6 de agosto de 2020
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Mamerto; halagar-alagar; indefendible-indefensable; colaborar

8 de marzo de 2011
8 de marzo de 2011

Es más común de lo digerible el uso de palabras cuyo sentido desconocemos, especialmente cuando se trata de ofender a nuestro prójimo. Es el caso de ‘oscurantistas, godos, fascistas y mamertos’. El columnista Gonzalo Castellanos, de El Tiempo, expuso la siguiente teoría sobre el origen de la palabra ‘mamerto’, con la que se califica a ciertos seguidores del desaparecido comunismo maoísta. Dice así: “Mamerto, un personaje que representaba tonterías en el cómico radial de los sesenta, Los Chaparrines” (II-12-11). Yo encontré una interpretación diferente de la manoseada palabra, que expresé en apuntaciones anteriores. Es ésta: “Además de ser el nombre de un santo de la Iglesia Católica, obispo de Vienne, en el Delfinado, Francia, muerto en el 477, ‘mamerto’ es un regionalismo, no sólo colombiano sino también de otros países latinoamericanos (Argentina, Ecuador, México, etc.), que significa “persona miedosa, incapaz de decidirse por sí misma, por temor a las consecuencias. Pusilánime”. Actualmente, con dicho adjetivo se califica peyorativamente a aquellos que aún siguen las doctrinas extemporáneas de Mao Tse-tung. Como dicen que “la ocasión es calva”, alguien se dio cuenta de que los nombres de algunos de los líderes de dicho partido (como Gilberto y Filiberto) rimaban con ‘yerto, muerto, entuerto’, se dijo “aquí que no peco”, y les chantó el apelativo, con el significado de “individuos pusilánimes aferrados al maoísmo, un comunismo de segunda categoría, inferior políticamente al también anacrónico marxismo-leninismo”. ***

Es muy fácil ser víctima de la hache muda. Hace ya arriba de siete años escribí ‘alagar’ que, sin  lugar a dudas, con el sentido de “dar a alguien muestras de afecto o rendimiento con palabras o acciones que puedan serle gratas”, se escribe con ‘hache’. Un redactor deportivo de LA PATRIA fue también víctima de la mudez de esta letra, pues escribió de la siguiente manera: “Él se mostró alagado por el posible traspaso”; “Me siento alagado de que mi nombre lo tengan en cuenta” (I-13-11). Y se escribe con ‘hache’, porque viene del árabe ‘hálaq’, que significa “tratar bondadosamente’, propiamente ‘alisar, aplastar, pulir” (Corominas). Los diccionarios de la Real Academia y de Moliner traducen el vocablo árabe’, hálaq, por “palomo ladrón”, llamado así, porque éste, “con arrullos y caricias, se lleva palomas ajenas a su propio palomar”. Es decir, halagándolas, adulándolas o, como decimos, endulzándoles el oído, que es lo que hacen los aduladores. La aparente discordancia entre las dos traducciones se debe, seguramente, a que el verbo árabe tiene como significación primaria la que le da Corominas, que luego fue aplicada a los palomos, que, mediante halagos, secuestran medias naranjas. Nota: Nuestro idioma tiene también ‘alagar’, sin ‘hache’, que significa “llenar de lagos y de charcos”, verbo transitivo que puede ser también pronominal. Ésta es la razón por la cual el ordenador no corrige esta grafía. ***

Desde Miami, escribe el señor Orlando López: “Varias veces he encontrado el término indefendible, utilizado por excelentes columnistas. ¿Aprobó ya la RAE el término que, entiendo, era indefensable?” (II-21-11). Tal como ‘sufrible, vivible, servible’, los adjetivos ‘defendible’ e ‘indefendible’ son castizos ciento por ciento, porque se forman de la raíz de sus respectivos verbos al añadirles la desinencia ‘-ible’, terminación que “forma adjetivos casi siempre verbales, y que indica posibilidad pasiva, es decir, capacidad o aptitud para recibir la acción del verbo” (El Diccionario). En cambio, los adjetivos ‘defensible’ y ‘defensable’, aunque están asentados en algunos diccionarios, tomados directamente del latín, ‘defensibilis’ y ‘defensabilis’, respectivamente, son anticuados. Cuando el verbo es de la primera conjugación, la desinencia es ‘-able’. Por ejemplo, ‘amable’. Elemental. ***

Desde la capital de Risaralda, en donde está ahora radicada, me escribe la profesora Edith Angélica Bustos Crèmieux: “En Pereira no se consigue La Patria (…). El domingo pasado vino a visitarnos un amigo y nos trajo el “periódico de casa”. Leí la última página y quedé muy preocupada con el contenido del artículo escrito por Camilo Gómez Gaviria (no lo conozco) titulado “¿Me colabora?”. Le produce a la recordada profesora este comecome el carácter de transitivo que se le está dando, con la misma frecuencia que a todas las corruptelas del idioma, a un verbo intransitivo, como lo es el verbo ‘colaborar’. Y tiene razón, porque estos verbos no admiten complemento directo y, por lo mismo, tampoco indirecto. El vapuleado verbo sólo se puede emplear con las preposiciones ‘con’ o ‘en’, así: “Fulano de tal colaboró con el gobierno en la adquisición de material educativo”; “El periodista aquel colabora en LA PATRIA todos los fines de semana”. Cuando un pordiosero le dice al posible buen samaritano “me colabora”, no le está pidiendo trabajo (según la teoría peregrina del señor Gómez Gaviria), sino plata contante y sonante; muchos de ellos, inclusive, le agregan el complemento directo, de esta manera: “¿Me colabora una limosnita?”. Oración interrogativa en la que se configura el error gramatical, puesto que se expresa el acusativo ‘limosnita’ (complemento directo).Hay que recordarles a los limosneros la fórmula oficial de su profesión: “Una limosnita, por el amor de Dios”; o como decía la mujer aquella del tango: “¡Ayúdeme, señor!”.