7 de marzo de 2021
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Populismo y petróleo

18 de abril de 2012

Como se ha calificado con acierto, Argentina se desplaza de súbito al número de naciones que practican el socialismo del siglo XXI. Sin duda con ese acto patético de proceder a empellones lo demuestra, como si se tratara de un juego de tahúres, e ingresa al abismo de los Estados que por razones de política interna sacrifican la seriedad y eficacia de la libre empresa. Como se sabe por experiencias negativas en varios países petroleros, el negocio no es apoderarse de las empresas privadas por la fuerza o mediante medidas cautelares que pasan por el Congreso. La decisión, durante el gobierno de Carlos Andrés Pérez en Venezuela, de nacionalizar el crudo girando los respectivos cheques a las empresas privadas, convirtió a un país rentista con elevados indicadores de calidad de vida por cuenta de las jugosas regalías, en uno de los que más ha despilfarrado los fabulosos ingresos petroleros. Particularmente en los últimos años. Ya se sabe que los gobernadores de las provincias argentinas fueron los que más presionaron para que se violaran los acuerdos con España, e ir a la nacionalización de YPF. El jueves pasado, cuando los gobernadores adictos al Gobierno se montaron en el mismo ascensor en la sede de YPF, se dijo que si el ascensor se accidentaba sobreviviría la sociedad con los españoles. Lo que muestra el tinte puramente electoral, de rapiña y cortoplacista de la medida.

Es conocido que Argentina, pese a su notable desarrollo en distintos campos, es un país que mantiene un cierto retraso confuso en materia de las leyes que regulan el petróleo, la telaraña legislativa al respecto no favorece las buenas relaciones con los inversionistas, que suelen ser asaltados en su buena fe, dado el alto grado de intermediación política que agobia el sistema. Expropiar la empresa emblemática de crudo atenta contra el espíritu de la globalización y el futuro del desarrollo argentino. En particular, cuando el Gobierno, de pensar a largo plazo, podría formar otra empresa de petróleos para que explorara en el país con otros socios o por cuenta propia. Así que el Gobierno no se hallaba frente a una encrucijada, fuera de que se ha establecido que los inversionistas españoles y el gobierno de Mariano Rajoy estaban abiertos a cualesquier tipo de renegociación que beneficiara a las partes. En los medios de las altas finanzas ha caído muy mal lo que ya se conoce como un asalto contra la empresa privada, mediante el cual no solamente se desconocen los acuerdos previos, sino que ahora, según declaraciones del viceministro de Economía, Axel Kicillo, se anuncia que se “revisarán” las cifras sobre el valor de la compañía, y dijo que los directivos manejaban estos datos como “información secreta y de manera imprudente”. Para aducir que: “No les vamos a pagar lo que ellos quieran, esos US$ 10.000 millones”. Y como existe una pugna entre las provincias y el gobierno central, sobre a quien corresponde la reparación en metálico, el asunto puede terminar en tribunales internacionales. Las sucesivas y contradictorias afirmaciones del Gobierno amenazan el precio en Bolsa de las acciones, lo que perjudicaría aún más a los inversionistas. Es por eso que Macri, uno de los jefes de la oposición, sostiene que Argentina se aleja peligrosamente del mundo globalizado y de los grandes capitales.

La señora Fernández afirma que ella puede actuar como le parezca en materia petrolera en su país, dado que está al frente del Gobierno. Eso es parcialmente cierto, como lo es que los Estados tienen obligaciones que no se extinguen con los cambios de gobierno. Es posible que los políticos que asesoran a la Presidenta la empujaran a dar ese paso precipitado con la idea de utilizar las ganancias del petróleo, como lo dejan ver con cierto cinismo los gobernadores que celebraron con trombones y platillos la decisión. Mas el orden internacional y la solidaridad no se avasallan impunemente. Es de recordar que la Argentina gobernada por Juan Domingo Perón, cuando, por el bloqueo internacional, hacían falta alimentos en España, ordenó romperlo y suministrarles provisiones, enviando varios barcos con ayuda humanitaria; se recalca que hoy España atraviesa por un mal momento, que habrá de superar y que es cuando más debería manifestarse la solidaridad de Hispanoamérica.

El Nuevo Siglo/Editorial