21 de noviembre de 2018

El manizaleño Benjamín Villegas

27 de junio de 2012
27 de junio de 2012

benjamin villegas

Benjamín Villegas Jiménez, escritor frustrado, editor, diseñador, arquitecto, se ha convertido en un rey Midas pelirrubio, de ojos azules, que vuelve obra de arte en su acepción de libro,  todo lo que estéticamente le llama la atención  de Colombia.

Muchos años después de que se iniciara en la aventura del libro “peyorativamente llamado decorativo (pero) del cual me siento orgulloso”, el Villegas ha empezado a jugar en las grandes ligas de otros apellidos encopetados que le han dado lustre a Macondo como García Márquez, Botero, Betancur, Pastrana, Gaviria, Harker, Montoya, Salmona. A todos les ha convertido sus sueños en libros.

Para no ir muy lejos, el pintor Fernando Botero, “el artista más conocido del mundo,” y uno en la larga lista de interlocutores obligados de este bogotano con raíces paternas en Manizales, estuvo en el lanzamiento de su obra “Botero esculturas”, la  número 123 en el catálogo general, y uno de los siete ejemplares de estrato seis que editó Villegas en 1998 para celebrar las bodas de oro de su empresa a la que se dedicó después de andar en busca de sí mismo en diversas disciplinas y aventuras.

En realidad, su empresa (Villegas Editores) empezó a nacer en su cuna. Su padre fue impresor y editor de Semana, al lado de Alberto Lleras. Su abuelo le jaló al periodismo en los años treinta.  Su madre  era una gran lectora.

 

DE CIERTAS RAICES

Lo que se hereda, no se hurta. Se mejora. De su madre, una dama bogotana que murió cuando su segundo y último vástago tenía 20 años y todas las herramientas para mirar la vida a los ojos, Villegas sacó el sentido intelecual que lo acompaña. Ella le inoculó el virus de la sensibilidad por la música, la devoción por la buena literatura, una dosis personal de buen humor y la búsqueda de las más altas metas. Nada de volar bajo.

Por el Villegas le llovieron rectitud, sentido y espíritu de trabajo, disciplina espartana. ¿De dónde le viene a Villegas esa enfermedad incurable que padece llamada Colombia, a la cual ha hecho conocer en más de sesenta países donde su obra ha empezado a hablar inglés y  francés?  Pregúntenle al taita que vino del Nevado del Ruiz. Y como a nadie le cae mal una pequeña cuota de timidez y su antípoda el acelere, pues el padre antes de partir para la eternidad, le afrijoló estas cualidades. Benjamín tenía entonces 13 años y ya cometía poesía. Pero el diseño se le metía por los poros de su fértil imaginación.

Se emparentó con las musas a las tres años, cuando una tía-abuela, maestra, le enseñó a juntar vocales con consonantes. Sacando pecho, su padre se lo llevó al Gimnasio Moderno a don Agustín Nieto. El chino ya sabe leer a su edad, le dijo. El severo don Agustín lo felicitó por tener esa pequeña audacia de dos pies, pero le pidió que viniera después, para que estudiara en igualdad de condiciones con el resto de la muchachada. Así lo haría para convertirse en bachiller del Gimnasio (1965).

OFICIOS VARIOS

Con el bagaje heredado, sus lecturas, estudios, sueños e insomnios, el hombre que ha hecho más de mil piezas gráficas y recibido, entre otros, el premio al más hermoso libro del mundo, otorgado porla Unescopor “Colombia Campesina” (1991), se le enfrentó a la vida.

A los 14, el pequeño huérfano empezó a jugarle infidelidades a la poesía a través del rebusque para ayudarse en los estudios y no tenerle que pedir cinco centavos a la mamita para ir a matinal, matiné, vespertina o noche, según evolucionaba.

Fabricó rompecabezas con el nombre de El Aleph, alias  tomado de un libro del divino Borges, cuya prosa lo subyugó a primera vista. Le metió más  “guadua” al asunto con decoraciones de navidad, fundó periódicos, ayudó en otros. De esta forma, les caían los pesos. Fue entonces cuando empezó a definir una filosofía que redondearía después así: “Yo no estoy haciendo dinero sino obra”.

LA DOCTRINA VILLEGAS

Todo esto ocurría en la creativa etapa del bachillerato. ¿Qué había pasado? Como le tocó madurarse biche, por la ausencia de sus padres, empezó a desarrollar dos principios básicos que serían el norte en su vida: autosuficiencia e independencia en el trabajo. Nada de patrones. El mismo ha sido su propio patrón, tan severo, de pronto tan neurótico, que hasta él mismo se pasa memos cuando las cosas no le salen a la perfección, punto de partida para llegar a la excelencia.

