18 de abril de 2021
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Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Pleonasmo, dos negaciones, numerales, subjuntivo, madurez

12 de julio de 2012
12 de julio de 2012

osorio efraim

Terminadas las ceremonias de celebración de cualquier centenario, los comentarios pueden ser los siguientes: “La organización fue mediocre”; “la organización fue buena”; o “la organización fue impecable”. Lo que demuestra que en ésta y en otras actividades que realiza el hombre hay diversos grados de bondad. Desde Miami escribe el señor Orlando López: “¿Incurrió Yamid Amat en un error al decir “organicen bien organizadas las fiestas del mar”?. ¿Es ese un dislate, un solecismo? ¿Se puede decir “planchar bien planchadas”, “estirar bien estiradas”, “lavar bien lavadas”?” (21/6/2012). Sí, por supuesto, porque ahí no hay ni dislates, ni solecismos. Pleonasmos, tal vez, porque con sólo decir “organicen bien, planchen bien, laven bien” es suficiente. No obstante, hay circunstancias en las que, para darle mayor expresividad a la oración, se repiten palabras innecesarias hasta cierto punto, como cuando pedimos que “nos planchen esas camisas, pero bien planchadas”, o predicamos que “hay que hacer bien hechas las tareas”. No siempre es reprochable el pleonasmo, una figura de construcción, de la que se valen buenos escritores para reforzar su idea, unas veces; otras, para darle belleza literaria a la oración, como en este ejemplo de Cervantes: “Sacó el libro de memoria don Quijote y, apartándose a una parte, con mucho sosiego empezó a escribir la carta…”  (I, XXV). Esta locución, “apartarse a una parte”, se encuentra un par de veces más en su incomparable obra. Es censurable el pleonasmo cuando hay “demasía o redundancia viciosa de palabras”, como en “subir hacia arriba”, que también emplean Cervantes (“…que casi por línea recta subían los vapores hacia arriba…”, I, XX) y los españoles. Con esto, espero que este cuento haya quedado bien contado. ***
El mismo corresponsal pregunta si dos negaciones afirman. Cita, entonces, la siguiente, comunicación de El Nuevo Siglo: “…el parlamentario Juan Manuel Corzo anunció que NO va a promulgar la polémica reforma a la justicia, con la cual evita que NO se publique en el Diario Oficial y que no entre en vigencia” (21/6/2012). En castellano, dos negaciones no afirman; en latín, sí. Pero este no es el caso ahí. La incoherencia del redactor de ese diario está en la expresión “evita que no”, en la que sobra el adverbio de negación, pues con su inclusión dice lo contrario de lo pretendido. Lo coherente es: “…con lo cual evita que se publique en el Diario Oficial y que entre en vigencia”. Que es lo que queremos los cuarenta y pico millones de colombianos, sin necesidad de firmas. ***
“A la reunión asistieron un centenar de familias, una decena de candidatos y un millar de personas curiosas”. De ‘centenar’, ‘decena’ y ‘millar’, son sustantivos masculinos el primero y el último; femenino, el segundo. Por esto, sus respectivos artículos concuerdan en género con ellos (un, una, un), no importa el género del sustantivo de sus complementos. La misma norma se aplica a ‘millón’. El editorialista de LA PATRIA, obviando esta directriz, escribió: “Se calculan unas tres millones de personas en esta situación…” (20/6/2012). ‘Millón’ es sustantivo masculino, por lo cual su artículo tiene que serlo también, aunque el nombre del complemento sea femenino. Así: “…unos tres millones de personas…”. Y esta regla no tiene excepciones, no importa que algunos bien reputados escritores caigan en esa trampa. ***
El redactor de un editorial de El Tiempo, contagiado por la forma como hablan los paisanos, escribió de la siguiente manera pueblerina: “Pueda que muchos no terminen en muerte, pero, sí dejan con heridas físicas o secuelas psicológicas…” (21/6/2012). En esta oración, el subjuntivo ‘pueda’ está tan desubicado como los congresistas Juan Manuel Corzo y Simón Gaviria en sus respectivas chanfainas. El modo subjuntivo, por su naturaleza, y, por regla general, debe estar siempre en una oración subordinada, que depende, ¡cómo no!, de la principal, a la que se adjunta, verbigracia, “no considero posible que el Presidente pueda conseguir la paz”. En la muestra de El Tiempo, ‘pueda’ equivale a ‘es posible que’, que, obviamente, no se puede emplear en el subjuntivo “sea posible que”. Aunque también muy folclórica, la construcción correcta es con el presente de indicativo, así: “Puede que muchos no terminen en muerte…”. Además, le sobra la coma después de la conjunción adversativa ‘pero’. Sin peros. ***
Por estos días (6/2012), el producto femenino Poise está haciendo su publicidad con el siguiente lema: “Dale la bienvenida a tu maturitud”. Esta palabreja bien podría ser o un galicismo (del francés ‘maturité) o un anglicismo (del inglés ‘maturity’). El castellano, y a pesar de que esas dos palabras tienen legítimo origen latino (de ‘maturitas’, madurez, sazón), no las imita. Más lógica para nuestro idioma sería la palabra ‘maturidad’, que tampoco es castiza. Esto es que ‘madurez’, el vocablo correcto, se formó de ‘maduro’, que viene del adjetivo latino ‘maturus’ (maduro, en su pleno desarrollo). ¡Qué bueno que esos creativos ‘maduraran’, dejaran esas invenciones ingenuas y expresaran sus ideas en castellano! ***

Triste actualidad: La VEINTITRÉS, antes objeto de alabanza de muchos, es hoy de vituperio de todos.