6 de agosto de 2020
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Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Letras para el café

27 de febrero de 2011
27 de febrero de 2011

El menú de letras para el café es una atractiva combinación de la tonificante bebida y de nombres de nueve notables figuras de la literatura: un bogotano, un macondiano, una barranquillera, una chilena, un paisa, un cubano, un gringo, un irlandés y un argentino. Traemos para la muestra, unos cuantos botones de la original propuesta.

En el listado de cafés fríos encontramos el café Pombo con la respectiva composición: “Exquisita malteada de café preparada con café soluble, helado de vainilla y leche para activar el espíritu lúdico y fabuloso de nuestra alma infantil”.

Viene a continuación el café García Márquez (granizado) con su infaltable lista de ingredientes: “Una fantástica preparación a base de leche entera, azúcar, café  liofilizado, leche en polvo y esencia de vainilla que logra un verdadero realismo mágico”.

El café Meira del Mar consiste en un granizado con crema chantilly, anunciado como “una dulce y sensual mezcla ideal para evocar amores lejanos”.

La oferta de cafés calientes es larga y generosa: Café Mejía Vallejo (carajillo) promocionado así: “La más deliciosa combinación de café expresso y anís dulce, con ese toque especial que une el aroma rural y la vitalidad urbana”.

Café Carpentier (capuchino moca) preparado también con café expresso, leche entera, chispas de chocolate, crema de café y el toque secreto que dio brillo a la mesa servida en El Siglo de las luces”.

Café Hemingway (capuchino con licor): “Una osada combinación de café expresso y leche entera con licor a elección del cliente (crema de café, amaretto o crema de whisky) para despertar emociones y deseos de aventuras”.

Café Joyce (café irlandés caliente): “Café expresso con crema batida, azúcar y whisky, mezcla que inspira a caminar 24 horas por los laberintos de la ciudad”.

Finalmente, el Café Cortázar es descrito como ”la sencillez y el misterio de un sabor imposible que se mezclan en este café aromatizado con jengibre”, y el Café Mistral: “íntimo, sencillo y encantador”.

La carta –que también incluye bebidas frías de todo género, vinos, cervezas, menú de comidas ligeras como tabla de quesos, albóndigas, choricitos y pastelería— rescata un sabio consejo que les dio a sus conciudadanos de la época el general Rafael Uribe Uribe, en  el marco de su cruzada para masificar entre los colombianos el consumo interno de café:

“El café (decía el mártir de las escalinatas del Capitolio) debe ser también complemento digestivo del almuerzo, las onces, la comida y la cena; es decir, consumirse cinco o seis veces diarias”.

El caudillo proponía que el consumo de café negro fuera obligatorio en todas partes: oficinas del gobierno, cuarteles del ejército y de policía, cárceles, internados de colegios y universidades, cuadrillas de obreros de ferrocarriles y caminos”.

Quería generalizar en el país el uso del café porque encontraba en ello tres grandes ventajas: 1) Buscarle al grano mercados nacionales. 2) Procurarle al pueblo un buen alimento y 3) Combatir el alcoholismo.

La apostilla:
Coincide esta evocación del general Uribe con el trago amargo que apuran por estas calendas los cafeteros colombianos, al tener una paradójica bonanza sin existencias del grano y  la cosecha de mitaca que se perdió por el fenómeno climático, la roya, la broca y la ausencia de crédito de capital de trabajo. Este colapso ha llevado a nuestro país a pasar de ser el segundo productor mundial al modesto cuarto lugar, después de Brasil, Vietnam e Indonesia.