26 de enero de 2021
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

El maestro Raúl Rosero

14 de mayo de 2012
14 de mayo de 2012

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Ha dirigido las mejores orquestas de Colombia y del mundo y no lleva una cifra exacta de las cientos de grabaciones que ha realizado de música colombiana, popular y brillante.

En los últimos años vive entre Miami y Bogotá, y si tuvimos noticias de él, fue por el lanzamiento de su nueva producción, ‘Concierto despecho’, un repertorio arrancado de las fibras más íntimas del pueblo, con el respaldo instrumental de más de ochenta músicos que integra la Orquesta Filarmónica de Colombia, de la cuál él es su batuta.

Se llama Raúl Rosero Polo, o Raúl Rosero, como se le conoce de años atrás en Colombia: director, compositor, productor, arreglista, hombre de radio y televisión y ciudadano de a pie cuando acompaña sin falta al Deportivo Pasto y se involucra entre la fanaticada para ponerse en graderías la mano en el pecho y entonar ‘La Guaneña’, el himno nacional de su raza.
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Lo entrevistamos.

¿Cuántos Roseros puede haber en el directorio telefónico?

«Si hablamos del departamento de Nariño, el 80% deben ser Roseros. Si hablamos del Ecuador, por lo menos el 50%».

¿Tú eres de los Rosero ricos o pobres?

«De los pobres pero bien criaditos».

¿‘Pastuso de Pasto’ como dicen ustedes?

«Totalmente. Yo nací en ‘La Calle Angosta’ y en la casa».

¿En la casa de quién?

«En la casa nuestra, la de papá Vicente Rosero, porque en ese tiempo el parto se asistía en las casas».

Debiste nacer con música, ¿verdad?

«Sí, tú sabes que la gente en Nariño es muy musical, Dios nos regaló talento a todos los pastusos, cuando no con la música, con cualquiera de las artes».

¿A qué edad se te despertó esa vocación?

«A la edad de 8 años yo era el guitarrista más conocido en Pasto, porque me ganaba los concursos en la emisora Ecos de Pasto, la más importante que había. Cómo sería que los intérpretes extranjeros que iban a tocar a mi ciudad me buscaban como guitarrista».

¿Niño superdotado?

«En algunas cosas, sí; en otras, no me quejo».

¿Quién te enseñó la guitarra?

«Circunstancialmente en mi casa estaba prohibida por la relación que había con la bohemia, con el licor. Mis padres me la tenían vetada. De modo que la aprendí y la ensayé en la clandestinidad con los amigos del barrio El Tejar».

¿En qué momento se supo en tu casa la verdad?

«En el colegio. Mis padres se enteraron cuando ya me vieron en los eventos culturales, en las clausuras y en las emisoras de la ciudad. Ahí se acabó la censura».

¿Qué interpretabas en esa guitarra?

«Valses ecuatorianos y peruanos interpretados por Los Tres Reyes, a los cuales uno trataba siempre de imitar».

¿De qué páginas te acuerdas?

«De ‘Ódiame’, ‘Alas rotas’ ‘Poquita fe’, entre un nutrido repertorio de melodías, por cierto de difícil ejecución, incluso hasta la fecha. El que tocaba estas páginas, ya se podía dar por guitarrista».

Estaba en su furor Julio Jaramillo ¿verdad?

«Era el ídolo, no sólo en Pasto sino en toda América. Tuve el privilegio, años después, de grabar 110 temas con él, interpretando yo el requinto, la guitarra y el bajo».

¿A palo seco?

«Sí, porque yo era muy jovencito. El bohemio era Julio, y todos lo saben, cuando falleció de cirrosis en México, en una edad en la que no lo merecía: apenas 40 años».

¿Te tocó Olimpo (Cárdenas)?

«Sí, claro, pero no tuve la fortuna de grabar con él».

¿Lucho Bowen?

«Lo conocí, pero no lo acompañé».

¿La Ronda Lírica?

«La escuché y la admiré mucho, y más adelante, cuando fui director del programa ‘Cuánto vale su actuación’, hice un especial en Pasto y le hice un homenaje».

Tu saliste muy temprano de tu casa, ¿a qué edad partiste?

