26 de febrero de 2021
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Unas remembranzas cafeteras (1)

12 de agosto de 2012
12 de agosto de 2012

El alto funcionario paisa es de extracción cafetera, según definición que daba don Leonidas Londoño, quien destacaba su capacidad gerencial y particularmente sus conocimientos sobre el mercado mundial del grano. Si la memoria no nos traiciona, Restrepo fue delegado de Colombia ante la Organización Internacional del Café y luego designado gerente comercial de la Federación, cargo en el cual mantuvo un perfil bajo, pero con una gestión decisiva cuando se produjo el rompimiento del Pacto internacional por decisión de los Estados Unidos.

En esos años alguien escribió que la posición norteamericana fue una respuesta a la decisión del gobierno de Colombia de sumarse al Grupo de países «no alineados» que integraban un bloque de más de 77 naciones decididas a confrontar las políticas comerciales de los Estados Unidos.

A partir del rompimiento del Pacto Cafetero, a mediados de los años 80, el mercado comenzó a sentir la caída de los precios, hubo movimientos de bloqueo al consumo por los altos precios y la consecuente sustitución del consumo. Eso se reflejó también en un movimiento de la dirigencia cafetera interna orientada a sustituir cafetales por nuevos cultivos ante la aparición de la roya del café y las nuevas tendencias del mercado. La federación ofreció asistencia técnica para los cambios y los comités departamentales ofrecieron también crédito para pasar del cultivo de café arábigo por el caturra que no requería sombrío, de una parte, y, de otro lado también asistencia técnica y financiera para cultivos de cítricos, morera y hasta espárragos. En el Eje cafetero comenzó a florecer el turismo con sistema hotelero basado en las  casonas de las fincas dedicadas en el pasado a una producción intensiva del grano.

Pequeños cafetales, beneficiaderos, paseras para secado y hasta las recuas de mulas, cada vez más escasas, se convirtieron en atractivo turístico. Por esa misma razón,  el Comité de Cafeteros del Quindío logró establecer el Parque Temático del Café, con el ánimo de mantener una buena fuente de ingresos para ese departamento, proveniente de la vieja vocación cafetera.

Los cultivadores dejaron de escuchar a los «viejos patricios» que como don Leonidas Londoño convocaban a los cafeteros a desoír la sustitución de los cultivos y a continuar aumentando la frontera cafetera  ante la desaparición de Pacto que antes fijaba cuotas de producción y  mantenía a Brasil como el principal productor mundial. Era para él  la manera de mantener altos los ingresos para los agricultores con mayor producción frente a la caída de los precios.

Pequeños y medianos productores no tenían voz ante la opinión pública, pero desoían a sus dirigentes porque comenzaron a conocer los pésimos resultados de  los proyectos gubernamentales que usaron los recursos del Fondo del Café en empresas tan disímiles y costosas como la Flota Mercante Grancolombiana, la Corporación Nacional de Turismo, Artesanías de Colombia, el Ingenio Risaralda y el Banco Cafetero que con un patrimonio de $30 mil o $40 mil millones sólo daba utilidades anuales de $30 o $100 millones.

La apostilla: El domingo 19 de agosto, en la segunda entrega de estas  remembranzas, veremos qué papel jugaron los hermanos Leonídas y Fernando Londoño en la creación del Fondo Nacional del Café.