6 de agosto de 2020
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David Sánchez Juliao, un hombre excepcional

10 de febrero de 2011
10 de febrero de 2011

david sanchez

 ENTREVISTAS


 

David Sánchez Juliao, 'El Brujo de la Oralidad'

"LA ACTUAL TELEVISIÓN ES UN INSULTO A LA COLOMBIANIDAD"

Un aquelarre con el escritor de Lorica (Córdoba), en medio de un chaparrón bogotano.

Por Ricardo Rondón Ch.*

David Sánchez Juliao
Aquella tarde de octubre en agonía, un chaparrón de los demonios sorprendió a David Sánchez Juliao en la avenida El Dorado y sin sombrilla. Son escasos los costeños que portan paraguas, a no ser que pasen de los 70 años, pero no para guarecerse de la tempestad sino para apoyar sus huesos marchitos.

A David le falta todavía un trecho para llegar a esa edad, y no creo que se acostumbre a la sombrilla.

Bueno, vaya uno a saber: se acostumbró a la corbata, a la camisa de cuello almidonado, al terno de paño espina de pescado, a las mancornas, y a ese formalismo que se inventaron los poderosos para viajar por el mundo y pasarla bien rico a costa de los contribuyentes, la diplomacia; entonces por qué no se va acostumbrar a ese adminículo, tan necesario por estos días, que no sólo nos salva de los torrenciales aguaceros sino de esas 'culebras' que nos podríamos encontrar en la vía pública, o del mismísimo raponero que ose violentarnos.

El cuento es que llegó Sánchez Juliao a mi oficina de redacción, empapado hasta la cédula, y ustedes saben muy bien que los costeños, sobre todo los de Lorica, hablan hasta por los codos, y más aún si están prendidos o mojados. Da igual. Por algo a David, la columnista Adriana Herrera, de El Nuevo Herald, de Miami, acertó al rebautizarlo con un remoquete que a él le encanta: 'El Brujo de la Oralidad'. Y honor que le hizo la periodista, porque en realidad lo es: un hechicero de la palabra.
David estaba emparamado y traía bajo el brazo un sobre de manila que logró salvar del diluvio porque lo supo camuflar entre pecho y abrigo, debajo de su chaleco de cachemir. Ahí estaba intacta su más reciente joya literaria, 'Contador de Historias 2': 148 minutos de cuentos, narraciones, crónicas, relatos, ponencias y fábulas, que el autor de 'El Flecha', 'El Pachanga', 'Pero Sigo Siendo el Rey', 'Cachaco, Palomo y Gato' y 'Mi Sangre Aunque Plebeya', entre más de una veintena de novelas y relatos, ha cocinado en su memoria.

Empapado, sin un café de por medio y con el agite intermitente de rayos y centellas, El Brujo de la Oralidad dio inicio a su aquelarre.

¿Qué se le pasa por la cabeza a un costeño de Lorica, cuando lo sorprende un chaparrón en 'La Nevera' (como llaman los del trópico a Bogotá)?"Se me alborota la nostalgia. Cepeda Samudio dijo una vez que la nostalgia podría ser definida así : 'nostalgia es un costeño con gabardina'. Pero yo también diría que la felicidad podría definirse como un cachaco con guayabera".

¿Y qué remedio oportuno tiene para la nostalgia?

"La nostalgia según el maestro Zapata Olivella es un problema de orden
fisiológico y químico. Cuando el cuerpo humano empieza a carecer de los ingrediente alimenticios que lo nutrieron en la infancia, el cerebro transforma ese problema de orden fisiológico en nostalgia. Entonces, uno toma un avión a Montería, se come tres sancochos de bocachico y se bebe seis 'Kola Román' y regresa a Bogotá hablando mal de los costeños".

Entonces, usted no la sufre, usted la goza, que es lo que diferencia a los
costeños de los del interior.

"Sí. Nosotros celebramos la nostalgia y hasta la tristeza. Si no es así, qué
es entonces la cumbia. Mi hermana Nohora Sánchez Juliao, quien vive en Bogotá hace muchos años manejando su prestigiosa escuela de culinaria, cuando ve un nublado y lluvioso día de Bogotá, exclama: '¡Qué día tan maravilloso para meterse en la cama, arroparse con las cobijas y deprimirse bien rico!'.

¿Y usted sigue las instrucciones de la hermanita?

"Las sigo y las incremento. Pienso que no hay momento más propicio para escribir sobre personajes risueños que los momentos tristes. Es una manera que me he ingeniado para que mis propios personajes me salven de la tragedia de vivir en este Valle de Lágrimas y de 32 mil muertes violentas al año…y de tanta corrupción".

A propósito, ¿ya empezó a hacer cuadre de caja con la vida?, ¿o cree está muy temprano?

"Lo maravilloso de ser escritor es que, al vivir nosotros en contra vía,
empezamos a hacer cuadre de caja cuando tenemos 20 años. Ahora, casi a los 60, apenas empiezo a idear lo que voy a hacer cuando sea niño".

Recuerda maestro cuando usted empezó en este oficio, en su pueblo, Lorica, con un sol abrasador y sin nevera.

"Es una lástima que tanta gente lo haya abandonado a uno en las verdes, y que luego, como fantasmas, quieran aparecerse en las maduras. En unas maduras en la que no hay nada que dar, puesto que la única riqueza que a uno le queda es lo que pudo haber contribuido para que la gente quisiera más a su propio país. Rindiendo homenaje al conocido aforismo, lo único que a esta altura a uno no le pueden quitar es lo mal escrito y lo bien bailado".

¿Todo eso y qué más lleva en su 'Almacosario', como usted bien ha denominado a esa bodega de los sentimientos que todos llevamos dentro?

"Siempre llevé encima el gran peso de una sospecha, que jamás, aunque lo pretendí, fui escritor. Soy simplemente un contador de historias. Por eso a estas alturas del segundo tiempo del partido, saqué de la reserva dos buenos jugadores: la pluma y la voz. No quiere ello decir que no siga publicando lo escrito, pero es que confieso, Ricardo, que es muy hermoso poder hablarle al país. Por ello, luego del Contador de Historias, he regresado con un segundo volumen, para hacer sonreír, siquiera, a un país ávido de la palabra".

Que es lo que nos salva, que es el verdadero espíritu, el del habla. Y de
eso usted tiene mucho qué contar…

"Sí. Y doy mi palabra acerca de que la palabra más hermosa de todas las palabras es la palabra 'palabra'. Palabra que sí. Entre las muchas cosas que nos pueden salvar a los colombianos, la palabra ocuparía la 'primera prioridad'. En ella se encarna la esperanza, la esperanza de un país más consciente y orgulloso de sí mismo, con un más elevado sentido de la pertenencia y de la identidad cultural. Me agobia el hecho de que en este país se sea más importante en la medida en que menos de aquí se parezca. Y lo que más a nosotros se nos parece es nuestra propia palabra".

¿Cómo es su ritual de 'Brujo de la Oralidad'?

"Pienso que ese mote que me han endilgado responde más a la manera como disfruto la palabra, que a la misma capacidad de uso de ella. El brujo no sería yo, pues provengo de una 'cultura aquelarre', en donde los miembros de las familias se reúnen a contarse todo, a criticar todo, a hacer la crónica de todo, en forma oral y acompañada del lenguaje gestual. Haber nacido en un entorno tal de una alta presencia de mestizaje y de una confluencia de almas, nos permite expresar todas esas almas: la india, la negra, la blanca y la árabe, en un lenguaje del conquistador, que es el español, pero frente al cual el mestizaje guarda aún una posición de reserva y de rebeldía. Es esa rebeldía contra las formas acartonadas de los diccionarios y las academias, lo que reviste el lenguaje popular de la Costa Caribe, de tanta belleza y tan brillantez".

Y viéndolo bien, el mote no es gratuito. Usted en realidad es una suerte de hechicero, porque todo lo que le ocurre produce efectos mágicos, por lo menos en nosotros, sus lectores, y en una época no muy lejana, en la televisión. Acuérdese, maestro.

"Honor que me haces, Ricardo. Mira lo que hacen por uno los buenos amigos: subir el ego. Creo que fui en una época un aprendiz de brujo. Te confieso que en ese entonces tenía dos problemas, mala letra y mala voz. Entonces me propuse trabajar el método 'Palmer' y hacer 'planas' con una misma palabra hasta que hiciera la caligrafía legible. Hoy, tengo buena letra. En cuanto a la voz, hablaba atravesado y rápido, como buen Caribe procedente de andaluz, hasta que a los catorce años leí que Demóstenes había tenido en Atenas el mismo problema que tenía yo en Lorica. Tomé piedritas del Río Sinú y empecé a practicar una buena dicción con ellas en la boca. Te confieso que las piedritas de Demóstenes me llegaron a sacar la piedra, porque hice un trabajo tan perfecto que, ¡coño!, empecé a hablar cachaco. Tuve entonces que, sacando una a una las piedritas, ajustar el tono y la pronunciación, hasta que agarrara en la voz y la dicción los matices de un Caribe bien hablado".

¿Maestro, por qué no nos hace un favor, por qué no vuelve a escribir algo para la televisión ante tanto bodrio y decadencia que nos asalta a diario?

"No todo es malo en la tele colombiana. Los comerciales son excelentes. Yo diría, en el concepto de los canales, que un programa de televisión es la basura que va entre comercial y comercial. Nada más les interesa. Pero ello está conectado con la irresponsabilidad de los gobiernos, y con este agobiante problema de la cultura señorera y de la 'falta de ignorancia' -como diría Cantinflas- de las o los ministras o ministros de comunicaciones. La de ahora o el de ahora debe ser odontóloga o veterinario, ¿quién sabe? La actual televisión, además de un insulto a la colombianidad, es muestra de la poca importancia que los gobiernos le dan a los males que pueden causar a quienes no tienen recursos para pagar televisión por cable. Pero todo es así en este ignominioso subdesarrollo".

Conclusión: ¿tenemos la televisión que merecemos?

"Y la policía que merecemos, sobre todo la de tránsito. A quienes se les da una institucional mordida sobre los partes. Y el gobierno que merecemos. Y los gremios económicos que merecemos. Y los ministros y las ministras 'churras' que merecemos. En resumen, el subdesarrollo no es una falta de recursos, sino una actitud frente a la vida. Sin embargo, abrigo la esperanza de que nos igualemos a la dignidad de Costa Rica, Nicaragua, Argentina y otros países que ya tienen expresidentes en la cárcel, conozco más de uno por aquí que anda suelto".

¿Se le mediría a meterle el hombro para salvar ese barco náufrago que es Inravisión?

"Inravisión parecía una enfermedad terminal desde cuando recibió la extrema unción de Paulo VI cuya visita transmitió. Por esos años, y tras la muerte de Kennedy, de Luther King, y otras muertes, el mundo empezó a moverse en dirección a esta horrenda globalización. Todo acabó en que en Colombia ya no hay correo, ni seguridad social, ni telefonía pública, ni educación universitaria gratuita…pero sí el sofisma de la libertad de expresión encarnada en los canales privados. Como dice mi gran filósofo de cabecera, el Chapulín Colorado, 'todo estaba fríamente calculado'. Lo que pasa es que fuimos tan bobos que jamás contamos con su astucia…No la del Chapulín sino la de ellos".

Eso quiere decir que en caso de emergencia, usted lo último que salvaría de su residencia sería el televisor…

"No estoy de acuerdo. Para saber el mal que se le causa a los incautos hay que ver brasieres, nalgas y estupideces con frecuencia. Tenemos que ser conscientes del daño que le están causando a aquellos que, y no es mi caso, tragan entero".

Maestro David: ¿qué puede ser más aburridor que la televisión prendida, la diplomacia y un aguacero de los demonios en Bogotá y sin sombrilla?

"Casarse con la ex mujer".

* Ricardo Rondón es periodista del diario El Espacio de Bogotá, área de Cultura y espectáculos (El texto fue reenviado a Cronopios por su autor)


 

DAVID SÁNCHEZ JULIAO:

“Efímero compositor que le coquetea al acordeón”.

Por: HÉCTOR CASTILLO CASTRO,

 

Quien no lo conozca y escuche su voz modulada, lo más seguro es que lo confunda con algún famoso locutor caribeño de antaño.

Igual su rostro jovial de mostachos espesos y mirada somnolienta escondida en lentes infranqueables, pueden propiciarle una ligera asociación con un inmigrante del Medio Oriente.

Tal vez quien lo tope caminando por cualquier tumultuosa calle de la capital del país, enchaquetado de formalidad andina, pondría en duda que se trata del mismo ser que degusta con silvestre fruición, bollo de mazorca biche con suero atolla buey, talle “guayaberas” de filigranas asiáticas, añore la música de acordeón de las llanuras del norte, incansable oficiante e investigador de la tradición oral. En fin, dejar que comparta en un instante del frío muisca su “mamadera de gallo”, para que comprenda inmediatamente que ese sujeto de alma juguetona con aire de cuentero solemne es hombre del caribe colombiano.

ARCHIVO , EL UNIVERSAL

DAVID SÁNCHEZ JULIAO, cuentista y novelista de Lorica, Córdoba.

ARCHIVO , EL UNIVERSAL

Así es David Sánchez Juliao, un costeño que nació muy cerca de las exóticas playas de Lorica (Córdoba), el 24 de Noviembre de 1945. Escritor, cuentista, periodista galardonado con premios nacionales e internacionales como El “Plaza & Janés”, “Nacional de literatura” “Libros y Letras” y el “Dulcinea”, concedido por la “Asociación Cervantina de Barcelona”. Algunas de sus obras han sido traducidas a otros idiomas, entre las que se cuentan “Historias de Racamandaca”, “Dulce veneno moreno”, “El arca de Noe”, “Buenos días América”.

Sánchez Juliao siempre se ha interesado por rescatar el acervo de la tradición popular de las sabanas sinuanas. Su capacidad creativa y versátil voz le han permitido recrear personajes anónimos de su tierra como “El Flecha” “El Pachanga” y “Fosforito”, los que han quedado inmortalizados en pastas sonoras y han sido galardonados con discos de oro por ventas millonarias; obras de raigambre popular que, para algunas personas, simbolizan “la bacanería” y la vida descomplicada del costeño. Para otros, una imagen caricaturesca y desdibujada del ethos caribeño.

Gran parte de su prolífica producción novelística ha sido adaptada a la televisión nacional. “Cachaco palomo y gato”, Gallito Ramírez” (basada en la novela-casette “ElFlecha”), “Pero sigo siendo el Rey”, “Mi sangre aunque plebeya”, son algunas de ella. Ha representado al país en altas dignidades diplomáticos como cuando fue nombrado embajador de la India durante la presidencia de Ernesto Samper Pizano.

La literatura, sin duda, ocupa su obra cumbre, la que ha resultado afín con otras inquietudes suyas: el arte y la música, especialmente la de acordeón. De allí que haya sido escogido jurado en festivales de música vallenata. Su profunda admiración por el “Negro grande del acordeón” lo llevó a realizar una maravillosa entrevista a Alejo Duran en 1986, la que fue prensada en “Discos Sonolux”, diálogo ameno y didáctico en el que se hace un recorrido por la errante vida musical del maestro, contextualizado con su canto profundo y con “solos” de su melodioso acordeón. Esa idolátrica admiración por Durán sirvió de pretexto para escribir unos libretos que dieron origen a la serie televisiva “Alejo”, encarnada por el actor barranquillero Moisés Angulo y transmitida por el canal Caracol.

Hoy, residenciado en la gélida capital, en medio de una agenda apretada por compromisos sociales, conferencias, lanzamientos de libros y fiestas privadas, de su escurridizo tiempo nos cedió unos minutos para realizar este diálogo en el que confiesa sus amores con la música vallenata y su efímera incursión como compositor de protesta.

¿De dónde nació la idea de convertirse en compositor de la música de acordeón sabanera?

—La verdad, he sido un tímido compositor en esto de la música. Cualquier día se me ocurrió componer dos letras y tararear la música y entregárselas a dos distinguidos integrantes del mundo de la canción vallenata o de acordeón. Decir que soy compositor vallenato me parecería, pues, una exageración grande y un exabrupto.

¿Cómo surgió la canción el “Indio Sinuano”, en la que su voz encarna a la de los Zenúes?

—Alcanzó unos grandes niveles de difusión entre los años 1975 y 1980. Fue compuesta en Lorica en 1974 mirando el río Sinú desde el balcón de una casa de un tercer piso y empecé a pensar que mi responsabilidad frente a la postura crítica que había asumido frente al vallenato, debería llevarme a hacer esta propuesta, una composición más raizal, que intentara, al mismo tiempo, elevar los niveles de autoestima y de pertenencia del pueblo, que coadyuvara a un mejor conocimiento de su pasado, de su historia, de su valía. Esta se la entregué a un cantante y compositor que iniciaba en el Sinú el fenómeno del vallenato de Protesta. Se llama Máximo Jiménez. Una fundación de Montería que adelantaba este tipo de trabajos, financió esa grabación y la de otras canciones de Máximo Jiménez, entre las que recuerdo se encontraba el famoso “Burro Leñero”. Esta ONG patrocinó la grabación en “Sonolux” en Medellín y curiosamente empezó a sonar en la radio de Córdoba y de Sucre con mucha insistencia. Recibí una llamada de “Sonolux”, cuyo secretario general era Eugenio Quintero, de Sahagún (Córdoba). Él estaba muy entusiasmado con que la orquesta de los hermanos Martelo grabara la canción. La disquera entregó el tema a muchos otros interpretes, entre ellos a Alfredo Gutiérrez, a Pascual Banquez y a Alejo Durán.

¿Puede recordarnos la canción?

Se acomoda los lentes. Toma pausa. Se excusa. Aclara que no tiene talento de cantante. Y entona el canto con su gracia especial:

“Yo soy indio de los puros del Sinú/

Yo soy indio cholo, chato y chiquitín/.

Esta tierra, es mi tierra/

Y este suelo, es mi suelo (Bis)/

A mi casa llegó un día un español/

Y del oro de mi padre se apropió/

Y la tumba de mi abuelo/

Como guaca exploró/ (Bis)/

Y mi tierra me quitaron de las manos/

Despojado quedé yo con mis hermanos/

Al abrigo de los vientos/

Relegado a los pantanos. (Bis)/

Y mi nombre destruyeron para siempre/

Con sus nombres bautizaron a mi gente/

Los Chimá son lo Rodríguez/

Los Arache son lo Sánchez.(Bis)/

Muchas cosas que los blancos creen de ellos/

Son producto de la raza’e  mis abuelos/

Como el bollo, la hicotea, el huevo’e  iguana y el sombrero. (Bis)/

Y mi historia la contaron al revés/

Me dejaron pocas cosas que decir/

Y lo único que queda de mi raza/

Lo usaron fue para burlarse de mí (bis)/

Indio Cholo, pelo largo, gran comedor de babilla, cogedores de cangrejo, fabricador de esterillas, con su nariz achatada, con sus pómulos salidos, con su port’e medio metro y sus tobillos torcidos.

Oigan, blancos, les advierto, sí señor/

Que mi raza volverá a estar como el sol/

A  pintarse los cachete de color/

Y a infundirles a ustedes miedo y temblor.

Porque…

Esta tierra es mi tierra/

Y este cielo es mi cielo/”

¿Qué criticas plantea en el indio Sinuano?