«A los 15 años yo ya estaba en Bogotá. Me propuse estudiar Medicina, pero era muy joven y no me admitieron. Por eso continué con la música».

¿Conservatorio?

«Todavía, no. Tuve la fortuna de conocer a Hernán Castrillón, en ese entonces, directivo de Punch, quien me vio tocar y me hizo presentar en televisión por primera vez. Mi debut fue con la guitarra, interpretando El Himno Nacional y el Concierto de Aranjuez».

¿Te acuerdas cuánto te pagaron?

«80 pesos, que era mucha plata».

Y ahí te enganchaste…

«Claro, porque gracias a Castrillón siguieron presentaciones en la Media Torta, programas de televisión con doña Gloria Valencia de Castaño, entre otros. Luego fundé un trío con el que recorrimos los mejores restaurantes y bares de Bogotá, como El As de Copas, en Chapinero, que era el epicentro del arte musical y la cultura en Bogotá».

Sigues estudiando…

«Empiezo a estudiar, porque lo que sabía era de oído. Estudié composición, gramática, arreglos orquestales y dirección durante muchos años con el maestro Alfredo Aragón y luego en la Universidad de Berkeley, en Boston, orquestación y arreglos».

Te la has pasado entre Colombia y Estados Unidos, ¿verdad?

«Por supuesto, de hecho vivo un tiempo en Miami y otro en Bogotá».

¿Cuánto hace que no vas a Pasto?

«Hace dos años, cuando me hicieron el reconocimiento como el Mejor Maestro de Nariño, otorgado por el Ministerio de Cultura».

¿En qué época fuiste director invitado de la Orquesta Filarmónica de Bogotá?

«En varias ocasiones he tenido el gran honor de dirigir la orquesta. Te estoy hablando de 30 años para acá y he grabado una docena de discos con esta y otras instituciones».

¿Cuándo fundaste la Orquesta Filarmónica de Colombia?

«Hace dos años. Son cincuenta músicos y en las grabaciones aumentamos a ochenta y cinco. Con esta orquesta hemos grabado dos discos: ‘Romance vallenato’ y el que estamos presentando ahora mismo, ‘Concierto despecho’».

¿Cómo se escucha el despecho filarmónico?

«Más sentimental y llega más al fondo del alma».

¿Más cuerdas que cualquier otro instrumento?

«Sí, hay más cuerdas por su honda esencia. Utilizamos veinticuatro violines, ocho violas, ocho chellos y seis contrabajos».

Quién se iba a imaginar ‘La Cuchilla’ filarmónica. ¿Cómo se te vino a la cabeza este proyecto?

«Justamente por la amplia difusión que ha tenido la música llamada popular, que encierra géneros como carrilera, norteña, guasca, entre otros, que se ha entronizado en el alma de los colombianos, tanto jóvenes como adultos. Vi un vacío en el ambiente musical que me propuse llenar con este álbum».

¿Cómo fue ese proceso de selección de ‘Concierto despecho’?

«Durante dos años escuché cientos de melodías y de este proceso se resumieron 30 canciones de las cuáles elegimos catorce, incluido un popurrí de cinco temas».

¿Lo que quedó en el tintero da para otro volumen?

«Puede ser, porque todas son melodías hermosas».

¿Estamos hablando de qué títulos?

«Ese es un secreto, porque se perdería el efecto».

¿Tu te consideras un despechado, Raúl?

«Para nada, he sido muy afortunado en el amor».

¿Cuántas veces te has casado?

«Dos veces».
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¿Ahora mismo lo estás?

«Sí, pero quietico ahí…».

¿Por qué?

«Hombre, las paredes tienen oídos y ustedes circulan demasiado».

Hijos, ¿cuántos?

«Tres y tres nietos».

Fuera del despecho sentimental, ¿qué otros despechos te rondan?

