1 de marzo de 2021
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¡Se silenció la Cigarra!

16 de agosto de 2012

uriel ortizAlguien autorizado tendrá que escribir más adelante una obra titulada: Las Memorias de la Cigarra. Estoy absolutamente seguro que si logra acertar en sus percepciones y en lo que fueron sus cincuenta años de tertulia, agradable, amena y social, será una obra para la posteridad de la culta ciudad de Manizales y del viejo Caldas.   
La Cigarra, fue un hervidero de gentes amables y serviciales, allí se llegaba a tomar un delicioso tinto, a hacerse lustrar los zapatos, o a cumplir citas de negocios, pero, también para actualizarse de los chismes políticos y sociales de última hora. A los pocos minutos  ya se estaba en medio de queridos amigos serviciales, dispuestos a colaborar en los menesteres de la estadía en la ciudad de las “Puertas Abiertas”. Por este establecimiento desfilaron los prohombres del Viejo Caldas, los que construyeron empresas de empuje con la tenacidad del arriero y la fe del carbonero.
En la Cigarra, nos encontrábamos con arrieros de las épocas de los años veinte o treinta. En sus agradables charlas, contaban los secretos de la arriería, y con una memoria prodigiosa trazaban los caminos de herradura por donde transitaron a lomo de mula llevando el futuro y el progreso del Gran Caldas a todas las regiones de Colombia.
Los asiduos del café la Cigarra, establecimiento fundado en el año 1962, con su cierre,  quedaron como en la canción los guaduales, del Maestro Jorge Villamil: “a la vera del camino” pero también a la vera de la nostalgia de los tiempos pasados.
Los chismes gruesos de la política de Caldas, salían de la Cigarra. La nómina de Gobernadores y Alcaldes cuando eran nombrados por decreto, también de allí salían.
Cuando un funcionario del orden Nacional, Departamental o Municipal, había sido destituido, los primeros en saber el número de la resolución de insubsistencia eran los chismosos de la Cigarra, con el agravante que al pobre desburocratizado  de una vez le endilgaban el nombre de quién lo reemplazaría, y del intrigante que medió para que saliera a pisar el duro asfalto.
La Cigarra, fue escenario de grandes alianzas y acuerdos políticos, pero, también de tremendas garroteras, cuando los desleales no cumplían sus pactos. No pocas veces  los jefes llegaban a imponer el orden, y a exigir la cuota burocrática acordada para sus pupilos. Cuentan las malas leguas que estos pleitos burocráticos con frecuencia se dirimían a puñetazos.
Allí también se armaban y desbarataban noviazgos, arrejuntamientos y matrimonios. Los muebles y sus rincones son testigos mudos de las fugas de los maridos infieles, que para hacer creer a sus esposas que iban a cumplir una cita de negocios, siempre colocaban como sitio de referencia la cigarra, cuando en verdad, se esfumaban por los laberintos de los centros de prostitución y lenocinio.
Después de las nueve de la noche, y al calor de unos aguardientes, llegaban los serenateros a interpretar música de antaño, que, nos transportaba a los inolvidables pueblos de Caldas, donde se bebe el amor y la nostalgia, acompañados de los dulces y bellos recuerdos que trae la vida pueblerina y tranquila.
Un réquiem pues por la Cigarra. ¿A dónde, irán a parar los miles de desplazados Manizaleños, y pueblerinos, que llegaban a la Cigarra, con los chismes frescos de la provincia a enriquecer la vivencia folclórica de nuestros Pueblos y Veredas?   

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