24 de febrero de 2021
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Los secuestrados por liberar

23 de abril de 2012
23 de abril de 2012

jose miguel alzateEn sus palabras para darles la bienvenida a la libertad, el presidente Santos fue claro al solicitarle a los alzados en armas información precisa sobre cientos de colombianos que continúan secuestrados. En un lenguaje sin eufemismos, el Primer Mandatario dio a entender que mientras no sean liberados todos los ciudadanos que se encuentran privados de la libertad no existe la posibilidad de un diálogo.

Las Farc han convertido el secuestro en una  forma de financiación. No contentos con las cantidades de dinero que les entra por la producción de cocaína, buscan obtener recursos secuestrando ganaderos con fines extorsivos. ¿Cuántos colombianos anónimos, no canjeables, tiene en su poder el grupo insurgente? Es difícil establecerlo. La Fundación País Libre, que maneja estadísticas confiables, habla de 405. Sin embargo, el Gobierno Nacional sostiene que pueden ser 700. ¿En dónde están estos colombianos que por obra de unos facinerosos han dejado de producir riqueza para el país? ¿Quién los tiene? Todo apunta a que están en poder de las Farc. ¿La razón? La delincuencia común no tiene la estructura para mantener cautivos a tantos ciudadanos.

Hizo bien el Presidente de la República en notificarles a los alzados en armas que la liberación de los secuestrados no es suficiente para iniciar un proceso de paz. Aunque sostuvo que es un paso en la dirección correcta, les advirtió que para entrar en un diálogo es necesario liberar a todos los civiles que continúan en su poder. Y, sobre todo, cesar los hostigamientos armados contra poblaciones indefensas. Les dijo que el gobierno tiene voluntad política para buscar la paz. Pero que para poder sentarse a dialogar se necesitan acciones concretas que conduzcan a recuperar la confianza, perdida después del fracaso de la zona de distensión en El Caguán.

Se cuentan por cientos el número de familias colombianas que viven el drama de tener a uno de sus seres queridos secuestrado. Esa angustia tiene que llegar a su fin. ¿Cómo? Simplemente, liberándolos. Así se acabará el martirio de madres que, como  Gladys de Rodríguez, lleva catorce años esperando el regreso al hogar de su hijo Oscar, secuestrado cuando regresaba de una visita con su novia a un santuario de Guasca. Como ella, son cientos de madres que se resisten a creer que sus seres queridos se encuentren sin vida. Y viven aferradas a una última esperanza: que en un gesto de buena voluntad las Farc los libere. Pero esto es imposible por parte de una guerrilla que no tiene consideraciones con el dolor humano.  

¿Cuándo escucharán las Farc el clamor de todo un país para que cesen sus acciones violentas? La verdad es que esa agrupación guerrillera presta oídos sordos ante los clamores de una sociedad que exige no sólo la liberación de los secuestrados sino, también, poner término a la extorsión y a los ataques contra la población civil. No escucharon el clamor del niño Andrés Felipe Pérez, que antes de morir les pedía que le dejaran ver a su papá. No escucharon la súplica de diez millones de colombianos que participaron en las caminatas contra el secuestro. Tampoco escucharon la voz de un padre angustiado, el profesor Gustavo Moncayo, que recorrió Colombia pidiendo la liberación de su hijo. ¿Escucharán ahora el llamado del presidente Santos para que liberen a los civiles que tienen en su poder? Difícil que esto ocurra.

Los colombianos que permanecen en cautiverio requieren de la solidaridad de todo un pueblo para que sean visibilizados como víctimas de la guerra. El hecho de que no sean secuestrados canjeables no debe conducirlos a la indiferencia. Un país que necesita de su capacidad de trabajo para crecer económicamente pide a gritos su liberación. Son cientos de familias que nunca han recibido una prueba de supervivencia y, por lo tanto, no tienen noticia de en qué estado de salud se encuentran. Es hora de exigirle al grupo alzado en armas que los libere. Sobre todo cuando muchas de las familias afectadas han pagado altas sumas de dinero para lograr una liberación que nunca se produjo. Al anuncio de que dejarán de secuestrar, las Farc deben sumarle su disposición a liberar a quienes todavía tienen en su poder.