6 de agosto de 2020
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Oraciones interrogativas, ex, sólo

5 de febrero de 2011
5 de febrero de 2011

El castellano es el único idioma que abre y cierra los signos de admiración e interrogación. Ésta es quizás la razón por la cual se cometen tantos errores en la formulación de las oraciones interrogativas directas. María Isabel Rueda le hace esta pregunta al general (r) Manuel José Bonett Locarno: “¿Cuando termina este encargo presidencial, si es que el Gobernador actual deja que lo asuma, qué espera haber logrado? (El Tiempo, I-11-10). En esta oración, la periodista abre el signo de interrogación inoportunamente. Oportunamente, así:“Cuando termina este encargo presidencial, si es que el Gobernador actual deja que lo asuma, ¿qué espera haber logrado?”. Aun con los signos de interrogación al comienzo y al cierre de las preguntas, existe el modo correcto de hacerlas, a saber, iniciándolas con los pronombres relativos ‘qué, quiénes, cuál, cuáles; por qué, para qué, etc.’; con los adverbios de tiempo, lugar y modo ‘cuándo, dónde y cómo’; y con el verbo principal (“¿celebró usted su cumpleaños en familia?”). Cuando esta norma no se acata, el resultado es una oración afirmativa con signos de interrogación, como en este ejemplo: “¿Eso afecta también el proceso contra Diego Palacio y los demás investigados por el despacho del Vicefiscal?” (El Tiempo, Sair Buitrago Medina, Entrevista a Juan Carlos Forero, vicefiscal, I-17-11). Pero si comienza con el verbo, se hace en forma castiza y se facilita la lectura, así: “¿Afecta eso también el proceso…?”. Este pecado gramatical es frecuentísimo en las entrevistas. Y es muy notorio. ¿Ha leído usted, señor, el Opinómetro de El Tiempo o a Yamid Amat? En su libro “Casi toda la verdad”, María Isabel Rueda lo comete tiro por tiro, por ejemplo, “¿Los periodistas subestimamos el fenómeno paramilitar”? (pag. 56). Castizamente, como sigue: “¿Subestimamos los periodistas…?”. Otra:“¿Con Tirofijo también conversó?” (p. 51). Correctamente, de este modo: “¿Conversó también con Tirofijo?”.Finalmente, aunque con ello no abarque el respectivo capítulo, cuando en la oración interrogativa un pronombre personal es el término directo, debe ir después del verbo, verbigracia, “¿Qué dices tú de esto?”. Es reprochable el “¿qué tú dices”? de los puertorriqueños. ¡Cómo nos hace de falta la enseñanza del buen castellano en los centros educativos! **

En su estilo único e inconfundible, Óscar Domínguez G. dedica su columna de LA PATRIA del 14 de este mes a la ceremonia de posesión de la Presidente de Brasil, Dilma Rousseff. En ella leí la siguiente oración: “Varias expresas la acompañaron en la posesión”. Tuve que leerla varias veces para entender que se trataba de alguna mujeres  que compartieron con ella la prisión, vale decir, ex presas, ex prisioneras o ex presidiarias. (Considere, nada más, estas dos oraciones: “Pedro actuó así por las instrucciones expresas del jefe de su oficina”; “Las expresas de El Buen Pastor se reunieron para celebrar su libertad”). La frase del señor Domínguez me dio pie para referirme a una de las nuevas normas de ortografía de la Academia de la Lengua, aunque en este caso se debe hablar más bien de un cambio semántico, no ortográfico. Se trata de la partícula ‘ex’, que, por una pifia de los miembros de las veintidós academias, perdió su carácter de adjetivo (equivalente a ‘antiguo’) para aumentar los significados del prefijo ‘ex’ (extraer, excomulgar, exhumar, expresa, exprisionera). Hasta este momento desafortunado, la palabra ‘ex’ tenía lógicamente las naturalezas de prefijo, adjetivo y sustantivo. Como prefijo, significa ‘fuera’ (extemporáneo) o ‘más allá’ (excéntrico), con relación al espacio o al tiempo; indica privación (exánime); a veces no añade ningún significado especial (exclamar, exornar). Como adjetivo, quiere decir que fue y ha dejado de serlo (ex presidente, ex preso). Como sustantivo, designa la persona que ha dejado de ser cónyuge o pareja sentimental de otra (el ex de Sofía). Era la doctrina de la Academia; hoy, ya no (entonces, ¿estaba equivocada?). Es decir, que hoy es un error escribirlo separado de la palabra que califica o determina; hay que pegárselo, así: exgobernador, exmarido, expresidiaria. Sin embargo, hace esta advertencia: “El prefijo ‘ex’ irá separado si la base léxica que le sigue está formada por más de una palabra, como sucede en ‘ex capitán general’ ”. Lo que constituye un exabrupto mayúsculo, porque si está separado, ya no es prefijo. Elemental. Nota: El diccionario de María Moliner dice que ‘ex’ es una preposición. ¡Tampoco! Porque las preposiciones sirven para introducir complementos, función que no desempeña la partícula mencionada. En latín, en algunos casos, sí hace las veces de preposición (con el significado de ‘procedencia’), por ejemplo, “ex libris” (de los libros). **

La pifia de que hablo en el párrafo anterior está documentada en un recuadro de LA PATRIA, titulado “la nueva ortografía” (XII-18-10), que señala los cambios más importantes introducidos por la Academia de la Lengua. Ahí aparece esta concesión: “Si se quiere, se podría ponerle tilde al adverbio ‘sólo’ y a los pronombres demostrativos, como ‘aquí’ y ‘acá’ ”. Si así está en el texto original, apague y vámonos, porque ‘aquí’ y acá’ son adverbios de lugar (siempre con tilde), no pronombres demostrativos. Éstos son ‘este, ese, aquel’, con sus respectivos femeninos, por supuesto, para que no se sientan discriminadas las feministas que sabemos.