9 de marzo de 2021
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Alejandro Ordoñez, un Procurador ambivalente y nocivo.

25 de agosto de 2012

marco uribeSe ha sostenido desde tiempos inmemorables, refrendado en la época inquisitoria, que los fundamentalistas o fanáticos o místicos y, aún, en menor grado, los sectarios son personas poco confiables para la toma de decisiones en equidad cuando estas se contraponen a sus ciegas creencias, actitudes que encierran un peligro latente para una comunidad, habida cuenta de las condiciones personales que ostenta el Procurador General de la Nación, lo que dificulta una efectiva protección de los derechos humanos y la defensa de los intereses de la sociedad.

Las personas que cargan con ese desequilibrio mental, en cualquiera de sus manifestaciones, tienen mucha proclividad a la ambivalencia, por cuanto encierra sentimientos o emociones contrapuestos de difícil interpretación y comprensión, lo que va en abierta contravía con el desempeño óptimo de las funciones encomendadas constitucionalmente al Procurador General. Así de simple y sencillo. Sólo como un muestreo, veamos lo que ha ocurrido con los derechos de la mujer reconocidos por la Corte Constitucional respecto del “aborto” y la reacción  personal de Ordoñez Maldonado frente a esta jurisprudencia que, por demás, es de obligatorio cumplimiento, siendo ignorada y vilipendiada sistemáticamente.

Cuando una persona inicia una campaña proselitista para lograr determinado fin y utiliza algunos medios con visos de corrupción para ganar adeptos o electores, no deja de ser un corrupto más que enloda y corrompe a todos y cada uno de los votantes que participaron en el acto complejo de su elección, lo que opaca su legitimidad desde el punto de vista ético y moral, valores bastante escasos y de gran ausencia en buena parte de nuestro órgano legislativo.

Es inadmisible  y contraproducente que alguien contamine o ensucie el agua que después tendrá que beber, y esto es lo que está sucediendo con la Procuraduría cuando se dan esta clase de negociaciones o trueques oprobiosos: votos para una elección canjeados por cargos burocráticos bien remunerados, una simbiosis perfecta y de plena  corrupción. Y, por supuesto, esta práctica lastimera deslegitima el ejercicio de la vigilancia superior de la conducta oficial de quienes desempeñan funciones públicas, inclusive los de elección popular, lo que arroja un parte de tranquilidad y blindaje para los Senadores en sus constantes desafueros delictivos.

No conozco los pormenores de algunas investigaciones disciplinarias ni los argumentos jurídicos esbozados para la toma de decisiones sancionatorias en algunos procesos de relevancia, y que han generado gran controversia por los hechos y la calidad de sus protagonistas. Pero, conocí de cerca y fui quejoso, junto a un parlamentario Navas, ante la Corte Suprema para que se investigara al Procurador por la aberrante absolución disciplinaria de los Ministros del Interior y de la Seguridad Social en el caso de la Yidispolìtica, en donde se recurrió a la figura de la “duda razonable” de la manera más burda y descarada demostrándose una desidia y un marcado favorecimiento, mejor dicho, un prevaricato a plenas luces, no obstante existir una condena a dos aforados por el delito de Cohecho por parte de la Corte y que constituían plena prueba.

El único país en el mundo en donde se empieza a ensillar sin tener las bestias a la mano es en Colombia. El Procurador cumple su periodo de cuatro (4) años en Enero de 2013, no ha llegado la terna al Senado por parte de la Presidencia, Corte Suprema y Consejo de Estado, y ya el tamal se sirvió y se comió, según se desprende de lo anunciado en Semana y La Silla Vacía, situación que encierra una falta de consideración y respeto con las mencionadas instituciones encargadas de conformar la terna que, por regla consuetudinaria, es de una persona previamente seleccionada, no por sus capacidades y valores sino por su complacencia burocrática.

La reelección del actual Procurador es un retroceso en el espacio, en el tiempo y en el desarrollo normal y cambiante de una sociedad pujante con ideas de avanzada. La actitud retrógrada en su modo de pensar, de hablar y de caminar, lo demuestra inequívocamente; su aversión por otros cultos y por organizaciones como LGBT (lesbianas, gays, bisexuales y personas transgénero) son manifiestas; sus desafíos a los fallos judiciales son evidentes; su desconocimiento a la dignidad, a la autonomía o a la vida de la mujer son reiterados y grotescos; con gran facilidad prescinde de la Constitución y se sumerge en la biblia; esta conducta del señor Procurador pone en peligro la defensa de la libertad personal, de la responsabilidad individual y el carácter laico del Estado colombiano.

Sería muy provechoso para la modernización del Estado que el gobierno analizara el artículo: Sobra la Procuraduría?, de Rodrigo Uprimny, publicado en El Espectador. http://www.elespectador.com/impreso/opinion/columna-329128-sobra-procuraduria    

La Presidencia de la República, la Corte Suprema de Justicia y el Consejo de Estado no pueden ser inferiores a la responsabilidad que les impone su investidura, ni ser indolentes con el pueblo colombiano y, mucho menos, faltarle al respeto, incluyendo entre los ternados para el cargo de Procurador General de la Nación el nombre de Alejandro Ordoñez Maldonado, un santandereano desperdigado por las calles bogotanas y matriculado incondicionalmente en una recalcitrante extrema de ‘ultra derecha’, lo que lo convierte en una amenaza pública atentatoria contra muchas libertades individuales y/o colectivas. ¡Es un enemigo público en potencia!

Señor Presidente y Magistrados de la Corte Suprema, Colombia no resiste otro error garrafal como el que se cometió con la terna y la elección de Eduardo Montealegre Lynett, para la Fiscalía General de la Nación, antes Abogado defensor de SaludCoop – EPS- la empresa que se robó la plata de la salud de los colombianos, y él coadyuvó en el desfalco, embolsillàndose seis mil millones de pesos. Esta     también es una forma peculiar de violencia.

Manizales, Agosto 24 de 2012.    

Apostilla: La Corte Suprema, por aquello de la pusilanimidad y algo de ‘solidaridad de cuerpo’, recluyó, sin ton ni son, la investigación disciplinaria contra Alejandro Ordoñez Maldonado, Procurador General de la Nación. Esta es la nueva administración de justicia que empezó a implantar los renovados ‘chacales’ del tribunal superior de la justicia ordinaria.