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Diva, Corzotón, máximo-máxime, urgir, por parte de

11 de octubre de 2011
11 de octubre de 2011


efraim osorio

por  Efraim Osorio López
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De todas maneras, Amparo Grisales es, con toda justeza, una diva manizaleña. ¡Pésele a quien le pesare!

María Isabel Rueda, periodista de El Tiempo, entrevistó a Amparo Grisales. Con más palabras, le preguntó si ella era una ‘diva’. Su respuesta fue: “Diva viene de divina, entonces eso tiene que ver con ‘glamour’, con una carrera sólida y con una gran actriz” (IX-19-11). ¡‘Divina’, esta paisana! Es al revés, Amparito: el adjetivo ‘divino-a’ procede del latino ‘divinus’, que, a su vez, viene del también adjetivo ‘divus’ (‘divino, celeste, celestial’), con el que los romanos calificaban a sus emperadores, “el divino Nerón”, por ejemplo; como decir hoy en día “los divinos Evo,  Correa y Chávez”. El femenino de este adjetivo es ‘diva’ (‘divina’), al que Virgilio y otros escritores latinos convertían en sustantivo para hablar de las diosas. En castellano y en otros idiomas se empleó al principio para llamar así a las cantantes de ópera, particularísimamente a las sopranos sobresalientes, como a la sin igual María Meneghini Callas, diva en las tablas, pero de una fragilísima naturaleza humana. “Por extensión, dice el diccionario de María Moliner, se aplica a otros artistas o personas destacadas en su profesión”. Es decir, que también hay ‘divos’. Este adjetivo, que puede ser también sustantivo,  sirve, además, para calificar despectivamente a quien se cree, como dicen, “de mucho café con leche”. De todas maneras, Amparo Grisales es, con toda justeza, una diva manizaleña. Pésele a quien le pesare. ***
Titular en El Tiempo: “ ‘Corzotón’ generó furor en Internet” (IX-21-11). Y en el texto dice: “Para la ‘Corzotón’, el movimiento Manos Limpias diseñó un billete de 190.000 pesos para depositarlos en la ‘Urna pro Congresistas Pobres’…”. ‘Ton’, como desinencia, nada significa, absolutamente nada, pero los gurúes de las comunicaciones le han dado, a las bravas, desde la conocidísima ‘teletón’, el significado caprichoso de “unión de voluntades y esfuerzos durante un período largo de tiempo en pro de una causa común, expresada en el primer componente del acrónimo” (Jacinto Cruz de Elejalde). Y así, un ‘sancochotón’, sería una reunión de paisanos que se dedicarían durante, digamos, veinticuatro horas, a engullir y distribuir sancocho. Y el ‘Corzotón’, la unión de voluntades y esfuerzos para obligar al presidente del Senado, Juan Manuel Corzo, a renunciar. Entonces, si algo parecido le sucediere al presidente Santos, ¡no lo quiera el Altísimo!, sería un ‘Santostón’, palabra no tan cacofónica, porque se puede escuchar como ‘san Tostón’ ¡Qué barbaridad! ¡Y pensar que todos los medios de comunicación la copian, sin pasarla por el tamiz, como si fuese la maravilla de las maravillas! ¡Hasta qué extremos llega la bobería de los seres humanos!  ***
Son diferentes los vocablos ‘máximo’ y ‘máxime’. El primero, como adjetivo calificativo significa “lo más grande en su especie”; el segundo, adverbio de modo, quiere decir “en primer lugar, principalmente, sobre todo”. El primero no puede hacer las veces de adverbio, oficio que lo puso a desempeñar el señor Luis Prieto Ocampo en la siguiente oración: “Desconcierta esta ignorancia electoral, máximo si se tiene a la vista la solución…” (LA PATRIA, IX-23-11). “…máxime si se tiene a la vista…”, señor. En textos anteriores, no recuerdo si del mismo autor, ya había notado la misma confusión, pero no le paré bolas, porque supuse que la había causado un error involuntario, de esos en que caemos con frecuencia quienes carecemos de ‘amanuenses’. ***
Son verbos intransitivos aquellos que no admiten complemento directo. Entre éstos está el verbo ‘urgir’, que significa “exigir una cosa ser hecha inmediata o rápidamente”. Podemos también construir frases como la siguiente: “Nos urge terminar la carretera antes de las próximas lluvias”. Pero no son castizas las oraciones en las que se expresa un sujeto, por ejemplo ésta, de Cristóbal Trujillo: “La educación en Colombia urge de inversión estratégica” (LA PATRIA, IX-23-11), que debió ser construida del siguiente modo: “A Colombia le urge inversión estratégica”, o, más llanamente, “Colombia necesita con urgencia inversión estratégica”, porque, en casos similares, y para no enguaralarse, lo más aconsejable es acudir a los sinónimos o al cambio de la redacción.. ***
Cuando me vio el encargado del pabellón de los apestados con el virus del ‘por parte de’, me comentó que la semana pasada había estado allí el escritor nadaísta Jotamario Arbeláez, que había dado positivo en la siguiente muestra: “…a destejer la telaraña del crimen de una joven y hermosa negra por parte de un colono blanco…” (El Tiempo, IX-21-11). No hubo necesidad de tratamiento alguno, porque, al releer su oración, él mismo se dio cuenta de que sobraban las palabras ‘parte’ y ‘de’. Y añadió mi interlocutor: “Aquí ya no queda nadie, porque es de tal magnitud la epidemia, que no hay espacio para tantos pacientes, y fue necesario cerrar el pabellón”. “Es que –continuó- todo aquel que agarra una pluma para escribir, un micrófono para hablar y la Internet para comunicarse, tiro por tiro, echa mano de la malhadada expresión, y, entonces, es mejor “dejarlo así”, confiando en que con el tiempo y un palito desaparezca del lenguaje tan enraizada y perjudicial endemia”. ¡Difícilmente!, pensé.