2 de marzo de 2021
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Entre la Pereira de ayer y la de hoy

7 de agosto de 2012

Por eso mismo acudir a la Historia con mayúscula, es importante en el momento en el cual queremos establecer cuál ha sido la génesis del empleo en la ciudad de Pereira. De una ciudad con unos crecimientos demográficos impresionantes a partir del medio siglo XX, acompañado de una enorme inversión en bienes de servicio e industria, hemos llegado a ser una ciudad que sigue teniendo un crecimiento poblacional importante pero con una inversión en industria que decae día por día.

Y los hechos son contundentes: Cuando todo el Eje Cafetero se encontraba en plena bonanza cafetera, es decir, había plata a montones manejada por los Comités de Cafeteros, que invertían en Puestos de Salud, carreteras, Escuelas, Acueductos, Electrificación rural  e incluso se llegaban a beneficiar los pequeños  caficultores; podemos decir que el nivel de vida fue muy superior al del promedio nacional. Y como había dinero circulante, aparecen los bancos de Colombia (1925), Banco Central Hipotecario (1927), Banco de Bogotá (1940). Y como el mayor ingreso genera mayor consumo, llegaron La Rosa (1947), Paños Omnes (1950), Espejos La Roca de Medellín y otras muchas ofertas para el consumo local y regional.

Pero llegó la década de los 80 y en la medida que la legislación para la inversión extranjera cambió, (Ver, Oscar Arango, Pereira años 80), los capitales de origen extranjero como Colpapel, Papeles Nacionales, Impal Tpl, buscaron nuevos horizontes y los que se quedaron cerraron sus ciclos de ampliaciones. Obvio que incluso nacionales, como Bavaria, también tomaron las de Villadiego.

Ya las cifras en los años 90 fueron elocuentes: el Eje Cafetero en su conjunto, de acuerdo con las cifras de Oscar Arango, no aportaba más del 5% del empleo nacional y a ello habría que agregarle el hecho de que un millón de hectáreas cultivadas en Colombia, habían sido abandonadas o simplemente dedicadas a otras actividades. Basta recordar que muchos nuevos capitales producto de la exportación de cocaína se invirtieron en fincas cafeteras con el fin de talar dichos cafetales y convertirlos en potreros para caballos de paso, de esos que todavía vemos desfilar en las Fiestas de la Cosecha de Pereira y en Manizales y en Armenia, usualmente con presencia nutrida de damas con cirugías plásticas desde el mentón hasta las rodillas.

Así las cosas, con un agro abandonada cada vez más, con unas ciudades que reciben desplazados a granel, la presencia de Grandes Superficies no se ha hecho esperar, y eso es saludable, pero finalmente es claro que el empleo de estos inversionistas es de salario mínimo y de otro lado, que la inversión en la ciudad y en la región es ninguna, pues son en su mayoría, son extranjeros.
Se requiere entonces explorar otras vías para superar el desempleo de vieja data: fuerte inversión en infraestructura vial, ferroviaria y aérea. Búsqueda de mercados para productos agrícolas tropicales porque siempre se nos ha dicho que poseemos todos los climas y la mayor productividad agrícola y eso no pasa de ser una cuña de “Colombia es pasión”. Oferta de servicios de salud, turismo, recreación, educación.

Y finalmente, desestimular esa actitud perversa que consiste en esperar ser multimillonario de un día para otro sin ningún esfuerzo. Y el narcotráfico sí que contribuye a refrendar esas ilusiones, sobre todo cuando se pasan series sobre la vida de “héroes” como Pablo Escobar, que muerto y todo, lo siguen visitando en su tumba y prendiendo velas y supuestamente hace milagros.