23 de enero de 2021
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Retórica falaz

17 de mayo de 2012

cesar montoyaLa política es un mercado de conflictivos intereses. Es una actividad hecha de codazos, de enemigos que se transforman en amigos y a la inversa, de insomnios y despechos, de  convenios que se tejen y destejen de la noche a la mañana. Todo en ella es aleatorio. Las “circunstancias” ¡mágica palabra! juegan un rol inesperado. La derrota que llega de sorpresa añica gobiernos que se autoproclamaban imbatibles, cambia parejas en los bailes burocráticos, abre debates de responsabilidades, hace apertura a nuevas alianzas para manejar la victoria, por cierto, de tan difícil administración.  

Estas reflexiones son aplicables al señor Santos.  Colombia tiene un ejecutivo excepcional. Cordial, de buenas maneras, dinámico e infatigable, enemigo de la camorra, a quien sus gratuitos detractores quieren arrinconar contra las cuerdas.

¿Empeora el orden público? Resiste Colombia un larvado conflicto, con una explosiva realidad social. Todo se ha ensayado para extinguirlo. La zanahoria con  Pastrana y el garrote con Uribe. El anterior gobierno, pese a su alharaca, no pudo cortar la cabeza de la víbora. Sigue inoculando su  veneno y solo con una inteligente salida concertada, encontraremos la paz.

¿El Presidente ha sido blándulo con  la subversión? Sería necia e injusta una respuesta positiva. Los resultados son óptimos y abrumadores. Bajo su comando, se dió de baja a los máximos jefes de la guerrilla El Mono Jojoy y Alfonso Cano. Así mismo, logró la entrega, sin contraprestación, de diez secuestrados que llevaban más de doce años  engrillados en la selva. Las fuerzas militares combaten día tras día a los emboscados malhechores. La infame querella  de ser tibio  contra los atrincherados en las montañas, tiene sectaria y torcida dimensión.

Santos heredó una asqueante corrupción y una degradada historia de bandidos empotrados en ministerios y altas posiciones del Estado. A diario se descubren otras cuevas  en donde tratan de esconderse  los tránsfugas de la moral. La esperada asepsia la viene realizando el Poder Judicial, independiente e inmune a la colérica y soterrada amenaza de los delincuentes.

Es ejemplar el mandato  de Juan Manuel Santos. Su reelección es un deber de los colombianos. Puso fin a las balas retóricas contra los países vecinos. Del imperial aislamiento en que nos tenía  el autócrata Virrey, pasamos a ser protagonistas en las relaciones internacionales. Santos tiene tacto para los arbitrajes diplomáticos. Fácil para los acuerdos, contrario a las rupturas violentas.  La justicia recobró soberana independencia. Vive el país una consolidada bonanza económica. Logró finalmente la aprobación del TLC. Es lontana su política social. La Ley de Tierras y la Ley de Víctimas son un mensaje de sus convicciones éticas para hacer sensible una economía con rostro humano. Son suyos los retos ambiciosos. Donar cien mil viviendas para los más desamparados de la fortuna, es una meta conquistable. Frente a los enemigos y las casandras que todo lo ven con lente opaco,  estamos  otra vez  moviéndonos en la dimensión del “sí se puede”, programa exitoso  de Belisario Betancur para entregar casas sin cuota inicial. Es risible la lógica de los contradictores. Santos es indolente con  los pobres. Pero si les da vivienda, es un  demagogo irresponsable. Retórica falaz.