23 de enero de 2021
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Un ratón de biblioteca

3 de junio de 2012
3 de junio de 2012

La revelación coincide con la culminación de mayo, el mes dedicado a la conmemoración del centenario de la desaparición del señor Pombo y aparece a la cabeza de la columna que con el chispeante nombre “Caído del zarzo” publica mensualmente el maestro Obregón en “Universo Centro” (edición número 34) un gratificante modelo del llamado periodismo alternativo.

Escribió don Elkin: “A los cien años de la muerte de Rafael Pombo, casi todos los elogios apuntan a sus versos infantiles.  Versos que en rigor no son suyos, simplemente los tradujo del inglés, y hasta creo que por encargo.  Sus versiones son estupendas, pero son eso, versiones.  Por cierto, fue además un gran traductor de poetas franceses, ingleses, norteamericanos, italianos.  Todo se nos queda en alabar a Simón el Bobito.  En realidad se llama Simple Simón.  Y así, los demás”…

Este admirable ratón de biblioteca, llamado así porque pasa la mayor parte de su tiempo sumergido entre libros, dedicado a la lectura y a la escritura, fue mucho más allá en su recopilación de las que llamó “Inexistencias”, al meterse con una prestigiosa historia de amor:

“Muchos caen en eso, pero no escribió Jorge Isaacs  una  novela llamada La María.  Se llama así, con artículo adelante, un hospital para tuberculosos en Medellín. El nombre, sospecha uno, se inspiró en la heroína de Isaacs, cuya muerte  la leyenda popular atribuyó a ese mal.  No lo dice el libro, sin embargo, donde no se especifica enfermedad que consumió a la dulce judía, novia de Efraín y, en algún momento, de toda América.  Me incluyo”.

Salta de Isaacs a de Greiff para hacer la corrección de un verso que ha hecho carrera: “Todo vale nada y el resto  vale menos”, recitan los jubilados en sus bares y cafés,  al calor del anís de Legrís, citando a León de Greiff.  Nunca escribió esto el cantor de Bolombolo…  “Todo no vale nada si el resto  vale menos”, se lee en su poema Balada de la fórmula definitiva y paradojal, dedicado a Jovica y Tisaza, compañeros panidas”.

Finalmente, el Obregón paisa consigna en su ameno artículo las que denomina otras inexistencias: “Aunque se lee algo parecido, “Ladran, Sancho, señal de que cabalgamos” no aparece en el Quijote.  Ni aparece “Elemental, mi querido Watson” en los relatos  de Sherlock Holmes; como tampoco se describe  al genial detective ataviado con la gorra de caza escocesa a cuadros que luego  le han adjudicado  ilustradores  y cineastas.  Por último, «Play it“ again, Sam” es frase jamás pronunciada en la mítica Casablanca, de Michael Curtiz.  Se llama de ese modo una película de Herbert Ross (Sueños de un seductor, en español), protagonizada por Woody Allen, Dianne Keaton y el fantasma de Boogie”.

La apostilla:
Ingenioso de principio a fin, don Elkin le pone esta coda  a su ejercicio: “Después de esas inexistencias, una existencia. Hace unos años le aposté a una amiga cinco mil pesos (de los de antes), que Borges no era el autor de esto, “Me duele una mujer en todo el cuerpo”, verso tan lamentable como antiborgiano.  Perdí la apuesta.  Sí, Borges lo cometió.  También se mueren los médicos”.