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Abrogar-arrogar, a través de, secuela (precuela), adultescente

7 de septiembre de 2011
7 de septiembre de 2011


efraim osorio

por  Efraim Osorio López
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En la Sala de Redacción de LA PATRIA hay quienes confunden el verbo ‘abrogar’ con  ‘arrogarse’. Esto ya lo había apuntado el señor Rojas, don Cecilio Rojas. Un botón, como muestra: “Que se corrijan todo este tipo de situaciones en las que los altos tribunales se han abrogado el derecho, irregular desde luego, de pasar por encima de las disposiciones que establecen los plazos y procedimientos en el curso de las investigaciones” (Editorial, VIII-19-11). ‘Abrogar’, verbo transitivo,  viene del latino ‘abrogare’ (abolir, anular -una ley, una disposición). Aunque en dicho idioma tiene otras acepciones, por ejemplo, ‘quitar, privar de, destituir, suprimir’, en castellano sólo tiene la de ‘abolir’, con sus sinónimos ‘derogar, anular, revocar, cancelar, casar’; y, prácticamente, se emplea sólo en Derecho. ‘Arrogarse’, pronominal, muy poco usado como transitivo (‘atribuir, adjudicar’, y, en uso forense, “adoptar como hijo al huérfano o emancipado”), significa “apropiarse indebida o exageradamente de cosas inmateriales, como facultades, derechos u honores”. Esta confusión es tan vieja como el uso de andar a pie, quizás porque son ‘vocablos parónimos’, a saber, que tienen alguna similitud etimológica o fonética. Acerca de los parónimos que nos interesan, decía el académico don Roberto Restrepo: “Pero decir, como se hace en Colombia y otros países de habla española, que un Fulano ‘se abrogó’ funciones de juez, es un barbarismo, aunque Larra (El arte de Conspirar), lo haya usado. En tales casos debe decirse ‘arrogarse’: ‘Fulano se arroga funciones que no tiene’; ‘Se arrogaron funciones de policía’ ” (Apuntaciones Idiomáticas y Correcciones de Lenguaje). Tomen nota, señores. ***

Tarde, lo reconozco, porque me dio mucha brega, aprendí a escribir correctamente la locución prepositiva ‘a través de’. Cuando no la escribía con zeta y con tilde, lo hacía convirtiéndola en una sola palabra. De lo que no me acuerdo es de haberla usado sin la preposición ‘de’, como lo hizo el doctor Jorge Raad Aljure en esta oración: “Lo demostrado por el Estado a través décadas…” (LA PATRIA, VIII-11). Al principio no le di importancia a la omisión de la preposición, porque la consideré involuntaria. Pero, ¡oh coincidencia!, el mismo día y en la misma fuente leí esto: “…tarea a la que he dedicado buena parte de mi vida a través las labores adelantadas desde la Fundación Restrepo Barco…” (Ibídem, Ángela Robledo, VIII-19-11). Pensé, entonces, y con cierta desazón, que se trataba de alguna tendencia moderna, capaz de propagarse velozmente, meterse en nuestro lenguaje, y deteriorarlo, como lo están haciendo otras, ya de difícil, si no imposible, erradicación. Quedamos, pues, advertidos. ***

¿`Precuela’? Suena como una inflexión verbal de ‘precolar’ (‘colar antes’), utilizable en alguna de las mil y tantas recetas culinarias que en el mundo son. Pero, ¿un sustantivo, algo así como el antónimo de ‘secuela’?  Más disparatado, descabellado e ilógico, ¡imposible! Sin embargo, alguien lo inventó, Isabel Allende lo empleó  “Mi libro (“El Zorro, comienza la leyenda”, V-22-2005) será una precuela”-, y hoy lo repiten por doquier, verbigracia: “La gran cantidad de remakes (volver a hacer una película o serie ya existente) y precuelas (películas que anteceden  los hechos –sic- ocurridos en otras ya realizadas)…” (LA PATRIA, Variedades, Leonardo Pineda, VIII-24-11). Y, más adelante, habla de “precuela de precuela”. ¡Válgame Dios! Este engendro semántico nada tiene que ver con ‘secuela’ (del latín ‘sequela’, de ‘sequor’ = seguir), vocablo que no se puede dividir, porque perdería por completo su naturaleza. De aquí que ninguna de sus partes (‘se’ o ‘cuela’) puede entrar en la formación de otra palabra que tenga alguna relación con ella.  Como se trata de películas, ¿por qué no inventar algo como “Batman, sus comienzos” o “sus orígenes”, película ‘predecesora’ o ‘antecesora’ de la original? Y definirla adecuadamente: “Narra hechos que sucedieron antes de los presentados en la primera película”. Algo más inteligente, ¡caramba! Más todavía: ¿Remake? ¿Sabrá Perico Pérez Peralta qué significa ese anglicismo? El Diccionario Panhispánico de Dudas asienta: “Remake. Anglicismo evitable que puede sustituirse  por los equivalentes españoles ‘(nueva) versión’ o ‘adaptación’, según los casos”. ***

Y ya que estamos hablando de palabras disparatas, descabelladas e ilógicas, observemos este titular de El Tiempo: “Adultescentes: grandes que se niegan a crecer” (Debes hacer, VIII-24-11). Sobre este otro engendro semántico escribí en el 2003, 24 de marzo, lo siguiente: “Un escritor español, según Daniel Samper Pizano, inventó el terminacho ‘adultescente’, dizque para calificar con él al adulto que se quedó en la adolescencia. ¿Por qué no en la ‘nascencia’, o en la ‘incandescencia’  o en la ‘efervescencia’ ”. Y explica El Tiempo en el artículo correspondiente: “El término ‘adultescente’ surge de mezclar las palabras ‘adulto’ y ‘adolescente’ ”. ¿Por qué no ‘efervescente’ o ‘fluorescente’ o ‘efervescente’ o ‘incandescente’’? Al fin y al cabo, estos adjetivos tienen el mismo componente que tomaron arbitrariamente de ‘adolescente’ para crear el monstruo semántico. -¿Que así se construyen los acrónimos? –Pues, ¡claro!, pero con mejores resultados. En algunos casos. ***