5 de marzo de 2021
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Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Maldita corrupción

8 de mayo de 2011

La opinión pública apenas empieza a conocer la lista de los procesados por tan graves actos de depredación del erario, que dejó de ser público hace mucho tiempo, para convertirse en la ‘caja menor’ de las mafias politiqueras, que, sin duda, son las que están detrás de todo este estropicio. No hay acto de corrupción que no esté influenciado de alguna forma por una elección política, cualquiera que esta sea.

El mega-desfalco de la salud, la contratación irregular en Fondelibertad, el ‘carrusel’ de la contratación en Bogotá, la feria de predios en el Incoder y el ‘tumbe’ descarado del AIS son apenas algunos de los títulos que catapultan a Colombia a la cima de la lista de países más corruptos del mundo. Con todo el billete que se han robado ya se habría estructurado una revolución social con la que el discurso de la guerrilla no tendría sentido alguno. Con el producto del saqueo, las reformas económicas necesarias para darles una vida digna a los pobres hoy serían una realidad. Estas piezas maestras de la vagabundería nacional se repiten a escala en todas las regiones del país.

Desde que la política se volvió un negocio, hemos visto pulular ‘empresas’ electorales que gastan miles de millones de pesos para elegir a sus candidatos. Esas fortunas que dilapidan en las campañas no alcanzan ni remotamente a recuperarse con la reposición de votos que hace el Estado. El verdadero reembolso y la consecuente ganancia vienen de la mano del robo de la salud, la educación, las obras civiles y todo aquello que sea susceptible de una mordida. La financiación de las campañas es la fuente primigenia de esa gran tragedia nacional que es la corrupción. Es evidente que quien se gasta en una elección veinte veces más –por dar una cifra conservadora– de lo que se va a ganar durante todo el periodo para el cual fue elegido, llegará al puesto a desangrar y a esquilmar el presupuesto. Cuando no se trata de un cargo de elección popular y la persona llega al puesto con la venia de un político, el robo es como un costoso arriendo que deberá pagarse cumplidamente.

Se volvió costumbre, y nadie dice nada, que las personas nombradas o elegidas para un determinado cargo resulten millonarias al terminar su ‘gestión’, con propiedades a granel y cuentas en el exterior, cuando todo el mundo sabe que no tenían dónde caerse muertos antes de volverse unos hampones profesionales. Que nadie se queje de lo que hoy estamos cosechando. El voto irresponsable, el silencio colectivo y la aceptación social del corrupto han sido los cómplices perfectos.
La lucha contra la corrupción debe ser una política de Estado elevada a rango constitucional, a través de la cual se dote de herramientas más expeditas y certeras a los entes de control para judicializar los crímenes de cuello blanco.

La corrupción es un cáncer que carcome y destruye todo lo que toca. La falta de equidad, que es la consecuencia de la corrupción, habrá de sumirnos para siempre en el peor de todos los mundos: el de la miseria y la guerra.

La ñapa I:
Soy de los que está convencido de que en Colombia hay un conflicto armado.
La ñapa II: La muerte de Bin Laden constituye un triunfo político para Obama y una victoria de la humanidad sobre el mal. El Heraldo, Barranquilla.