25 de febrero de 2021
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La clase media, en el filo de la navaja

2 de octubre de 2011

Ello, sin lugar a dudas, iba a llevar el galón colombiano a 10 mil pesos, ubicándonos en el más caro del continente.

Colombia definió como política de Estado que el precio interno de la gasolina debería guardar cierta correspondencia con el precio internacional.

Esta política tiene más de una década de vigencia y se conoce como el desmonte de los subsidios a los combustibles.

Los colombianos, tanto los ricos, pero más la clase media, que se movilizan en más de 6 millones de carros y motos, no entienden por qué están pagando más cara la gasolina.

Las quejas de los usuarios, son frecuentes en las estaciones de gasolina.

La paradoja es sencilla: sube el valor cuando el precio internacional sube.

Pero, por qué cuando baja el precio del petróleo en el mundo, no se alivia el bolsillo de los consumidores.

Hace un par de años, el precio del petróleo llegó a sus niveles más bajos: 34 dólares por barril. Sin embargo, esta disminución nunca se vio reflejada en el precio de la gasolina de los colombianos, el más alto en todo el continente.

Por ejemplo, el galón de gasolina en Estados Unidos está un 30 por ciento por debajo del colombiano.

En lo corrido de este año, el galón ha subido más del seis por ciento, un aumento superior al índice de precios al consumidor. Esta alza afecta no solo a los ricos, sino también a la clase media, que se dejó llevar por el boom de ventas de carros.

Hace un tiempo, Fenalco publicó una investigación en la que concluyó que si el Estado facilita los medios, los pobres podrán ascender a la clase media y ésta podrá fortalecerse. Sin embargo, lo cierto es que la clase media está caminando sobre el filo de la navaja.

Las estadísticas demuestran, por ejemplo, que la diferencia entre clase media y pobre es muy corta.

Según la encuesta de Fenalco, el 61 por ciento de las personas de clase media no ha viajado en avión, mientras que en la de clase baja corresponde al 66.

El 90 por ciento de los entrevistados de la clase baja no ha viajado fuera del país, mientras que en la clase media el porcentaje es de 87.

Según los expertos, para reducir la brecha social en el país hay que disminuir los impuestos a la clase media, para que así más pobres puedan alcanzar la mitad de la pirámide social.

Brasil, con Lula, lo logró; Perú lo está intentando.

Sería irresponsable de mi parte decir que hay que volver a la política de subsidio. Sólo basta recordar lo que ocurrió en 2008 cuando se disparó el precio del barril de petróleo, que le costó al Estado 5 billones de pesos del presupuesto nacional.

Afortunadamente el gobierno de Santos por fin encontró la fórmula para evitar esto: cambiar la estructura impositiva vigente que hoy lleva a que más de una tercera parte de lo que vale un galón de combustible se destine a las arcas nacionales y locales (el IVA, el impuesto móvil y la sobretasa que reciben las regiones).

Pensar en un desmonte total es iluso, pero poner un tope a partir de cierto valor sí se puede y podría haberse hecho antes. Por ahora, la peor parte la lleva la clase media.