19 de enero de 2021
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

FRAY RODIN Y UNA SOLIDARIA LÁGRIMA

20 de mayo de 2012

fray rodin
Inaugurado en l.935, hoy en día transporta unos siete millones de pasajeros al día. Es decir, que es el sistema de  locomoción por excelencia. Su acceso se logra a través de empinadas escaleras eléctricas, rápidas, peligrosas, que nos conducen a mas de 80 metros bajo tierra en un alarde de la más sofistificada ingeniería para la época.. Sus renombradas estaciones son un verdadero derroche de arte. Esculturas, pinturas, pisos y techos en mármol, finísima lamparería de estilo francés, acogen a los moscovitas en su sistema de transporte diario y lo hace más amable.Pero  no todo es perfecto. Sus vagones,  producen un estruendo mortificante. Nos sentimos  encaramados en una especie de mezcladora de cemento.

Como dispusimos de algún tiempo libre, nos aventuramos a utilizar el metro para ir a algunos sitios  de interés. Como el café Pushkin,que no pudimos dar con él. En esta aventura -Moscú y su metro no los aconsejan para andar solos- confirmamos que el lenguaje universal es el  dedo. Se señala con el índice en el mapa de la ciudad y la policía lo orienta o desorienta, de acuerdo con la suerte de cada quien.Y el inglés. Pero en el caso nuestro, el asunto es lamentable. Nuestro inglés es una mezcla de «English conversation for latinoamerican tourists», de cuarto año de bachillerato del Colegio de Nuestra Señora de Manizales y un semestre en el Colombo Americano, que produce lo que un irreverente denomina , no sé  por qué razón, el uribenglish. Si lo sé, más no lo digo.Y encontrar un ruso que sepa inglés,es exótico.De todas maneras encontramos  la Galería Tretiakov,el museo de renombre en Moscú,donde se exhibe la selección de la desconocida, para nosotros, pintura rusa,desde los íconos hasta lo más representativo de sus pintores  de finales del Siglo XX. El denominado realismo socialista tiene allí sus mejores exponentes y, contados disidentes, que se salían del marco temático impuesto por el Estado. En el régimen totalitario de Nuestro Padre  Stalin, solo podían abordarse temas, en gran tamaño, como la revolución, la guerra civil,  la Gran Guerra Patria (1.941-1.945),la lucha por la paz,los desfiles,los obreros, los campesinos, los rostros duros de los héroes del trabajo,las fábricas y la obligatoria glorificación de los líderes. Pero asombrosa  y de gran calidad  su técnica y su producido plástico final, de autores desconocidos casi en su totalidad. Dentro de nuestra ignorancia solo pudimos reconocer las firmas de Marc Chagall y Vasili Kandinsky.Y el emblemático modelo  de «El obrero y la koljosiana», de Vera Mújina, que representa a un obrero con el martillo  en su mano izquierda y a la campesina con la hoz en su mano derecha,la hoz y el martillo, símbolos universales de la Rusia comunista, grupo escultórico que remataba el pabellón de la URSS en la exposición de París de 1.937 y  sobre el cual Romain Rolland escribió:»En las orillas del Sena dos jóvenes gigantes elevan la hoz y el martillo,y nosotros oímos como de sus pechos fluye el himno heróico que llama a los pueblos a la libertad, a la unidad y a la victoria.» Es la misma Estatua Rusa de la Libertad,que se encuentra sobre su pedestal en una de las entradas  al centro de Exposiciones de Rusia, hacia la derecha de nuestro hotel.Y sigue nuestro recorrido.

Ojalá que todos aquellos que han vivido la guerra desde lejos y aquellos que son tímidos en su  radical rechazo, pudieran visitar algún día  el museo de la segunda guerra mundial de Moscú. No hemos conocido algo más sobrecogedor e imponente, que éste testimonio histórico de la victoria rusa contra los invasores nazis,  definitiva para  la entrega de Hitler y sus secuaces. La Gran Guerra Patria, como la denominó Stalin, comprende el período de l.941 a l.945, que duró el asedio alemán al territorio ruso y que culminó con  la rendición de Berlín en mayo del último año mencionado. Conmovedora esta recordación, hasta las lágrimas. Precisamente a  uno de sus salones  lo bautizaron como el salón de las lágrimas. La  escultura de una madre con su hijo muerto en sus rodillas le da el tono de tristeza infinita  a sus paredes en donde aparecen los nombres de los veintisiete millones de rusos que perdieron  la vida por defender a su patria. Al fondo, suena el Requiem de Mozart. Mil cuatrocientas ochenta y cuatro lágrimas de cristal, recuerdan el igual número de días que duró la guerra,de sufrimiento atroz, de espisodios infrahumanos, de hambrunas , de fríos y de agresivas escenas de canibalismo en ambos frentes. Y en seis dioramas o escenificaciones casi vivas, se ven patéticos los estragos de la guerra, como una bofetada  a lo tenebroso que ronda en el alma de los hombres. Nuestra guía, Luba,de ojos azules, serenos pero tristes, se quebranta y su voz se silencia. Como con  desgarrada rabia se seca una lágrima y yo  suelto otra, solidaria.Y me acuerdo de mi país, Colombia. Lágrima que se hace actual en estos momentos, cuando lo tenebroso del terrorismo,de la guerra, ha regresado a nuestras calles. Las fuerzas oscuras de las FARC han querido acabar con la vida de alguien que defiende cada mañana sus ideas con pasión casi que paranoica, pero que representa una franja respetable de la opinión política colombiana. Ninguno de nosotros recordó la vulnerabilidad de Londoño Hoyos, por ser permanente objetivo militar de las Farc. Porque no nos vengan con el cuento de la autofagia de la derecha.Y algunos claman por la protección de  líderes de las izquierdas colombianas,que a diario expresan su inconformidad con el sistema. Inconsecuente. En  ninguna parte del mundo  debe haber delito de opinión ni crímenes por su libre expresión. Ni la izquierda ni la derecha deben sumar muertes gratuitas, como las de esta semana. Paz aunque sea, en las tumbas de los escoltas de Londoño. Y un reconocimiento público por su entereza y valor al, y que nos perdonen nuestros hermanos conventuales, «testiculado  y hormonado» Fernando Londoño Hoyos, con quien es mas fácil estar en desacuerdo que en acuerdo.

Volveremos sobre San Petersburgo.