—En la letra se plantea el problema de la tierra. El hecho de que fue expoliada no sólo la riqueza de los indígenas precolombinos Zenúes (el oro, la cultura, la lengua, la historia, las tradiciones) sino la propia tierra, fueron relegados, como dice la canción, a los pantanos y a las peores  tierras.

Esta situación no sólo ha sido parte del pasado, sigue vigente. El “Indio sinuano” es una canción cuya letras expresa conflictos hoy. Los problemas que plantea y los llamados de atención que hace tienen absoluta validez en la actualidad. La situación no ha cambiado.

¿Como recibieron la canción los sinuanos?

—Con mucha emoción. Incluso, en muchos resguardos indígenas y en muchos grupos de trabajo de Córdoba y Sucre la cantan casi como un himno. La han internalizado y la mantienen vigente.

Hablemos de la otra canción que usted compuso “Los hamaqueros”.

—Luego tuve la oportunidad de conocer en el “Festival sabanero de acordeón”, de 1975, al compositor Andrés Landero. Él se emocionó mucho con el “Indio Sinuano” y le prometí que algún día compondría algo para él y se lo enviaría. Y compuse una canción sobre los tejedores, tejedoras y comercializadores de las hamacas de las sabanas de Sucre y Bolívar. La titulé “Los hamaqueros”. En ella planteo que también, como sucede con muchos productos artesanales del país, este también cae en manos de comerciantes inescrupulosos, quienes compran el producto a los artesanos y, luego de una cadena de intermediarios, el producto termina siendo vendido a cuatro o cinco veces su valor original. Hay también en ella una critica a esa situación, en el sentido de que los organismos gubernamentales no ejercen el control o no prestan la ayuda suficiente a estas personas que fabrican la hamaca, para que  el precio final del consumidor, pues, llegue a manos de los artesanos.

¿Cómo dice la canción?

Sonríe pícaramente y afirma: “me esta poniendo difícil la cosa, compañero”. E inicia su canto sin desafinar.

“Hace una hamaca uno acá en lo telares/

Y coge el rumbo para Medellín (bis)/

Dicen que en manos de los comerciantes/

Ellos le sacan el mil por mil.(bis)/

Coro

Preguntó yo qué es lo que pasa aquí/

Hay algo raro en este país (Bis)/

Los que trabajamos/

y producimos cosas

se nos esta prohibido

gozarlas aquí (bis)/

Y así  resulta que el que la trabaja/

difícilmente se puede mecer/

Hacen las siestas en el suelo pelado/

Apenas, compa, puede comer (bis)/

Se mece, mece esa esperanza/

Que con los años se ve perder (Bis)/

Coro

Pregunto yo desde cuando, pues…/

los espíritus se pueden mecer (bis)/

En las hamacas que ellos mismos/

han hecho en una vida que ya se fue (Bis)/

Y se diluyen las esperanzas/

de tanto, tanto, verse mecer (Bis)/

Se nos promete que en la otra vida/

nos meceremos y comeremos bien (Bis)/

Se mece, mece, esa esperanza/

que con los años se ve perder (Bis)/

¿Que posición ideológica plasma usted en sus canciones?

—El escritor debe ser el cerebro crítico de la sociedad. Es la misma posición que se destila en los libros y en las obras musicales. Es una posición crítica, desde luego, frente a una sociedad cargada de injusticias. No encajo en una línea ideológica partidaria. Lo que expresan mis libros y estas  canciones  es una posición crítica y democrática.

¿Por qué no ha continuado en la creación de canciones de crítica o de protesta social?

—Esa pregunta me la hacen respecto al cuento, y particularmente del cuento casette y de estos personajes que tantos altos niveles de popularidad dieron a mi obra. Me preguntan, ¿por qué no ha vuelto a escribir cuentos? ¿Por qué no ha vuelto a componer? ¿Por qué no ha vuelto a escribir series para televisión? Sucede que cuando uno incursiona en el mundo autosuficiente, en el genero mayor, el de la novela escrita, eso le acapara todo el tiempo, se concentra uno del todo en la obra mayor. A veces, uno deja de hacer cosas que ha debido hacer.  Siempre acudo de ejemplo al maestro Borges con respecto a las milongas. Compuso pocas de ellas, y las compiló en un solo, no muy extenso. ¡Qué tal que el maestro Borges nos hubiese regalado más milongas y más tangos!

¿Cómo han sido sus coqueteos con la música de acordeón o vallenata?

—Siempre me ha llamado la atención el fenómeno de la música vallenata. Siento por ese tipo de música un enorme respeto, sobre todo frente al vallenato clásico. Tengo desde luego algunas críticas, lo que podría ser una afirmación perogrullesca frente al fenómeno de la comercialización y rancherización del género, como reconozco también el caso de Carlos Vives, que es un caso ejemplar y paradigmático, sobre todo la primera incursión que hizo en los llamados “Clásicos de la provincia”, fenómeno al cual creo que le tocará regresar, luego de haberse dado cuenta que las otras producciones no alcanzaron el impacto sobre todo en el público colombiano.

¿Qué significado cree que tenga la música de acordeón para el Caribe colombiano?

—El vallenato ha sido un género de afirmación, que elevó los niveles de pertenencia del pueblo de la bien llamada Región Caribe. En la instrumentación del vallenato  clásico con el uso de la caja, la guacharaca y el acordeón, las tres etnias que mayormente nos componen están representadas. El acordeón, como aporte blanco; la caja, como aporte negro; y la guacharaca, el aporte indio. He hecho estas consideraciones a lo largo de mi vida y, desde luego, he logrado asistir a muchos festivales.

En las 0¡1postrimerías de esta agradable conversación, compartió un breve escrito titulado “El diablo tuvo la culpa”, el cual recoge su visión sobre la música vallenata. Dijo que desea divulgarlo masivamente, aunque hace algún tiempo se publicó en una circulación  “Diners” y  “Avianca”.

Intempestivamente, una voz con golpe caribe, irrumpió en la formalidad del dialogo: “Oye, viejo reportero, creo que eso es todo, man”

Sánchez Juliao sonríe, sabe que no puede liberarse de los “personajes” loriqueros que lleva por dentro.

Héctor Castillo Castro

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Licenciado en Ciencias Sociales. Candidato y Magister en Historia de la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Tunja. Actualmente labora en la institución Educativa Fe y Alegría Las Américas. Investigador de temas culturales y folclóricos. Tiene en preparación un libro sobre la vida y obra del acordeonero guajiro Juancho Rois Zúñiga y otro sobre música de acordeón, política y problemática social en el Caribe colombiano entre 1930-1980.

 


 

Habla David Sánchez Juliao, sobre EL FLECHA II:

 

PRIVATE“Vivimos en un país que se niega a sí mismo”

 

Por ANDRÉS FELIPE ESCOVAR

 

 

Fue una tarde estival en la que llegué a entrevistar a David Sánchez Juliao, ganador del Premio Nacional de Literatura otorgado por la Revista Libros & Letras en 2003. Desde el enorme ventanal de la sala de su apartamento en el Norte de Bogotá, se puede divisar una carrilera que en el momento de iniciar nuestro diálogo fue trasegada por una locomotora que viajaba al revés; el autor de El Flecha II miró hacia el horizonte y rascándose tenuemente una de sus manos gruesas dijo que aquello era poético. A partir de aquel momento se gestó una conversación que jamás fue grabada, pero que sirvió para romper el hielo, un diálogo que duró meses hasta que desembocó en la remisión de unas preguntas vía Internet que arrojaron lo que a continuación aparece:

Andrés Felipe Escovar: En El Flecha II, Javier Durango hace un recorrido por ocho grandes poblaciones de la Costa Caribe colombiana, teniendo así su propia odisea. ¿Hay tras todo ese trasegar una búsqueda por parte de Durango que trascienda la ilustración de esta región colombiana?

David Sánchez Juliao: Intento escribir cosas que se parezcan a mí y a los míos, frente a los cuales siento tener una enorme responsabilidad, la de ayudar a ver las propias cosas en unas comunidades o unos colectivos que, de otro lado, me han ayudado a ver las propias cosas. De esa manera, escritor y comunidad nos retroalimentamos y crecemos juntos en un proceso que podríamos llamar dialéctico, cosa que nos permite encontrarnos y valorarnos en medio del disfrute de la creación literaria. Esto, de por sí, es difícil de entender en países dependientes y subordinados culturalmente como Colombia, en donde se es más importante en la medida en que más se desprecie lo propio; lo propio, que casi siempre representa lo ridículo y peyorativizable, y que conduce, irremediablemente, según algunos, al abismo de lo fatal.

A.F.E.: Darse ‘el mundo por cárcel’, como ‘El Flecha’ lo hizo, ¿es lo que entendemos como libertad?

D.S.J.: Claro, sí, pero también podría decirse que aquellos que huyen de la justicia y que son buscados por la Interpol, como sucede con algunos prohombres colombianos, tienen igualmente el mundo por cárcel, pero en sentido contrario… como sufrimiento, como huida, pero no como disfrute de la existencia. De todas maneras, esa pregunta hace llegar a mi memoria la historia que escribiera en Nueva York en 1997, y que dice: “Era noviembre. Elliot, quien posee extraños conceptos sobre reclusión y libertad, me impresionó mientras esperábamos el ferry que parte del Battery Park de Manhattan hacia la Estatua de la Libertad. Luego de adquirir los boletos para el viaje, Elliot jugó durante un rato con las entumidas palomas del invierno de Nueva York, y dijo: ‘No me habría gustado ser paloma. Solo han sabido ser libres’. Y agregó: ‘Más bien, preferiría ser un tigre fugado del zoológico’. No presté, en ese momento, mucha atención a las palabras de Elliot. Sí lo hice al día siguiente, cuando regresó al apartamento y comentó con gesto de satisfacción: ‘Ha sido la más reveladora experiencia de mi vida. Ahora sé lo que es ser libre’. Sucedió que el ferry nos había transportado el día anterior a la isla; y luego de haber recorrido su entorno, subido a la terraza y observado desde allí la gris Nueva York de invierno, Ellis Island y las bocas del Hudson, Elliot insistió en burlar la vigilancia y quedarse a pasar la noche al interior de la Estatua de la Libertad. No sé cómo hizo, pero lo logró. Le insistí una y otra y otra vez que no se embarcara en semejante aventura, pero fue imposible convencerlo. Hice el viaje de vuelta a tierra firme sin la compañía de Elliot. Compré la prensa alarmista al día siguiente, esperando hallar su fotografía junto a un titular escandaloso. Pero Elliot no estaba entre las noticias. A las diez se presentó a casa sonriente, y tras la primera frase, soltó dos preguntas y una sentencia: ‘¿No es eso lo que nos sucede en estos tiempos? ¿No es acaso la libertad nuestra cárcel? Nada de ello entenderás hasta cuando pases una noche encerrado en esa estatua”.

A.F.E.: ¿Por qué hay más vocación para la libertad en un tipo como ‘El Flecha’ que en un oficinista de la gran ciudad?

D.S.J.: Porque este tipo de personas como El Flecha, que gozan de una calidad lumpen, poseen algo que nosotros los disciplinados y aconductados por el sistema no poseemos: una enorme dosis de rebeldía inconsciente. El día en que esa dosis se canalice en forma correcta, de manera que pudieran adquirir claridad y conciencia, mucho se podrá esperar de ellos como agentes de cambio.

A.F.E.: ‘El Flecha’, cuando acabó de hablarle de sus vivencias en Valledupar, le dijo que “si el tango es una tristeza que se baila, el vallenato es una poesía que se parrandea”, ¿una poesía melancólica?

D.S.J.: Sucede que el caribe es un ser más triste que el habitante cualquiera del resto del país, solo que lo disimulamos mejor. El vallenato es apesadumbrado, melancólico y hasta mustio a veces, como lo son también la cumbia y el porro; ritmo este último que se baila con gesto sepulcral, debido a su origen sacramental. Nadie baila sonriendo en la Costa Caribe colombiana. Y, volviendo al vallenato, recuerdo uno que estuvo de moda durante mis años de infancia: “Yo quiero pegar un grito y no me dejan, / yo quiero pegan un grito vagabundo, / yo quiero decirte adiós, adiós mi vida, / yo quiero decirte adiós en este mundo /. ¿Cómo me compongo yo en el día de hoy, / cómo me compongo yo en el de mañana, / cómo me compongo yo si vivo triste, / cómo me compongo yo? Me duele el alma”. ¿Qué mejor muestra de sufrimiento y de congoja… existencial?

 

A.F.E.: ¿Qué diferencia hay entre una parranda vallenata y una fiesta con vallenatos como las que se arman en Bogotá?

D.S.J.: Quizá… que en las de allá, en medio de su autenticidad, no se baila, casi se llora y se toma whisky fino, mientras que en las de acá, en Bogotá, se baila, se sonríe y se bebe aguardiente barato. Y, desde luego, no se exclama ¡Ay, hombe! Las de allá son un grito de autenticidad, las de acá son traspolación… y moda.

A.F.E.: Un aspecto que sorprende en el libro es la religiosidad que se vive en la Costa Caribe, como cuando narran la llegada del Papa como si fuera un partido de béisbol. ¿Podría profundizarnos un poco en la vivencia de la fe en esta región?

D.S.J.: No solo somos una cultura altamente religiosa sino también fatalista, y ambas cosas han entorpecido el desarrollo político de la región y pienso que han afianzado el caciquismo electorero. No somos menos religiosos que el resto del país, lo que sucede es que somos una cultura gregaria, bullanguera, de algazara y de ágora, callejera y oral, muy oral, con un calor que echa la gente a la calle. Así, estas manifestaciones son más ruidosas, más vistosas y coloridas y, desde luego, es más fácil detectar en ellas la presencia de fenómenos como el sincretismo.

A.F.E.: ¿Qué es estar ‘aconductaíto’?

D.S.J.: Es un término que he inventado y que he puesto en boca de mi personaje El Flecha para significar los estragos que este sistema de alienaciones y corrupciones causa en el alma de sus gentes. Estar ‘aconductao’ o ‘aconductaíto’ es seguirle el juego a lo que ordenan, tanto los medios de comunicación como la cultura de la corrupción, en un país cuyos gobiernos han estado más interesados en crear consumidores que ciudadanos. Y, mientras la gente consuma en esta sociedad de consumo y de mercado, poco importa de dónde salga el dinero para consumir. En todo caso, el sistema se hace, en el aconductamiento general, el de la vista gorda; desvían la mirada porque aquí, los dueños del país no tienen puntos de vista sino ‘Puntos de bizca’, como diría Ramón Illán Bacca.

A.F.E.: ¿A qué se debe que en regiones como la Costa Caribe y en varias poblaciones del Pacífico, a pesar de tener una marcada presencia de la raza negra en su cultura y modo de vida, exista una negación del negro?

D.S.J.: Por lo que antes decía, porque vivimos en un país en el que nos han enseñado que se es más importante en la medida en que uno menos de aquí parezca. Lo negro es, por tanto, la fatalidad. Pero no vayamos a las costas, porque igual cosa sucede, y hasta peor, en el interior del país en torno a lo indio, al extremo de que la sola palabra indio se convierte en insulto. Recuerde el aforismo: “Mejor calva que con trenzas”, mentado por las señoras.

A.F.E.: Hay un elemento inquietante en la obra que es la violencia; solo se toca de manera tangencial, pero es suficiente para que el lector quede aturdido, sin necesidad de mencionar la sangre. ¿Cómo se ha vivido este flagelo en el Caribe colombiano, teniendo en cuenta que los más recientes escándalos del país involucran a políticos de esta región?

D.S.J.: Los caribe hemos gozado a lo largo de la Historia de una vocación pacífica, pese a provenir de poblaciones fundadas a sangre y fuego por los conquistadores, a excepción de Barranquilla. Esta urbe, como usted bien sabe, fue fundada por vacas que llegaban a beber agua a unas barranquillas junto al Magdalena. La vocación pacífica de Barranquilla fue extrema, a tal punto que en los carnavales el único que moría era Joselito Carnaval, muñeco símbolo de las fiestas. Oí decir a un amigo costeño lo siguiente: “Departamento de la Costa Caribe que mete la pata en el interior, se violenta”. Me llamó la atención la frase, pero lo cierto es que hoy la violencia es un hecho innegable. Me consuela, sin embargo, lo que Eduardo Galeano me dijo un día en Cartagena: “La Costa no es violenta. En estos días, la Costa está enferma de violencia”. Ojalá nos curemos pronto.

A.F.E.: Usted no cambió una sola palabra en su ortografía respecto al habla de ‘El Flecha II’. ¿A qué autores debe ésta técnica?

D.S.J.: A la autora de mis días. A mi madre y a mi cultura madre. En especial no tuve que leer a nadie para inventarme ese recurso, que es, como el propio Flecha diría, “Made in Lorica”. Así hablamos allá y pienso que para tal obra, el lenguaje era ese. Había leído a ciertos autores que acudieron a ese recurso para algunas páginas, pero, que recuerde, muy pocos decidieron trabajar la totalidad de la obra haciendo uso de él. Pienso que es entendible y que los lectores lo han disfrutado.

A.F.E.: ¿Por qué para la narración de los hechos se valió del diálogo?

D.S.J.: Ese tono y esa estructura me permitían trabajar mi primera persona y la tercera del personaje, y en ellas me sentí muy cómodo. Además, para la obra ahora conocida como El Flecha I, es decir, el original, utilicé tal recurso, y quise dar la sensación de continuidad.

A.F.E.: ¿Ya ha sabido algo sobre el proyecto de ‘El Flecha’ de irse a los Estados Unidos?

D.S.J.: Sí, y es el mismo personaje quien me lo ha dejado saber. Pienso que escribir la obra sería una aventura más excitante para mí como autor que para él como personaje. Resulta apasionante pensar en una saga. El tiempo lo dirá. En todo caso, él está que se va…

A.F.E.: En su opinión, ¿cuál es el estado de la literatura colombiana actualmente?

D.S.J.: Pasa por uno de sus más interesantes momentos, porque se está produciendo una muy buena y loable cantidad de excelentes cosas, pero también mucha basura. Esa dualidad hace el momento, más que interesante, apasionante. Es asombrosa la cantidad de cosas buenas que se producen, y resulta interesante también asomarse a la vitrina de novedades en las librerías para advertir cómo exponen con más prominencia la basura que el buen producto. Eso a veces hace llorar.

A.F.E.: ¿’El Flecha’ alguna vez le ha dicho qué es Colombia para él?

D.S.J.: Sobre Colombia, nada me ha dicho, pero sobre la Patria –con mayúscula— sí. Un día me preguntó: “Máster Deibid, cuando los soldaditos son mandados a la selva a pelear y a morir por la Patria, ¿a qué se refiere la prensa con eso de la Patria? ¿A quién van ellos a defender allá, y quiénes son la Patria?”

A.F.E.: Y, usted, ¿qué le respondió?

D.S.J.: “Flecha: lamento comunicarte que la Patria usa corbatas de Dior, fuma Cohiba y bebe Buchanan’s….”

AFE: Y para David Sánchez Juliao, ¿qué es Colombia?

D.S.J.:
Esa, es la empleada doméstica de la Patria, y por el contrario de la patrona, bebe aguardiente y fuma Pielroja.


