25 de enero de 2021
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Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Un atentado criminal

16 de mayo de 2012

La acción terrorista, ocurrida en el norte de Bogotá y en horas en que decenas de bogotanos se dirigían a sus lugares de trabajo, avivó de inmediato las imágenes de actos de terror que quienes residen en la capital creían superadas. De nuevo el país presenció en vivo y en directo las imágenes de los heridos e incluso de las víctimas, cuyos cuerpos fueron registrados por los medios de comunicación, sin ningún tipo de consideración y sin tener en cuenta el dolor de quienes acababan de perder a sus seres queridos.

Este desquiciado hecho de violencia inequívocamente revive en el sentir popular la sensación de miedo, caos e inseguridad, la cual se respiraba en anteriores épocas en las principales ciudades del país. El descomunal ataque ocurrió horas después de que expertos desactivaran un vehículo cargado con explosivos el cual estaba estacionado en frente de la Policía Metropolitana de Bogotá. Lastimosamente, las autoridades no pudieron impedir que la otra acción criminal se consumara y acabara con la vida de inocentes personas, entre ellas miembros de la escolta personal del ex ministro del Interior y de Justicia de la administración de Álvaro Uribe Vélez. El conductor de la buseta que se encontraba al lado del vehículo blindado que trasladaba al ex ministro Londoño Hoyos, resultó gravemente herido.

Aunque aún no son claras las motivaciones del insuceso, las autoridades consideran que el sanguinario ataque en contra del ex ministro Londoño pueda tener diversos orígenes. Aunque de un lado puede asociarse a una posible manifestación de rechazo a la coincidencial puesta en marcha a partir de ayer 15 del Tratado de Libre Comercio entre Colombia y los Estados Unidos, todo hace indicar que, lejos de esa hipótesis, la escalada terrorista puede tratarse de una estrategia ideada por fuerzas oscuras aún no identificadas que intentan crear un ambiente de zozobra con fines de cuestionar las políticas de seguridad utilizadas por el gobierno nacional desde que asumió el mandato el presidente Juan Manuel Santos desde el 7 de agosto de 2010.

En especial en las últimas horas ha cogido mucha fuerza la hipótesis de que el atentado sea un intento de detener el trámite del proyecto del Nuevo Marco Legal para la Paz que actualmente se debate en el Congreso de la República y que tiene que ver con el proceso de negociaciones del gobierno con las Farc y el ELN.

De otro lado existe una tercera posibilidad de que los responsables del hecho sean las Farc, organización armada ilegal que ha sido señalada por el Comandante de la Policía de Bogotá de ser la autora del atentado criminal.

No obstante, el presidente de la República, Juan Manuel Santos, en su alocución en la tarde de ayer se abstuvo de precisar la verdadera identidad de quién o quiénes estuvieron detrás de la acción terrorista. En su intervención, Santos anunció que el Gobierno está dispuesto a pagar hasta 500 millones de pesos a quienes suministren información que permita encontrar a los culpables del atentado.

En caso de ser cierta la hipótesis que apunta a las Farc como autoras de la embestida criminal, ello representaría una voz de alerta para el Gobierno Nacional al tratarse de una avanzada dentro de su estrategia terrorista y desestabilizadora, pues en los últimos meses habían perpetrado atentados criminales de menor trascendencia en pequeños municipios del interior del país, pero ahora se arriesgan a planear y ejecutar una escalada de gran impacto nada menos que en el pleno corazón de la capital de la República.

De todas formas venga de donde venga esta dolorosa manifestación terrorista la opinión pública nacional condena de manera enérgica esta descabellada acción que puso en riesgo las vidas de tantas inocentes personas que conforman la población civil.

Las autoridades tienen la enorme responsabilidad de actuar con prontitud para devolverle la tranquilidad a la capital de la República y al país en general, que comienza a presenciar una nueva arremetida de las organizaciones criminales. Lo peor que puede pasar es que una especie de “estado de nervios” comience a hacer carrera, precisamente en momentos en que el país se embarca en el mayor reto comercial de su historia. El perverso propósito de las organizaciones criminales es sin duda el de mostrarle a la comunidad internacional una situación caótica que atente contra el buen clima de inversión que ha acompañado al país en últimos años y que hoy lo tiene de referente para grandes negocios.

No basta con que las autoridades encuentren a los autores materiales del atentado criminal que ha sacudido el clima de paz de la capital colombiana y el país, si no que principalmente deben agotarse todos los esfuerzos para hallar a los autores intelectuales de tan execrable hecho que además de alterar el orden público nacional demuestra que aún en nuestro país no cesan los violentos su accionar intolerante y criminal. En ese sentido, acompañamos plenamente el llamado del Presidente a la unidad y la templanza.

El Heraldo/Editorial