19 de abril de 2021
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

De paisaje minero a paisaje cafetero.

23 de julio de 2011
23 de julio de 2011

En el caso de Pereira hubo una intensa explotación de mineral en la parte baja del cerro de San Francisco, muy seguramente conectado con yacimientos que en el siglo XX fueron explotados en el municipio de Marsella. En el caso de Pereira también tendríamos que hablar de la mina de oro en las cercanías del río Consotá, en donde además se encuentra el yacimiento de sal y una mina de cobre.
No hay duda que el atractivo representado por los minerales y la presencia de múltiples grupos indígenas sería fundamental para la ocupación de la zona por parte de los conquistadores españoles y la fundación de ciudades desde las cuales ejercieron el control sobre la explotación minera: Ansermaviejo, Cartago y Arma.
Pero a finales del siglo XIX, cuando el oro del Chocó y de toda la provincia de Popayán habían permitido la consolidación de una clase hegemónica en lo militar, político y religioso, sobrevino la decadencia con la caída vertiginosa de los yacimientos auríferos. El poder que otrora tuvo Popayán, Cali, Cartago, Arma Riosucio y Salamina, se fue trasladando a esa región que marca el límite entre Antioquia y el Cauca, en donde se ubicó la entidad territorial llamada Caldas, que aglutinaba al departamento del mismo nombre, a Risaralda y al Quindío.
Los precios del grano en el exterior fueron el detonante que hicieron  disparar el progreso de la región, gracias a ese nuevo producto agrícola que fue mirado con cierto recelo hasta los comienzos del siglo XX. En efecto, don  Federico VELÁSQUEZ escribiría en  Ecos del Ruiz.( Manizales, junio 19 de 1881, serie II. No. 14), lo siguiente: “Bueno es que pensemos que nuestros ricos veneros de oro y plata no han de ser eternos y que al fin hemos de encontrarnos sin esa preciosa industrial y por consiguiente sin medio alguno con el cual satisfacer nuestros compromisos, ni siquiera nuestras necesidades”.
La bonanza cafetera entendida como el bienestar que propició a miles de campesinos con propiedades medianas y pequeñas, trajo electrificación y acueductos rurales por medio de la Federación de Cafeteros, vías de comunicación, modernización de las ciudades e incluso, el enfrentamiento entre Armenia, Manizales y Pereira, hasta el punto de producirse la separación en tres entidades territoriales. Al fin y al cabo había suficiente dinero para sostener tres burocracias a nivel departamental y también senadores y representantes de cada entidad.
Sin duda alguna se puede afirmar que para esta zona, el café ha representado la posibilidad de haber vivido el “Siglo de oro”, como lo fue el siglo XX. La cultura cafetera y su paisaje constituyen hoy el centro de atracción de miles de turistas que quieren conocer todo lo relacionado con el cultivo del grano y sus variedades, su procesamiento y todo lo que desde el punto de vista arquitectónico ha representado el café para la región.
Haber sido declarado Patrimonio de la Humanidad, al igual que Cartagena y otros sitios emblemáticos, es una oportunidad y al mismo tiempo un reto que a no dudarlo va a ser superado por sus gentes. Reto porque es importante recuperar muchas de las áreas que se han convertido en potreros cuando su vocación desde el punto de vista climático y de composición de suelo, es agrícola y en concreto, cafetera. Reto porque el liderazgo que ha perdido desde el punto de vista de cultivo de variedades de café suave, es necesario recuperarlo y reto, por último, porque adicionalmente al cultivo es necesario pensar en su procesamiento porque no tiene sentido que mientras nosotros lo vendemos y exportamos por cargas, las compañías europeas y norteamericanas lo procesen y lo vendan por libras. Es en este punto en donde es necesario realizar unas acciones permanentes y cada vez más profundas como ha ocurrido con la marca de Juan Valdez.
Es de esperar que con la declaratoria de Patrimonio de la Humanidad, en fin, la oferta turística se diversifique y volvamos a desandar los caminos que un día nos permitieron consolidarnos como una región con una economía boyante y no abramos las compuertas para el retorno a una actividad minera que sólo deja desolación, naturaleza muerta y pobreza. El chocó es un buen ejemplo de ello y para algo debe servir la historia: para no repetirla cuando ha sido dolorosa.
El futuro está en el café, esa es nuestra vocación y nuestra salvación. No más minería, no más potrerización.