6 de agosto de 2020
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Evelio Giraldo Ospina

Fáctico; en vías de extinción; por parte de, Papa; remontar-se; una coma

26 de febrero de 2011
26 de febrero de 2011

En efecto, ‘fáctico-a’ es un adjetivo que significa “perteneciente o relativo a hechos”. Quiere decir también “fundamentado en hechos, en oposición a ‘teórico’ o ‘imaginario’ ”. Cualquiera que fuere la definición aplicada, este adjetivo no puede calificar a ‘hechos’. Por su origen y definición, un ‘hecho’ es “lo que sucede”. Sin embargo, se puede hablar de ‘hechos ficticios’, como los que narra GGM en “Cien años de soledad”; y todos los novelistas, en sus novelas (no importa que  sean malas), porque, aunque son fruto de su imaginación, ‘suceden’ en sus obras. Los adjetivos adecuados para calificar un ‘hecho’ son ‘real, auténtico, verídico, palpable’, y muchos más. ***

LA PATRIA publicó un artículo en el que habla de la posible desaparición de las orquídeas, y lo tituló así: “Disfrútelas, están en vía de extinción” (Medio Ambiente, I-7-11). Un avisado lector, el señor Javier Orozco, me comentó que su profesor de castellano le había enseñado que no debe decirse ‘en vía de’ sino ‘en vías de’. Ciertamente, la expresión consagrada es ésta, no importa el uso que se le diere, por ejemplo, “el proyecto está en vías de aprobación”. Sin  embargo, me parece que, gramaticalmente hablando, no es un error utilizar el singular, puesto que, si empleamos su sinónimo ‘camino’, el singular es el apropiado, verbigracia, “los tigres de la India están en camino de extinción”. Porque desconozco el origen de la expresión, acudo a la lógica gramatical para exponer mi tesis. ***

El artículo del padre Alfonso Llano en contra del celibato eclesiástico comienza de la siguiente manera: “El celibato por parte del sacerdote católico romano (…) se suele asumir por dos razones…” (II-6-11). Está tan extendida la peste del ‘por parte de’, que hasta este sacerdote, perteneciente a una comunidad religiosa que se ha caracterizado siempre por la excelente educación que les imparte a sus miembros en muchas disciplinas, muy especialmente en las del buen decir y el buen escribir, se dejó contagiar de ella. “El celibato del sacerdote católico romano se suele asumir por dos razones”, es la forma castiza y llana de expresar esa idea. Tiene, además, un período en el que, como se dice en nuestro folclor, se enguaraló. Es éste: “La presión de muchos sacerdotes y laicos en contra del celibato-ley viene de mucho atrás y hoy día se ha vuelto generalizado e intolerable, peor que la del Cairo contra su presidente, más terco que una pirámide de Egipto”. ¿A qué sujeto pertenecen estos calificativos, dos masculinos y uno femenino? Es una buena adivinanza. Y esa ‘figura’ literaria, “más terco que una pirámide de Egipto”, es inapropiada, puesto que en esa oración, ‘terco’ significa ‘obstinado, cabeciduro, testarudo, obsesionado’, adjetivos todos que califican únicamente a los animales racionales y a los irracionales, como las mulas. Una pirámide puede ser ‘resistente’ y ‘firme’ y ‘perdurable’, pero no ‘terca’. Además, este columnista, quizás por irreverencia o ignorancia o ingenuidad o indiferencia, cada vez que escribe “el Papa” lo hace con minúscula inicial: debe escribirse con mayúscula, como el ‘Sumo Pontífice’. Los ejemplos abundan en tan desafortunado artículo. Éste es uno de ellos: Los papas recientes no dicen por qué mantienen la ley del celibato a pesar de las mil presiones en contra”. ¿Qué tal la Iglesia Católica con un Papa, su Papisa, media docena de Papas chiquitos y ocho celulares? ***

Prácticamente, señor Gómez, todos los verbos transitivos, con el enclítico ‘se’, pueden ‘convertirse’ en pronominales (necesitar-se, liberar-liberarse, chamuscar-chamuscarse). En su primera columna para el Papel Salmón, de LA PATRIA, el señor Camilo Gómez Buendía escribió: “Y esta historia nuestra no remonta a hace dos siglos: remonta al descubrimiento” (II-6-12). “No se remonta; se remonta”, señor. En una oración con verbos pronominales, la acción del verbo sale del sujeto y vuelve a él, ‘se casó’, por ejemplo. En cambio, cuando le decimos al maestro Feliciano Ríos que nos ‘remonte’ los zapatos, le estamos pidiendo que, para no comprar zapatos nuevos, le ponga una suelas recién sacadas de la tienda. Cuando el Once Caldas ‘remonta’ un marcador, queremos expresar que supera una marca adversa. De aquí la importancia de utilizar los verbos como Dios manda. ¿No le parece? ***

Titular de un editorial de El Tiempo: “Otro secuestrado en casa” (II-11-10). Lo que quiere decir que “está secuestrado en su casa”. ¡Y saber que una coma, una sola coma, habría puesto el punto sobre la i!, de esta manera: “Otro secuestrado, en casa”. Pongamos otro ejemplo: “Otro secuestrado libre”, lo que es una incoherencia; pero si redactamos “otro secuestrado, libre”, la idea expresada es la pretendida, porque, en ambas oraciones, el signo ortográfico reemplaza al verbo subentendido. ¡Sí, señor!