 


ENTREVISTA DE LILIANA MARTÍNEZ DE “EL TIEMPO” DE BOGOTÁ, NO AL ESCRITOR DAVID SÁNCHEZ JULIAO SINO  A “EL FLECHA II”, CUYO AVANCE APARECE EN “HISTORIAS ESENCIALES” Y CUYO TEXTO COMPLETO APARECERÁ COMO LIBRO EN OCTUBRE PRÓXIMO PUBLICADO POR EDITORIAL PLANETA DE BOGOTA-BARCELONA.

 

*¿Cuándo escuchó por primera vez El Flecha? ¿Cuándo para la gente ya era un texto conocido o antes de salir a la luz?

–¡Nada, ¿sabe?!  De pronto me sorprendió. Un día iba por la calle, caminando así como camino yo, con aguaje de chámpion, y oí mi voz en una grabación, y me dije: Ese, ese man que suena ahí, soy yo. Y enseguida me pregunté: ¡Eche!, ¿y quién me inventó? Y de ahí salió la frase aquella del filósofo: “Existo, luego hablo”, ¿o es alrevé?  

*¿Cuáles fueron las consecuencias inmediatas de haberse vuelto famoso debido a la publicación de El Flecha en l980?

–Bueno, ¡como será… que hasta me entrevistan en El Tiempo! A mí, al Flecha, y ni siquiera al autor.

* ¿Ha encontrado mucha gente que recite su historia tal como la contó el escritor David Sánchez Juliao?

–Él dice que ya yo pertenezco al imaginario nacional, junto a… ¡eche, mejor me callo, pa’ no meterme en líos!

* ¿Por qué quiso que su historia fuera retomada en El Flecha Dos?

–Yo mismo le pedí al máster Deibid que la escribiera, porque quería decir vainas que no había dicho. Ademá, él y yo nos habíamo dejao ganá de Hólibu, ¿no ve que ya hay un Supermán IV, un Padrino III, un Terminéitor XII y un Benedicto XVI, ¿y yo qué? ¿Yo acaso soy meno que todos ello? Por eso quería que viniera el Flecha II, que ya llegó, pa’ decí cosa que tenía atragantadas en el alma.

* En estos años ha vivido toda suerte de aventuras en diferentes ciudades colombianas y le ha tocado duro. ¿Ahora le está yendo mejor?

–Igual que siempre, sigo viviendo del rebusque, que es el deporte nacional. Me llaman “El Rey del Rebusque”; en inglé… “The Rebus-King”

* ¿Extraña sus tiempos de boxeador? ¿Se arrepintió alguna vez de haber salido corriendo esa noche en la que abandonó el ring y dejó de boxear?

–Claro que me arrepiento, pero me pregunto: ¿quién en este paí no ha salío corriendo, huyendo de algo? Todos en Colombia somos un poco El Flecha. ¿No ve cómo el gobierno recula en todo? ¡A todos se nos ha ido la luz en el estadio!

*¿Cuál es su sueño ahora?

–Convencer al embajador americano de que me dé la visa para irme a los Yunáites de “bacilón”… a ganarme mi primer millón. Claro que, pensándolo bien, a los que nacimos en barrio Kénider de Lorica, debían darnos la ciudadanía de una vé. ¿Se imagina, vieja Liliana, llegá a mi pueblo con pasaporte americano?


 

ENTREVISTA AL ESCRITOR DAVID SÁNCHEZ JULIAO

Por el periodista: Joaquín Riascos Camacho                                                                                                                                                                                                                            

 

1. JRC: ¿A los cuantos años empezó a escribir?

DSJ: Precisar una fecha, o siquiera un año, resulta difícil. Recuerdo que fui siempre un buen narrador de historias entre los amigos y la familia, y que me gustaba hacerlo en forma oral, desde luego. De repente, vislumbré que podría escribir todo aquello que disfrutaba haciendo, y empecé, tímidamente, a llevar al papel ciertas cosas. También recuerdo que empecé a percatarme de que cualquiera otra actividad me aburría y que sólo me encontraba bien narrando o escribiendo historias. Entonces, me pregunté: ¿será acaso posible vivir de desarrollar, como oficio, tal actividad? Me propuse intentarlo. Lo del compromiso del escritor, lo de aprender a escribir de la mejor manera que me resultara posible, lo de querer ser testigo de una época con las cosas que escribía, todo eso… vino después. Pero creo que lo que me salvó fue la obstinación, la terquedad de querer vivir de y para un oficio que desde siempre amé.

2. JRC: ¿Dentro de qué género escribe usted?

DSJ: Soy, digamos, un escritor multi-genérico. He trasegado por el cuento, la novela, la fábula, el testimonio, el micro-cuento, las crónicas de viaje, los libros para niños y jóvenes, el teatro, el café-teatro, los guiones para cine y televisión… y por ese invento de la llamada literatura-casete, que ahora podría llamarse literatura CD o DVD. Disfruto mucho escribiendo, y el género que escojo para transmitir lo que quiero expresar, depende de la historia misma y algunas veces del ánimo del propio escritor.

3. JRC: ¿Qué representa El Pachanga?

DSJ: De El Pachanga me cautivaron dos cosas: su manera de expresarse y su actitud frente a la vida. En cuanto a su manera de expresarse, diría que fue alguien que sintió que el lenguaje acartonado que nos venden como el buen hablar, no resultaba suficiente para expresar los avatares de su alma mestiza y de su mundo, también mestizo. Por tanto, decidió inventar un lenguaje, ese que yo uso en la obra para expresarlo. Y en cuanto a su actitud frente a la vida, pienso que era alguien que intuía que el ser caribe, con todo lo que ello implica, constituía, si no una alternativa, por lo menos una noción de felicidad. Jamás ví a alguien con una existencia tan trágica pero intentando ser tan feliz en medio de su tragedia.

4.JRC: ¿ Qué representa El Flecha ?

DSJ: Algo que considero importante: es la elipse del perdedor y de su tragedia, al tiempo que induce al lector o al oyente a preguntarse lo siguiente: ¿Cuántas trágicas frustraciones de jóvenes muchachos de Palenque le cuesta al país cada triunfo de un Pambelé? Y, ¿qué camino toman esos frustrados muchachos que no pudieron ser campeones? ¿La droga, el malandrismo, la delincuencia común, la guerrilla o el paramilitarismo  –y aún peor–, el suicidio? Cada Shakira, cada Juanes, cada Pambelé o cada Carlos Vives, cada Pibe le cuesta mucho al país en ese sentido; y ellos, no El Flecha o los muchachos de Palenque, ellos son los antihéroes del país convertidos en héroes por quienes hacen negocios con ellos: los medios de comunicación y los conglomerados económicos. Algunos aspectos de todo eso, quise mostrar en El Flecha.

5. JRC: ¿Qué libro o que libros lo hicieron famoso?

DSJ: No me considero un escritor famoso; tal vez podría ser alguien prestigioso. La fama crece como espuma y, como la espuma, vuelve a ser lo que era antes de inflarse. El prestigio, pienso, es como el vino, como el buen vino, o como los buenos rones antillanos. Ojalá pudiera conservarme transmitiendo cosas a la gente por mucho tiempo, incluso más allá de la muerte, sin haber llegado jamás a ser famoso. Ojalá no me pase como a aquellos boxeadores que trepan a la “gloria” y luego caen noqueados sobre la lona y frente a las cámaras de televisión. Preferiría que me pasara lo que le pasó al pobre Flecha.  

6. JRC: ¿A qué le debe el éxito como escritor?

DSJ: No creo que sea una persona exitosa. Pienso que mi obra, por encima de que sea buena, mala o regular, es una obra que ha generado entre el público una gran simpatía. Yo quiero a mi gente y la gente corresponde. Pero… si de alguna manera podría decirse que he obtenido ciertos logros, ello se ha debido a que me levanto a escribir cada día como si jamás nadie nunca hubiera publicado algo mío y como si nadie jamás me hubiera leído. Allí reposa la clave de todo: sentirse en el inicio aunque ya, tras lo obtenido, nos enfrentemos al final. Hoy, por ejemplo, me levanté entusiasmado con la lista que estoy trabajando con un buen amigo sobre los diez usos más populares del trupillo; un árbol de estas tierras que, según muchos, no sirve para nada, pero sí para que contra él orinen los perros.

7. JRC: ¿Qué relación tenía con Franky Linero?

DSJ: Era un muy buen amigo, un gran actor, muy caribe y muy costeño. Fue alguien que obtuvo muchos premios, casi todos los posibles en este país, interpretando casi 3000 veces mi obra El Pachanga. Su memoria me genera un gran sentimiento de gratitud y de admiración.

8. JRC: ¿En qué o en quién piensa cuando escribe?

DSJ: En una mezcla de cosas, sentimientos y actitudes. Pienso en el disfrute que me produce el escribir, en la responsabilidad que implica el querer ser testigo crítico de mi época, en el lector… y en lo que quiero, en sí, transmitir.

9. JRC: ¿Quién lo apoyó cuando quiso ser escritor?

DSJ: Curiosamente, tres ilustres personajes atlanticenses, tres ilustres habitantes de esta “mi Lorica Grande”, como llamo a Barranquilla: Orlando Fals Borda, Juan B. Fernández Renowistzky y José Consuegra Higgins. Profeso por ellos una grande admiración y experimento con la sola mención de sus nombres un perenne sentimiento de gratitud.

10. JRC: ¿Qué mensaje le enviaría a los estudiantes?

DSJ: Que sean lo que son, caribes y latinoamericanos, que se sientan orgullosos de eso, de ser lo que son, y que traten de ser felices siéndolo. Que no caigan en la trampa de ceder ante esa ley del consumismo y la alienación, la que dice que en este país se es más importante en la medida en que uno menos de este país parece. Mucho cuidado. La clave de la felicidad y del éxito tiene que ver con sentir orgullo de pertenencia y, en este caso, de pertenencia caribe. 

 


David Sánchez Juliao habla de su amigo del alma: “Se va una parte del Caribe”

 

Con la muerte de Franky Linero a sus 66 años de edad, se despiden cinco décadas de la historia del cine, la televisión y el teatro en Colombia. Paz en su tumba a quien

llegó a las 3000 representaciones teatrales de la obra “El Pachanga” de Sánchez Juliao, basada en un personje de Lorica, Córdoba.

 

Por: Álvaro Corzo V

 

 

Así recuerda el escritor David Sánchez Juliao a uno de sus más grandes amigos, el actor Franky Linero.

 

P. ¿Cómo recibió la noticia de su muerte?

R. La primera sensación que me sobrevino cuando me llamaron a las cuatro de la tarde a informarme que Franky había muerto, fue la de que un muy buen amigo se había ido sin despedirse. Una sensación de completo abandono. Lo que ahora siento es que se ha ido un pedazo de nuestra Costa, de nuestra Región Caribe.

Se nos fue alguien que nos enseñó que había un modo de ser caribe, un modo de ser costeño. Recuerdo a una persona afable, entretenida e inteligente, que humanizaba cualquier espacio mecánico que pisaba. Uno podía estar con Franky en Transmilenio, un espacio mecánico y atiborrado, pero ese espacio cobraba inmediatamente tintes de amabilidad con la presencia de alguien que siempre encontraba un punto lúdico para reír.

P. ¿Cómo se conocieron?

R. Fue en 1964. En ese entonces él estudiaba último año de derecho en la Universidad Javeriana y yo cursaba primer año, y ambos coincidimos en un llamado para crear un grupo de teatro. Él hacía de actor y yo de medio escritor. Desde entonces nos hicimos grandes amigos.

P. ¿Por qué terminó de actor si se graduó como abogado?

R. Cuando Franky terminó sus estudios de derecho, tenía todas las posibilidades de desarrollarse profesionalmente, pues su familia es una familia importante y tenía muchos contactos, pero sin pensarlo dos veces desdeñó todas esas oportunidades que le ofreció la vida en bandeja de plata, para ser fiel a su vocación y pisarle los talones a lo único que quiso ser en la vida: un actor.

P. ¿Qué obsesionaba a Franky?

R. La actuación. Se zambullía en los personajes de forma intensa. Recuerdo que cuando íbamos por la representación número mil de El Pachanga había internalizado de tal forma el personaje que el maestro Jaime Botero Gómez tuvo que llevarlo a un psiquiatra para ‘despachanguizarlo’ –según él dijo–, para sacarle el personaje de la cabeza y el alma y traerlo de vuelta a la realidad.

P. ¿Cómo era Franky cuando joven?

R. Franky era un mal bebedor, era un caribe atípico, pero era un buen bailador. Recuerdo que salíamos a bailar a las discotecas de la época en Bogotá, al Elefante Blanco, al Mamut Rosa y a La Píldora. Estas discotecas estaban ubicadas sobre la carrera 13 entre las calles 34 y 46. Allí comenzó el movimiento de las discotecas, porque hasta entonces se tenía que ahorrar mucho dinero para ir a bailar al grill del Hotel Tequendama, donde tocaba la orquesta de Lucho Bermúdez, y por supuesto nuestros presupuestos de estudiantes no nos lo permitían.

Fue en El Elefante Blanco donde nos tomamos nuestra primera botella de ron, la cual nos costó 50 pesos. En ese entonces, Franky se inventó un perro imaginario y un collar, también imaginario, con el que halaba a su perro, al que llamaba Samario. Cuando salíamos a bailar a la pista los éxitos de la época, La danza de la chiva y Strangers in the night, de Frank Sinatra, Franky halaba su perro imaginario, lo llevaba al centro de la pista y se paraba a apartar a todos los que bailaban, para que nadie le pisara al perro. Y no contento con eso, llamaba al mesero y le daba 50 centavos de propina para que le trajera al animalito un platico con agua para darle de beber a Samario. Era increíble cómo siempre toda la discoteca terminaba envuelta con el perro de ese muchacho alto y rubio de 22 años.

P. ¿Cuándo fue la última vez que hablaron?

R. Fue hace quince días. Nos reímos mucho cuando le dije que uno a esta edad tiene ganas de retornar a su tierra y que por eso yo me iba a pasar las fiestas de fin de año a la Costa y él me dijo: “Yo me quedo acá porque yo soy bogotano”. Yo le pregunté: “¿Qué? ¿Bogotano, Franky?” Y él me dijo: “Oye, uno puede hablar como habla, pero uno es de donde paga impuestos y yo pago mis impuestos en Bogotá”. No paramos de reír.

P. ¿Y el momento más feliz que vivieron juntos?

R. Fue el día en que a Jaime Botero Gómez, a Franky y a mí nos comunicaron de las oficinas del Record Guinness que El Pachanga —la obra escrita por Sánchez Juliao, protagonizada por Linero y digiriga por Botero— alcanzaba, con la función tres mil, la calidad de la obra unipersonal más representada en la historia del teatro latinoamericano.

 


ENTREVISTA DE JUAN SEBASTIÁN FORERO AL ESCRITOR DAVID SÁNCHEZ JULIAO

 

JSF: Maestro, ¿qué lo llevó a escribir? ¿En qué momento se decide por este oficio de las letras?

DSJ: Precisar una fecha, o siquiera un año, resulta difícil. Recuerdo que fui siempre un buen narrador de historia entre los amigos y la familia, y que me gustaba hacerlo, en forma oral, desde luego. De repente, vislumbré que podría escribir todo aquello que disfrutaba haciendo, y empecé, tímidamente, a llevar al papel ciertas cosas. También recuerdo que empecé a percatarme de que cualquiera otra actividad de aburría y que sólo me encontraba bien, narrando o escribiendo historias. Entonces, me pregunté: ¿será acaso posible vivir de desarrollar, como oficio, tan actividad? Me propuse intentarlo. Lo del compromiso del escritor, lo de aprender a escribir de la mejor manera que me resultara posible, lo de querer ser testigo de una época con las cosas que escribía, todo eso… vino después. Pero creo que lo que me salvó fue la obstinación, la terquedad de que querer vivir de y para un oficio que desde siempre amé.     

 

JSF: ¿Cuáles son los autores que, a su juicio, han escrito las mejores obras de la literatura colombiana y  latinoamericana?

DSJ: Es difícil llenar las expectativas de los amigos en ese sentido, pues toda apreciación sería muy subjetiva. Sin embargo, considero que en la biblioteca de alguien preocupado por la suerte de este continente no debían faltar obras de Arguedas, Isaacs y Rivera, Carpentier, Martí, Juan Bosch, Rulfo, Fuentes, Cortázar, Donoso –los dos, el chileno y el ecuatoriano–, algunas novelas de la Revolución Mexicana, de Rogelio Sinán y Raúl Leis de Panamá, de Darío y Cardenal en Nicaragua; de Roque Dalton, Carmen Lyra, Carmen Naranjo, Asturias y tantos otros centroamericanos. Por otro laod, Rómulo Gallegos, García Márquez, Vargas Llosa, Cepeda Samudio, Zapata Olivilla, Germán Espinosa, Guimaraes Rosa, Galeano, Bendetti, Sábato, Gabriel Mistral, y… mira ya por donde vamos sin haber hablado de lo anterior a lo más contemporáneo y sin mencionar la multitud de escritores jóvenes que, en más de esta veintena de países hispanohablantes nos asombran cada día con maravillosas producciones. De modo que la biblioteca sugerida podría, quizá, equipararse a la de Alejandría. Suelo advertir a los jóvenes: prepárense, pues es mucho, demasiado, lo que hay que leer para tener apenas una idea de lo que ha sido el torrente creativo de esta América Latina desde el comienzo de su historia. Fíjate que ni siquiera mencioné a los cronistas de la Colonia.  

 

JSF:  ¿Cuáles autores influyeron en su obra, en la formación de su estilo?

DSJ: Los escritores somos, usualmente, lectores desordenados y poco sistemáticos, salvo cuando se nos da por escribir ensayos, que los he escrito en poca cantidad. Acostumbramos leer de todo, lo que caiga en nuestras manos o lo que nos salga del hígado en ciertas temporadas. Desde luego, tendemos a leer más ficción que obras de otro tipo, aunque me gusta mucho la creación poética y los escritos sobre interpretación de la realidad, ante todo latinoamericana. En ese sentido, muchos autores originarios de esta parte del mundo han influenciado mi producción, pero no debo descartar los llamados clásicos universales, aquellos que nos han marcado a todos.

 

JSF: ¿Quién fue Manuel Zapata Olivella en la vida de David Sánchez Juliao? ¿Qué opina usted de su obra?

DSJ: Manuel fue mi mentor y mi maestro. Una suerte de padre, y la persona a quien –por razones de paisanaje– puse a leer mis primeras historias hace ya muchas décadas. A partir de allí, casi que no publicaba algo sin dejarlo conocer de él. Trabajamos los mismos espacios y teníamos las mismas preocupaciones y, claro, los mismos sueños. Manuel se nos fue, al final de una vida –ochenta y cuatro años— vivida a plenitud. Me correspondió el doloroso honor de dar curso, una vez fallecido, a su última voluntad: esparcir sus cenizas sobre las aguas del río Sinú, de modo que, según en vida expresó, las aguas del río llevaran esas cenizas al mar y el mar se encargara de llevarlas de vuelta al África. ¡Ya te imaginas el concepto que tengo de su obra!

 

JSF: ¿Qué representa para usted Alejo Duran?

DSJ: Alejandro Durán es para mí, ante todo, dos cosas: un excelente juglar del canto llamado vallenato y un ejemplo de verticalidad y de modestia, honradez y decoro., porque aparte de sus magistrales dotes de compositor e intérprete, mantuvo hasta la muerta una muy poco común postura frente a la vil comercialización del fenómeno que él ayudó a consolidar.