«Bueno, aquí si me alargo. He sido muy afortunado: lo que me he propuesto, lo he realizado con trabajo y esfuerzo. Quise ser compositor y lo logré, mis canciones han sido interpretadas por los mejores cantores del país y han ganado los más importantes festivales nacionales e internacionales. Soñaba ser director de orquesta y lo soy: he dirigido muchas orquestas a nivel mundial, con estimulantes reconocimientos, como cuando fui ganador del Festival Meditur de Directores de Orquestas, en Lisboa (Portugal), en 1982. Quise aparecer en televisión y se me dio. Fui creador de música para diez telenovelas como ‘Sigo siendo el rey’, ‘El faraón’, ‘Tuyo es mi corazón’, entre otras, y luego con programas propios como ‘Cuánto vale su actuación’ y ‘Concurse por la fama’. Y algo que también me llena de orgullo, que quise ser el líder de los compositores y se me dio como director de Sayco en 1992».

Hoy en día, ni hablar de Sayco, maestro.

«Yo sé que la institución está atravesando un momento difícil, pero la sociedad es grande y va superar estos problemas, porque al fin y al cabo ahí estamos reunidos 2 mil compositores colombianos y eso no lo va a acabar nadie».

¿Qué más quisiste ser y no pudiste?

«La verdad, no tengo frustraciones».

Arrepentimientos, ¿menos?

«Tampoco».

¿Qué clase de pastuso eres tú?

«Un pastuso orgulloso de haber nacido en mi tierra, entre los siete verdes de la naturaleza, enmarcado en los paisajes más hermosos del mundo».

¿Vives bien?

«Sí, vivo cómodamente».

¿Te das el lujo de levantarte tarde?

«Me levanto tarde, pero me acuesto tarde; no olvides que el universo de los artistas es la noche».

¿Nunca te sedujo la política?

«Nunca. A mí los nariñenses muy cariñosa e inmerecidamente me ofrecieron una curul en el Senado, pero la rechacé».

¿De qué partido eres?

«Yo soy independiente y cuando voto por alguien lo hago por la persona y no atado por un partido».

¿De qué equipo?

«Imagínate, del Deportivo Pasto. Soy ‘cuyigan’ total».

A propósito, ¿cuánto hace que no comes cuy?

«Me lo comí antenoche en el restaurante de doña Gloria, una pastusa de ley, al lado de El Campín. Su hija, que es veterinaria, los cría».

¿‘La Guaneña’ aún te arranca unos whiskies?

«Muchos y la siento como el himno nacional».

¿Y en qué momento buscas cobijas?

«Cuando empiezo a cantar y se me enredan las eses».

¿Por qué no has canado?

«Por que los tintes ahora son muy buenos».

¿De qué te quejas, Rosero?

«De que está volviendo la inseguridad a Colombia, la misma que nos hizo abandonar el país hace trece años».

¿Y de los males del cuerpo?

«Me mantengo bien porque soy un deportista un poquito exagerado».

¿Qué tal para contar chismes?

«Malísimo, el único pastuso que no sabe contar cuentos pastusos».

¿Cuántos amigos te quedan?

«Muchos, aunque mis colegas más queridos, con quien tuve lazos entrañables de cariño, de amistad y de cultural musical, partieron a la eternidad».

¿Uno en especial?

«Varios: José Barros, Jorge Villamil, Álvaro D’Almar, Jaime R. Echavarría, a quienes hice homenaje en vida».

¿Temes a la muerte?

«Es a lo que menos le temo»

¿A qué le temes?

«A la soledad y a cualquier asunto nefasto que le pueda suceder a mi familia».

¿Tienes un Cristo pastuso tallado en madera en la cabecera de tu cama?

«Sí».

¿Y nunca se te ha caído encima?

«No, porque no está clavado sino amarrado».

Consagrado

Raúl Rosero Polo, lo afirma, ha hecho lo que se ha propuesto en la vida: director orquestal, compositor, productor, arreglista, hombre de radio y televisión, y una de las batutas más prestigiosas, no sólo en Colombia sino en el extranjero. Memoria viva de un artista que ha trabajado a su aire en múltiples géneros: música clásica, colombiana, internacional y popular, como da fe su más reciente producción, Concierto Despecho, que incluye catorce temas de repertorio, de los más reconocidos: ‘La cuchilla’, ‘La jarretona’, ‘Y me bebí tu recuerdo’, con el respaldo instrumental de la Orquesta Filarmónica de Colombia, que él dirige.