20 de abril de 2021
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Corredor estaba en todas partes

6 de agosto de 2011
6 de agosto de 2011

Siempre dijo !presente! en el periodismo, la academia, la literatura, la cultura y el derecho, aunque fue poco amigo de los litigios en los estrados judiciales, y en las trincheras en las que batalló sin dar tregua en defensa de  los intereses caldenses, desde los medios y en el Comité de Gremios, y  por la esquiva unidad de la gente del oficio periodístico, a través de la PAM que presidió de manera paradigmática.

La Parca se lo llevó prematuramente el 12 de julio de 1985 cuando apenas iba en la mitad del camino y le quedaban numerosas tareas por hacer: una pila enorme de libros por leer; cantidad apreciable de cuentos por escribir, combinando magistralmente fútbol y literatura; mucho cine y teatro por paladear; varios países por conocer; música de todos los géneros por degustar; exquisitas viandas por consumir; cultura en altas dosis por promover y  reportería de la buena por hacer.

El hijo de doña Anita y hermano de Carlos Rodrigo y Germán Gabriel (que tuvo una manera bien particular de amar a su Manizales del alma) se perdió por culpa del madrugón de la temida Intrusa regocijantes sucesos domésticos en lo futbolístico, deporte que amó y supo analizar y describir en su depurado estilo: la coronación del Once como campeón de la Copa Libertadores; los tres nuevos títulos del Caldas en el torneo nacional; la demolición del viejo estadio Fernando Londoño y la construcción del Monumental coliseo de Palogrande. En lo internacional, el memorable 5 a 0 de Colombia a Argentina, y hoy la exitosa celebración del Mundial de futbol Sub 20 en canchas de nuestro país.

Corredor estuvo en todo: en su muy amada Universidad de Caldas, doctorándose en derecho; en la redacción jose fernando corredordeportiva del Periódico de casa; en la doble corresponsalía de El Tiempo; en la co-fundación de la Casa de la Cultura y del semanario Nuevo Estadio; en la creación y dirección de la revista Intregración y del Instituto Caldense de Cultura; en la institucionalización del Festival Latinoamericano de Teatro y de su periódico Textos  y del Premio de periodismo para sus colegas de la región, a través de una aseguradora, y  en otros frentes de las actividades que lo apasionaron y se hicieron dueñas de todo su tiempo.     

Veintiseis años después de su triste partida, sus amigos de siempre  coincidimos en que su mejor biógrafo ha sido  el también abogado, periodista y poeta Augusto León Restrepo Ramírez, ex director de LA PATRIA, quien tuvo a su cargo el prólogo de la publicación postmorten de su libro de cuentos “Los pinrieles de la viveza”, que José Fernando escribió bajo el seudónimo de Marco Vinicus. Pruebas al canto:

“Decíamos  que hay en su obra, forma y lenguaje nuevos.  La temática de sus narraciones, por ejemplo, retrata una clase urbana, de barriada, en la que el tango y la milonga enmarca sus angustias y sus tristezas, y la esperanza de redención económica la centra en el deporte.  Sus personajes son identificables como moradores de una ciudad provinciana. Manizales en éste caso, pero que pueden deambular por los suburbios de cualquier ciudad latinoamericana en la que el fútbol y el arrabal se intercalan dentro del mismo círculo.

Corredor vivió de cerca ambos mundos.  Durante su trasegar por la corresponsalía deportiva conoció a fondo y en su intimidad las pasiones, los intereses, las frustraciones y las argucias de dirigentes y jugadores del entretenimiento popular por excelencia, como es el fútbol.  Y del clima humano que lo rodea”.

Y subraya Augusto León: “Corredor fue un contestatario  permanente.  Desde sus trincheras periodísticas interrogó a la sociedad, a sus prohombres, en un tono inusual, con sonreída irreverencia, lo que le hizo ganar un merecido reconocimiento como independiente.  Y  en efecto.  Fue vehemente en la defensa de sus individuales creencias, que lo situaban en el centro ideológico.  Sus militancias eran racionales y como tales, ni dogmáticas ni lineales.  Era colombiano únicamente, como  solía decir”.

La apostilla: Después de este modesto tributo a la memoria del irrepetible José Fernando Corredor, la conclusión es una sola: Con él perdió valor, se volvió de cajón, la frase según la cual, no hay nadie insustituible. ¡El hijo de doña Ana nos ha hecho mucha falta!