 

JSF: ¿Qué lo llevo a retomar aspectos de la cultura popular en su obra?

DSJ: Jamás los “retomé”, simplemente los expresé o los expreso. Intento escribir cosas que se parezcan a mí y a los míos, frente a los cuales siento tener una enorme responsabilidad, la de ayudar a ver las propias cosas en unas comunidades o unos colectivos que me han ayudado (ellos a mí) a ver las propias cosas. De esa manera nos retroalimentamos y crecemos juntos en una proceso que podríamos llamar dialéctico, cosa que nos permite conjuntamente encontrarnos y valorarnos en medio del disfrute de la creación literaria. Esto, de por sí, es difícil de entender en países dependientes y subordinados culturalmente como esta pobre Colombia, en donde se es más importante es la medida en que más se desprecie lo propio; lo propio, que casi siempre representa lo ridículo y peyorativizable y que conduce, irremediablemente, según algunos, al abismo de lo fatal. 

 

JSF: Vamos hablar un poco de su obra. ¿La música tuvo algo que ver en ella? ¿Que músicos considera  fundamentales en su vida?

DSJ: Claro que sí, la música ha tenido mucho que ver con mi obra, o al revés si se quiere. Es que… la música tiene que ver con todo en la América Latina, particularmente en el Caribe. Somos, diría, mera musicalidad. Presto mucha atención a las manifestaciones populares musicales y trabajo sobre ellas, pues me interesa mucho expresar sentires, y el latinoamericano dice cantando lo de otra manera jamás se atrevería a decir. Nos han acostumbrado al silencio, primero con las cadenas y el yugo y luego con la represión violenta, pero el verso cantado ha sido siempre la válvula de escape. Toda canción en este continente lleva implícita varias lecturas, lecturas que –según la costumbre histórica—escapaban a la percepción y a la censura del amo. A eso nos fuimos acostumbrando. Por otro lado, hay algo que considero fundamental en mí: la llamada música clásica universal, la que me comunica, ya no con mi continente sino con el mundo entero en las diversas etapas de su historia. Hundirse en los acordes de una composición sinfónica del romanticismo europeo o en los de una bachiana de Villalobos, es como irse a vivir por un rato a Viena o al ardoroso Brasil. En fin… habría que decir, como dicen las reinas de belleza: Me gusta todo tipo de música.

 

JSF: En  su libro de cuentos “¿Por qué me llevas a hospital en canoa, papá?”, publicado en 1974, usted muestra una problemática rural del campesino caribe. ¿En qué forma cree usted que ha cambiado la situación que vivía el campesino  de esta región del país?

DSJ: Con motivo de la filmación reciente de una película basada en ese cuento, por parte del director Rafael Loayza Sánchez, cundió en mí el asombro cuando el director llegó a mí con el primer diseño del guión. Si bien habría yo cambiado una que una palabra en el cuento y prescindido de una o dos líneas, en términos del argumento y de los aconteceres descritos, nada más habría cambiado. En eso consistió mi asombro. La situación hoy, al final de primera década del siglo XXI, es la misma de 1973, cuando el cuento fue escrito. En tantos años, nada se ha hecho por resolver los problemas de tenencia de tierras que la historia narrada plantea.             

JSF: Si no estoy mal, “El Pachanga” fue un personaje que vivió en Lorica, y que usted recreó en su libro de cuentos titulado “¿Por qué me llevas a hospital en canoa, papá?”. ¿Qué particularidad vio en este personaje?

DSJ: De El Pachanga me cautivaron dos cosas: su manera de expresarse y su actitud frente a la vida. En cuanto a su manera de expresarse, diría que fue alguien que sintió que el lenguaje acartonado que nos venden como el buen hablar, no resultaba suficiente para expresar los avatares de su alma mestiza y de su mundo, también mestizo. Por tanto, decidió inventar un lenguaje, el que yo uso en la obra para expresarlo. Y en cuanto a su actitud frente a la vida, pienso que era alguien que intuía que el ser caribe, con todo lo que ello implica, constituía, si no una alternativa, por lo menos una noción de felicidad. Jamás ví a alguien con una existencia tan trágica pero intentando ser tan feliz en medio de esa tragedia.

 

JSF: ¿Por qué comenzó a escribir una literatura especializada para ser grabada en discos y casetes, qué buscaba con estos audio-libros?

DSJ: Fue una idea concebida hace ya muchos años, hacia 1973, cuando aún no se hablaba siquiera de audio-libros, apenas empezaba a usarse el video y recién salía al mercado el casete. Fue algo temerario haber decidido hacer tal cosa. No sé, en verdad, qué me llevó a ello. Conocía muchos discos LP que contenían trozos de creación narrados en la voz de sus autores, pero jamás conocí a alguien que hubiera escrito historias con el propósito específico de ser grabadas y publicadas en discos y casetes, aunque luego fueran impresas y circularan en libros. Ahora, ¿qué buscaba con estos audio-cuentos?  Transmitir historias en las cuales ciertos matices e inflexiones de la voz aparecen tan vivos que sería imposible proveerlos del mismo significado en uso de la letra impresa. Y buscaba también experimentar, lo mismo que llegar con estas narraciones orales a un público poco acostumbrado a leer letra impresa o a un público simplemente analfabeta. Me ha honrado que la página web de Wikipedia mencione que el primero audio-libro de la historia, como tal, fuera concebido y producido por este escritor colombiano en 1973. La página, incluso, menciona concretamente la narración de El Pachanga y de “¿Por qué me llevas al hospital en canao, papà?”.  

 

JSF: ¿Como creó usted esa técnica, qué recursos literarios utiliza?

DSJ: Los mismos de toda narración, escrita u oral.

 

JSF: ¿Qué lo llevó a crear un personajes tan particular como “El Flecha”, cuál era su objetivo en el momento de mostrar esta especie de antihéroe?

DSJ: En el caso de El Flecha, una sola cosa: la de dibujar la elipse del perdedor y su tragedia, al tiempo que me preguntaba e inducía al lector o al oyente a preguntarse lo siguiente: ¿Cuántas trágicas frustraciones de jóvenes muchachos de Palenque le cuesta al país cada triunfo de un Pambelé? Y, ¿qué camino toman esos frustrados muchachos que no pudieron serlo? ¿La droga, el malandrismo, la delincuencia común, la guerrilla o el paramilitarismo  –y aún peor–, el suicidio? Cada Shakira, cada Juanes, cada Pambelé o cada Carlos Vives le cuesta mucho al país en ese sentido; y ellos, no El Flecha o los muchachos de Palenque, son los antihéroes del país convertidos en héroes por quienes hacen negocios con ellos: los medios de comunicación y los conglomerados económicos. Algunos aspectos de todo eso, quise mostrar en El Flecha.

JSF: Hablando de “El Flecha”, ya esta circulando el “EL FLECHA II: EL RETORNO”. En este libro El Flecha se recorre la Región Caribe y empieza a encontrarse con situaciones que reflejan la situación actual del país. ¿Se podría decir que nos plantea una reflexión sobre nuestra realidad?

DSJ: Este personaje, que es el mismo Flecha treinta años después de nuestro primer encuentro, nos muestra, en su trasiego por los ocho departamentos de la Región Caribe, las plagas que agobian esta área geográfica; esta vez, con algo del sentido crítico que ya le ha proporcionado la edad y tantos años de frustración. Pienso que el retorno del personaje es un pretexto para expresar muchas cosas que el autor quería mostrar en relación a su tierra y en un lenguaje tal (el del personaje) que resultara asequible a la masa.  

JSF: Actualmente son pocos los escritores que se preocupan por suscitar  este tipo de reflexiones en los lectores. ¿porqué cree que se está presentando esa falencia en la literatura colombiana?

DSJ: Es culpa de los tiempos, diría yo. Y, en la perspectiva de lo que hablamos, los tiempos están compuestos por escritores, editores y lectores. Los tres tenemos, por tanto, la culpa. El negocio editorial es un buen negocio; por tanto, a ciertos editores inescrupulosos solo les interesa vender, pues son parte del inicuo sistema de cosas que nos rige, la sociedad de consumo o la economía de mercado. Muchos escritores caen en la trampa de escribir cosas fáciles, que solo diviertan o escandalicen, pero que no planteen puntos de reflexión. Y por otro lado, los lectores que consumen este tipo de producciones impresas son, desde luego, víctimas de ese sistema que nos rige y cuya superestructura está marcada por medios de comunicación al servicio del sistema, del consumo y del mercado; medios de comunicación cuya meta es la de crear consumidores, no ciudadanos. 

JSF: En la VIII Conferencia de las Américas celebrada en Grand Valley State University de Grand Rapids, Michigan, E.U., el 5 de febrero de 2005, usted dio un discurso llamado “Juventud y Globalización”. En él usted deja muy clara su posición frente a la dependencia que tienen los países latinoamericanos frente a las grandes potencias ¿Cuál cree usted que debería ser la forma y el nivel en que los escritores y artistas deberían  participar frente a este tema?

DSJ: La inserción de América Latina en el proceso de globalización es inevitable, independientemente de que esta sea buena o mala. Inevitable como lo fueron la Conquista, el saqueo o la esclavitud. Pareciera que existe en nuestro continente un aire de predestinación a la tragedia de la dependencia. Cabe, entonces, preguntarse: ¿alcanzaremos a ser libres e independientes algún día? De esta pregunta se desprende otra, no menos atrevida: ¿Qué hemos hecho para ser libres e independientes? Y de esta nueva pregunta se desprende una tercera: ¿Lo que hemos hecho, ha sido acaso hecho por el camino correcto? América Latina no puede despegar hacia un equitativo desarrollo económico sin conocimiento y conciencia de su pasado, su Historia, su cultura –sus múltiples culturas–, su potencial como usuaria de una lengua hablada por casi 500 millones de personas y como poseedora de inmensos recursos naturales. Sólo ese convencimiento permitirá a nuestro Continente saber qué es y quién es en el contexto de las naciones del mundo; y sólo ello le permitirá saber para quién genera riquezas y en busca de qué. La sana conciencia y una práctica mesurada de nuestra predisposición al disfrute de la existencia, podría permitirnos presentarnos ante el mundo como alternativa de felicidad en el marco, eso sí, de la aplicación de un modelo de desarrollo equitativo y propio. Un modelo no copiado de modelos conocidos, en el que la lengua común sea un factor de unión, respetando los dialectos indígenas vivos al igual que la cosmovisión que ellos encarnan. Y ahora, la gran pregunta: ¿Cómo deben responder los jóvenes de hoy al reto que todo lo expuesto les plantea, y por donde tendrían que empezar? La esperanza de una nueva América Latina, nacida de un cambio radical de sus actuales estructuras, depende de que sus nuevas generaciones se preparen para ser líderes y agentes de cambio. Líderes y agentes de cambio en lo social, lo cultural, lo económico y lo político, sin dejarse sobornar, comprar ni cooptar por los dueños del poder, como ha sido la costumbre en nuestros pueblos.  Es urgente que empiece a darse el relevo en las dirigencias del Continente, y que empecemos a expulsar por las vías democráticas a aquellos que han sido los culpables de nuestra pobreza, nuestra condena al sufrimiento, a la inequidad y al subdesarrollo. A aquellos que han sembrado y alimentado la violencia y las guerras. Y muy importante: debemos, en la nueva concepción de una América Latina justa, mirar hacia las alternativas, de todo orden, a que acudieron nuestros pueblos fundantes para resolver los problemas que el  vivir en este mundo les planteaba. Esos pueblos tienen mucho que enseñarnos, pues de no haber sido destruidos a sangre y fuego por la voracidad del conquistador, esta América Latina de hoy sería muy similar a la que sus buenos hijos aspiramos que sea.


 


Alejandro Durán: La Telenovela Alejo

Entrevista de Vallenato.com a David Sánchez Juliao

 

¿El lanzamiento de la vida y obra de Alejo Durán por televisión se constituye en el suceso vallenato del fin de milenio?

Yo no hablaría de fin de milenio. Yo pienso que eso se traslapa, pasa de un milenio a otro, es del cambio de milenio. Pienso que se están jugando muchas cosas con esta producción de televisión.

 

Primero que todo a mi me parece que hay nombres de categoría, de mucha categoría, envueltos en la producción: El primero, el de Alejandro Durán, la vida del hace 10 a񯳠fallecido maestro del acordeón, luego su interprete Moisés Angulo, una persona de amplia trayectoria tanto actoral como interpretativa, tercero Julio Cesar Luna, uno de los mejores Directores de Televisión del país y cuanto una persona como yo ha propendido por la exaltación de estos fenómenos; cada uno de nosotros pues es muy conocido en el papel que le toca jugar en la producción. La idea de la vida de Alejo Durán para televisión nace el día en que Julio Cesar Luna el director y yo nos encontramos y empezamos a preguntarnos que deberíamos hacer para intentar demostrar una vez mas que este tipo de producciones que tuvieran que ver con la propia identidad nacional que exaltaran los valores de la regionalidad y la música vencieran el prejuicio que existe en los canales de televisión, en las productoras y en las programadoras sobre el hecho de que hoy en día solo las series violentas y urbanas son las que están alcanzando los mayores niveles de sintonía.

 

No fue fácil trabajar en la producción de Alejo en términos de argumentación. Yo soy el creador del argumento; de la historia. La historia tiene una libretista que se llama Miryam de Florez de Barranquilla que ha hecho un excelente trabajo de adaptación de la historia mia al lenguaje de la televisión.

Hemos trabajado Julio Cesar Luna, ella y yo conjuntamente y también conjuntamente con Moisés Angulo.No fue fácil crear el argumento de la serie de televisión puesto que necesitábamos llenar una serie de vacios que nos presentaba la vida de Alejo Durán. Quien en apariencia no era un ser épico pero si muy lírico y hubo que empezar a armar una serie de historias paralelas que pudieran dar sustento a la historia central de Alejandro Durán pero finalmente todo ello se logró, se escribió en un argumento de mas o menos 500 páginas, y a partir de ese argumento se generó una serie de libretos, se pasó a la producción en la región de Tolú, Sucre, por que el eje Tolú – Montería en los departamentos de Córdoba y Sucre nos daba la posibilidad de trabajar todos los ecosistemas. Ese es un sitio de la geografía nacional que permite trabajar en el ecosistema de mar, de río, de cienaga, de lago, de pradera y de monta񡮠

Como nosotros sabemos, gran parte de la vida de Alejo Durán transcurre cantando en las monta񡳠de Antioquia y en las estribaciones, en el valle de el Cauca y del Alto Sinú que son regiones muy quebradas. Muchas de sus canciones se afincan allí; Yarumal, Puerto Antioquia, en lo que el llamaba sus corredurías.

Solo este sitio en la Costa Norte, nos permitía trabajar todos esos ecosistemas a los que Alejo se refiere en sus canciones.

La obra consta de 300 capítulos de media hora; empieza a salir al aire en ese formato. Eventualmente pudiera según las políticas del canal transformarse en proyectos de media hora , de una hora diaria o una hora semanal de acuerdo a las fluctuaciones a las que los canales son muy dados.

En un principio pensamos nosotros trabajar directamente con la música de Alejo Durán como lo hicimos cuando en 1984 realizamos la producción de Pero sigo siendo el Rey, pero consideramos que era mucho mejor que Moisés Angulo grabara todas las canciones de Alejo para crear mucha mas veracidad.

La acción de la novela transcurre en un pueblo imaginario que se llama Costa Linda por que en términos de producción los costos habrían sido muy altos si nosotros hubiéramos seguido toda la ruta de vida de Alejandro Durán por que Alejo Durán es el único pancaribe que yo conozco o pancoste񯠱ue trabajó a lo largo de toda nuestra geografía en los ocho departamentos de la Costa Atlántica desde la Guajira hasta el Urabá, de tal manera que decidimos como centrifocar todas esas vivencias de Alejo en ese pueblo imaginario de Costa Linda para lo cual utilizamos los escenarios de Tolú.

Al principio de la novela va a haber mucho exterior, muchas tomas en exteriores en Tolú y en muchos otros sitios de Córdoba y Sucre; luego de alguna manera la acción se va a trasladar a Bogotá para algunos otros capítulos y al final volveremos a la Costa Atlántica.

Estos 300 capítulos nos van a dar permanencia de un a񯠡si que el pais va a tener durante el a񯠲000 a Alejo Durán de 7 y 30 a 8 de la noche todas las noches en los días de semana . Entonces, va a haber un renacer de este fenómeno, va a haber una renovación del interes por la música vallenata, una vigencia permanente, una presencia constante nuestra en los canales de televisión y en la vida de los colombianos y esperamos obtener pues el favor de la audiencia nacional e internacional.

Hasta el momento mis anteriores producciones han sido vendidas en 37 países de 15 lenguas o algo asi, producciones para televisión. Nosotros aspiramos con Alejo a cubrir por lo menos 30 países. Ya hay pedidos internacionales, ya la gente esta muy interesada en esto y estoy seguro de que en países en donde el vallenato juega un papel importante como México, Perú, Venezuela, Panamá va a tener repercusiones de alta consideración.

¿Qué diferencias establece usted entre un personaje épico y un personaje lírico?

A ver, en términos de lo que hablé ahora, de Alejo Durán la tranquilidad, el desprecio por las acciones protuberantes, su humildad lo podían llevar a convertir en un personaje épico pero en ese marco de humildad, de tranquilidad, de sosiego y de desprecio por ciertos valores fútiles, Alejo es un enamorado de la vida y es un enamorado de la mujer, es un enamorado de su propia ecología y de su propio sistema de vida y esas son manifestaciones de orden lírico, de corazón. Alejo no es un hombre de grandes acciones. Su inmensa capacidad subyace en el trasfondo de su liricidad; entonces fue un trabajo difícil el lograr de un personaje tan aparentemente simple hacer un Cid Campeador a partir de un personaje de esa simpleza pero fue esa simpleza la que nos permitió convertirlo casualmente en un personaje de grandeza.

¿Usted asimila lo épico a lo grande?

Sí claro, A lo monumental y lo monumental en él es su simpleza.

¿Y como se traduce esa simpleza en la vida de él y en la novela ?

En una forma comparativa, en la manera en que los otros personajes pretenden ser grandes, cuando la única grandeza que existe en toda la producción es la de él en su simplicidad

¿El fue un hombre enamorado fundamentalmente de la mujer; en torno a la mujer gira casi toda la vida de Alejandro Durán. Cómo se manifiesta eso en la novela?

Sí bueno, a través de la búsqueda del amor que él emprende saltando de mujer en mujer. Cada una de las mujeres objeto de sus composiciones está personificada y él cambia de una a otra cuando solo el amor verdadero permanece en una que no existió pero que yo le inventé. Era la única forma de resolver el problema

¿En la vida de él nunca existió esa mujer?

A nivel del género nunca existió por eso al comienzo de la novela va a encontrar el televidente una leyenda que dice "Esta obre es un homenaje a la vida y la obre de Alejo Durán pero no todos los acontecimientos pertenecen a la vida del gran maestro"

 


David Sánchez Juliao

DAVID SÁNCHEZ JULIAO HABLA DE SU "ALEJO DURÁN

EL ESPACIO – Santafe de Bogotá – Noviembre 30 de 1999 – Página 18


Por Ricardo Rondón Ch.

