19 de abril de 2021
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Orlando Cadavid Correa
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El tango es más que Gardel

13 de julio de 2011

No importa que la mayoría de ellos en su mate apenas tengan presentes o recuerden diez o doce canciones del celebrado cantor, comenzando por ese “Volver” que todos cantan cuando tienen más de cuatro copas encima, o el socorrido “El día que me quieras”, que bien puede pasar como un bolerito insulso en cualquier parte del mundo.

El anterior preámbulo que ya debe haber levantado roncha en los veinte o treinta idólatras locales de Gardel que creen que él es el tango y nada más, vale para señalar precisamente lo contrario: Ni Carlos Gardel es el tango ni el tango es solamente Carlos Gardel.

Centenares, por no decir miles de poetas, compositores, directores de orquesta, cantantes y cancionistas, estudiosos e historiadores, forjaron la grandeza y la historia de esta música que llega a lo más hondo del sentimiento, y que ha servido para cantar del modo más bello posible, lo que acontece al ser humano en todas las situaciones susceptibles de ser vividas.

Así, pues, el tango ni nació ni murió el 24 de junio de 1935 con el fallecimiento trágico de Gardel, hecho que apenas fue uno más dentro de su  prolija e inacabable historia,  circunstancia si se quiere triste, medular y determinante en sus anales,  pero apenas una anécdota más de la gloriosa gesta que ostenta.

Por eso no tiene explicación ni justificación alguna que en Medellín, ciudad tanguera por excelencia, quienes organizan los festivales anuales estén como corcho en remolino con el fácil expediente de sumar año a año los aniversarios del fatídico accidente, y para colmo, le den al baile una preeminencia sobre otros aspectos sustanciales del género.

Al tango como tal, los certámenes que año tras año patrocina la alcaldía de Medellín no le han dejado absolutamente nada, si por réditos importantes se entiende su difusión, la recepción de la misma, su asimilación por personas interesadas en aprender de su historia y sus protagonistas y su consecuente réplica en otras latitudes y escenarios.

Para corroborar lo anterior baste decir que con las dos ediciones anteriores se pretendió rendir homenaje a la memoria de Juan D’ Arienzo y de Julio Martel, protagonistas importantes del tango, uno como director y otro como cantante, pero fuera del anuncio oficial en cada caso, la información sobre los personajes resultó nula.

 A ningún entendido en la materia se le escuchó una charla – que no conferencia – en la que informara a la audiencia por qué fue importante D’ Arienzo y que fue lo que hizo a mediados de la década del treinta que marcó la resurrección del tango; no se habló de sus orígenes, de  sus primeros pasos en la música, de su copiosa discografía y de sus cantores.

Tampoco de Julio Martel hubo referencias importantes dadas por conocedores, no se mencionó palabra alguna sobre su temprano retiro de la actividad artística ni de las explicaciones que dio para justificar tal proceder.

Lo del baile merece un párrafo especial ya que se le ha querido poner por encima de ejecutantes y cantores, lo que no es cierto, dándole una preeminencia que no se corresponde con la realidad.
Con el agravante de que aquí lo han convertido en espectáculo circense, más propio de contorsionistas y maromeros, eso sí, a discreción de los cientos de voyeristas que aunque ignoren quien fue, por ejemplo, Eduardo Arolas, viven a su modo morboso la exhibición.
Por ahora, porque quedan muchos aspectos para tratar, un apunte final sobre el llamado tango electrónico o tango rock, la negación total del género, con la contratación de unos conjuntos que como Tanguetto, ahora, o Bajo Fondo, antes, constituyen una ofensa para los verdaderos conocedores y admiradores del tango.

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Comentario de ORLANDO RAMÍREZ CASAS:
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Asunto: Rodrigo Pareja: análisis del Festival de Tango

El Festival de Tango de Medellín 2011 apenas termina, y apenas empezamos a tener balances y opiniones sobre el mismo.  Don Rodrigo Pareja Montoya, cuyo programa de tango en Colmundo Radio es extraordinario y se sale de lo común, ha hecho un balance que con el título "El tango es más que Gardel" publica hoy el periódico El Mundo en la columna Entretelones.  

En mi caso estuve muy pendiente de la actividad académica representada en la invitación que la Asociación Gardeliana de Colombia le hizo a don Ricardo Ostuni para dar charlas sobre tango en Medellín, y apenas diría que estuve de paso por las actividades artísticas programadas.

Los paisas somos bastante folclóricos y bastante montañeros, no hay que negarlo.  No sabemos distinguir entre lo que es una presentación profesional y lo que son actividades cotidianas amateurs.  Está bien que durante el año las escuelas de danza tengan actividades de capacitación y preparación de bailarines.  Está bien que durante el año hagan concursos y eliminatorias para seleccionar cuáles de esos bailarines ya han alcanzado un nivel profesional que los capacite para representar a la ciudad en encuentros foráneos.  Está bien que una o dos de esas parejas ganadoras se intercalen en presentaciones para el festival, un festival que se supone debe atraer turistas para presenciar una actividad única.  Pero hacer las eliminatorias dentro del festival y poner a los artistas traídos de fuera como relleno, es algo de lo que ya me cansé.  Hacer del festival un acto público final de guardería en la que los párvulos muestran sus gracias para aplauso de los padres, tíos y abuelos de las criaturas, es algo fuera de tono.  Presentar a un retardado y agripado señor Héctor Agustini como si fuera la máxima sapiencia tanguera y él se limitó a dar "un saludo a mis patrocinadores, a mi apá, a mi amá, a la prensa hablada y escrita, a los fanáticos, a los que me han apoyado…" como si fuera un ciclista boyacense, es algo que no se justifica.  Traer a un hombre que fue gloria del canto, que fue gloria tanguera, que es un recuerdo venerable de una época ya ida, y presentarlo a sus casi 90 años con la voz cascada, es una falta de respeto con él y con el público.  Los empresarios nos han colgado un sombrero de minusvalía a los antioqueños, y esa minusvalía la tenemos merecida porque comemos cuento y lo tragamos sin masticarlo.  Otros harán el balance de la parte artística de este festival pero, por mi parte, y viendo los toros desde la barrera, la considero pobre.  Muy pobre.