28 de enero de 2021
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No caigamos en la trampa de «una monedita por favor»

19 de mayo de 2012
19 de mayo de 2012

No importa si caminamos, si estamos en una cafetería y si esperamos el cambio de color del semáforo. Siempre aparece uno. Se trata de los indigentes, llamados ahora habitantes de la calle, personajes muy comunes, con historias tan dramáticas como sorprendentes, que han logrado posicionar el negocio e igual el nivel de interés de un floreciente mercado de competidores, en el que no existe límite de edad, sexo, ni territorio.

En determinadas épocas del año parecen multiplicarse, pero ahora el fenómeno es constante y aumenta sin control.

Todos hemos escuchado verdaderas hazañas míticas de indigentes que al final del día ganan dos o tres veces más jornales que un trabajador de tiempo completo, con una formación técnica o universitaria y que empeña por un salario sus conocimientos para el progreso de la entidad a la que le presta sus servicios.

Mito o realidad. ¿Usted que cree? Lo cierto es que si el negocio fuera malo no tendría tanto desarrollo.

Escudados en la pobreza, el abandono, la enfermedad, la violencia y otros males que juegan a favor de esta actividad irregular, los llamados habitantes de la calle encuentran argumentos suficientes para convencer a sus clientes ocasionales. Una monedita por favor es la frase de cierre que conduce a la señora o al ejecutivo a la acción de dar, a ese momento en el que surgen los sentimientos de bondad y ayuda para salvar una vida o una familia del hambre y de la desesperanza. Pero no es así porque se produce el efecto contrario.

Cuando el ciudadano decide dar acentúa el problema y estimula la aparición de nuevos actores dentro de esta misma vocación económica. Eso es lo que sucede hoy en Armenia y los municipios del Quindío.   

Dejar de dar la monedita es la decisión que debemos tomar los ciudadanos. Desde una  posición firme en ese sentido, se garantizaría al menos la desactivación de una actividad que va en carrera de ganar el prestigio a la más cruda indignidad social. La proliferación de indigentes es evidente, como es también clara la falta de implementación de mecanismos estatales de apoyo a esta comunidad.

El camino de la indigencia cobra visos de mayor drama social cuando se conoce que una decena de sus miembros han sido asesinados en el Quindío durante los últimos tres meses del año.

Respetamos y defendemos el derecho a la vida y como organización solicitamos a las autoridades y a la misma comunidad del departamento del Quindío que pare la violencia contra estos individuos y que pare también la frenética consolidación de un dicho que a diario legitimamos a través de nuestro propio comportamiento cuando nos dejamos seducir por esa frase que tan sencillo dice: una monedita por favor.