En su elegante apartamento de Bogotá, rodeado de las más exóticas piezas de arte y antigüedades de su colección privada, mirando hacia el intenso verde de Monserrate, el prestigioso escritor paladea un whisky de malta pura y fuma un habano cuyo aroma inunda el espacio. Mientras responde a cada una de las preguntas que hemos escogido para la entrevista, habla pausadamente pero sin titubear un instante, como si de antemano hubiera aprendido de memoria lo que tenía que decir. Sonríe ante cada afirmación, como dándose la razón a sí mismo, pero también satisfecho de que, mientras sus libros se agotan en las librerías, obtiene de nuevo, como siempre otro resonante éxito televisivo…el que congrega a millones de personas todas las noches frente al televisor, y que marca, cosa que le tiene sin cuidado, según afirma, el más alto 'rating' que haya obtenido en su historia el Canal Caracol. Le preguntamos:

Maestro : como creador y guionista de esta ambiciosa telenovela, ¿en qué momento se le vino a la cabeza escribir sobre Alejo Durán ?

DSJ: "Alejandro Durán y yo mantuvimos una larga amistad de muchos años. Desde el inicio de mi carrera de escritor fui un profundo admirador de su poesía cantada y de su testimonio de vida. No se sabe cuál de las dos dimensiones en Alejo Durán es más grande, porque era en ese tiempo muy difícil ,y sigue siéndolo, encontrar una persona que a la vez que fuera excelsa en lo que expresaba, nos enseñara con su estilo de vida y su posición frente al mundo a querer lo que éramos y a respetar la manera como sentíamos".

¿ Qué es lo que más le gusta de la poesía de Alejo Durán ?

DSJ: "Alejo es un cantante vallenato 'pancaribe'. Ello significa que en su canto expresa el Caribe colombiano en su totalidad, su sentir, sus frustraciones, su ecología y su profunda aspiración por un mundo mejor. Este 'pancaribismo' fue demostrado, también, en su estilo de vida y en su transhumancia. Había nacido en El Paso (Cesar), cuando El Paso pertenecía al departamento del Magdalena y terminó viviendo y muriendo en Planeta Rica (Córdoba), al otro extremo de la Costa. Pero siempre anduvo por toda la costa y cantó a todos los rincones y a todas las mujeres del Caribe colombiano. Así, lo que más me gusta de él es lo que representa en cuanto a símbolo y factor de unidad de la Costa y por tanto de Colombia".

¿Cómo fue la verdadera infancia de Alejo ?

DSJ: "Fue una infancia parecida a la que narramos en la novela, como peón de una hacienda llamada 'Las Cabezas', de la familia Trespalacios y Piñeres, con la diferencia de que Fidelina, a quien canta una hermosa canción, no fue la hija de los patrones (como sucede en la telenovela) sino la hija de la cocinera de los peones. El transportar a Fidelina a que fuera la hija del patrón corresponde a la intención dramática inherente a todo seriado de televisión".

Del padre de Alejo, de quien se dice que también fue juglar vallenato, se ha hablado poco. ¿ Quién era él en realidad ?

DSJ: "Era una especie de padre de Mozart, quien intentó ser un músico importante, pero a quien el talento del hijo lo desbordó. El padre de Alejo, por otro lado, parece ser el típico padre latinoamericano, o el típico soñador y andariego personaje de 'Cien años de soledad', que deposita toda la responsabilidad de la crianza y educación de los hijos en la madre, en la permanente Ursula. De tal manera que se sabe muy poco de él y su presencia en la vida de Alejo jamás fue tan importante como la de Juana Francisca, su madre".

¿Cómo ve a Moisés Angulo en esta remembranza oportuna de Alejo Durán ?

DSJ: "Cuando el maestro Julio César Luna y yo decidimos trabajar en este proyecto, supimos que iba a haber dos problemas concretos: que la gente iba a comentar que muchos de los pasajes de la obra no pertenecían a la vida de Alejo Durán, y que Moisés Angulo no era el actor adecuado para representarlo. Lo primero nos llevó a hacer salvedades en la leyenda que aparece al principio de cada capítulo, y que dice que no todos los sucesos o caracteres de la versión para televisión pertenecen a la realidad. En cuanto a lo segundo, decidimos correr el riesgo con Moisés por la profunda admiración que le tenemos, por sus grandes capacidades actorales e interpretativas y porque era supremamente difícil encontrar a alguien que fuera al mismo tiempo buen actor, buen intérprete, buen cantante, buen costeño, con porte, que diera tez oscura en el maquillaje y que tuviera cartel. ¿Quién más entonces? Alejo tenía nombre propio: Moisés Angulo".

¿Cuándo menciona lo de 'buen costeño', qué quiere decir ? ¿Cómo es un buen costeño ?

DSJ: "En el sentido que nos ocupa, un buen costeño es alguien que no traicione su dicción y su acento como le pasa a los ministros recién nombrados, que después del decreto de nombramiento empiezan a hablar cachaco".

¿Cómo hablaba el verdadero Alejo Durán ?

DSJ: "Al público televidente le han parecido muy extraños y exóticos los términos que utiliza Alejo Durán en un lenguaje y una construcción muy particulares. Alejo, en la vida real, no hablaba de 'correrías', por ejemplo, sino de 'corredurías', y en varias oportunidades hablan sus canciones de su 'nota apesarada'. Ese tipo de términos son muy recurrentes tanto en las canciones como en las entrevistas que le fueron hechas. En la serie de televisión, con el beneplácito de la libretista Myriam de Flores, decidimos rendir culto a esta manera de hablar que, y hay que decirlo, es más castiza de lo que se cree. Lo que sucede es que muchos de estos arcaísmos han permanecido vivos en el lenguaje rural de la Costa y fueron términos que se usaron en España y en sus colonias en los siglos XVI y XVII, y que han permanecido intactos transmitiéndose de generación en generación. En estos días, casualmente, encontré en el capítulo XII de 'El Quijote', la expresión 'alma apesarada'. De modo que la manera de hablar de Alejo es altamente cervantina".

¿De dónde salió la interjección 'Apa', que ya viene contagiando a los millones de personas que están siguiendo la novela ?

DSJ: "Son tres interjecciones las que reiterativamente y en un orden estricto e invariable Alejo usaba en sus canciones: 'Apa', 'oa', 'sabroso'. Las usaba,ante todo, en el momento en que entraba a ejecutar lo que él mismo llamaba, 'la sabrosura de sus bajos de complacencia'. Si bien recuerdo, a Pérez Prado lo caracterizó siempre un grito, una hermosa expresión gutural de delicia, cuando sonaba su mambo. Y es muy patente la manera como el 'Ay hombe' de los vallenatos ha hecho carrera. Recordemos también a Celia Cruz con la deliciosura de su '¡Azúcar!". Alejo se deleitaba y nos deleitaba con su "apa.oa,sabroso".

¿Cuáles son esos vallenatos más queridos de Alejo Durán que usted acostumbra escuchar?

DSJ: "Esos vallenatos, curiosamente, que tanto me han deleitado, y que en mi cuarto de música escuché durante tanto tiempo, conforman la espina dorsal del argumento de la historia para televisión. La serie está construida sobre los doce más importantes amores de Alejo, por lo tanto van a aparecer encarnados en hermosas mujeres los vallenatos de 'Fidelina', 'Irene' (la del '039'), 'Joselina Daza', 'María Mangones', 'Sierva María', 'Evangelina', y muchos otros que aun cuando no fueron compuestos por él, sí alcanzaron fama y prestigio en su voz y su acordeón, como es el caso de 'Alicia adorada', de Juancho Polo Valencia. Luego, los sitios en donde los amores con estas mujeres se desarrollan, son sitios también mencionados en las canciones de Alejo Durán: 'Los campanales', 'El río Sinú', 'Altos del Rosario', y otros. De modo que el argumento para televisión está construido sobre las canciones de Alejo que a mí más me gustaron y que el público siempre aceptó como excelentes".

¿Cómo fue la vejez de Alejo?

DSJ: "Alejo jamás tuvo vejez. Murió de la manera como todos los creadores aspiramos a morir: en la madurez, en la plenitud una carrera y del desarrollo personal, rodeado de sus seres queridos y sus amigos, y rápidamente. De tal manera que, en el momento en que la muerte lo sorprendió, Alejo era un hombre vital que había ya entregado al mundo su legado y que había recibido todos los honores que su arte merecía, siendo el más grande de ellos la admiración y el reconocimiento del público que siempre le fue fiel. Esa admiración y ese reconocimiento se debieron a que jamás traicionó su arte, jamás se vendió y fue siempre fiel al principio que una vez me expresó en una frase: 'Yo no me opongo a que los demás evolucionen, lo grave sería que evolucionara yo'".

Lo que sucedió con Salinas, ¿verdad?

DSJ: "Exactamente. Salinas es la encarnación del mal, es el Salieri del gran Mozart. Julio César Luna y yo decidimos llamar al personaje Antonio Salinas porque queríamos crear una especie de Antonio Salieri frente al Mozart que era Alejo Durán. Ese es el origen tanto del nombre como del carácter del personaje de Salinas".

¿Cuál es el estado ideal para escuchar un buen vallenato, en este caso, de Alejo Durán?

DSJ: "No es, en todo caso, el estado de ebriedad. Porque el vallenato es una cosa tan seria y expresa a tanta cabalidad el alma triétnica del habitante del Caribe colombiano, que hay que escucharlo sin beber y sin bailar: De suerte que el estado ideal para escucharlo es el del reposo y la tranquilidad, como en un domingo por la mañana, por ejemplo, o en las noches de luna creciente, con un whisky en la mano y una buena compañía al lado".

¿Lo desvela el 'rating', los tan temidos niveles de audiencia?

DSJ: "No me desvela, porque no sé en mi carrera qué es un mal 'rating'".

Y… fuera de Alejo, ¿qué más lo desvela por estos días?

DSJ: "Una mujer en la que pienso como piensa Salinas en el diablo o como piensa Alejo en Rosita. Es decir, una hermosa dama que despierta en mí todas las buenas y malas pasiones que el alma humana puede anidar. Pero también me desvela el problema de las últimas correcciones que hago a mi libro. 'De viaje por el mundo con David Sánchez Juliao', a aparecer muy pronto editado por Editorial Grijalbo-Mondadori de Barcelona, México, Roma y Bogotá."

Qué es más triste: ¿dejar una mujer o a abandonar la escritura de un libro?

DSJ: "Curiosamente, en estos días estoy retomando la escritura de un libro que escribí entre 1970 y 1972 en mis primeros años de exilio voluntario en Cuernavaca, México. Es una novela, que por ser mi primera obra jamás escrita, cuando tenía 25 años, no me atreví a publicar. Ahora la he retomado, treinta años después, y he visto que vale la pena trabajarla y publicarla. En esa época existía en mi vida una mujer a la que amé profundamente y con la reescritura de este libro se me ha revuelto todo lo que esa mujer significó para mí. De tal manera que ambas cosas fueron duras. Lo del libro abandonado y lo de la mujer que, casi trágicamente, salió de mi vida. Pero voy a colocarle al libro el siguiente epígrafe que pertenece a una copla popular: 'Cuando las ollas se parten/ y los pedazos se botan,/ ellos vuelven a servir/si en algún tiempo se topan'. ¿Qué va a pasar con el libro y qué va a pasar con el recuerdo de esta mujer? No lo sé, pero la cosa va a estar … 'Apa, oa, sabrosa".

 


David Sánchez Juliao

El Flecha II, el retorno

El Flecha II, que pronto circulará en libro como 'novela corta', publicado por la editorial Seix Barral en la Colección Biblioteca Breve, aparecerá pronto grabado en la voz del escritor.

Por Katherine Khagebé, de Discos MTM, Bogotá.

Maestro Sánchez Juliao: Editorial Planeta ha puesto a circular, en libro, El Flecha II, el retorno. Es una obra extensa: más de 150 páginas. Muy pronto, Discos MTM, lanzará la obra en varios CD’s, ¿Cómo se da el reencuentro con ese personaje que ya forma parte del imaginario latinoamericano?
"No tengo el texto aquí conmigo, pero lo he trabajado tanto que casi lo sé de memoria. Mire, así comienza:
—¡Je!, maestro Deibi, maestro Deibi. ¡Ey, el de la barba:
—Hola, ¿qué tal, cómo estás?
—Oiga: No me diga que no me conoce. A ver, míreme bien.
—¿Javier Durango…?
—… alias El Flecha, máster Deibid. El propio, el genuino, di oríyinal, ¿no me conocía? ¡Lo que es la vida, ¿ah?! Con la gloris se forgóten las memoris.
—Es que… han sido treinta años, Flecha.
—Sí, máster: como dijo Wiston Chórchil cuando ganó la Segunda Guerra: Es chamu el wáter que ha ridoco joba el London tópuen: Es mucha el agua que ha corrío bajo el puente de Londres.(TRANS) Son tévein yíars, máster. Oiga, lo andaba buscando dej'hace tiempo, ¿sabe?, como la otra ve.

"HACÍA TREINTA AÑOS QUE NO LO VEÍA"
—Oye, Flecha, ¿y cuándo te dejas ver para tomarnos algo?
—¡Ecche! Usté me hace recordá al man de Riohacha que le dijo a un amigo: Vee, ¿cuándo te dejái ve pa'tomarno'unos trago? Y el otro respondió: Vamos ya, pué… pa'salí de'so, primo. Oiga: por ahí lo he visto, máster, he sabido de usté.
En esos 30 años hice muchas cosas y compré el Jeep Willys, el W.V.M.
—¿Tonce, qué, máster? ¿Nos tomamo algo?
—Veo que andas desocupado, Flecha.
—¿Desocupado yo? Ojalá. Al meno, ya eso sería una ocupación. Estoy es… varado, máster: con ve de varilla, porque es mucha la varilla que he tirao tratando de encontrá trabajo, pero… natilla-varilla. Así que aquí estoy: va-ra-do… en do mayor: Va-ra-Doooo ¿Usté sabe la diferencia entre está varao y está desocupao? Vea: el desocupao no tiene ná que hacé; mejor dicho, es alguien que se lanzó al abismo del importa-un-pito, al Niágara del todo-da-lo-mismo y al despeñadero del eche-qué-carajo. En cambio, el varao, como yo, se la pasa trabajando buscando trabajo. Mejor dicho, buscando camello. ¿No ve que también hay una díferens, grande, entre trabajá y camellá. Un ministro, por ejemplo, trabaja. Y un obrero, camella.
—Muy profundo, Flecha.
Él insiste en que nos tomemos algo.
—Venga, vamo a meterno aquí al restaurante-bar El Mercado de Lorica, cerca, mire, del Teatro Martha. ¿Se acuerda qué quedaba ahí, frente al Martha, máster?
—Claro, Fecha. El bar Tuqui-Tuqui.
—Bien, bien, qué memoria. ¿Recuerda la mamada de gallo que le metí yo ahí, con el man del sur y el Monky-Luc, sobre la vaina de los egipcio y las pirámide cipotúas, se acuerda?
—De eso se acuerda mucha gente, Flecha.
Descripción del mercado de Lorica
—Bueno, aquí estamo, listos para hacerle cinco carambolas verbales… Déjeme llamá al mesero: ¡Psst, ey, Sobaco-sabio, ven aca, tú, ven acá.
—¿Qué se te ofrece, viejo Flecha?
—Óigale la voz, máster, de bafle roto. Ya oíste, Sobaco-sabio, lo que dijo el patrón: una media de aguardientico, con servicio.
El mesero trae la media botella y yo le digo:
—Oye, Flecha: Es la primera vez que veo a un mesero atendiendo con un periódico debajo del brazo.
—Claro, ¿no ve que por eso'e que le dicen Sobaco-sabio? Él llega a trabajá aquí al bar en la mañana, se clava el periódico abajo'el brazo, sacude los billare, atiende las mesas, pone la música, y en la tarde, sin habérselo sacao, ya se ha leío las noticia. Eso'e lo que aquí se llama sobaquismo mágico.
—Me estás mamando gallo, Flecha.
—Sí, máster, por varias vaina. Primero que todo, a mí, pa'decí verdá, me ha servío mucho lo que usté escribió sobre mí en El Flecha. Pero, máster, no ha debío contá lo de la pelea nel estadio… la parte de cuando yo me subí al rín a peliá con el Yoni Gonzále, y que cuando el Yoni me mandó a la lona… se fue la luj'en el estadio, y que el réferi empezó a contá nel oscuro, uno, tré, cinco, dié, y que cuando llegó la lú, la gente encontró la lona vacía, porque ya yo iba caminando como a trej'cuadra pa'mi casa… Eso, no lo ha debío contá usté. ¡Eche!, me dejó ante too'el mundo como un cobarde. Usté no sabe lo qu'eso me perjudicó en el viaje que hice, de tantos año, por lo ocho departamento de la Costa colombiana. Porque cuando fracasé en el boxeo, me fui a rodá tierra caribe de la Guajira hasta Urabá. Pero con eso del estadio y de la lú, me mamaron gallo en too'el viaje.
—Sí, Flecha, pero quién iba a pensar que tu historia iba a gustar tanto, y que te ibas a hacer tan popular. No se me ocurrió.
—¡Ahí tá la vaina! ¿Tampoco se le ocurrió escribí má sobre mí? En cambio esos gringo sí saben cómo'e la jugada de la continuidá en el cine. Usté y yo nos hemos dejao ganá de Jóliwu, la madre. No ha visto que ya hay un Roqui IV, un Terminéitor V, un Padrino III, un Supermán VI, ¡eche¡, ¿y yo qué? ¿Aónde está El-Flecha-Dos, El Retorno? ¿Yo acaso soy meno que esoj carajo? Fájese, maestro Deibid, con El-Flecha-Dos, El Retorno. ¡Joda!, ¿se imagina cuando hagan en Jóliwud la película'e mi vida…? ¡Tatata-táaaa!: Di-Árrow-Túuu, con Árnol Chuarsenéguer? ¡Vaya a mamar!
—Te prometo que un día de estos la escribo.
—Escríbala, pero, ¡eche!, no insista en mi volada del ring, porque eso sí me perjudicó a mí en el viaje que hice por los ocho condados de la Atlantic Coast; en los que visité, máster, vea: el condado del Cartel del Friche en Riohacha, el del Cartel del Chivo en Valledupar, el condado de La Erre Fuerte en Santa Marta, el condado del Miami-Criollo en Curramba, el Condado del Gop-peo en Cart-tagena, el condao del Suero en Sincelejo, el Condado del Bocachico en Montería… y el condado del Guineo en Urabá.
—Oye, Flecha, pero veo que has aprendido mucha cosa…
—Es que, ¿sabe lo que yo he viajao? Yo he llegao a conocerme esta Costa Colombiana como la mano de mi palma, de rabo a cabo. Camellando, y tirando varilla y sable a dos mano, pero nada. Camello sí encontré, pero trabajo no. Pero, como esto está muy hablao, vamos a ponerle un poco de animación; ahora verá: ¡Ey, Sobaco-sabio: hunde ahí en la rocola la tecla G2, llave, pa'narrarle al máster mi periplo por la Costa, empezando por la Guajira, y pa'que alguien, me pregunte de-dónde es-usté que-canta tan-bonita esa-parranda…
Alguien me dijo de dónde es usté que canta tan bonita esa parranda. Si es tan amable, tóquela otra vez…
¿Y de ahí hacia adelante, qué sigue?
"Recorre la Costa entera. Vive en cada capital de
departamento".
Ya me imagino todo lo que le sucederá…
"Las más insólitas cosas: hilarantes y trágicas. Víctima de las siete plagas que agobian a la región".
Por ejemplo…
"Bueno, en Riohacha es víctima del regionalismo que a veces nos enceguece, y acaba expulsado de la ciudad; igual le pasa en Valledupar, por culpa de un abogado llamado el doctor Culebra-en-frasco… Imagínese el mal genio del sujeto: Culebra-en-frasco. En Santa Marta se enreda, sin quererlo, en un lío de contrabando y va parar a Las Catorce Ventanas, la carcel de allá. Sale, y en Barranquilla acaba injunstamente involucrado en el secuestro del turco Zaglul, por culpa de una muchacha dizque parecida a Marilyn Monroe, pero a la que él llama Marilyn Monrobo. Se fuga a Cartagena, y acaba trabajando con El doctor Arepa, un político que sostenía que, como pasa con las arepas, político que no se voltea, se quema. Ahí aprende inglés en el Terminal Marítimo con los marineros gringos".
¿Y de ahí?
"A Sincelejo, Sucre, y se enreda con un viejo corroncho llamado don Urbano Vergara, que era… más bien rural… y ¡embustero! Esta parte me gusta mucho, porque trata de la afirmación de lo propio, y de la exaltación de la corronchería. De ahí, por otro lío, se va a lo que él llama el Houston-Téxas colombiano: Montería. Monta una ruleta de figuras y lo pelan en una corraleja. Hasta que otro lío lo manda a Urabá".
¿A Urabá?
"Claro. Trabaja en una excavación arqueológica en el Darién, pero los tales arqueólogos eran unos farsantes que sacaban unas raras sustancias en cajas marcadas con el letrero de "objetos precolombinos". Ya se imagina lo que contenían. Ese lío lo hace regresar a Lorica, en donde me narra la odisea".
Maestro: ¿y cómo termina la obra?
"—Y aquí me tiene, máster, de nuevo en Lorica, preparándome pa´reempezá el rebusque. Y, mire en toos los lío en que ese bendito rebusque me metió… deje Riohacha hasta Urabá. Pero, ajá, tengo que levantá un billetico y viajá a Bogotá a la Américan Émbasi, a ver si me dan la visa. Aunque, viéndolo bien, ¡eche!, a los que nacimo en el Barrio Kénider de Lorica, debían darno la residencia enseguida, y hasta la ciudadanía americana, cuadro. Nojoda, pa'llegá a Lorica con pasaporte gringo, loco, ¿se imagina?: ¡pantalla corrida! Pero, máster, mientras eso me sale, ¿usté no tiene por ahí un camellito que me de pa'estos día? Aja, usté sabe que uno vive, permanentemente… ¡en el rebusque, cuadro!".
Ahí acaba. Por donde el pobre Flecha empezó: por el rebusque.


