4 de marzo de 2021
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Se tiraron el negocio

1 de agosto de 2012
1 de agosto de 2012

En primer lugar porque negocios de 15 mil 400 millones de pesos no se hacen todos los días en Armenia. Segundo, porque la transacción le apuntaba a salvar el buen nombre de una empresa creada por médicos quindianos hace varias décadas, pero llevada a la ruina por la crisis del sector salud y por falta de idoneidad de algunas administraciones de la clínica. Las empresas necesitan administración, gerencia, planeación, conocimientos financieros, pero ante todo requieren de gente con capacidad de mantenerlas aún en situaciones difíciles y tensas.

La corrupción acabó con las que fueron en el pasado, fuertes columnas para el sostenimiento de la salud. Los pillos se dieron a la tarea de robarse cuanto pudieran de los presupuestos públicos para la salud y resulta que la buena, aunque cuestionada ley 100, ni fue entendida, ni muchos menos interpretada, pero eso sí, utilizada por la corrupción que galopa sobre la salud de los colombianos.

La Clínica Central del Quindío fue una víctima más en todo este descalabro de la salud. De 40 billones de pesos presupuestados, se roban cerca de la tercera parte y todos tan tranquilos —como si nada estuviera pasando—.
La promesa de compra-venta de la clínica se firmó con una cláusula de cumplimiento que fijó sanción por valor de 500 millones de pesos, suma que pagaría quien quebrantara el negocio. Sin embargo, los cuantiosos embargos que tiene la clínica se convirtieron en un motivo de fuerza mayor y prácticamente de retiro de la parte compradora.

En el país todo tipo de negocio necesita lupa para que cuidadosamente se miren cada uno de los puntos concernientes a la negociación y resulta que en el caso del Quindío con su Clínica Central, lo menos que ha ocurrido tiene que ver con una cuenta de cobro por valor de más de 500 millones de pesos como comisión por la negociación que hasta donde se sabía, no había tenido más intermediario que el exministro Palacio, pero en su condición de vocero de la empresa compradora. Esto quiere decir que el o la comisionista es la parte extraña que le nace al cuerpo de la negociación a última hora por la sencilla razón del colombianismo que ya no se abstiene de nada; las inhibiciones morales se acabaron en Colombia definitivamente.

De modo pues que entre embargos imposibles de solucionar, demandas de un lado y del otro y una serie de bichos sospechosos terminaron oponiéndose a un negocio que en mi sentir iba a resultar siendo la solución a un problema de quiebra total en una de las instituciones más reconocidas de Armenia, como que nombres de distinguidos médicos de la región estuvieron siempre ligados a la institución cuyo momento sigue siendo el más difícil de toda su historia.

Lo cierto es que el compromiso sellado en el documento de compraventa dejó establecida la fecha de entrega del edificio —23 de julio de 2012— y ese día pasó y la entrega no se hizo por las razones anotadas. Así se justifica la ruptura de una transacción comercial que pudo haber sido importante, inclusive para la ciudad, aunque estamos hablando de negociaciones privadas, entre empresarios privados.

Por lo pronto no hay una persona natural a la que se pueda culpar por el rompimiento del negocio, sin embargo, tengo razones para sospechar que obligan a buscar con especial sigilo todos y cada una de los pormenores de este episodio que no deja de aumentar el dolor de cabeza que padecen los socios de la Clínica Central del Quindío, proveedores y prestadores de servicios y empleados igualmente afectados por obra y gracia de la misma cosa, la inmanejable crisis del sector salud en Colombia que nos mantiene a todos peligrosamente alterados. En todo caso, se tiraron el negocio. Crónica del Quindío.