6 de agosto de 2020
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La poesía de Marta Nalús

25 de febrero de 2011
25 de febrero de 2011

Por: Gustavo Páez Escobar
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gustavo paezDos breves libros, de 110 y 62 páginas –El amante (2002) y Mar de noviembre (2006)–, conforman la obra poética de Marta Nalús, editada hasta el momento. Prepara su tercer poemario, al que le tiene asignado el título de Momentos, y trabaja con lentitud y grandes paréntesis en la novela La sombra del mar.

Sobre esta novela, me dice que dentro de sus propósitos más deseados está el de darse su año sabático para concluir la obra en Viena, ciudad que la seduce desde que vivió allí en los años 70. En aquella época, ya graduada en Filosofía y Letras en la Universidad Javeriana, partió para Europa en plan de ampliar su formación, y se especializó en Filosofía y en Psicología en Roma y Viena.

Se me ocurre pensar que su fascinación por la capital de la música surge en su espíritu no solo por los recuerdos que le dejó su residencia en aquella ciudad, sino por el afecto entrañable con su hijo Valeriano Lanchas, el niño prodigio del canto lírico que surgió en el mundo bajo la dirección de Pavarotti. Hay lazos invisibles que manejan las acciones humanas, y en este caso de madre e hijo aliados por el influjo del arte, sus propios destinos se atraen y se compenetran.  

La intensa actividad de Marta Nalús en el campo educativo, como profesora,  directiva universitaria y consultora en Educación y Desarrollo Humano, no le ha impedido el ejercicio de las letras. Pero lamenta que su vida cotidiana, que se mueve dentro de un ajetreo agobiante, no le haya permitido avanzar con el ritmo que quisiera en la escritura de sus libros.

Marta Nalús ha sido poetisa desde siempre. Apenas una tierna adolescente, ya elaboraba sus primeros versos en Soatá, frente al río Chicamocha, los que durante años mantuvo en secreto en el cuaderno escolar que crecía con sus inquietos ensueños. Es posible que desde entonces le naciera la imagen del agua como una parábola de vida y esperanza, que años después irradiaría en Mar de noviembre, según lo expresa en el siguiente verso: Quiero cesar de consentir nostalgias / y quiero avivar el fuego con el agua. / Detener el viento con la playa / y fundirnos, / tú y yo, / en el mar de la esperanza”.

Se capta un hilo conductor en ambos poemarios: el acento intimista manejado por un bello sentimiento romántico, que a buen seguro persistirá en los libros posteriores, ya que hay signos vitales en la creación literaria, sobre todo en la poesía y en la narrativa, que nunca se borran en la obra del escritor. El alma sensitiva de Marta deja su impronta en El amante con ardientes expresiones y sutiles metáforas movidas por la ilusión y el ansia amorosa.

La poetisa conoció en Santa Marta, a los doce años de edad, el mar con que soñaba frente a las aguas del río Chicamocha, en la plácida Soatá de nuestros ancestros. Desde entonces, el agua marina se convirtió en el mayor aliento para su inspiración poética. El mar, que es rugido y tempestad y bonanza, configura, en los versos de esta eterna enamorada que es Marta, el sentido pleno de la vida.

No hay vivencia, ni sentimiento, ni regocijo, ni dolor, ni paisaje alguno que no estén representados en el mar. Eso es Mar de noviembre: una alegoría de los hechos reales, y sobre todo de las emociones del alma romántica, frente a ese mar abierto, a veces bravío y a veces reposado, que baña las páginas de este hermoso poemario. Alborozos y pesares, sueños y desengaños, presencias y olvidos, lejanías y esperanzas… son hálitos en la poesía de Marta con que ella sabe conjugar los arcanos de la vida.

El mar no cesa: vendrá más tarde La sombra del mar, la novela aplazada que algún día hará realidad, cuando logre disfrutar de su año sabático ojalá bajo el marco musical de Viena.