 

ENTREVISTA DE DAVID SANCHEZ JULIAO A ALFREDO DE LA ESPRIELLA

 

 

“SOY ATLÁNTICO: AMPLIO COMO EL MAR Y SERENO COMO EL RÍO”

 

Por: David Sánchez Juliao

 

 

Visitar a Alfredo De la Espriella en el Museo Romántico es siempre un placer, una fiesta de la palabra, un regocijo del espíritu, un pasar revista a la historia de Barranquilla, del Atlántico y de la Costa Caribe. Se trató de una visita anunciada, a través del mejor de los conductos: el poeta Miguel Iriarte. Cuatro de la tarde, se convino: las cuatro horas de una fresca y brillante tarde barranquillera, de nubes altas y brisa fresca. Como el caballero que es, allí estaba… esperándome a las puertas de la elegante edificación, envuelto en ese aire de patriarca que ha adquirido en una como despaciosa maduración de vino español, casi de Rioja. Su sonrisa franca y sus brazos abiertos, despejando el camino para fundirnos en un cariñoso estrujón de viejos amigos, como en este Caribe se usa. Pero, de Alfredo, el maestro, el amigo, el patriarca, lo que primero saluda son los ojos: entrenados en esa mirada pícara, perequera, solidaria y cómplice. Ya sabía de qué íbamos a hablar, qué nos convocaba, de qué se trataba todo.

Íbamos a hablar de que lo que tantas veces hemos hablado: de la historia de estas tierras tan queridas y tan por él estudiadas, en un regodeo de últimos detalles, de encantadoras minucias, de deliciosas reminiscencias, de románticas añoranzas; para otros, quizá, naderías. Pero para tantos como él, sustancialidades. El abrazo fue como esa llave que abre una ventana por la que uno se asoma a un mundo pasado, pero gratamente presente en mutuos intereses y en compartidas pertenencias espirituales.

Invadimos el ámbito interior del Museo,¡tanta historia detenida, tantos momentos allí congelados!, y con un gesto de infinita cortesía me condujo al patio interior de marquesina. Allí me ofreció una silla y ordenó el café de la buena hospitalidad. Nos sentamos, el uno frente al otro, y conversamos.

 

 

DSJ:  Alfredo, maestro –empecé diciendo–, he venido a visitarte para que hablemos, esta vez, sobre el Departamento del Atlántico. Y quiero formularte una pregunta, ¿cómo diría?, suelta, tal vez, pero hecha a tu exacta medida, como por un sastre… de aquellos de antes: ¿Por qué somos Atlántico?

AE:  Porque somos caribes, y tenemos la doble influencia de río y de mar, cosa que nos ha dado todo; porque esta, desde donde hablamos, es la Puerta de Oro de Colombia, ya que  por aquí, por estas tierras del Atlántico, entró absolutamente todo a este país; y en ello, lógico, Barranquilla fue la privilegiada. Barranquilla tuvo en sus manos la llave que permitiera esa facilidad. Tú bien sabes que cuando Don Rodrigo de Bastidas llegó a estos territorios y se encontró en la desembocadura cercana con ese connubio de olas y de caudales, lo bautizó como Río Grande de la Magdalena. Aquel fue un título épico, y aún así jamás imaginó que tal río sería el río de la patria. Sí, porque ese sería el caudal que diera al país la riqueza que seguimos disfrutando desde entonces.

 DSJ:  De ahí esa frase acuñada por ti mismo, maestro, de la triple validez de Barranquilla, que fue primero río…

 AE: …después el mar y luego las alas. Esa es la parábola vital de Barranquilla, esa es la escala: río, mar y aire. Eso explica el protagonismo de Barranquilla en el país; porque, cuando llegaron los alemanes, entre ellos el señor Elbers, se percataron de que estaban desaprovechado el río, el que utilizaban solo para bongos, champanes, piraguas y canoas.

DSJ: Hablando de canoas, maestro, ¿qué había en estos territorios llamados de Tierradentro, antes de que fuera fundada Barranquilla,?

AE: Estos territorios era conocidos como Las Sabanitas de Camacho, algo muy poético, muy lindo en su nombre, cosa que trata Juan José Nieto en su famoso libro sobre las provincias de Cartagena de Indias, en donde por vez primera se habla de Barranquilla.

DSJ:  ¿Qué dice Nieto sobre Tierradentro, llamado después Barlovento?

AE Un paraje de indígenas, que habitaban esta zona del río Magdalena, donde no había nada de particular, aparte de un grupo de gentes trabajadoras, sanas y buenas.

DSJ:  Los indígenas Mokaná.

AE.:  Mokaná, con sede en Tubará, a propósito de lo cual siempre he sostenido que, ¡caramba!, no solamente nosotros los atlanticenses, sino Colombia entera, se han negado a rendirle a San Luis Beltrán el homenaje que merece, pues fue él el precursor, el promotor de la evangelización local, el gran conquistador de almas en estas tierras; porque fue él quien convirtió al cristianismo a los indios de toda esta región, no solamente de aquí del Atlántico, sino de Bolívar, del Magdalena… hasta Bogotá.

DSJ:  ¿Habla del conocido San Luis Beltrán?

AE:  Sí, San Luis Beltrán. El Papa de Roma lo elevó a la categoría de santo, reconociendo su obra misionera, como a San Francisco Javier en la China y en la India, y en todas partes. Existen interesantísimas versiones del historiador Malabeth sobre este asunto, y son ratificadas por Don José Ramón Vergara en el primer libro que se escribe, ya, pues, a fondo, digamos, sobre el Atlántico y Barranquilla; libro en el que se consigna que San Luis Beltrán construyó la primera iglesita en estas tierras, de la cual se guarda una replica en el Museo Romántico de Barranquilla, que yo dirijo. A esa iglesita se le dio el nombre de San José porque Luis Beltrán era devoto del padre de Jesús.

DSJ:  ¿En dónde estuvo localizada?

AE:  ¿Donde? Exactamente donde después estuvo el Teatro Emiliano, sitio en el cual ya no hay nada especial.

DSJ:  Y, ¿San Luis Beltrán la construyó? 

AE:  Según el decir, pues…

DSJ:  ¿Según el decir?

AE:  Según el decir popular, pues no hay un documento, pero si existen las versiones. Y a partir de allí hemos reconstruido todo eso, pero lo que resulta extraño es que San Luis Beltrán no sea el santo patrón de Barranquilla, ni de Colombia, cuando el Papa lo distinguió como el patrono de la nueva Granada. El Papa lo declaró de la Nueva Granada y, fíjate tú, nosotros no lo hemos hecho del Atlántico o de Barranquilla.

DSJ:  Pese a haber vivido aquí, no es el patrono del Atlántico…

AE:  … ni de Tubará, siquiera. 

DSJ:  Pero San Roque, que es considerado santo patrono de Barranquilla y otros lares, ya no existe. Es irónico aquello, ¿o no?

AE:  Bueno, ya te he contado las historias típicas y simpáticas de San Nicolás y San Roque.

DSJ:  Interesante sería volverlas a escuchar.

AE:  Claro que sí. San Nicolás, en la anécdota graciosa y pintoresca que viene de otra época, era, en verdad, dicen, Don Nicolás de Barros, un encomendero español de por acá, de Galapa, creo. Fue en vida tan bueno, que la población de las viejas barrancas de San Nicolás… de Barros, no de Tolentino, prácticamente lo canonizó; así que Nicolás de Barros jamás tuvo presencia en el santoral, como tampoco tuvo cielo.

DSJ:  Pero… si Don Nicolás fue un encomendero de Galapa, ¿aquello de su apellido Barros no tendrá acaso que ver con el nombre original de las Barrancas o las Barranquillas de San Nicolás?

AE: Es posible, claro.

DSJ: Tu decías ayer, maestro, en una reunión llevada a cabo en el Museo Romántico, que a veces los vacíos que nos deja la historia habría que llenarlos con imaginación y con anécdotas. Entonces, un encomendero en las tierras del Atlántico que se llame Nicolás de Barros…

AE:  ¡Santo barón! 

DSJ:  Santo barón; y que después termine una ciudad llamándose Barrancas de San Nicolás y luego Barranquilla; y encima de ello, devota de San Nicolás de Tolentino, representa algo muy, digamos, coincidente. ¿Cómo casa con todo ello con la anécdota que un día me contaste sobre la ciudad francesa de Montpellier?  

AE: Quedé sorprendido en Montpellier, cuando viajé allí, porque yo pensé que llegaba a la ciudad de San Roque, el patrono suplente de Barranquilla y el Atlántico.

DSJ:  ¿El patrono suplente? 

AE: Mira: cuando yo llegué a Montpellier, al sur de Francia y al norte de Cataluña, entre Barcelona y Marsella, nadie me supo dar razones de San Roque de Montpellier. Quedé sorprendido porque Barranquilla tiene por San Roque una devoción inmensa. Más aún, San Roque es el Santo dizque de los pobres, de la gente del pueblo.

DSJ: Claro, del pueblo raso barranquillero.

AE:  Y todo salió del hecho de que una epidemia de cólera atacó a Barranquilla, y había una señora, francesa ella, devota de ese santo francés, San Roque de Montpellier, y le pidió al santo que la curara, y tenía estampitas del santo que veneraba, y medallitas y todo eso. Total, el santo dizque le hizo el milagro. San Roque, que quede claro, es considerado por la Iglesia como el santo de la peste. Y la gente aquí empezó a creer en aquel santo, luego del caso de la francesa. De ahí nació la devoción por nuestro querido San Roque.

DSJ:  Al que tú llamas patrono  suplente.

AE: Y… mira lo que pasó después. Esa señora regaló un terrenito para que se construyera la pequeña iglesia en honor del santo en la antigua Calle Ancha, Calle Grande o Calle de Las Vacas, según la toponimia vieja de Barranquilla; hoy, Avenida de Boyacá. La verdadera Calle Ancha fue después el Camellón Abello. Las fiestas de San Roque, en un tiempo, llegaron a ser más populares y más concurridas que las del mismo San Nicolás, el que se fue convirtiendo en un santo aristocrático; o sea, el santo de la gente rica, la que vivía en el centro, porque tú sabes que Barranquilla se dividió en tres sectores cuando empezó a poblarse: el Barrio Abajo, el del río, luego el centro, y, finalmente el Barrio de Arriba; arriba del río. Estos son los tres sectores dentro de los cuales la ciudad se fue conformando.

DSJ:  Abajo, Arriba y el Centro

AE:  Claro. Entonces, cuando Elbers vino a estas tierras, descubrió todas estas inmensas riquezas, y estableció en ese mencionado Barrio de Abajo del río la primera empresa naviera que existió en el país… y en América del sur, pienso yo. Apenitas, poco tiempo antes, Fulton acababa de inventar el barco a vapor. Elbers tenia buenos medios económicos y decidió invertir.. Por esos días, se encontraba El Libertador en Barranquilla, cumpliendo la primera visita que hizo a esta ciudad, la de 1820. Elbers había conocido al Libertador en Jamaica y recibió de él la autorización para echar a andar la empresa. Luego, en el Congreso se hicieron los arreglos pertinentes.

DSJ:  Me imagino que cobraron vida de inmediato… Barranquilla y todos los municipios o poblaciones a orillas del río.

EA: Incluida Soledad… y Malambo, que cobraron importancia, porque la figura de Barranquilla, propiamente dicha, casi no existía.

DSJ: Maestro, y hablando de Soledad, ¿qué hay de cierto en que esa hoy ciudad fue primero un chiquero para la cría de cerdos?

AE: Bueno, sí, todas esas anécdotas son conocidas, muy conocidas, y tienen que surgir de alguna parte. Es posible lo que dices. Pero hay que tener en cuanta que Soledad era muy pequeño y allí no había prácticamente nada.

DSJ: Lo pregunto porque me resulta muy curioso el hecho de que, siendo la butifarra un plato español, originario de Cataluña, y que haya habido al tiempo, según la historia lo registra, una enorme porqueriza en Soledad, bueno… blanco es y gallina lo pone: de allí a la producción de la butifarra, sin duda el más representativo plato regional , no había sino un paso.

AE: Así es. Pero hay que tener en cuenta que Soledad prosperó muchísimo y vino a cobrar importancia, solo cuando se abrió el puerto. De inmediato llegó la inversión extranjera. Por ahí entraron alemanes, judíos, franceses, italianos, españoles. Seguramente existía la butifarra y con este, que fue el primer hito de los que hablamos, su producción se catapultó. El primer hito de los catorce que tiene el Atlántico.

DSJ:  ¿Cuál fue, de todos esos, el primer hito marcado?

AE:  El primer hito fue la navegación.

DSJ: La navegación fluvial.

AE: Sí, fluvial. Con Elbers. Pero Soledad era solamente “un puerto”, no era “el” puerto. Ahí llegaban champanes y otras embarcaciones similares, pero los buques a vapor no. Esos llegaron directamente aquí, los ensambló Elbers en Barranquilla, siendo el primero de ellos el Fidelidad. Zarpó de Barranquilla con éxito, lamentablemente no conoció mucho el río hacia arriba. Elbers tuvo problemas, pues se le hundieron varios barcos. Luego, otras empresas vinieron y lograron subir.

DSJ:  Tras ese hito de la navegación, se dio otro, ¿cuál?

AE: El mar. Todo empezó, en lo relacionado con este hito, en 1849, con el General Tomás Cipriano De Mosquera, el que, por cierto, venía con frecuencia a Barranquilla. Cada vez que lo tumbaban de la presidencia se venía para acá, en donde tenía buenos amigos; don Esteban Márquez, por ejemplo, quien era un prócer de Barranquilla y un hombre muy rico y muy generoso.

DSJ:  Rico y generoso.

AE:  Sobre todo, atendiendo a Mosquera en su casa. Él, Mosquera, fue quien le puso, sin querer queriendo, el apodo a Barranquilla de La Arenosa. Porque así lo escribía a don Esteban Márquez en sus cartas. Cuando le escribía le decía… “su querida ciudad arenosa”. A los de su época les pareció muy simpático ese determinativo; y la ciudad se quedó así, sencillamente La Arenosa. Don Esteban, acompañado de otros prestantes caballeros, le pidió a Mosquera el puerto marítimo, porque los barcos estaban anclando muy afuera y en el sector no había ningún tipo de organización. De modo que se hizo el primer puerto y se estableció la Aduana en Sabanilla, cerca de lo que hoy es el Castillo de Salgar.

DSJ. Todo ello, gracias a las visitas de Mosquera.

AE. Sí, señor. Tomás Cipriano se portó muy bien, siempre, con Barranquilla. Muchas obras de adelanto y de progreso se deben a él. Allí empieza ya, pues, la historia de Barranquilla como puerto, que se complementa con el muelle de Puerto Colombia.

DSJ. Construido por el ingeniero cubano Cisneros.

AE. Exactamente; y en el gobierno del doctor Rafael Núñez, quien tenía mucha fe en el destino de Barranquilla. Entre otras cosas, porque era la ciudad que le proporcionaba plata, que le producía dinero al fisco. Núñez le había consultado aquella posibilidad a Cisneros en Liverpool, cuando el ilustre cartagenero era cónsul allá. Cisneros estaba exiliado en Inglaterra, porque él toda la vida vivió exiliado. Cuando el doctor Núñez regresó y volvió a ser presidente, se lo trajo a Colombia. Entonces realizó varias obras importantes en Antioquia, construyó el muelle de Puerto Colombia, y marcó el siguiente hito: la extensión del tren a Barranquilla.

DSJ. ¿También Cisneros?

AE. Sí. Cisneros hizo la extensión, porque los primeros en haber traído el tren fueron don Julio Hoenisgberg y don Martín Weisler, alemanes que ya estaban establecidos aquí como comerciantes y quienes  vieron la utilidad que representaba el tren para el puerto. Ello, debido a las dificultades de acceder por el Canal de la Piña. Ya el tren era una realidad en Estados Unidos, en Inglaterra… en el mundo.

DSJ. ¿Ese primer tramo era el de Barranquilla-Sabanilla?

AE. Sí, Barranquilla-Sabanilla. Y cuando llega el señor Cisneros, piensa que ya Sabanilla era un Puerto demasiado estrecho, muy pequeño, y que para una mejor operación se necesitaba una bahía más amplía. Entonces busca un nuevo sitio, que resulta ser la Bahía de Cupino, en lo que más tarde sería el sitio en donde se fundaría Puerto Colombia.

DSJ. Pero, entiendo que Puerto Colombia no se llamó Puerto Colombia en un principio.

