7 de marzo de 2021
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De las encuestas, del dicho al hecho, y de otras yerbas.

4 de agosto de 2012

marco uribeTambién está en su contra el tema trillado de la seguridad respecto de la subversión todo por cuenta de la amnesia inducida por los últimos ataques arteros  de la guerrilla, olvidando los actos terroristas que se dieron en la era de la seguridad democrática, salvo que se considere de poca monta el atentado del Club El Nogal o la matanza de los 17 miembros de las fuerzas armadas en la región del Catatumbo o las épocas de la desaforada inseguridad que se vivía en las principales ciudades, la cual ha tenido una merma considerable de acuerdo con los informes de los organismos de seguridad.

Lejos estuvo el gobierno de la seguridad democrática de arrasar a los grupos guerrilleros, no obstante haber manejado unos recursos astronómicos en los rubros de las Fuerza Armadas, orden público, pagos de recompensas, incluidos hasta los apéndices cercenados y premios por matar a personas con limitaciones cognitivas y presentarlos como terroristas; es cierto que los mantuvo a raya y controlados en sus operaciones guerrilleras esporádicas,  pero también es cierto que en este interregno o intervalo  aprovecharon los farianos y  elenos para reorganizarse militar, política y económicamente, o sea, tomar nuevo aire, el cual  están desfogando con fiereza en la actualidad.

No se le pueda dar una interpretación exegética a la norma constitucional, como pretenden algunos con ánimo de distorsionar y de engañar, que dispone que el Presidente es el Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas y, como tal, debe conservar en todo el territorio el orden público y restablecerlo donde fuere turbado, funciones estas que las ejerce a través de las fuerzas armadas quienes investidos de autoridad tienen la obligación de velar por la vida y  bienes de las personas, o sea, en términos simples, el orden público está a su cargo y es de su responsabilidad, no conozco ningún antecedente que registre que un Presidente haya estado en las montañas de  Colombia dándole plomo a la subversión.

Tampoco conozco ningún proceso en donde se judicialice y condene a un militar o miembro de la Policía por el cumplimiento de su deber, bien sea por enfrentamientos con los subversivos o con la delincuencia común; las condenas que he conocido a través de los medios de comunicación corresponden a encubrimiento o complicidad en matanzas a manos de delincuentes como los paramilitares o exceso de la fuerza bélica o ejecuciones extra judiciales como los falsos positivos cualquiera que sea su finalidad. Esta realidad ha sido distorsionada e informada erróneamente por algunos expertos desestabilizadores procurando indisponer a las fuerzas armadas contra la institucionalidad y alimentando la ignorancia del lumpen haciéndoles creer que la seguridad atraviesa un caos nunca antes visto.

Tienen que preguntar, con el Presidente a la cabeza, a los Altos Mandos de las Fuerzas Militares y de Policía, ¿qué es lo que está pasando con el orden público? ¿Qué fallas de estrategia están teniendo en su logística de guardia, retaguardia, ataque y defensa frente a la guerrilla? ¿Qué está pasando con los encargados de la inteligencia militar y de policía? Creo que todos ellos le deben una explicación al país y, sobre todo, a la derecha recalcitrante del engendro ‘Puro Centro Democrático’, y, que así, nos dejen descansar un poco del tal ‘huevo de la seguridad’.  

¿Qué pasa señores del Generalato si Ustedes formaban parte del mismo equipo que presentó partes positivos frente a la guerrilla en el segundo periodo de Uribe, y de manera ininteligible  la situación de orden público, y que es de responsabilidad solidaria con su Comandante Supremo, dio un giro 180 grados sin que medie una razón lógica, ni entendible, ni explicable en estos dos años del nuevo gobierno? Están en mora, como un deber patriótico y de honradez castrense, dilucidar o esclarecer este enigma que tiene en ascuas a la Nación entera, diciendo sin eufemismos los problemas que los aquejan o incomodan a fin de que se busque la solución adecuada, sin temor a retaliaciones como un llamamiento a calificar servicios.

Es bueno recordarle al Generalato que el ‘puntillazo’ certero de muerte al fuero militar se lo dio Uribe en una normativa del año 2006, siendo su ministro de la Defensa Camilo Ospina, en ésta se pierde la presunción de inocencia para las fuerzas armadas; sin embargo, se llora sobra la leche derramada, y se trata de manera sutil procurar una insubordinación de éstas hacia el establecimiento legítimamente constituido.

No hay nada más patético y desconsolador que una pasividad exasperante en una persona que ostente el poder gubernamental y que resista el uso y el abuso de ataques, en muchos casos injustificados, sin que se inmute en lo más mínimo, sobre todo, cuando estos van dirigidos contra su gobierno, siendo notoria la diferencia entre éste y el gobierno anterior. Se requiere del gobierno Santos un pronunciamiento claro, preciso y conciso de su gestión, recabando sin cobardía sobre las abismales diferencias, y liderando sin titubeos un severo juicio político y social al anterior gobierno. Colombia requiere, sin dilaciones, sentir que tiene gobernante.

Y, claro está, la extrema derecha encarnada en el PCD tiene como caballito de batalla a su favor para las encuestas contra Santos la cotidianidad de la seguridad, la fracasada reforma a la justicia, las relaciones comerciales con Venezuela y, en menor escala, la economía ya que esta obedece más a factores externos; también, en acentuadas críticas a algunos nombramientos, esto sí de gran calado en la opinión pública. Los errores garrafales de Uribe en sus nombramientos y postulaciones, por efectos de amnesia, ya se olvidaron; los de Santos, por bregar a parecerse a su antecesor, siguen latentes y con afectación en la buena marcha del gobierno, situaciones impajaritables para las encuestas.

Hace como un año, el presidente Santos, con gran parafernalia televisiva dio la noticia del ‘gran robo’ que se le estaba haciendo a la Salud, y en compañía de la Fiscal de ese entonces y del Procurador anunció medidas punitivas sin contemplaciones. A los pocos días sin sonrojarse, el Presidente presentó ante la Corte Suprema una terna para Fiscal General, que reemplazaba la presentada por el gobierno anterior, y uno de los integrantes era Eduardo Montealegre.

El Presidente con desfachatez impresionante, olvidó el pomposo anuncio del gran robo, incluyó en dicha terna al actual Fiscal General, quien oficiaba como Apoderado del  señor Palacino, amo, señor y dueño de SaludCoop – E.P.S, la mayor defraudadora de la Salud, y dicho Apoderado en un cobro exagerado de honorarios se embolsillò la ‘bobadita’ de 7 mil millones, a sabiendas y con pleno conocimiento de que este dinero provenía de un ilícito por ser parte de un peculado por aplicación oficial diferente, ya que estos recursos pertenecen a la Salud y tienen destinación especifica. La responsabilidad del Fiscal General, en este caso, corresponde a otro análisis y a otras instancias.

Señor Presidente Santos, es preferible imitar a la Presidenta del Brasil en la solución que le dio a la crisis de sus siete ministros  señalados de corruptos, que imitar a Uribe que sólo le reporta malos dividendos, sobre todo en las encuestas. Es difícil que los colombianos olviden el daño tan enorme que Usted le hizo al país con la inclusión en la terna del actual Fiscal, la Fiscalía es el primer peldaño para comenzar una diáfana, pronta y cumplida justicia, en esta escogencia no puede haber errores.
Para efectos de su eventual reelección, la verdad ‘monda y lironda’ la veo azul, casi negra.

Manizales, Agosto 4 de 2012.