21 de enero de 2021
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La sonrisa de las mujeres del francés Nicolas Barreau

2 de junio de 2012
2 de junio de 2012

la sonrisa de las mujeres
Para Aurélie las casualidades no existen. Una tarde, más triste que nunca, se refugia en una librería y en un libro. Envuelta en sus páginas,  Aurélie reencuentra la sonrisa que creía haber perdido para siempre. Y muchas cosas más.

La novela

Para Aurélie Bredin las casualidades no existen. Joven, sensible y atractiva, es la propietaria de un pequeño y romántico restaurante, Le Temps des Cerises,  situado en el corazón de París, a dos pasos del Boulevard Saint-Germain.
En aquel pequeño comedor forrado de madera, con manteles de cuadritos rojos y blancos, su padre se ganó el corazón de su madre gracias al menu d’amour. Y allí, envuelta por el aroma del chocolate y la canela, es donde creció Aurélie y donde encuentra consuelo en los momentos difíciles de su vida. Pero ahora, herida por el abandono de Claude, ni siquiera la calidez acogedora de la cocina es capaz de consolarla.
Una tarde, más triste que nunca, Aurélie se refugia en una librería. Una novela, La sonrisa de las mujeres, la seduce. Cuando la hojea, descubre que la protagonista está inspirada en ella y que Le Temps des Cerises es uno de los escenarios principales.
Gracias a este regalo inesperado, su ánimo remonta. Decide ponerse en contacto con el autor, Robert Miller, para darle las gracias. Pero la tarea no es fácil. Cualquier intento de conocer al escritor –un misterioso y esquivo inglés– muere en la mesa de André Chabanais, el editor que publicó la novela.

El argumento en unas breves pinceladas

El año pasado, en noviembre, un libro me salvó la vida. Sé que suena inverosímil. Algunos considerarán exagerado, o incluso melodramático, que diga algo así. Pero eso fue justo lo que ocurrió.

Así empieza La sonrisa de las mujeres. Y quien se confiesa es Aurélie Bredin, una bella treintañera soltera, propietaria de un pequeño restaurante ideal para los enamorados; quizás por eso, su menú estrella es el menu d’amour. Aurélie vive con Claude, un voluble escenógrafo teatral que un mal día la abandona sin dar mayores explicaciones. Bueno, sí, deja una nota:

Aurélie:
He conocido a la mujer de mi vida. Siento que haya ocurrido justo ahora, pero podía suceder en cualquier momento. Cuídate mucho, Claude

Sola y triste, engañada y furiosa al tiempo, Aurélie pasea sin rumbo por la ciudad. Este paseo pone en marcha el engranaje de la novela.
Si Claude no me hubiera abandonado, ese frío y gris lunes de noviembre probablemente me habría reunido con Bernadette. No habría vagado por París sintiéndome la persona más sola del mundo, no me habría quedado tanto tiempo en el Pont Louis-Philippe al atardecer mirando el agua y sucumbiendo a la autocompasión, no habría huido de ese joven policía preocupado por mí, no me habría refugiado en la pequeña librería de la Île Saint-Louis y no habría encontrado nunca ese libro que transformaría mi vida en una aventura maravillosa.

Al hojear las primeras páginas del libro descubre que la protagonista, Sophie, es ella y que el restaurante que describe el autor, un inglés llamado Robert Miller, es Le Temps des Cerises. Allí están ambos, inconfundibles, ella con su vestido de seda verde y el acogedor restaurante con sus velas y sus manteles de cuadros blancos y rojos. Aurélie decide ponerse en contacto con la editorial, Opale, para agradecer personalmente a Miller su deferencia y las ganas de vivir que el libro, una comedia romántica en París, la ha inspirado. Escribe una carta y adjunta una fotografía en la que aparece con el mismo vestido verde que lleva Sophie.

(…) Me alegraría mucho recibir una respuesta por su parte, y me encantaría que aceptara la invitación a cenar en Le Temps des Cerises. Con mis más cordiales saludos, Aurélie Bredin

Pd: Es la primera vez que escribo a un autor. Y tampoco suelo invitar a desconocidos a comer, pero creo que mi carta estará en buenas manos con usted, a quien considero todo un gentleman inglés.