AE. No, no. Siempre se llamó Puerto Colombia. Aunque en torno al nombre existe una anécdota muy graciosa. Cuando Cisneros terminó la obra, le dijo a Núñez: Doctor Núñez, esta obra es suya. Ya está listo Puerto Núñez. Entonces, Núñez replicó: No, señor, de ninguna manera, este puerto se llamará Puerto Cisneros. Y así, entre uno y otro, que no, que sí, que no, que sí… Y terminaron cediendo los dos, transigiendo y llamándolo Puerto Colombia. Así fue bautizado en 1894.

DSJ. Y, luego, se construyó el ferrocarril Puerto Colombia–Barranquilla.

AE. Así es. Ese puente lo tendió Cisneros. Él creó una compañía en Londres y de allá llegó la primera locomotora que cubrió ese trayecto.

DSJ. ¿En dónde se encuentra hoy esa máquina locomotora?

AE. Bueno, no es la misma locomotora, pero sí existe una parecida del mismo año y fabricada por la misma casa inglesa. Fue traída desde La Dorada, Caldas, en muy malas condiciones y restaurada aquí en Barranquilla para ser colocada en los predios de la antigua Aduana, mirando hacia Puerto Colombia, en dirección al antiguo tendido de los rieles… lo que es hoy la Vía Cuarenta de Barranquilla.

DSJ. Una de las máquinas, pues eran cuatro, ¿o no?

AE. Claro. Yo la gocé mucho de pelao, de muchacho, porque la fiesta para todos los niños en Barranquilla consistía en ir al mar los días domingo, los días de fiesta y de vacaciones. Era muy rara la familia prestante de Barranquilla que no tuviera casa en Puerto, en Salgar o en la playa. Lindísimas residencias, casas solariegas…

DSJ: ¿Pero se iban en tren?

AE:  En tren. Porque no había carretera.

DSJ. Funcionó ese tren… ¿hasta cuándo?

AE: Hasta 1937, cuando se inauguró el Terminal Marítimo. Unos días más, unos días menos,  hasta que llegó…

DSJ. … el nuevo hito.

AE. Los teléfonos, que aparecen entre esos dos hitos antes mencionados. Fueron los primeros teléfonos que se instalaron en el país, cuando llega Mister William Lab, un personaje norteamericano que se vincula a los negocios empresariales aquí. Él instala los primeros teléfonos que comunican a Barranquilla… ¡con Soledad! Imagínate.

DSJ: Me imagino. La gente debió haber sospechado que aquello era algo fuera de toda lógica.

AE: Eso era un sistema del diablo.

DSJ: El Sistema Bell.

AE. La gente le cogió miedo. Decían que eso era asunto del diablo, que cómo así que con un alambre iban a poder comunicarse a semejante distancia: de aquí a Soledad. ¿Como así? La gente no quería ni comprar el aparato ese, porque eso estaba como endiablao.

DSJ. Al respecto de eso, guardo conmigo una anécdota simpatiquísima, como tú dices. Alguna vez, en uno de mis viajes, tuve oportunidad de visitar los archivos del New York Times, en La Gran Manzana, y accedí a una corta noticia, perdida en las páginas interiores, que decía: “Un señor desquiciado, un tal Alejandro Bell, dice haber inventado un aparato que es capaz de transmitir la voz humana a distancia mediante el uso de un hilo”… y comentaba a renglón seguido el propio New York Times: “En caso de que tal invento fuese cierto, habría que preguntarse: ¿De qué serviría algo de esa naturaleza? Es claro que tal invento carecería de toda utilidad práctica”.

AE: ¡Qué maravilla!

DSJ:  Claro, ¿te imaginas? Si así pensaba el New York Times en la Capital del Mundo, acá, desde luego, se debió haber pensado lo que tú dices: que era un invento del diablo.

AE: Del diablo, claro, porque eso era imposible, no se podía concebir que a través de un hilo la voz llegara tan lejos…

DSJ: ¡… como hasta Soledad!

AE: En medio de todo aquello, la gente decía: Bueno… ¡pero si hay recaderos! Aquí había unos muchachos, unos pelaos que llevaban papelitos y recaderos, de modo que todos exclamaban: ¡Pero si el recado lo mandamos… y llega más rápido que la voz en el teléfono!

DSJ. Que una llamada.

AE. Sí, claro. Ese es otro hito importantísimo. Después, ya terminando el siglo, el país, conmovido por las guerras civiles, se atrasó enormemente. Barranquilla seguía siendo una ciudad pequeña, dinámica, próspera, por las razones ya conocidas, pero no era capital de departamento. Seguía siendo, como todas los demás pueblos de por aquí, provincia de Cartagena. Entonces, se crea un movimiento político que pretende pedirle a Núñez algo que él nunca quiso. Y ello era que se creara el Departamento del Atlántico. Era lógico que no le hiciera buena cara al asunto, porque Barranquilla tributaba mucho al fisco de Cartagena, su ciudad natal. Pero murió Núñez casi en seguida, ya que estaba muy enfermo. Debido a su estado de salud, no pudo venir a inaugurar el muelle de Puerto Colombia. La campaña para la creación del Departamento la continuaron dos hombres ilustres, personajes destacadísimos, que fueron los creadores, en realidad, de la nueva entidad territorial… el uno era de Baranoa y el otro de Sabanalarga.

DSJ. ¡Ah, caramba! Eso es supremamente importante para la historia del Departamento del Atlántico: un baranoero y un sabanalarguero.

AE. Así es: Don Francisco Insignares Sierra y el Doctor Clemente Salazar Mesura; y Don Julio Vengoechea, que había nacido en Panamá… que era entonces parte de Colombia. Ellos tres, políticos interesados en crear el Departamento, ya sentían que había madurez para dar ese paso.

DSJ. Todo eso, durante el gobierno de general Reyes

AE. Por supuesto. Entonces, Reyes estudió la cosa, había una Asamblea Nacional Constituyente, de modo ellos fueron constituyentes y presentaron el proyecto y se aprobó. En junio de 1905 se posesionó el primer gobernador, nombrando entonces las provincias del departamento, siendo, pues, la más importante: Sabanalarga. Y luego Baranoa y Galapa, que tiene, como tú sabes, esta última, la anécdota esa, graciosa, pintoresca, poética, de las vaquitas que llegaron por acá y de donde procede Barranquilla en su fundación. Hay un cuadro muy hermoso en el que Max Henríquez, el gran pintor y dibujante, plasma, evoca esos momentos. Y así se constituyó el departamento más pequeño de Colombia, en tamaño, en proporción, pero yo diría que en dimensión… uno de los más grandes, y que ha sido un departamento próspero, con una capacidad de trabajo increíble y con un estilo de comunicación y de afrontar la vida muy especiales. De inmediato se pensó en grande, en hacer una unión costeña, que fue un paso trascendental. Aunque hay que aclarar que hubo un momento en que la idea, lástima, perdió altura. Eso sucedió en el año ocho, cuando le quitaron el nombre a la unidad territorial y la llamaron Departamento de Barranquilla. Pero en el año diez rescataron el nombre original y lo volvieron a llamar como se llama: Departamento del Atlántico.

DSJ: Ahora que mencionas que Salazar Mesura era sabanalarguero, me pregunto: ¿A qué se debió el auge intelectual de Sabanalarga, en donde dicen que la inteligencia es peste? Y, aclaro: donde algunos ingratos sabanalargueros sostienen que ya vacunaron. (RISAS) Pero es claro que se distinguió siempre Sabanalarga por ser una comunidad dedicada al cultivo de las letras y de las artes, y que produjo y sigue produciendo historiadores, pensadores, políticos… creadores. Y buenos lectores, en su gran mayoría.  

AE: Pienso que, de alguna manera, los sabanalargueros eran como los de Barranquilla, o como los de Baranoa, o Soledad, o como los de otros pueblos, donde muchos accedieron a la herencia de sus ancestros, de pueblos cultos. La familia de Don Clemente Salazar, por ejemplo, era de origen portugués; otros eran judíos sefarditas, franceses, españoles. Además, recordemos que había pretensiones en esos momentos de que la capital del Departamento fuera Sabanalarga. Pero, por supuesto, Barranquilla tenía ya todo el derecho a reclamar título de capital, porque en la práctica ya lo era.

DSJ: ¿El conato de hallazgo de petróleo en Tubará y Galapa no marca acaso uno de esos hitos de los que hablas?

A.E. No, porque no se logró. Se decía que toda esa zona era petrolífera, pero no resultó siendo cierto.

DSJ. ¿Y lo de El Volcán del Totumo no tiene que ver con eso?

AE: No, no lo creo. Y, a propósito de eso, ¿sabes quién descubrió ese volcán? Lo descubrió Humboldt, cuando estuvo en sus correrías por aquí, y lo llamó Turbaquera, y así aparece mencionado en su famoso libro. Gracias a Humboldt se sabe que la más grande de todas las turbaqueras del mundo es El Volcán del Totumo. Cuando yo fui director de Extensión Cultural del Departamento organicé unas excursiones todos los domingos a diferentes municipios del Atlántico, con el fin de mostrar las riquezas y las bellezas que teníamos. Invitábamos a importantes conferenciantes amigos, como Armando Dugand, Aquiles Escalante, Carlos Angulo Valdez, Enrique Tovar Ariza, todos ellos grandes intelectuales, que hacían conferencias en la chiva en la que nos transportábamos. Porque se trataba de conferencias en chiva. Así recorrimos los distintos rumbos del Departamento: el volcán, las cinco lagunas, los petroglifos Mokaná de Tubará, los pueblos del río, en fin… Eran recorridos presididos y guiados por estos extraordinarios científicos sociales que han dejado obras extraordinarias. Todos tenían un gran verbo, el menos locuaz era Don Julio Enrique Blanco, pero es a quien le debemos grandes hitos en la cultura del Departamento: el Museo del Atlántico, la Universidad del Atlántico, la Escuela de Bellas Artes.

DSJ: Sigamos con la enumeración de hitos: ¿cuál es el siguiente?

AE: El siguiente hito que viene… es el de las alas. Llega de la mano de un hombrecito curiosísimo, gringo él, y a quien sus amigos llamaban “Crazy”, es decir, el loquito. Era William Knox Martin, al que se le dio por crear una compañía de correo aéreo con un avioncito que armó aquí en Barranquilla. ¡Un disparate! Y empezó a hacer piruetas por todas partes, sobre las torres de la iglesia, sobre las calles, por encima del río; tanto así, que el padre Revollo prohibió tales audacias para evitar que fuera a tumbar la iglesia. Entonces, don Mario Santodomingo, que en ese entonces todavía no era rico, y que era amigo del “loquito” Knox Martin, lo secundó y lo acompañó. Fue así como una buena mañana volaron juntos y  lanzaron desde los aires la primera talega de correo sobre la plaza principal del municipio Puerto Colombia. Corría el 18 de junio de 1918. Hazaña que 50 años después, yo conseguí que don Mario Santodomingo repitiera, pero esta vez con un hijo de Knox Martin, que también era aviador y que vino de Nueva York traído por Julio Mario Santodomingo, el hijo de Don Mario, para esos efectos. Ese día conmemoramos aquel episodio, lanzando otra vez una talega sobre Puerto Colombia, pero desde una avioneta de Pablo Obregón.

DSJ: Ahora:  ¿qué tiene que ver todo aquello con Scadta?

AE: Scadta, Sociedad Colombo-alemana de Transporte Aéreo, precursora de Avianca, se funda seis meses después. Don Ernesto Cortissoz, quien también había volado en otras ocasiones con Knox Martin, se asocia con unos alemanes y crea la empresa Scadta con unos cuantos aviones Junker. Este es un hecho muy importante, porque en primer lugar logra romper el miedo a volar que sentía la gente, y por otra parte logra estudiar la complejidad de nuestros vientos huracanados y estabilizarse como empresa. Ello, a diferencia de una compañía antioqueña que experimenta con unos primeros vuelos exitosos entre Barranquilla y Cartagena, y que después sufre un par de siniestros que la hacen renunciar. En cambio, Scadta firma las escrituras de creación el 5 de junio de 1919 en el sitio de Veranillo, y el 20 de febrero de 1920 hace su primer vuelo oficial. Y aquello tiene un desarrollo tan rápido que, al poco tiempo, tras los contactos pertinentes, se introducen nuevos aviones. Estas nuevas aeronaves tenían capacidad para transportar catorce pasajeros con el propósito de volar de aquí (porque todavía no se conocían las rutas del interior) al extranjero. Así, empezaron volando a Panamá, a otros lugares de Centroamérica, a Cuba y a Tampa, en la Florida; cosa que dejó a los gringos con la boca abierta.

DSJ: Claro, ¡toda una hazaña!

AE: Tú lo has dicho: una hazaña. Aquello provoca que, cuando los gringos crearon la aerolínea Panamerican, proceden a inaugurarla con un vuelo en un inmenso avión de cuatro motores que hace la ruta Tampa-Barranquilla. Todo, con el propósito de homenajear a nuestra ciudad como cuna de la aviación en América. Aquel avión del vuelo inaugural estuvo piloteado nada menos que por Charles Lindbergh, pero tuvo que acuatizar de emergencia en la laguna de Soledad debido a un mal tiempo.

DSJ: Luego del de las alas, ¿cuál es el siguiente hito?

AE: El siguiente hito tiene nombre propio, y es un gringo, otra vez. Mr. Karl C. Parrish, a quien le pareció sorprendente que una ciudad con tantos recursos y tan buenas y elegantes familias, permitiera que su clase dirigente viviera hacinada en el centro; en el mismo lugar de los comercios. Regularmente, la gente tenía sus oficinas y sus almacenes en el primer piso y sus viviendas en los pisos superiores. Entonces, don Karl encontró en su búsqueda una finca que pertenecía a la familia De la Rosa Fuenmayor… y que se llamaba El Prado. Compró Don Karl aquella finca y empezó a construir un nuevo y modernísimo barrio; el primero de su tipo en el país. A la vuelta de cinco años, El Prado, como es sabido, se tornó en todo un espectáculo urbano. Claro, porque los nuevos dueños eran personas con capacidad para traer grandes arquitectos del extranjero.

DSJ: Entiendo que el hito siguiente está también relacionado con Don Karl Parrish.

AE: Claro que sí. Don Karl decide quedarse a vivir en Barranquilla y le propone a la ciudad la creación de las Empresas Públicas Municipales. La ciudad acepta la propuesta y se crean esas empresas públicas, que empiezan a funcionar gracias a un préstamo que le concede una compañía fnanciera de Chicago.

DSJ: A partir de allí, me imagino, los hitos –como los llamas— se multiplican y catapultan.

AE: Lógico, como en todo. Aquella experiencia de las Empresas Públicas Municipales produce dos hitos más: el primer acueducto moderno de Colombia y la primera pavimentación, moderna también, en 1930. Pero antes de que finalizara la década del 20, se marca otro hito: el de la radio. Nace la primera radioemisora con licencia oficial en el país, la HKD de don Elías Pellet Buitrago. Eso fue importante, porque hace visibles a los artistas por primera vez; a una serie de grandes voces e instrumentistas que llegan a cobrar importancia en la vida cultural del Departamento y del país. Y, digo visibles, porque, además de cantar, actuaban en las salas del radio-teatro.

DSJ: Y, a nivel… ya no de la capital, Barranquilla, sino del Departamento del Atlántico como tal, ¿de qué hitos podemos hablar?

AE: Bueno, varios de los que hemos nombrado tocan la esencia departamental. Empezando porque la primera llamada telefónica jamás hecha en Colombia, entra a un teléfono del Municipio de Soledad. Por otro lado, la primera talega de correo aéreo cae sobre la plaza de Puerto Colombia. El primer vuelo internacional que se da en Colombia no es aquel de Tampa-Barranquilla, como se planeó, sino Tampa-Laguna de Soledad. Ese es el suelo, el soledeño, que Lindbergh pisa por primera vez en el país. Los primeros barcos de alguna consideración no llegan a Barranquilla propiamente, sino al puerto de Soledad. El Primer muelle de Colombia es el de Sabanilla; y el primer gran muelle, el construido por Cisneros en Puerto Colombia. Por otro lado, Humboldt estudió el Volcán de El Totumo. ¿Te parece poco todo ello?

DSJ: Pensándolo bien, los hitos de que hemos hablado han marcado su presencia, más en el Atlántico que en Barranquilla.

AE: Pero a esos hitos concretos y reales hay que agregarles, hablando del Departamento, ciertos hitos sentimentales. Por un lado, Usiacurí, con la figura del poeta Julio Flórez, quien llega a buscar salud allí por sugerencia de un médico barranquillero, el doctor Vengoechea, quien se encuentra con el poeta en Panamá y le recomienda las aguas medicinales de aquella hermosa y pintoresca población. Y así, el ilustre hacedor de versos llega, se amaña, se enamora, se casa en Usiacurí… y allí muere, convirtiendo el pueblo en un lugar excepcional.

DSJ: Pero si Julio Flórez llega a Usiacurí, otro gran poeta, Porfirio Barba Jacob, llega a ser profesor por algún tiempo en la escuelita rural de un municipio del Atlántico, ¿es ello cierto?

AE: Claro que sí: el mismo Porfirio Barba Jacob, ¡nada menos! Otro hito del Atlántico. Él llegó, como muchos otros, aventurando, y se presentó al periódico La Prensa, que acababa de inaugurarse, diciendo que era periodista; y allí lo contrataron. Pero como era un ser un poco extraño y tomaba demasiado, lo cesaron. Entonces, el mismo director del periódico, quien no dudaba del talento del joven poeta, lo recomendó a la Secretaría de Educación como un muchacho inteligente, y terminó empleado como profesor en una humilde escuelita de Malambo. Allí tampoco duró mucho, porque él no duraba en ninguna parte. Pero dejó como testimonio de su paso un bello poema a Barranquilla, que casi nadie recuerda. Aquí hizo amistad con el poeta Leopoldo De la Rosa, con quien luego se encontraría en México. De la Rosa fue un gran poeta barranquillero, a quien verdaderamente se puede llamar el poeta del mar.

DSJ: En términos del Carnaval, ¿cuáles podrían ser los aportes del Atlántico a Barranquilla?

AE; Todos. Todos. Barranquilla tiene una historia carnavalera. El carnaval es broma, burla, pereque, tomadura de pelo, mamadera de gallo, y todo esto lo practicaba el pueblo, la comunidad. Las clases pudientes no hacían carnaval, no lo festejaban. Unicamente, el día domingo hacían una fiesta, muy elegante, en el Club del Comercio y luego en el Club Barranquilla. Pero… como la fiesta popular empezó a prosperar y a hacerse contagiosa, en el Barrio Abajo y luego en el Barrio Arriba, la clase dirigente se contaminó de carnaval, digamos. En esos barrios, especialmente en el de arriba, se hacían disfraces y mojigangas graciosísimas: Los doce pares de Francia, La burra mocha, Los Tigres, El Torito, Los Coyongos, Los Goleros y muchas otras, acerca de las cuales es imposible precisar de dónde vienen. Sin embargo, se sabe que llegaron de los pueblos del Atlántico… y de los pueblos del río, del Magdalena abajo. Hay ciertas expresiones, o danzas, cuyos orígenes sí se pueden precisar, como la Danza del Caimán, que se sabe que viene de Ciénaga, Magdalena; o Las Farotas, que viene de Talaigua. Ahora, bien sabes tú que muchos de los disfraces del Carnaval de Barranquilla, muchas otras danzas, mojigangas y comparsas, y muchas máscaras especialmente, provienen de pueblos del Atlántico, y no de la propia Barranquilla.

