6 de agosto de 2020
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Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Osatura, lenguaje incluyente, atajista, empalizada

1 de marzo de 2011
1 de marzo de 2011

“Las letras no embotan la lanza”, es un refrán que significa lo siguiente: La profesión de las armas no excluye la educación universitaria, o al revés. Don Miguel de Cervantes lo incluyó en su obra maestra. Vale la pena leerlo: “-De todo sabían y han de saber los caballeros andantes, Sancho –dijo don Quijote-, porque caballero andante hubo en los pasados siglos  que así se paraba a hacer un sermón  o plática en mitad de un campo real como si fuera graduado por la Universidad de París; de donde se infiere que ‘nunca la lanza embotó la pluma, ni la pluma la lanza’” (I-XVIII). Es un refrán que se le puede aplicar con toda justeza al veterano militar y columnista de El Tiempo, General Álvaro Valencia Tovar, porque, así como fue un aguerrido militar (comandó, me parece, el valeroso Batallón Colombia en Corea), así mismo se preocupó por su educación académica, lo que se aprecia en la forma castiza de redactar sus escritos. En el último, no obstante,  el empleo de un vocablo incorrecto deslució esta oración: “Las bacrim (…) disponen de una osatura poco menos que idéntica  a las agrupaciones supérstites de Farc, Eln y Epl…” (II-11-11). La desinencia ‘-ura’ forma sustantivos especialmente con adjetivos (frescura), participios pasivos (rotura) y verbos (montura, envoltura). Si entendí la frase de marras, el columnista debió echar mano de ‘osamenta’, pero con el sentido de ‘armazón’ (esqueleto, entramado, estructura), porque una ‘osamenta’ puede ser también una montonera de huesos. La desinencia ‘-menta‘, dice El Diccionario, “forma sustantivos femeninos de valor colectivo, algunos procedentes del latín y otros creados en español. Impedimenta, vestimenta, osamenta, cornamenta”. Si, como advertí, entendí la oración glosada, en lugar de la incorrecta ‘osatura’ y la ambigua ‘osamenta’, los sustantivos apropiados podrían ser ‘entramado’ y ‘estructura’. ***

Hace ya algún tiempo me comprometí conmigo mismo a evitar en mis apuntaciones la crítica inútil del absurdo ‘lenguaje incluyente’ de la señora Florence Thomas. Hoy, sin embargo, tengo que incumplir la promesa. Ello es que la señora Ángela María Robledo Gómez, en su primera columna para LA PATRIA (II-15-11), nos obsequió esta amatista: “…y comprometidas con profundos cambios culturales que saquen de nosotros y nosotras lo mejor”. ¡Candoroso! ¿A quién se refería usted, señora, cuando empleó el pronombre personal ‘nosotros’? ¿A los hombres nada más? Debió, entonces, decirlo de este modo: “…que saquen de ustedes, los hombres, y de nosotras, las mujeres…”. Ahora bien, si su artículo está dirigido sólo a las mujeres, sáquenos de la colada; pero si se refiere a hombres y mujeres, expréselo como lo expresábamos cuando hablábamos buen castellano, únicamente con el pronombre ‘nosotros’, de género no marcado (incluye a los dos géneros gramaticales), como enseña la extensísima “Nueva gramática de la lengua española” (2.2a). En otra frase, no podía faltarle el estomagante “niños y niñas”, como los ubicuos “colombianos y colombianas por la paz”. Es el yugo que nos impuso la señora aquella, y que muchos colombianos cultos llevan con mansedumbre bobalicona. Y este adjetivo, ‘atajista’, ¿qué quiere decir, doña Ángela María? Así se expresó usted: “…autoritarias, clientelistas, atajistas”. Supongo que tiene relación con ‘atajo’ (figuradamente, “cualquier procedimiento, bueno o malo, para abreviar alguna tarea, utilizado por una persona perezosa”). No quieren decir exactamente lo mismo que su arbitrario adjetivo, pero hubiera podido usted reemplazarlo por ‘poltrona, perezosa, comodona’, adjetivos que califican a aquellas personas que actúan sólo por salir del paso, acatando siempre la ley del menor esfuerzo, como los escritores que no hacen borrador. Nota: en honor a la verdad, el adjetivo ‘atajista’ está bien construido, porque a la raíz del sustantivo ‘atajo’ se le agrega el sufijo ‘-ista’, que, en este caso, le da el significado de “aficionado o adicto a lo que expresa el elemento principal”. Lo único que falta es que la Academia le imparta su bendición, como sucedió con el verbo ‘vandalizar’, aceptado ya por la Academia en la XXIII edición de su Diccionario (en su página de la Red), como me lo informó el señor Pedro María Mejía Villa. ***

La ‘empalizada’ o ‘estacada’, don Ricardo, es una cerca, hecha de estacas o palos clavados en la tierra para señalar linderos, para alguna clase de defensa o para atajar un paso. Y es pasiva, vale decir, que ahí está y ahí se queda, si algún poder humano o de la naturaleza no la destruye o la mueve. Ella, pues, por sí sola, ni se mueve ni causa daño, calumnia que le levantó el redactor de LA PATRIA, don Ricardo Nieto, en su nota periodística del 16 de febrero de este año. Así la expresó: “La estructura (…) servirá para retener las empalizadas que desde el 2008 empezaron a afectar la zona oriental de Manizales” (Local). En su nota, el señor Nieto emplea con el mismo significado la palabreja esa cuatro o cinco veces. Ésta es otra muestra: “…sin embargo, otra empalizada, el 28 de octubre del año pasado, abrió el debate…”. La palabra apropiada es ‘avalancha’ o su sinónimo ‘alud’. Tome nota, señor.