27 de febrero de 2021
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Miretes, concordancia, cobijar-acobijar, espichar

4 de abril de 2012
4 de abril de 2012

osorio efraim

En el juego infantil de los trompos (peonzas), el ‘puchador’ era el que recibía los ‘miretes’ (“golpes dados de punta con el herrón del trompo al ‘puchador’”), tantos cuantos se hubiesen apostado en determinada modalidad del juego. Y el trompo ‘miretero’ era el que los asestaba: éste, distinto del que se usaba en el juego, estaba acondicionado para tal fin, con un herrón puntiagudo, y amarrado elaborada y técnicamente con una piola, de tal manera que, al accionarlo con ella, diera certeramente con su punta en la ‘humanidad’ del ‘puchador’. Como siempre tuvimos a la mano el ferrocarril, y con el fin de conseguir un arma más efectiva, poníamos sobre sus rieles la puntilla adecuada para que las ruedas del tren convirtieran en una especie de hacha su cabeza. Con este herrón, y después de unos cuantos miretazos, el pobre trompo puchador acababa, y en astillas, su útil pero ‘puchada’ existencia. Traigo a colación estos recuerdos de tan inolvidable infancia  para comentar la siguiente frase de José  Obdulio Gaviria, en El Tiempo: “En fin, hasta 1991, el trompo miletero en cualquier debate político en Colombia fueron los congresistas” (14/3/2012). Aunque, así escrito (milete), aparece en Carrasquilla y, a pesar de que desconozco por completo el origen de este vocablo, sinónimo de ‘quiñazo’, me parece que con ‘ele’ no es más que la reproducción gráfica de una pronunciación defectuosa, muy propia de algunos niños. Sea de ello lo que fuere, lo que el columnista quiso decir en su escrito, según mi interpretación, fue que hasta el año en que la vieja Constitución desapareció, eran los congresistas los que propinaban los miretazos políticos; y que, después de 1991, con la nueva Constitución, son los poderes judiciales, por su politización, los dueños exclusivos del temible trompo miretero. ¿Será así? ¡A propósito!, figuradamente, el ‘trompo puchador’ es la persona que sufre los castigos por las faltas de otros, como cuando la Justicia condena a un inocente; y ‘pucharse’ significa someterse voluntariamente a vejámenes, injusticias, improperios y otros hechos humillantes. O, como cuando el comerciante, después de rebajar el precio de un artículo hasta donde se lo permite una utilidad jugosa, le dice al posible comprador: “No me le puedo puchar más”. ***

Berceo, Bernardo Cano García, de cuyo lamentable fallecimiento (17 de marzo de 2005) acabamos de conmemorar otro aniversario, no soportaba que personas educadas cometiesen errores elementales. Y sus comentarios eran implacables, muy de acuerdo con su carácter. Aplicaba aquello de que “la letra con sangre entra”, y le añadía: “lo demás es agua de borrajas”. Lo recordé en este mes de su aniversario cuando leí esta oración en LA PATRIA: “Ello nos da dominio de sí, y evita que caigamos presos de espirales de deseos” (Luis Felipe Gómez Restrepo, 11/3/2012). La falta de concordancia en ella es evidente, ya que, puesto que el redactor habla en primera persona del plural, el empleo de la tercera es equivocado. La frase, construida castizamente, es ésta: “Ello nos da dominio de nosotros mismos, y evita que caigamos…”. Construida así, evitamos también los miretazos de nuestro inolvidable Berceo. ***

El ‘acobijo’, muy estimada Carolina, palabreja que no se encuentra en todos los diccionarios, es, según el de la Academia (desde mediados del siglo pasado), “montón de tierra que se apisona alrededor de las vides y de los plantones para darles estabilidad y abrigar las raíces”. De acuerdo con esto, ‘acobijar’ es “abrigar las cepas y plantones con acobijos”. La columnista sabatina del periódico de esta región amenazada por el nevado de El Ruiz, Carolina Martínez Bretón, echó mano de este verbo en lugar del preciso ‘cobijar-se’ en esta oración: “Tanto me acobijo que despierto bañada en sudor” (17/3/2012). Serían muchas las paladas de tierra necesarias para lograr este propósito. ¡Sí ve, pues! En el mismo artículo escribe: “…lo aprieto duro entre mis manos y espicho todas las teclas al mismo tiempo…”. Este verbo, ‘espichar’, feísimo entre los más feos del castellano, viene, según El Diccionario, de ‘espiche’, “arma o instrumento puntiagudo, p.e., un chuzo, una azagaya o un asador”, y significa “punzar con un objeto agudo”; como regionalismo, “perder aire un neumático a causa de un pinchazo”; como colombianismo, “despachurrar, oprimir, apretar”, acepción que tiene en la frase de la columnista. En esta circunstancia, me parece mejor el verbo ‘pulsar’ (“dar un toque a una tecla, a una cuerda de un instrumento, a un mando de alguna máquina, etc.”, como el reloj despertador de la redactora). Dicen, sin embargo, que “de gustos y de colores no hay discusión”. Finalmente, escribe: “…me encuentro en tal agotamiento emocional, físico y mental que no puedo recordar de qué se trata la vida”. Este solecismo, acomodarle sujeto al verbo pronominal ‘tratarse’, es común, inclusive entre escritores de renombre, como el columnista de El Tiempo, Juan Esteban Constaín (“De eso se trata la democracia”, 13/10/2011). No por esto, tolerable. Castizamente, así: “…no puedo recordar qué es la vida” o “en qué consiste la vida”. Sencillo, expresivo y correcto. ***

Realidad: La VEINTITRÉS, orgullo de los manizaleños ayer, es hoy su vergüenza.