22 de enero de 2021
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EL PAÍS DE LOS ASOMBROS

20 de mayo de 2012

oscar lizcanoCiviles muertos y heridos son fruto del terrorista propósito de callar una voz crítica. Crítica contra la guerrilla, crítica siendo alto funcionario del Estado, crítica como político y periodista.

Salíamos de la perplejidad cuando se dio a conocer la captura, por parte de la Fiscalía, de mi apreciado amigo y compañero de infortunio, Sigifredo López . Sí, Sigifredo, el que estuvo secuestrado aproximadamente 7 años y el protagonista de una imagen de libertad que se quedó en la mente de los colombianos: ese encuentro eufórico y feliz entre él y sus hijos, el día de su liberación.

Es para mí imposible creer ciertas las presuntas acusaciones que le hacen. Mi familia, la de él, y la de todos los que estuvimos en las entrañas del monstruo del secuestro y que éramos objeto de canje, vivimos años de profundo dolor. Eso nos hizo también unirnos, apoyarnos, conocernos entre sí.

Por eso todas ellas, incluso las que tienen que ver con los hechos por los que acusan a Sigifredo, oran para que esto no sea cierto. Como yo, se resisten a creer. He conocido personalmente a Sigifredo. He constatado su apreciable condición humana; los bellísimos versos que escribió en la selva y, su reconocida amistad con el premio Nobel de literatura José Saramago.

Hay una disyuntiva tormentosa en todo esto: si Sigifredo fuese culpable, representará un gran dolor para nosotros. Si la Fiscalía actúa sin las pruebas suficientes y se equivoca en su acusación, sería una vergüenza institucional, una cachetada a la dignidad de las víctimas.

Y vergüenzas de ese tipo ya conocemos. Tras el asesinato de Galán, organismos de seguridad, en cabeza de Miguel Maza Márquez -en ese entonces director del DAS y hoy sindicado por magnicidio-, capturaron a Alberto Jubiz Hazbun . La captura tuvo un despliegue similar al usado para capturar a Sigifredo. Hazbun duró diez años en la cárcel hasta que fue declarado inocente. No alcanzó a recibir la indemnización a la que fue condenada la nación cuando murió.

También asistimos a un caso que presenta una gran injusticia, el del soldado Pedro José Guarnizo . Estuvo secuestrado 6 años por la Farc y fue rescatado en el mismo operativo en el que resultaron muertos el exgobernador Guillermo Gaviria y el exministro Gilberto Echeverri.

Guarnizo resultó sindicado por la masacre de Mapiripán. Pero hasta dónde llega el clímax de lo absurdo: la masacre ocurrió mientras estaba cautivo. Es tan extraño que hasta un tribunal del Meta declaró su inocencia hace tres años, pero todavía permanece preso. No ha podido ascender a sargento mayor, pese a que lleva gastados cien millones de pesos en su defensa. La Fiscalía está tratando de establecer si las Farc le dieron permiso para que se fuera con los paramilitares de Carlos Castaño a realizar esa masacre.

En todos estos acontecimientos, fíjense ustedes, hay un protagonista -antagonista, mejor-: las Farc. Parece que al grupo guerrillero le preocupa poco asumir el costo político de sus crímenes. Con razón suelen decir que no llevan cuarenta años en el monte con el propósito de que el Estado los perdone.