14 de abril de 2021
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Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

La pobre cultura del Quindío

26 de febrero de 2011
26 de febrero de 2011

A quién en la administración departamental le puede importar la cultura.

Si bien es cierto el gobernador Julio César  López ha hecho algunos esfuerzos para compartir con el ministerio del ramo recursos  para sectores afines al desarrollo cultural estos  no van más allá de unos pequeños amagues.

El consejo de cultura del Quindío es una colcha de retazos donde tienen asiento algunos reconocidos personajes pero otros son  rellenos  que participan como voceros de entidades  espúreas o clandestinas.

De la cultura también hacen fiambre los inescrupulosos.

Tenemos un imponente Centro de Convenciones donde se han presentado algunas obras de cuenta chistes y maromeros verbales que encantan con reciclados y desgastados recursos  para tratar de robar sonrisas en uso de lugares comunes. Nada más. ¿Dónde están las grandes expresiones artísticas subsidiadas por los gobiernos y la empresa privada para tenerlas a la mano de todos en esa sede cultural?

Qué decir de la payasada de la asamblea del departamento al llevarle la corriente en parte al gobernador para tratar de comprar el armatoste desgastado del Club Campestre Centro. Todo fue un artificio para la tribuna y para engolosinar a los ricos vergonzantes que ya no saben qué hacer con ese adefesio.

No se sabe si calculado por el doctor López, se pidió la autorización de los cinco mil treinta y siete millones de pesos que pedían los usureros para que los otros marioneteros se los negaran  e hicieran la pantomima de autorizarle un recurso por el que nunca le venderían el viejo cascarón. En esto quedó la burla de la tal biblioteca pública departamental dizque exigida por el ministerio de educación nacional.

Clama a gritos Armenia un Teatro Municipal donde se podrían invertir esos dineros del departamento con la participación de la alcaldía, por ejemplo, con el extraordinario lote donde funcionaba el colegio oficial de señoritas.

Eso será una nueva quimera y por el momento y especulando con lo que viene pierna arriba con las nuevas caras en las administraciones públicas esto no pasará de una pesadilla más.

Ahora que tanto hablan de que las contrataciones  públicas están amarradas y diseñadas como trajes a las medidas a los dueños de las coimas, menos le pondrán ojo a la pobre cultura. Cómo será de grave el asunto que por primera vez los heliotropos salieron a quejarse porque no los han dejado participar.

El comité gremial, por su parte, al que nada le importa distinto a su autodefensa centrífuga, por primera vez dijeron tímidamente que al parecer se estaban manipulando los dineros de las licitaciones oficiales.

En medio de todo este mierdero el cándido exsecretario de cultura Carlos Alberto Villegas, a quien desacomodaron de la Complutense de Madrid, creyó como buen quijote que podría venir a la tierra de sus entrañas a poner en orden lo bello,  lo artístico y lo estético. Un damnificado más al que se llevaron de paso las inequidades presupuestales del gobierno seccional y las maniobras politiqueras ad portas de las próximas elecciones.

Nunca le contrataron la gente para que trabajara mientras las otras dependencias están llenas de lagartos comodines de los usufructuarios de la politiquería que terminará en las elecciones de octubre. La cultura no da votos. (Perogrullo)

Se perdió una oportunidad de lujo con un personaje de quilates, con sobrados méritos y muy buenas conexiones para que la cultura sirviera de algo.

Algunos dirán que no tenemos por qué opinar sobre el tema porque venimos de los intestinos de la actual administración del Quindío. No os preocupéis que adentro dimos las batallas, la mayoría perdidas y sino que lo cuenten quienes desfilaban cuando existía la oficina de comunicaciones pidiendo auxilio para que por ¡amor de dios!, por ejemplo, no fueran a acabar de nuevo con la banda departamental.

Y hay otro más poderoso argumento para opinar sobre este y otros temas, nunca hemos dejado de ser periodista ni adentro y mucho menos afuera.