18 de abril de 2021
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Recordando a Oscar Golden

21 de agosto de 2011
21 de agosto de 2011

Cuando a principios de los años setenta empezó a sonar en la radio El romance del cacique y la cautiva, la canción más aplaudida de Oscar Golden, un viento de renovación musical sacudió a Colombia. En el ritmo suave de ese tema, en esa letra llena de saudades, en esa melodía de cada frase, en ese tono apasionado, esta cincelado el lenguaje de la ternura. Se expresa en esa letra el sueño de todo hombre de tener, recostada sobre su hombro, piel sobre piel, a la mujer amada. Con este tema, el cantante se reencontró con su público. Ese público que había aplaudido con delirio, pocos años antes,  sus Zapatos pom pom. O que había exclamado, como en un lamento, ese Dime Dios que en su voz conquistaba corazones.

La culpa fue de esa muchacha, que es algo así como un reproche cifrado contra una mujer que dejó hondas heridas en el corazón, es una canción que mostró la versatilidad de Oscar Golden para interpretar balada movida. La letra de este tema habla de una mujer a la que se extraña mucho. Como se habla en Nuestro secreto de un amor que debe esperar un tiempo prudente para salir a gritar a los cuatro vientos lo que representa. O como en Romance andaluz el hombre se culpa por no haber tenido el valor de ser sincero para expresar a la mujer amada sus sentimientos. O como en Tú que me amabas el hombre le dice a ella, en un lenguaje cargado de ternura,  que a veces quiere irse tras de su pasos para robarle de los labios un beso.

¿De dónde llegó la influencia musical de Oscar Golden? Del movimiento rocanrolero que entonces surgió en México con cantantes como Enrique Guzmán y César Costa, y que pronto se extendió hacia el cono sur. En Argentina surgieron voces como las de Palito Ortega, Leo Dan y Beto Fernán, que impusieron en el mercado latinoamericano canciones de corte romántico que hoy todavía retumban en el recuerdo de quienes tuvimos el privilegio de vivir esa época. Oscar Golden tomó de estos artistas sus movimientos corporales, y ayudado por una voz que por su tersura penetra en los sentidos, se ganó un espacio entre los baladistas de América Latina. El fue el ícono de la Nueva Ola colombiana. Los muchachos de entonces nos vestíamos como él se vestía, con pantalones bota campana y camisas de cuello sicodélico ajustadas al cuerpo.

Las canciones de Oscar Golden permanecen en el tiempo. Porque hay en sus letras una poesía que toca las fibras más íntimas del alma. Y porque interpretan todo lo que un hombre quiere expresarle a una mujer. Embriágame fue un tema que todos le cantamos al oído a la novia de juventud para decirle que nos cubriera con el manto de su pasión. Por muchas razones te quiero exalta el hecho de que un hombre enamorado no le encuentra razón a su vida cuando está lejos de la mujer amada. Amarte una vez más sintetiza en frases afortunadas el dolor de un ser humano que se siente lejos del corazón de la mujer de sus sueños, y por eso le dice “debes perdonarme y regresar”. Lo mucho que te quiero habla de alguien que pide perdón a la  amada por haberla hecho sufrir. 

De esa camada de extraordinarios intérpretes que salieron del programa Estudio 15 que dirigía Alfonso Lizarazo, Oscar Golden fue la voz que mayor arraigo alcanzó entre los muchachos de entonces. Harold, que sigue siendo un excelente músico, logró imponer apenas dos o tres éxitos, entre ellos Destino la ciudad, de su propia autoría. Sólo Vicky se equipara en permanencia en el gusto popular con el intérprete de Amante latino. Todo porque la voz de Oscar Golden tenía una tesitura mejor. Era una voz con un timbre especial, como acaramelada, con una frescura única. Con sólo escuchar el tema Contigo porque te quiero uno se convence de su calidad interpretativa. La misma que reafirma en esa bella canción llamada Mi Magdalena. A Oscar Golden lo seguiremos escuchando por todo ese fardo de nostalgias que despierta en nuestras almas.