16 de abril de 2021
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

¿Cómo educar y para cuál sociedad?

22 de agosto de 2011
22 de agosto de 2011

Continuemos con la problemática de la deserción escolar estimulada por las deficiencias de un currículo aburrido que no hace uso de espacios como el museo, la biblioteca y el jardín botánico y desconoce lo que no sea ciencia y lenguaje, y finalicemos con las características de un modelo pedagógico que centrado en el profesor y el tablero se ocupa de contenidos que no reconocen el contexto cultural y la demanda y oferta del medio natural, para no hablar del desconocimiento de las problemáticas y potencialidades locales y regionales.

Sabemos que a pesar de la mejor aptitud de nuestros jóvenes adolescentes hacia las nuevas tecnologías de base electrónica, nuestro modelo educativo que no estimula las artes como fundamento de la creatividad, ni ofrece información adecuada sobre la realidad y la sociedad del entorno inmediato del alumno, no hace uso de los escasos recursos locales para ampliar la vivencia extracurricular y construir un ambiente académico favorable para desencadenar  múltiples procesos formativos que le permitan a los educandos acceder a los niveles mínimos de información requeridos para crear las oportunidades adecuadas a sus necesidades, y desarrollar con ellas sus competencias individuales y grupales.

Ahora, las transformaciones son inevitables; si las modas son asuntos de dos años y los esquemas de un lustro, los cambios estructurales se dan cada generación y los ciclos estructurales cada dos o tres generaciones. Aún más, dado que la evolución de ciertos campos finalmente conduce a cambios estructurales en otros, para esta ocasión con lo que se advierte tras el fin de la sociedad industrial y la modificación en la estructura del empleo, consecuencia de las nuevas tecnologías y de las dinámicas culturales entre otros, debemos preguntarnos qué educación queremos y cómo podemos educar para la nueva sociedad y su nuevo modelo económico, en un mundo más globalizado e interdependiente, donde leer, comprender, evaluar e integrar información exige, además del internet, cambios de carácter cualitativo en el modelo educativo que permitan enfrentar las circunstancias de Colombia y las demandas de la nueva sociedad posindustrial, como lo es la sociedad del conocimiento donde la educación se caracteriza por su estructura no lineal.

En un contexto social, económico y ambiental de tal complejidad, aunque la informática como herramienta clave para el aprendizaje ciertamente permite superar el analfabetismo tecnológico de la sociedad colombiana, inevitablemente se requiere más que recursos y mejoras educativas: un nuevo modelo educativo igualmente revolucionario para elevar la calidad de la educación y el nivel académico de nuestros escolares. Entonces, no sólo hace falta una cultura de adaptación tecnológica para que la informática se inserte en las prácticas pedagógicas y en el quehacer de los docentes y alumnos implementando recursos como el internet, sino también las redes y bases de datos y la producción académica e institucional de soporte, y sobre todo una educación absolutamente personalizada, más abierta y compleja, que además de competencias en áreas múltiples del conocimiento, forme en valores y se centre en el educando, al contemplar sus intereses para desarrollar sus capacidades individuales y competencias sociales.

Quienes creemos en la educación como estrategia clave para enfrentar la crisis global de la sociedad colombiana, insistimos en la imperiosa necesidad de implementar una educación de carácter profundamente formativa, empleando pedagogías intensivas, estrategias que motiven y contenidos culturales y ambientales autóctonos suficientes, en la que la componente informativa se resuelva por la tecnología informática para que el  nuevo modelo educativo se extienda a las zonas rurales y sea francamente revolucionario. Pero esto requiere políticas que prioricen lo social sobre lo económico, con la asignación de presupuestos públicos en educación mayores, para intensificar inversiones en recursos y experiencias curriculares que dobleguen las barreras existentes de información sobre el contexto y faciliten la formación personalizada, y que permitan además la profesionalización de la docencia, despolitizando y dignificando el ejercicio del docente.