25 de febrero de 2021
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La prensa: héroes o villanos

7 de mayo de 2011

Conversando con un amigo, trataba de hacerle caer en cuenta que el mundo que nosotros vivimos –y sobre todo sobre el cual comentamos– no es el mundo real sino el mundo virtual que crean los medios de comunicación. Exceptuando a lo poco que tiene contacto directo con nosotros, el mundo que conocemos es solo el que presentan los ‘comunicadores’ y ‘formadores de opinión’, y que nace de la información que nos dan. Eso hace que lo que nos parece la realidad es solo la que muestran de acuerdo a sus intereses. A veces en algo los personales, pero sobre todo siempre el afán por el rating: noticia o información que no produzca impacto por lo truculenta, lo curiosa, o lo indignante no aparece, luego el hecho no existe.

A eso me anotaba ese amigo que al mismo tiempo si no fuera por esos medios quién sabe cuántas cosas no se conocerían; a lo cual le señalaba que justamente lo más interesante es cuántas cosas no se saben por decisión de los medios.

Es lo que aplica respecto a este último caso de la salud. Si no había aparecido la verdad respecto a un escándalo de semejante tamaño es porque los medios no habían encontrado interesante explotarlo, no porque no hubiera conocimiento sobre lo que sucedía.

En esa medida los medios, lejos de tener el mérito de difundir lo que ha pasado, pueden ser vistos como cómplices parciales de que esto sucediera.

Y lo que hoy motiva sus ‘revelaciones’ sería el ánimo o propósito de resaltar las acciones y las posiciones que proclama el nuevo Gobierno. No informaban antes –ni menos ‘denunciaban’ o ‘revelaban’– porque su interés no era cuestionar al gobierno de entonces o a quien lo presidía (por miedo, por ‘lambonería’ o por afinidad, da igual).

La otra cara de la moneda la muestra la noticia de la semana, a saber, la muerte de Bin Laden. En ese caso, el gobierno americano ha mantenido un total control sobre la información para con ella producir los efectos que consideren convenientes.

La decisión de dar noticias confusas y contradictorias no nace de la falta de saber qué hacer o cómo divulgar cómo fue la operación, qué pasó o cómo capturaron y/o mataron al terrorista, o demostrar que de verdad si lo soltaron al mar.

El manejo de la información –o de la desinformación– al respecto es parte de una estrategia tanto ante las poblaciones no activas en la guerra como ante los miembros de Al Qaeda. No es verdad, como dice el presidente Obama, que no muestran el cadáver porque no lo tratan como un trofeo; es que justamente el trofeo es el ser quienes pueden jugar con la verdad de lo sucedido, ya sea para evitar que se convierta en un mártir o genere mayor indignación lo que haya podido suceder, como para desmoralizar a los miembros y la organización desconcertándolos al no permitirles que exploten lo que no se conoce.

Ser el dueño de la información es ser el dueño del poder. Quien maneja la primera ejerce el segundo. ¿Debemos ver a los periodistas siempre como héroes –como ellos se presentan– o también tendrán el papel de villanos?