Ya estaba de pantalón largo mental para ingresar a la universidad. Que sea en los Andes, la mejor. La familia  quería lo óptimo para la prole. Arrancó con Arquitectura. A partir del segundo semestre logró el mejor promedio. Aseguró beca para estudiar toda la carrera. Al final de los estudios, el Mono Villegas salía, además, con dos becas para el exterior. Y el diseño ahí.

DEFINIENDO PROFESION

Mantuvo intacta su condición de “trabajadicto” de entre 12 y 14 horas diarias. Como era conocido de autos, a los 18 abriles (nació un 22 de agosto, para los regalos) lo invitaron a hacer el diseño gráfico y la coordinación de la revista Lámpara, de impecable factura editorial. Lo reclamaban de otras revistas como Presencia,la Mutisdela Tadeo, Universidad  que le otorgó un grado honorífico como diseñador gráfico; de Vivencias. Mejor dicho, el angelito no daba abasto en su época universitaria.

Cuando ésta llegó a su fin, sabía más de diseño gráfico que de arquitectura, profesión que ha ejercido esporádicamente con su esposa, Clara Lucía Salazar – una artista ante la cual su ocupado marido, que fuma cubanísimos puros Cohiba para desestresarse, se quita el sombrero por su creatividad y talento -, y con otros arquitectos amigos y cómplices. Con ellos participó en el parto de su casa de campo. Villegas se divirtió como enano dirigiendo la orquesta en esta empresa para  no olvidar lo que estudió en los Andes.

SER O NO SER

Decíamos atrás, que el “pilo” (nerd, en la jerga actual) estudiante Villegas, no sólo se graduó con las mejores notas sino que salió con par becas. Fue cuando se le presentó el hamletiano dilema: se queda o se va con sus becas a otra parte.

Como dicen los ateos, cuando Dios no viene manda ideas: con su amigo Juan Escobar decidió que el sabático postuniversitario había que tomarlo en casa. Y se metieron en la “aventura vivencial deLa Calle” de los jipis, un sector que fue una piedra en el zapato  del capitalismo de entonces, encarnado en el imponente Hotel Hilton, ya desaparecido y convertido en elefante blanco por causa de sospechosas ineficiencias.

Estando en La Calle, una especie de Woodstock diario donde la rumba se mezclaba con el negocio, decidió volver matrimonio su noviazgo con Clara Lucía. El proyecto deLa Calle, lo aterrizó; le quitó la rigidez, el academicismo de los Andes, lo pulió. Todavía estaba en obra negra.

PAGA LO QUE DEBES

Pero, además, y aquí esta lo mejor,La Callelo dejó lleno de deudas. Como papá Villegas le dejó el legado de pagar todo lo que debiera, al hombre le tocó pensar de nuevo en el vil metal. Y adiós a la creativa bohemia deLa Calle. Quéhacer? Lo que más sabía: dedicarse a las artes gráficas y a las comunicaciones.

Para no caer en la tentación de aceptar la beca dela Fullbrigth, incursionó en el cine documental, tuvo programadora de televisión, y arrancó con los libros por encargo. Todo tiene su tiempo bajo el sol. El diseño gráfico y actividades afines habían ganado la partida.

El entonces presidente Misael Pastrana le encomendó un libro sobre las relaciones con Venezuela que se llamó “Dos naciones hermanas”. (Un hijo del doctor Misael (q.e.p.d.), el presidente Andrés Pastrana, sería de la partida en el lanzamiento del último libro de Villegas sobre Botero…).

Ya entrado en gastos, Villegas decidió que no solo encararía los libros por encargo. También los que a él le dieran la bendita gana, bajo dos presupuestos: que tuvieran importancia cultural para el país y que le produjeran placer estético hacerlo.

“Placer que está sobre todo en la relaciones con las personas con las cuales trabajo”, comenta Villegas.  “… por ser las personas de unos talentos y unas condiciones humanas diferentes, esa relación produce un inmenso placer que yo asimilo a la diversión”, explica, antes de confesar su pecado capital de la envidia: le habría gustado hacer el libro del chileno Edwards, “Cuerpos Pintados”.

No se quedó atrás y por la misma época Villegas, en compañía del fotógrafo venezolano, Nacho Marín, se le medía a “Atavíos, raíces de la moda colombiana”, que satisfizo plenamente su deseo de editar.

