12 de abril de 2021
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Plegaria por el Campesino

10 de junio de 2011

Pero, también se han construido los escenarios más dolorosos y tenebrosos de: violencia, de horror, de muerte y de sangre. Los caminos que conducen a tu parcela, están sembrados de tumbas y calvarios. Varios de tus seres queridos han padecido los estragos de la violencia, razón por la cual has tenido que desplazarte a las áreas urbanas para salvaguardar tu vida y la de tu familia.
   
Los discursos y  condecoraciones que te entregarán, mitigan en parte tus protestas y distraen tus dificultades, sin embargo, son una conquista mediática a vuestros nobles ideales. Tus apremios y reclamos no dan espera, porque la alacena de tu hogar se encuentra vacía. El hambre y la miseria que padeces continuarán siendo el diario mensaje a nuestros Gobernantes. Tu futuro se encuentra obnubilado y en vuestro rostro se lee la expresión de incertidumbre con una sonrisa amarga, y la seguridad de que las angustias continuarán siendo burladas por gobernantes y politiqueros irresponsables de turno.

La parcela que recorres diariamente para arrancar a la tierra pródiga el pan para saciar vuestras más elementales necesidades y proveer con tus productos las despensas de las áreas urbanas, guardan, los más íntimos y bellos secretos de amores, de violencia dulce y de nostalgia amarga. La ilusión de lograr el objetivo de una cosecha se desvanece ante las inclemencias del tiempo, la violencia y el cambio climático. El seguro de cosecha continúa siendo un sofisma de distracción.    

Muchas veces empiezas la ardua jornada con los primeros rayos de la aurora, y la termina con el sol a tus espaldas cuando  los grillos y las cigarras anuncian las tinieblas de la noche. Pero, lo más hermoso de todo es que, durante esa jornada hasta de quince horas, le hablas a la madre tierra el idioma más bello y sublime: el de la productividad; en  la sencillez de tus palabras hay un hermoso y profundo decálogo, que ni los más recatados científicos saben descifrarlos. Por los surcos de vuestros sembradíos corre la vida y la esperanza de toda la humanidad para lograr un mejor mañana.   

Llegas a tu humilde hogar con la satisfacción del deber cumplido, pero, con la amarga incertidumbre que los frutos de vuestro trabajo siempre quedan en manos de especuladores y acaparadores. No obstante, que estás capacitado para manejar tus propios réditos, el Estado, aún continúa distante de ti, siempre eres víctima de los malandrines de cuello blanco incrustados en las altas esferas de la Administración Pública. Es importante que en este día en que se rinde homenaje en tu honor, hagáis entender al Gobierno esta problemática de siempre.

Te bella esposa, una humilde y resignada campesina, te recibe con amor tierno y dulce, tus hijos salen a tu encuentro. Ante tanto amor y belleza de la vida, te resignas a decir, que basta con tu bello hogar y la majestad del paisaje para vivir tranquilos. Sin embargo, en esa romántica y tranquila soledad, muchas veces se esconde la desgracia de la violencia. Son miles las víctimas que han caído abatidas por las balas traicioneras y asesinas. Sus cadáveres reposan en fosas comunes que brotan de la madre tierra como un verdadero testimonio del olvido y de la infamia.  

Son miles también los caminos y veredas que son testigos mudos de las horrendas masacres. También miles los soldados y policías de la Patria, que han caído abatidos por las balas de guerrilleros y narcoterroristas, todo por defender vuestra vida, la de tu familia y la parcela a la cual te aferras en busca de un mejor mañana. La mayoría de las veces después de estos asedios, tienes que emprender el desplazamiento forzado y engrosar a las áreas urbanas al ejército de desocupados, generando informalidad y delicados traumatismos de convivencia social en los hogares de paso.

Quiera Dios, que la Ley de Justicia y Paz, que acaba de ser aprobada por el Congreso de la República y sancionada por el Señor Presidente, sea el  camino para llegar a los altares de la reconciliación entre todos los Colombianos Tú,  querido campesino, has sido siempre víctima de todas las injusticas sociales. En tiempos de campaña política, eres el señuelo de los caciques y políticos irresponsables: todo lo prometen y todo te lo solucionan mientras dura el fragor de la contienda electoral. Por esta razón querido campesino, muchas veces eres el artífice de vuestras propias desgracias. Vota bien querido campesino. Conviértete con tu voto y el de tu familia en una célula viva y actuante dentro de nuestro Estado Social de Derecho. Tu voto es un precioso legado que nos otorga la Democracia para abrir los caminos de prosperidad y de un futuro promisorio.

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