También en Éditions Opale la figura sobre la que se debate en el comité editorial es Robert Miller. Su novela, La sonrisa de las mujeres, está siendo un éxito y, a lo mejor, conviene darle un empujoncito. Además, el influyente suplemento de Le Figaro quiere entrevistarlo y dedicarle un reportaje fotográfico. El editor André Chabanais es la única persona de la editorial que conoce a Miller y pone mil pegas a que visite París, porque es muy tímido y no le gusta aparecer en público ni los actos multitudinarios. La presión de la directora de comunicación acaba por decantar la balanza y el director de Opale, Jean-Paul Monsignac, ordena a André que traiga a Miller, prepare una lectura pública de su obra y lo presente a los medios de comunicación. Se anuncia un desastre.

Descubrimos, entonces, que Robert Miller no existe, que es una invención de André. Bueno, de André y de un amigo suyo, un agente literario inglés, Adam Goldberg. Ambos buscaban un escritor anglosajón que escribiera novelas sobre París y, al no encontrarlo, decidieron crearlo. La imagen pública de Miller es el hermano de Adam, un guapo dentista de Devonshire que no sabe nada del asunto. Presionado, André decide invitar al dentista a visitar París, organizar algún acto semiclandestino y matar luego a Robert Miller.

—Magnífico —dije, y creí saber cómo se siente un agente doble.

Decidí que el bueno de Robert Miller debía morir en cuanto hubiera terminado su visita a París. Con el viejo Corvette por un terraplén sin quitamiedos. Desnucado. Qué tragedia, al fin y al cabo no era tan mayor. Sólo había sobrevivido el perro. Y, por fortuna, no podía hablar. Ni escribir.

Tan atareado está construyendo su estrategia que apenas si presta atención a la llamada telefónica de una lectora, una tal Aurélie, que le pregunta por una carta que ha enviado a Robert Miller. Desquiciado, la despacha con malos modos. Al salir de la editorial, André se topa con la muchacha que ha llamado por teléfono, que ha decidido ir a la editorial para interesarse personalmente por el tema. Queda deslumbrado por su belleza… y abrumado por los recuerdos. Se inspiró en ella para crear a Sophie, la protagonista de la novela. Un día, paseando sin rumbo, André la vio atendiendo a los clientes en Les Temps des Cerises. Su sonrisa lo cautivó.

Lejos de aclarar el equívoco, André decide cartearse con Aurélie, pero haciéndose pasar por Robert. Irá enturbiando la relación entre ambos –la guapa restauradora y el supuesto escritor– hasta que ella se dé cuenta de que él, André, es el verdadero caballero en el enredo.

Comienza entonces un juego de engaños desastrosos y de casualidades –las casualidades no existen, sostiene Aurélie– con escenas hilarantes, como la visita de Robert Miller/atractivo dentista a París y su encuentro con su guapísima admiradora.

La narración, que alterna los puntos de vista de Aurélie y André, es fresca, divertida y, en algunos instantes, recuerda por su ritmo y diálogos agudos a aquellas comedias inmortales de los años treinta a las que pusieron rostro Katherine Hepburn, Cary Grant o Spencer Tracy. Pura elegancia.

«Su libro me ha encantado, me ha entusiasmado, me ha hecho reír,   y es sencillo y está lleno de sabiduría al mismo tiempo. En una palabra: su libro me hizo feliz» Aurélie Bredin, protagonista de La sonrisa de las mujeres

El autor  Nicolas Barreau (París, 1980), de madre alemana y padre francés, estudió lenguas románicas y literatura en la Sorbona. Durante un tiempo trabajó en una librería de la Rive Gauche hasta que finalmente se dedicó a escribir.Le encantan los restaurantes y la cocina, cree en el destino, es muy tímido y reservado y, al igual que al escritor protagonista de La sonrisa de las mujeres, no le gusta aparecer en público.