LA COFRADIA DE LOS MEJORES

Y como la vanidad y la modestia son virtudes negativas, Villegas, en la cima de su actividad de editor con 25 años de añejamiento, comenta que sus libros están a la altura de los mejores del mundo. A veces varios peldaños más arriba. Lo admiten sus colegas que lo respetan y admiran en todas las latitudes.

Cita algunos casos recientes de obras de alto vuelo. Para empezar,  “Dulce Tentación”, de una dama, chef de alta cocina del Cordon Bleu, de París,  María Villegas Salazar, su hija. O el de Santiago  Harker, el de Juan Montoya, o el Salmona, su colega arquitecto, quien como todo profesional que se respete no ha esperado que le reconozcan su obra. Se ha dedicado a hacerle más grande.

“Demostramos que los colombianos nos podemos colocar en el lugar que nos lo propongamos”, dice de sus libros el padre de Laura, quien estudia teatro en Londres, y de Camilo quien repite el periplo de su padre por el Gimnasio que también tiene libro: “El Gimnasio Moderno en la vida colombiana”.

A sus hijos les cantaletea que si uno hace “lo que le da la gana en un campo en el cual tiene algún talento y lo hace con seriedad, honestidad y trabajo, puede llegar a ser el mejor… y no tendrá problemas en la vida”.

AGENDA DE EDITOR

En la bola de cristal de Villegas Jiménez hay muchos libros. Por lo pronto, todos sobre Colombia. Aunque si le da el arrebato, se da otro sabático. Lo espera una segunda parte de “La Calle” en otras parroquias del mundo. Se le vuelve agua la boca pensando en el partido editorial que le sacaría a las pirámides de Egipto, las interioridades de China, los desiertos africanos, los polos norte y sur.

Tiene con qué hacerlo porque mantiene “fresca la creatividad”, según confesión de boca. Y cómo hace para mantenerse en forma? Apunten la receta: cero prejuicios, investigar, oír, estar abierto a lo que sucede. “Las ideas están en al aire”, dice,  “de cualquier conversación puede salir un proyecto”. A todos los interlocutores les da estatus.

Eso sí: no le mienten soñadores talentosos, más listos que él, pero incapaces de plasmar las ideas en hechos.

Esta madurez se la han dado los años de intenso trajín. Inventa un paralelo entre el Benjamín de hoy y el de hace 25 años: En esencia es el mismo, corregido y aumentado. “Con la misma frescura creativa, el mismo desinterés material con que he trabajado toda la vida, la misma tenacidad que he tenido desde chiquito para enfrentarme a las situaciones. Pero ahora, creo que soy mejor. Con los años es posible que el cuerpo se deteriore, pero el espíritu y la mente se le enriquecen”. Palabra de editor-diseñador-arquitecto en veremos.

PROHIBIDO EL MIEDO

Y como cada día trae su afán,  está esperando que Internet se invente del todo para poder vender más sus libros. Prohibido tenerle miedo a esa mujer fatal de la cibernética que esla Internet.“Me veo trasladando los libros (a Internet) para darles una mayor divulgación”.

Eso sí: pase lo que pase en el ciberespacio, garantiza la permanencia de sus libros. “Pienso que cuando muera (y el día está lejano) todavía el libro seguirá siendo un elemento hermoso”. Villegas tiene garantizada doble inmortalidad: a través de sus tres hijos de carne y hueso y de sus ciento y pico de hijos de papel, sus libros.

LA ALEGRIA DELEER

¿Cómo se produce su primer contacto con los libros?

–         Yo nací entre libros. Mi padre era impresor y editor de Semana de esa época. Fundó Semana junto con Alberto Lleras. Mi abuelo había sido periodista en los años treinta. Mi mamá era una gran lectora. Realmente, en mi casa siempre hubo libros.

–         ¿Los leían ustedes o se los leían?

–         Eso no lo tengo claro, pero yo siempre tuve libros para niños. No tengo recuerdos muy especiales de que me haya leído o no leído. Lo que sé es que siempre tuve libros a mi alrededor, siempre tuve una biblioteca a mi lado. Mi madre empezó a pasarme libros muy temprano para que los leyera. De hecho, me enseñaron a leer antes de tiempo. Una tía-abuela que era maestra me enseñó a leer a los tres años. He sido un lector y un amante de los libros. Yo diría que soy un escritor frustrado, en el sentido de que lo que más me gustaba de la literatura era escribirla. Lo hice de joven, de estudiante. Fui poeta a los 14 años. Pero, realmente, hablando de talentos, pienso que  tenía más talento gráfico que talento literario, lo que fue suficiente razón para darme cuenta de que no era un gran escritor, pero que sí tenía unas habilidades un poco mayores en la estética y el diseño. Entonces fue el diseño el que ganó la partida. A través del diseño y la gráfica, y de una cierta habilidad para el dibujo que siempre tuve, fue como vine a estudiar arquitectura. Y la formación en diseño que me dio la arquitectura empecé a aplicarla en el desarrollo de publicaciones en relación con las comunicaciones, primero en general y con los libros luego, más como diseñador que como escritor.

