia de que no atacan hasta que todo el cuerpo no queda totalmente cubierto por ellas y entonces… ¡muerden a la victima todas al mismo tiempo!

Unas mueren para que otras vivan.

Las mandíbulas de la larva de la hormiga león segregan un fluido paralizante. En el género de las hormigas Odre, unas mueren para alimentar a las otras. Si las provisiones se acumulan y la vegetación se conserva verde, cabe que una hormiga joven acepte la gota que les es ofrecida por una de sus hermanas exploradoras, sellando así su suerte. Cada vez recibe mayor cantidad de alimento y su abdomen se hincha. Trepa al techo de la cámara y se condena a pasar el resto de la vida con su inerte barriga llena de jarabe. La situación es diferente en tiempo de sequía. Al regreso de las exploradoras con las “manos vacías” , producto de la resequedad del desierto, las hormigas repletas reciben visitas a las que hay que atender ofreciéndoles los nutrientes que guardan. Su abdomen, por consiguiente, va vaciándose progresivamente y mueren cuando sus reservas se agotan.  Es claro: con cada gota que pierden se extingue su vida.

En el género de las hormigas león las provisiones pueden escasear, pero se las arreglan con métodos de ayuno. Muchas veces los hoyos producidos por éstas hormigas se agrupan tan cerca, que impiden que cada uno de sus ocupantes posea alimento suficiente. Aparecen en conjunto, superada la dificultad, porque las larvas tienen la capacidad de ayunar hasta más de ocho meses.

Ingenieras naturales

Las hormigas poseen una insuperable metodología de procesos de ingeniería para diseñar sus casas y para construir los caminos que han de transitar. Las hormigas rojas levantan un montículo con pequeñas ramas y tallos de hojas para el sistema de la estructura del techo del nido, que en su mayor parte esta está situado bajo el suelo. Así, logran protegerse de la lluvia y mantienen uniforme la temperatura del interior, sin importar si el ambiente es cálido o frío. El diseño permite que las hormigas se refugien del invierno en estos laberintos y que en verano los mantengan abiertos para espaciarse por todo el nido.

Del nido salen caminos que pueden alcanzar hasta 40 metros o más, los cuales tienen una red de mantenimiento y limpieza permanente. Como si se tratará de urbes, los nidos de las hormigas rojas están conectados entre sí, guardándose la proporción de los grandes y de los nidos satélites. Generalmente, los trabajos se llevan a cabo en invierno, cuando las arcillas son ablandadas por las lluvias. Las hormigas son la excelencia en la organización del trabajo. La variedad parasol distribuye el trabajo tanto en la delegación de las tareas, como en la responsabilidad que asumen en el cumplimiento del deber. Las obreras grandes defienden el nido, las medias aportan las hojas y las mínimas velan y cultivan los tablares de hongos.

El trabajo de cada hormiga equivale al de un hombre que traslada una carga de 150 kilos a una distancia de ocho kilómetros. Su sentido de responsabilidad se ha transmitido genéticamente.

Salomónicas hormigas

Las hormigas lo saben todo. Al terminar este espléndido vistazo a su alrededor, entendemos que todo lo tienen calculado fríamente. No necesitan que las empujen para trabajar vigorosamente. Lo hacen en forma instintiva, sin veedores ni fiscales. El sentido de responsabilidad es propio de su vida y se ha transmitido genéticamente, de generación en generación, hasta nuestros días. Estas sociedades organizadas que datan de milenios atrás, son capaces de transportar pesadas cargas, varias veces el peso de sus propios cuerpos. Van y vienen una y mil veces, abriéndose camino y ejecutando su labor.

El trabajo de cada una equivale al de un hombre que traslada una carga de 150 kilos a una distancia de ocho kilómetros.  Llegan a transportar al nido más de 200 kilos de hojas al día. Emigran cuando tienen que hacerlo, con todo, con sus larvas y con las presas no consumidas. En sus habitáculos existe limpieza absoluta y poseen despensas de residuos no aprovechables. Producen puentes con sus propios cuerpos. Construyen palacios en la arena y en los tallos de los árboles para las reinas y las larvas en general. Preservan el clima y la ventilación de sus nidos, logrando temperaturas ideales para toda la comunidad. Tienen una energía prodigiosa. Hablan el desconocido lenguaje químico. Aún queda mucho por investigar para aplicar sus formidables formas de vida al servicio de la humanidad y de sus empresas.

Esta vertiginosa e inconclusa exploración a su maravilloso ambiente natural sirve para atenuar la prepotencia humana, cimentada falsamente en la plataforma de que todo lo conocemos y nada escapa a nuestro dominio y que tiene que terminar parafraseando a Salomón: ¡Se sabio, observa a la hormiga!

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