27 de enero de 2021
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Burear-bureo, la preposición ‘a’, sexo

22 de mayo de 2012
22 de mayo de 2012

osorio efraim

Ignoro cuántas palabras usábamos en nuestra niñez para comunicarnos con las personas que fueron parte de nuestro reducidísimo universo. Lo que sí sé es que una de ellas era ‘buriar’ (pronunciación folclórica de ‘burear’). Recuerdo también que la empleábamos, aunque de ello inconscientes, como sinónimo de ‘provocar, azuzar, desafiar, retar’; y ‘torear’, pero con un matiz diferente. Sin embargo, este colombianismo, procedente de ‘bureo’ (entretenimiento, diversión; ajetreo, para Carrasquilla, muy acorde con su etimología, del francés ‘bureau’), significa únicamente ‘burlar, rechiflar; entretenerse, divertirse’. Con la acepción de ‘burlar’ o ‘burlarse de alguien’, lo utiliza José Obdulio Gaviria en su columna de El Tiempo, en la que cita estas palabras del presidente Santos: “Pues para bien de él y para bien mío y del país espero que asimile pronto” (su antecesor, “que ya dejó el poder”). “Después burea con que “yo ya estoy vacunado; al principio todo esto me afectaba…” (1/5/2012). Es decir, “se burla diciendo que…”. De los pocos autores que se ocuparon de estas zarandajas regionales, ninguno le da la acepción con que nosotros la usábamos en los tiempos de Maricastaña, y que hoy propone Jacinto Cruz de Elejalde, de esta guisa: “Incitar a otro con burlas a hacer o decir cosas que, de otra manera, no haría”, por ejemplo, cuando, en Santa Rosa de Cabal, bureábamos (para luego tener que salir corriendo) a Peyovacas, personaje pacífico y callado, si no era molestado; cuya característica era una soga kilométrica, enrollada en uno de sus brazos, y cuyo oficio consistía en ‘encerrar’ vacas y terneros por encargo. Con esta acepción podría entrar en una próxima edición de “Voces fatigadas”, de Álvaro Marín Ocampo. Nota: Para José Manuel Marroquín, ‘bureo’ significaba ‘entretenimiento y diversión’: “La turba despíadada, ansiosa de bureo y de pábulo para la risa…” (El Moro, cap. XXV). Cervantes lo utiliza en la expresión ‘entrar en bureo’, con el significado de “reunirse en conciliábulo, deliberación o conspiración”, en esta muestra: “…cuando el bachiller Sansón Carrasco aconsejó a don Quijote que volviese a proseguir sus dejadas caballerías, fue por haber entrado primero en bureo con el cura y el barbero…” (II-XV). Y lo repite en el capítulo XXXVIII de la misma parte: “…cuyo temor (el embarazo de la infanta Antonomasia) nos hizo entrar en bureo a los tres…”. Como curiosidad culta, nada más. ***

Parece que el uso de la preposición ‘a’ en el acusativo (excepción de la regla general) es un hueso duro de roer, y que se presta a incoherencias en la redacción de algunos escritores, encopetados algunos de ellos, que se valen de ella cuando no se necesita, y la omiten, cuando sí, por ejemplo, cuando es necesaria para determinar alguna ciudad o un país, cuyos nombres no tienen el artículo determinado: “Visité a Manizales”; que construyen “visité Manizales”, con la bendición equivocada, valga la verdad, del uso y de la venerable Academia de la Lengua. No puedo asegurar que el columnista John Harold Giraldo Herrera caiga en esta para mí contradicción, pero sí pone de más  la preposición ‘a’ en las siguientes oraciones: “Hollywood ha colonizado a la aldea global con superhéroes…”; “Alguien salvará al mundo…” (LA PATRIA, 4/5/2012). Y sobran, según las enseñanzas de don Andrés Bello, porque en estas oraciones el artículo es suficiente para determinar el respectivo complemento. Nota: se emplea también la preposición para personalizar, por ejemplo, “llamar a la muerte”. ***

La rosa, el clavel y la azucena; el perro, el elefante y el molesto mosquito; y usted y yo y todos  ‘tenemos sexo’, porque éste es una “condición orgánica, masculina y femenina, de los animales y las plantas” (El Diccionario). Pero no todos practican el ‘coito’ o ‘cópula sexual’, que es lo que quiere expresar la columnista de El Tiempo, Lucy Nieto de Samper, en la siguiente afirmación: “En las nuevas generaciones tener sexo, aun antes de la pubertad, es tan común y corriente como beber agua cuando se tiene sed” (5/5/2012). En todas las regiones de la Tierra, y a través de todos los tiempos, el acto a que nos referimos ha recibido infinidad de nombres, castizos y expresivos, muchos; picarescos e inofensivos, otros; groseros, degradantes, e inmencionables, los más; y eufemísticos, algunos, como éste, que aparece en la Vulgata; “Y Adán conoció a su esposa, Eva, la que concibió y dio a luz a Caín” (Génesis, III, 1). Con este significado, algunos clásicos latinos, Ovidio y Tácito, entre ellos,  emplearon el verbo ‘cognoscere’ (conocer). No andaba, pues, tan descarrilado san Jerónimo, como sí lo están quienes emplean el idiotismo ‘tener sexo’ por tener ‘relaciones sexuales’, aunque, y para ser minucioso, su uso se está imponiendo, tanto, que ya el diccionario de María Moliner asienta esta tercera acepción de ‘sexo’: “Conjunto de prácticas encaminadas a obtener el placer sexual”, acepción que no presenta el de la Real Academia de la Lengua, y que el Mac Millan English Dictionary asienta en primer lugar. ¡Cómo evolucionan las palabras y sus significados! ***

Desgracia: La VEINTIRÉS, el orgullo de los manizaleños pisoteado sin consideración.