–         ¿No hay en usted un escritor en hibernación que puede aparecer más tarde?

–         De pronto, aunque yo pienso que para ser uno un gran escritor necesita una gran cantidad de memoria. Desafortunadamente, es uno de mis defectos. Soy más un creativo.

 

ENTRELA TIMIDEZ YEL ACELERE

 

–         ¿Qué tiene usted del Villegas y qué del Jiménez?

–         Del Villegas reconozco una gran rectitud, un gran sentido y espíritu de trabajo, una gran disciplina, un gran amor por mi país y también algo de timidez y de acelere, si se quiere. Del Jiménez tengo definitivamente un sentido intelectual, tengo desarrollo de la sensibilidad por la música, por la buena literatura, el sentido del humor y la búsqueda de unas metas y unas aspiraciones elevadas en todo sentido.

–         ¿En qué momento usted concluye que hasta aquí llegaron los padres y a partir de aquí empieza Benjamín Villegas Jiménez?

–         Mi padre murió cuando yo tenía 13 años. Eso le responde parcialmente su pregunta. Nosotros éramos dos hermanos. Cuando murió mi padre mi hermano estudiaba en una universidad fuera del país. Siempre he sido una persona muy responsable, me correspondió ayudar y responder de alguna manera por los asuntos de la casa. Acompañé a mi mamá a los 42 años cuando quedó viuda. Ella no era una persona productiva, por consiguiente, se modificó lo que podría ser el panorama económico de la familia.  Yo diría que desde los 14 comencé a trabajar en una serie de inquietudes y pequeñas empresas personales que me inventaba. En fin, todo esto de alguna manera para no tenerle que pedir dinero a mi madre durante la época del colegio. Desde muy joven, precisamente por ausencia de mi padre, quedaron establecidos dos puntos importantes que han sido muy coherentes en toda mi vida: ser autosuficiente y ser independiente en el trabajo. Mi madre me acompañó hasta los 20 años, cuando  también murió. Pienso yo que para ella ya era misión cumplida. Me dejó terminando la universidad, al otro lado.  Enla Universidadtambién hice un esfuerzo desde el punto de vista  de responder por mis gastos y tuve desde el segundo semestre el mejor cómputo académico en la facultad de arquitectura, lo que me permitió tener una beca durante toda la carrera, y aparte de eso comencé a trabajar. A raíz de eso la aparición de mi nombre en el diseño en una revista que en su momento era la más hermosa que se publicaba en el país (Lámpara), me ayudó bastante. También logré tener una independencia económica que me dieron cierto crédito y cierto prestigio como diseñador y coordinador de publicaciones.

 

HACER LO QUE NOS DELA GANA

 

–         Me da la impresión de que sus padres de anticiparon a García Márquez cuando afirma que al niño para ser feliz se le debe permitir que haga lo que quiera…

–         Exactamente. Tuve esa fortuna porque, además, era parte de la filosofía de mis padres y es exactamente lo que estoy aplicando  con mis hijos. Yo pienso y les digo siempre que si uno hace lo que le da la gana en un  campo en el cual tiene algún talento y lo hace con seriedad, con honestidad y con gran  trabajo, puede salir adelante en ese campo, puede llegar si se quiere a ser el mejor .

 

–         ¿En la intimidad no siente nostalgia de no haber ejercido su profesión de arquitecto o cree que la ha sublimado a través de su trabajo editorial?

–         No puedo negar que haya eventualmente algo de nostalgia. Sin embargo, mi satisfacción profesional en el área de los libros es muy grande. De todas formas, le puedo comentar que no la he abandonado del todo y que precisamente en asocio de mi señora, que es una artista, una persona muy creativa y muy talentosa, y de un par de arquitectos amigos, desarrollamos un proyecto de una casa de campo para mí que la disfruté minuto a minuto durante todo el proceso, desde la dirección de sus planos.

ABRIENDO VENTANAS MENTALES

 

–         ¿En qué momento toma usted la decisión de dejar de lado la arquitectura y dedicarse a la actividad editorial?

