24 de enero de 2021
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Lo absurdo de un operativo

13 de mayo de 2012

lizcano¿Qué pudo pasar allí, cuando supuestamente Langlois grabaría un operativo antinarcóticos para un documental que se publicaría en medios internacionales? ¿Estaban corriendo un riesgo al movilizarse por la zona?

Sí. Debieron tomarse todas las precauciones necesarias. Es conocido que en esa zona del Caquetá, el frente 15 de las Farc no sólo se mueve como Pedro por su casa, sino también que ha ejecutado fuertes atentados. El año pasado fueron 13 ataques que, al igual que en lo corrido del 2012, dejaron soldados y civiles muertos.

Como suele suceder en este país, donde se desinforma u oculta información en casos como estos -en el que murieron varios soldados y hubo heridos-, la verdad se pudo esconder. El caso tuvo eco por los ingredientes que contiene y, sólo ante el ‘boom’ mediático, se conoció la versión del Ejército.

El comandante de Aviación del Ejército señaló que había sido una sorpresa la confrontación. Sin ruborizarse ante las cámaras de televisión advirtió que estas operaciones antinarcóticos no están preparadas para el combate.

¿Cómo es posible que en un operativo de esa magnitud, acompañado por un periodista internacional y en plena zona de conflicto, los soldados no estén preparados para el combate? ¿Qué hacían armados con fusiles, si no era para repeler cualquier ataque, bien fuera de las Farc o de las bacrim?

La estrategia militar para combatir al terrorismo tiene grandes fallas, cuya responsabilidad recae en quienes planifican estas operaciones. Jóvenes soldados se vuelven carne de cañón. Esta misión, por ejemplo, se produjo un día después de que las Farc bombardearan un puesto de policía, donde murieron un bebé y tres civiles. Semanas antes el frente 15 también mató a un uniformado y atacó otro puesto de policía.

Un experto en estrategia militar me dijo que en el secuestro de Langlois había un común denominador: «relajamiento» de los militares. Y le sumó a ello ausencia de inteligencia militar, desconocimiento del terreno, desmoralización de los mandos superiores -que poco interés le están poniendo a estos operativos-, y ausencia de dispositivos de apoyo.

Las consecuencias graves para la imagen de Colombia son incalculables. El mundo percibía que las Farc estaban siendo derrotadas y, con la muerte de su canciller Raúl Reyes , habían perdido terreno internacional. El caso Langlois las pone de nuevo en la «jugada» política.

Este ‘papayazo’ que dio el Ejército nos impone el recuerdo de lo ocurrido con Íngrid y los tres norteamericanos. ¿Se imaginan ustedes el show de la liberación del periodista?

Será, sin duda, un gran momento para celebrar el regreso de Langlois -y restituir el respeto por los derechos humanos-, pero, sin duda, las Farc lo aprovecharán también para buscar reconocimiento internacional.