19 de enero de 2021
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La verdadera labor del político

15 de octubre de 2012

ferney pazLo anterior, sin  contar  aquellos voceros con credencial de parlamentarios que auspiciaron reuniones secretas, buscando obtener provecho electoral, aunque tuvieran que acallar a sangre y fuego iniciativas populares y a líderes sociales, sindicalistas y defensores de los derechos humanos.
Frente a lo dicho, le corresponde a la  Corte Suprema de Justicia, a través de su Sala de Casación Penal, la Fiscalía  y la Procuraduría, investigar con serenidad, pero con firmeza lo que se ha denunciado, buscando  desmontar pieza por pieza  esa urdimbre de poder sucio, ilegitimo y oprobioso, que esclavizó al país y lo seguirá haciendo sino se aplica el rigor de la ley y se condenen a los directos responsables de esos horrendos crímenes contra humildes colombianos. De no ser así, se estaría frente a una gran decepción colectiva e incredulidad total del sistema judicial.
Cómo quisiéramos que nuestra clase política, actual y futura, asumieran como propios los principios y fundamentos de la labor de un verdadero dirigente, que hacen referencia a una profunda  conciencia de su misión como orientadores sociales, que proyecten credibilidad, venida a menos por los frecuentes  escándalos  denunciados por los medios de comunicación, que  trabajen por el bien común, y no por su propio interés, que sean coherentes, entre sus palabras y sus acciones, que honren y respeten las promesas electorales.
El verdadero político debe saber escuchar, antes, durante y después de las elecciones, que actúen con sinceridad y transparencia, que no tengan miedo, ante todo de la verdad, por cuanto la verdad no necesita de votos.
Estos  principios o bienaventuranzas del político son planteados y definidos con sentido filosófico en el texto de François Xavier Card Nguyen Van Thuan, que deberían ser conocido y obrar como texto de cabecera de la clase política, ya que se requiere de un firme propósito de cambio de las  costumbres  y ejercicio  de la actividad partidista y quienes la practican, entiendan que la misma debe  hacerse con altura y dignidad, anteponiendo intereses  personales y de grupo, para la defensa de lo colectivo, que la administración pública es vaso sagrado, con el máximo respeto por la moral y transparencia administrativa, sin desconocer que el verdadero político ha de ser fuerte y hábil, siguiendo la doctrina de Maquiavelo, actuando como león y como  la vulpeja.
El león puede enseñarle la fortaleza noble, la vulpeja, puede adiestrarle en la habilidad discreta.
Lo expresado no es más que el  simple desarrollo del mandato constitucional  del artículo 133, que  alude  a que  “los  miembros de cuerpos colegiados de elección directa representan al pueblo, y deberán actuar consultando la justicia y el bien común “. Que interesante sería  que toda  la población estuviera  enterada y conocieran las normas constitucionales de  donde se derivan sus derechos y obligaciones frente  a la sociedad, incluida por supuesto la clase  política.

Adenda: No debemos olvidar la  frase del maestro  Darío Echandia, denominado la conciencia jurídica del país: “en política, se puede meter las patas, más no las manos“.

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