–         El proceso no fue tan consciente ni tan claro. Yo diría que fue, como pasa todo en la vida, un poco coyuntural. Recién graduado en la facultad de arquitectura entré en un proceso de darme un año sabático, como efectivamente me lo dí –no fue uno sino dos-. También tenía la opción de irme a estudiar fuera del país, aprovechando un par de posibilidades de beca que tenía, porque por mi récord universitario había salido de la facultad con dos becas internacionales. Habría sido muy diferente la vida si me hubiera ido. Me quedé en Colombia, me metí en una aventura vivencial, interesante, con mi amigo Juan Escobar, con quien desarrollamos un proyecto muy especial en la ciudad que se llamó “La Calle”, la calle de los jipis. Estaba de novio de Clara Lucía, que es mi señora, y entonces tomé la decisión de casarme y de meterme de lleno en esta aventura de “La Calle” que fue, sobra anotarlo, maravillosa. Me abrió muchísimas ventanas mentales, me puso muy en mi generación porque había sido demasiado organizado, demasiado estudioso, demasiado académico y me aterrizó en la vida.  Pero también me creó una serie de problemas de tipo económico y de compromisos que me forzaron  a terminar esa aventura con un motón de deudas y problemas económicos y a echarle mano a lo que sabía, y realmente lo que sabía era de artes gráficas y  comunicaciones. Entonces la vida que me había llevado a aprenderlas fue la que me llevó a continuar en ellas. Como soy fundamentalmente una persona creativa, constructora o desarrolladora de ideas, de llevarlas a feliz término, realicé  una serie de trabajos gráficos, de publicaciones. También  hice algunas incursiones en cine con un par de documentales, fundé una programadora  de televisión, dirigí durante cuatro años unos programas periodísticos en la televisión y, paralelamente, desde el año de 1973, comencé por encargo inicialmente, a realizar una serie de libros, el primero de ellos de gran formato y alta calidad, pasta dura, imágenes en color, buen papel, etcétera. Lo hice para el presidente Pastrana Borrero sobre las relaciones entre Colombia y Venezuela en un libro que se llamó “Naciones hermanas”. Pasado este libro, como pasa siempre,  la gente me buscó para hacer otros. Durante los años setenta, paralelamente a mis otras actividades, hice un libro al año. Inicié, por ejemplo, la colección de los libros de Seguros Bolívar y en los ochenta comencé a hacer dos y tres, hasta que apareció el presidente Belisario Betancur quien, como me dijo, me descubrió tarde, y me encargó 9 libros en su último año y medio de gobierno. Acepté el reto con mucha emoción, los desarrollé y esta actividad absorbió todo mi tiempo. En ese momento fue cuando realmente me encontré con el libro y encontré en esos libros –que los había hecho de una manera más esporádica pero de todas maneras siempre coherente en términos de ser libros sobre temas colombianos, de buena imagen del país, de alta calidad gráfica y editorial-,  en ellos encontré una razón de vida.

–        LA IMPORTANCIA DELA CREATIVIDAD

 

–         Poniendo a funcionar el espejo retrovisor, ¿qué paralelo haría entre el Benjamín Villegas de hoy y el de sus inicios como editor?

–         En esencia soy el mismo.  Creo que sigo manteniendo la misma frescura creativa que tenía en ese entonces, el mismo desinterés material con que he trabajado toda mi vida, la misma tenacidad que he tenido desde chiquito para enfrentarme a las situaciones y sacarlas adelante. Pero ahora creo que soy mucho mejor. Yo pienso que a uno con los años es posible que se le deteriore el cuerpo, pero el espíritu y la mente se enriquecen.

–         ¿Cuál es la receta para mantener fresca la creatividad?

–         No tener prejuicios hacia nada, investigar, oír, estar abierto a lo que sucede. La gente muchas veces me pregunta que dónde están las ideas y yo les digo que las ideas están en el aire. De esta conversación con usted puede salir quién sabe qué ocurrencia interesante. Y, ante todo, no dejar las cosas en ideas, porque también he tenido ocasión de conocer mucha gente  talentosa, en muchos aspectos  mucho más talentosa de lo que pudiese ser yo, y se ha quedado en ideas y en sueños

–         En esos viajes que lo han enriquecido, ¿qué libros lo han impresionado especialmente? ¿Encuentra que hay mucha diferencia en la calides de ellos y los producidos en Colombia?

–         Yo le puedo decir que en la actualidad estoy en el mismo nivel, y en algos casos podría decir que supero los mejores libros de los mejores editores del mundo.  Todos son mis amigos, todos me respetan y  les es difícil entender que en un país como Colombia, lleno de problemas de todo orden,  se haya venido sacando adelante una labor de esta naturaleza, consistencia y calidad. (Revista Eje XXI, de Manizales, directors Orlando Cadavid y Evelio Giraldo)