24 de enero de 2021
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Flor y nata, hallar-haber, aun-aún, acertijo

10 de octubre de 2012
10 de octubre de 2012

osorio efraim

 

Algo divertido le sucedió, camino del foro, al periodista Geovanny Martínez mientras craneaba el siguiente titular:   “Estudiantes de la Católica, en la crema innata de la publicidad” (LA PATRIA, La U, 19/9/2012). Porque yo, sinceramente, no sé qué es una “crema innata”, o sí, porque ‘innato’ es todo aquello que nace con uno, que es natural o connatural, como las habilidades artísticas de Beethoven, Miguel Ángel, Leonardo, Cervantes, Porfirio, García Márquez… Y la ‘crema’ también, ¡cómo no!, porque es la sustancia grasa que viene con la leche, pero no sé cómo diablos relacionarla con los estudiantes de la Católica. Supongo que lo divertido que le aconteció al redactor fue lo siguiente: El señor Martínez, alguna vez, escuchó nuestra expresión ‘la flor y nata’, con la que nos referimos al máximo  exponente (individuo o, más apropiadamente, conjunto de ellos) de una comunidad, lo que los franceses llaman “La crème de la crème”, o “la crème de cassis” (un licor, seguramente exquisito). Pero él, tal vez,  la escuchó mal (‘la flor innata’) y, por esto, se la chantó así a la ‘crema’. En otras palabras, oyó sirenas, pero no supo dónde fue el incendio. En fin, no es más que una suposición, a pesar de la cual, el  titular hubiera quedado que ni pintado de este modo: “Estudiantes de la Católica, en la flor y nata de publicidad”, o así: “…en la crema de la publicidad”, sin la ‘nata’, pues ésta es, me parece, la misma crema. ***

El editorialista de LA PATRIA les propuso a sus lectores, quizá sin quererlo, esta adivinanza: De las dos oraciones (más adelante citadas), ¿cuál es la correcta? Doy una pista: El redactor confundió en una de las dos el verbo ‘haber’ con un sinónimo de ‘encontrar’. El acertijo se encuentra en estas dos frases, incorrecta una, correcta la otra, por supuesto: “Lo más difícil es que (…) puedan hallar otra entidad distinta de Caprecom…”; “…aún no se haya una salida seria a esta enfermedad” (Salud Cóndor, 18/9/2012). La solución, patentísima, se puede hallar luego de un análisis somero de las dos inflexiones verbales, ‘hallar’ y ‘haya’. Quien lo hiciere, la encontrará. ***

‘Aun’, el adverbio, no siempre lleva tilde, porque en algunos casos es átono, y se pronuncia con un solo golpe de voz. Es muy fácil saber cuándo lleva tilde y cuándo no: Si se puede cambiar por ‘hasta’, ‘incluso’ o ‘inclusive’, no la lleva; la lleva, si se puede sustituir por ‘todavía’. Elemental. A pesar de lo cual, casi ninguno de los columnistas que leo acierta con la bendita tilde. Por ejemplo, y quizás para no fallar, el columnista Andrés Felipe Betancourth se la puso a los dos adverbios, como quien se cura en salud. Así: “Lamentablemente, es aún lejano el momento en el que nuestras conmemoraciones…”; “…la Comuna San José está plagada de hechos de paz (…), aún en medio de enormes restricciones y de erráticas intervenciones institucionales” (LA PATRIA, 21/9/2012). En la primera muestra, es correcta la tilde; en la segunda, no, si se aplica, ¡claro!, la susodicha norma. En el mismo periódico, éste del 25 de los mismos mes y año, el doctor Jorge Raad Aljure usó la tilde tres veces, y las tres de sobra. Analice, doctor, y verá: “Pero aún sin tener alguna evidencia de lesión corporal puede estar comprometido psíquicamente…”; “No todos los pacientes entienden por igual las preguntas (…), aún en sociedades altamente instruidas”; “…el paciente espera que se le expresen palabras o gestos de apoyo, aún en los peores pronósticos”. Dos ejemplos más, en los que sobra la tilde, tomados de entre miles, para apoyar mi tesis: “Pero no se puede desconocer que aún con todas esas comodidades de la carretera el incremento al pasaje es alto…” (LA PATRIA, Bernardo Mejía Prieto, 24/9/2012). “Y aún con radio ayuda (en el momento en que se instale) no se podrá ejecutar la operación nocturna…” (LA PATRIA, Juan Manuel Llano Uribe, 25/9/2012). ¿Más ejemplos? Persevere en esa lectura, y se topará con ellos en cada renglón que ojee. ***

“Hay problemas, muchachos, que no tienen solución”, así les dijo el profesor de aritmética a sus discípulos, cuando se enguaraló con uno que él mismo había propuesto, y que no pudo resolver. Esto no es más que una anécdota, de esas que corren de boca en boca, sobre todo cuando se están trasegando frascos de licor. Histórica, sí, e insoluble, la operación propuesta por el padre Gallo en su Oasis del 22 de septiembre del presente año, en LA PATRIA: “Suena irónico, pero los poderosos gastan diez veces más de lo que no invierten en solidaridad”. El problema propuesto se puede exponer de este modo: ¿Cuánto es diez veces de cero? Los números no son mi fuerte, pero puedo deducir que diez veces de cero es cero. Si el redactor hubiese suprimido el adverbio de negación ‘no’, otro ‘gallo’ habría despertado a sus congéneres, que, alegres y bullangueros, le habrían entendido lo que quiso decir con su quiquiriquí. ***

Lamento manizaleño: La VEINTITRÉS, la antigua calle de la Esponsión, ahora es sólo desorden y desilusión.