DSJ: Para terminar, maestro querido: ¿qué representa para Alfredo De la Espriella ser atlanticense?

AE: Para mí, representa plantarme frente a un horizonte amplio y sereno. Amplio como el mar y sereno como el río. Tal vez yo soy así, porque yo soy Atlántico, tanto como soy Barranquilla.

DSJ: Pero el Atlántico es también altivo como las aves. O sea, que el carácter de los hitos que hemos mencionado marcan el temperamento y la personalidad del atlanticense.

A.E: ¡Y la personería!

DSJ: A estas alturas, mi pregunta es: ¿hubiera sido posible un fenómeno como el de Barraquilla sin ese modo de ser atlanticense?

AE: Quién sabe… Difícil. Porque los pueblos son como los volcanes, tienen la fuerza de gravedad adentro.

DSJ: Barranquilla, entonces, es la fumarola, pero sin esa fuerza interior… quién sabe…

AE: Sí, ¡quién sabe! Barranquilla es una ciudad de desafíos; por eso encarnó todos esos hitos del mar, del río y del aire. Ha tenido grandes altibajos como todas las ciudades, por diversas situaciones. Barranquilla nunca ha sido una ciudad rica, pero ha sido próspera; no ha sido una ciudad aristocrática, pero ha sido una ciudad elegante y fina. Y, en el fondo, todo el Atlántico es un pueblo de gentes del mismo parecer. No se puede decir que la gente de Luruaco, de Sabanalarga, de Sabanagrande, de Pital, de Baranoa… es distinta.

DSJ:  Además, siendo un territorio tan pequeño, eso debe contribuir a mantener tal carácter.

AE: Seguramente. Pero es que… de esos pueblos del Atlántico nos ha llegado a Barranquilla mucho talento: los abogados y los políticos de Sabanalarga, los poetas y los músicos de Soledad, los artesanos de Galapa, los deportistas de todas partes…

DSJ:  Bien, maestro Alfredo De la Espriella: ha sido muy grato reunirnos en estos enaltecedores espacios del Museo Romántico, de su museo, de nuestro museo, a hablar de estos temas tan atlanticenses y tan poco tratados. Ya nos sentaremos a hablar un día de su querida Barranquilla…

AE: Y, sobre todo, de los cuentos que no se pueden contar.

 

 

Barranquilla, 2006 

 


Entrevista al escritor colombiano DAVID SÁNCHEZ JULIAO, a propósito del CURSO DE FORMACIÓN PARA EDITORES IBEROAMERICANOS (Fundación Carolina –Federación de Gremios de Editores de España, Universidad Internacional Menéndez Pelayo y Universidad Complutense de Madrid)

 

Por: Katherine Garzón-Bedoya

 

KGB: Maestro Sánchez Juliao: Usted, como escritor, ha tenido la oportunidad de trasegar por diferentes géneros de la literatura (novela, crónica, cuento, fábula, etc.), tanto para adultos como para niños.  Usted es uno de los pocos, y no temo en decir que el primero, en Iberoamérica, en atreverse a crear literatura para ser transmitida por medios tan en boga como los discos compactos (CDs) y en un tiempo no lejano en casetes (70s). ¿Cree usted que esta versatilidad es lo que ha hecho que su permanencia en el medio ya ronde la cuarta década entre los anaqueles de librerías, discotiendas, bibliotecas y en el gusto del lector?

DSJ: El escritor es, ante todo, un ordenador del mundo, del caos. Para él, el mundo que lo rodea, es el mundo; y el caos, es el que lo circunda. De modo que, en el intento de ordenar el mundo, lo que termina ordenando es su mundo. Ese intento de ordenamiento del mundo, ejercido desde distintos frentes, es a los que muchas personas llaman géneros o actitudes. Por otro lado, quien dedica su vida a este oficio, enfrenta el mundo desde diversas perspectivas, desde diversos lenguajes y distintas voces, pero siempre, siempre, desde una única actitud: la que él juzga la correcta. Actitud que es, por demás, subjetiva. Así, trasegar por distintos géneros no implica un ‘desorden’ en la producción. Todo lo contrario, la hace coherente, abundando en la perspectiva que del mundo tratado se tiene.

KGB: Maestro, su obra se ha caracterizado por ser el reflejo del entorno en el que se ha desenvuelto, así como por una marcada relación con la música y las costumbres populares de Colombia, México, India y los más de setenta países que usted ha visitado, o en los que ha vivido.  Estando su obra tan relacionada con la idiosincrasia de los pueblos, ¿qué opina de la globalización y de cómo ella beneficia, o no, tanto al lector y al mundo editorial?

 

DSJ: Soy yo quien pregunta: ¿qué se intenta globalizar con la globalización? ¿Acaso se intenta legitimar aún más los ya legitimados –entre comillas— valores de Occidente? El término globalización es sano en su esencia. Pero bien sabemos que, en la forma como hoy su usa, se pone al servicio de intereses económicos y financieros de orden transnacional. En términos editoriales, todo ello va emparentado con la arremetida cultural de los nostálgicos imperios, o con los aún vigentes imperios seniles. Los Supermen seniles, como Carlos Fuentes los llama. No creo que, ya globalizado el mundo editorial, contemos en el subdesarrollo con la fuerza necesaria para hacer que nos lean tanto como nosotros tenemos que leerlos a ellos. Aclaro: ¡aunque mucho tengamos que decir en beneficio de la especie humana! Por ejemplo, aunque sostengamos en cuantos libros queramos, que la lúdica, la alegría, el desenfado, la actitud de disfrute de la vida a través de la música, el baile y la comida en Iberoamérica, representan una alternativa de felicidad… para los habitantes todos del Globo.

 

 

KGB: Maestro, retomando lo de la globalización, ¿cree usted que el hecho de que haya menos lectores en el mundo se debe a la influencia que sobre el grueso público ejerce la televisión, el cine, los ordenadores o computadores y las nuevas formas de educación masificada?

 

 

DSJ: Mire, en la India se transmite televisión únicamente durante cuatro horas al día. Lo apenas necesario. Y los programas resultan aburridos y lerdos para los occidentales acostumbrados al bombardeo de efectos visuales, de publicidad ruidosa, de nalgas y tetas. Los indios, o hindúes, hasta en eso, son sabios. Consideran que hay mucho que leer y mucho más que pensar, y mucho más que hablar con amigos y familiares, para sentarse a embrutecerse frente a una caja con pantalla. A veces pienso que, más que en radios, televisores y ordenadores, ‘la verdad de ser’ en cada cultura está en las novelas, la música y la tradición oral. Confusio, Mahoma, Cristo, Rousseau o Marx, no conocieron un aparato de televisión, así como Cervantes jamás tuvo ordenador o computadora.

 

KGB: Maestro, usted publica sus obras con siete casas editoriales diferentes y con dos casas disqueras, por lo tanto conoce el difícil momento que atraviesa el mundo editorial y el discográfico.  ¿Piensa usted que, con el advenimiento de nuevas tecnologías en el área de impresión, se intensificará aún más el efecto “todo vale” cuando se habla de libros, que se elevan rápidamente en la lista de los más vendidos, sólo por estar en los anaqueles de aeropuertos, y que saturan el mercado… por ejemplo?

 

DSJ: “Sólo debieran existir los libros que un buen intelectual o un buen científico tienen en sus bibliotecas. Lo demás es basura”, suele decir un buen amigo. Tal vez exagera. A veces pienso, sin embargo, que podríamos multiplicar por cinco esas dos bibliotecas, la del intelectual y la del científico, y luego dividir la totalidad de libros por temas, y multiplicar por cinco cada tema. Así, estoy de acuerdo, lo demás es basura. Hay demasiado libro impreso en el mundo, demasiada basura. Pero no olvidemos que el asunto se enraíza en lo político, más que en lo cultural. El problema, como todo en el desastroso mundo actual, es un problema de mercado. Han convertido el alma de los libros en mercancía. Y muchas de esas almas están ahítas de pecado.

 

KGB: En virtud de lo anterior, Maestro, ¿pensaría que hay precariedad y cortedad en el entorno en que vivimos y, por ello, lo que más se vende está dirigido a resolver problemas inmediatos (p.e. algunos libros de ‘autoayuda’) o a, simplemente, ‘pasar el rato’ mientras se inicia o realiza otra labor ‘más importante’, haciendo a un lado la trascendencia que puede dejar lo leído?

 

DSJ:  ¡Claro que hay cortedad, precariedad, ignorancia y, ante todo, atraso político! Ahora, eso del auge de los llamados libros de ‘autoayuda’ significa que los estados, y los gobiernos, desde luego, se preocupan por satisfacer las necesidades físicas de los ciudadanos, más que las espirituales. ¿Ve usted? Siempre acabamos en lo mismo. En últimas, el problema del libro es un problema de orden político; máxime, cuando estamos regidos por analfabetas.

 

KGB: Maestro, ¿maneja usted el concepto de “comercialización de la pluma”? Si así es, ¿piensa usted  que las grandes cadenas comerciales tienen noción y conciencia de lo que venden, en virtud de la muy difundida imagen en nuestro país, y otros países, de los intereses paraliterarios?

 

DSJ: No sólo es cierto lo que usted anota, sino que el fenómeno opera de manera contrapuesta; es decir, al revés. El fenómeno de la comercialización de la pluma ha llegado a tales extremos, que son las casas editoriales quienes, muchas veces, imponen los temas. En Colombia, por ejemplo, vende el escándalo, no la virtud; vende la violencia y el sicariato, no la redención del lenguaje ni la afirmación cultural. Otro ejemplo: en los Estados Unidos el término ‘publisher’ implica muchas más cosas de lo que implica en español el término editor; así como editor en inglés significa intromisión, mutilación, autonomía… claro, siempre de acuerdo con el publisher. Al parecer, el mundo editorial en todo el Planeta ha naufragado en esa horrenda modalidad. Es parte del deterioro general de ese mundo, el actual.                                                                                   

 

KGB: Maestro, cree usted que, como algunos afirman, la tecnología será la única cultura del futuro y, por tanto, la verdadera cultura no es importante?

 

DSJ:  No lo creo. Pese a que soy consciente de que atravesamos un período de franca decadencia, tengo fe en la humanidad. Estoy seguro de que, luego de tomar conciencia de todo el horror que vivimos, resurgiremos a partir de las cenizas. Aquello ha sido una constante en la Historia. No lo veremos ni usted ni yo, pero en varias generaciones se operará un cambio sustancial. Y así, muchos implementos tecnológicos que hoy son reyes y príncipes de la Creación, pasarán a formar parte del Museo de la Nostalgia, junto con el sombrero de Michael Jackson y la capa de Superman.

 

KGB: Maestro, finalmente me gustaría preguntarle, ¿dónde hay esperanzas dentro del caótico presente del mundo editorial? ¿Cree usted que la literatura necesita héroes? ¿O son los editores quienes necesitan de héroes?

 

DSJ: Todos necesitamos héroes. Más que héroes, necesitamos paradigmas, ejemplos a seguir. Probablemente el futuro del mundo editorial esté en lo alternativo y lo experimental, en las ediciones de tipo marginal. Pero, más que en otro lado, en el convencimiento de que no estamos solos, de que no somos golondrinas y de que el verano, ese verano de tantas golondrinas juntas, sólo será posible si se llega a la final conclusión de que el mundo debe estar gobernado por los más inteligentes y no por los más ignorante y payasos, como ahora sucede.


 


 

ENTREVISTA, NO A DAVID SÁNCHEZ JULIAO SINO AL PERSONAJE DE SU CREACIÓN “EL FLECHA”, PUBLICADA EN “EL MERIDIANO DE CÓRDOBA” EN 2008.

 

–¿Cómo te defines, Flecha?

–Soy un boxeador de profesión y un bacán de fracaso. Pero todavía no me busca la Interpol.

 ¿Cómo te ha tratado la vida Flecha?

–A golpes.

 –¿A qué mujer de la vida nacional quisieras darle con tu flecha?

–A la que más se parece a mí, porque siempre pierde: María Emma.

— ¿Te ha fallado la flecha alguna vez?

–Cuando me las como… y aparece un policía mordelón en la esquina.

 –Una cosa buena y una mala de Lorica

–Las cosas buenas somos yo (el burro’alante), el fresco’e Milo y el bocachico. Las malas… no caben en cien meridianos.

–¿Qué es lo más difícil de ser famoso?

–Pregúntaselo al Gordo García.

–¿Qué piensas de los políticos?

–Una cosa son los políticos como Churchill o De Gaulle, y otra los politiqueros compra-votos. Igual que, una cosa es Truman Capote homosexual… y otra, Pello, el de Lorica, que no es homosexual sino marica. Digo eso, porque políticos por aquí… no hay.  

 –¿Te han puesto los cachos?

–Empezando con La Niña Mencha, ¡imagínate, ponérmelos con un gallito!

 –¿Qué piensas de tu creador David Sánchez Juliao?

–Es el único que tiene paciencia pa’escucharme, y que cree que soy real.

 –Qué opinas de… 1. Álvaro Uribe. 2. Shakira. 3. Gabriel García Márquez. 4. Alfonso López Michelsen. 5. George Bush.

–Alvaro Uribe pronto va escribir Cien años “de Soledad”. De Shakira he oído decir que mueve las caderas. García Márquez, con Bolívar, son los hombres más importantes de Colombia, pero Bolívar no es de aquí. López Michelsen jura que todavía está vivo. Y Bush se va a lanzar a la presidencia de Iraq, ¡y gana!

–Algún hombre se ha enamorado de ti.

–¡Esa es la vaina!: todos ustedes lo están, y “ustedas” también.

–¿Cómo es tu flecha?

–¡Qué pregunta tan pendeja!

 –¿Cuál es tu piropo más efectivo?

–Adiós, mamacita: ¡contigo en el ring… hasta sin lú!

 –¿Te han hecho llorar por amor?

–Hay algo a lo que amo por sobre todas las cosas, y por lo que lloro todas las noches: por este Córdoba tan mancillado, ¡y ustedes… como si nada!

–Flecha, tú eres cobarde. Saliste corriendo el día que te noquearon en el Estadio.

–Pero regresé, y aquí estoy, dándole la cara al país.

–¿Tu vulgaridad preferida y por qué?

–Los muchachos han convertido las vulgaridades en términos de uso común, así que ya no impactan. Si quieres que te ofenda, te voy a ofender con lo menos común del país: ¡Honesto! 

–No crees que tu creador David Sánchez Juliao se ha hecho famoso y se ha ganado unos pesos con tu imagen.

–Ese man no es famoso, si acaso lo conocen en Lorica. Y, qué va, anda arrancao, me dicen que lo han visto manejando un Willys 52; y hasta tiene que empujarlo.

–¿Qué no te gusta de los costeños y qué no te gusta de los cachacos?

–Siempre he sostenido que los costeños somos más hipócritas que los cachacos, pero lo disimulamos mejor.

–Te crees cartagenero como la mayoría de los loriqueros.

–Es que yo nací en 1951, en Lorica-Bolívar. Córdoba fue creado en el 52, y 52 veces se lo han robao.

 –¿A quién quisieras darle un flechazo y por qué?

–¿Vas a seguí con tus preguntas pendejas? 

–¿Por qué el Festival de Vallenato ha puesto más ministros que el Festival del Porro?

–No es el Festival Vallenato el que los pone, es la inteligencia en el manejo social de los vallenatos en Bogotá. También, es que los vallenatos no son tan enjoscaos y recelosos como nosotros. Tienen mucho que enseñarnos.

–¿Tu flecha está envenenada?

–¡Sigues preguntando pendejadas… y te suspendo el trago!

–Que tan lejos llega tu flecha.

–Tan lejos, que mi vida es leída por estudiantes y profesores, en el Lácides C. Bersal y en la Universidad de Nueva York.

 –¿Es verdad que los hombres se están acabando?

–Por lo menos, los que hacen  preguntas brillantes, sí.

–Tu mejor conquista.

–Diez Discos de Oro.

— El flechazo más profundo que te han dado en la vida.

–Jamás haber encontrado trabajo y siempre haber conseguido camello.

–¿Costeñas o cachacas?

–Yo divido el mundo entre cachacas y mujeres; y… las cachacas, la-madre, son mejores que las mujeres.

–¿Qué piensas de los monterianos?

–No voy a decir que llevan la abarca pintá en la frente; ni voy a decir que dicen “coloráito” en vez de “coloraíto”; ni que son malos pal bocachico y el mote’e queso; ni que son la mitá’e camino entre el interior y la Costa –medio cachacones–; ni voy a decir que bailan porro con tumbao de Caucasia; ni que hacen cabalgatas y usan poncho paisa; ni que prefieren la kola Postobón a la kola Román; ni que se creen más mayameros que los barranquilleros (“North La Castellana” and “El Recreo Beach”, sin mencionar “Golden Coast” …Costa de Oro, “The Julia” and “The Bongos”)… ni voy a decir otras cosas, pero sí voy a decir que el mundo entero vive admirado y ha viajado a ver “La Ronda del Sinú”. Esa hermosa Ronda, más el chicheme, las rosquitas, el raspao, la Farmacia Estrella, el queso blanco, el peto, los helados Monterrey, los fritos, el paseo en planchón, el bollo limpio, Pueblo Pescao y el Mercado Público salvan a Montería.  

–¿Te han pillado flechando?

–¿Me puedes hacer una pregunta inteligente?

–¿En qué consiste saber flechar bien?

–Entre otras cosas, en saber preguntar bien.

–¿Por qué dices que en este país no hay nadie más feliz que un periodista con accidente aéreo?

–Porque en este país no vende la virtud, vende la sangre y la tragedia.

–¿Bogotá o Estados Unidos?

–Más bien Montería, con las comodidades de Bogotá y Estados Unidos; es decir “El Recreo”.

 –¿Con qué trabajo sueñas?

–Con quitarle el puesto al Willy.

–¿Qué te gustaría que dijera tu epitafio?

–“Aquí ya sé”

 ¿De qué defecto te sientes orgulloso?

–De ser loriquero.

 


 

MINI-ENTREVISTA A DAVID SÁNCHEZ JULIAO PARA LA REVISTA “LIBROS Y LETRAS” DE BOGOTÁ, 2007

 

 

1. ¿Prefiere que lo lean o que lo escuchen?

DSJ: Me gusta ser leído por los oídos. Pero algunos amigos dicen que cuando me leen, a veces lo hacen en voz alta, pues cierto espíritu de oralidad subyace en mis textos. De todas formas, llegar a la gente de ambas maneras me apasiona, a través de los ojos o del oído.

2. Con la reaparición de Historias Esenciales, ¿está buscando llegar a públicos más jóvenes?

DSJ: Busco aprovechar las más modernas técnicas de grabación para sentir que pasé de la “literatura casete”, a la literatura elepé, luego a la cidí y luego a la ipod. Habría que preguntarle a McLuhan si, en este caso, el medio sigue siendo el mensaje. También busco llegar a públicos más jóvenes, pero sin cambiar una letra en las historias. Y sentirme vivo, que es algo grandioso en este país de 32.000 muertes violentas al año. 

3. ¿Por qué revivir al Flecha?

DSJ. Fue él mismo quien se revivió. Fue él quien empezó a re-escribirse cuando una noche su fantasma se me apareció y me dijo: “Máster, nos estamos dejando ganá de Jólibu; ya hay un Terminéitor Cinco, un Supermán Cuatro y un Padrino Tré, ¿y que pasa con El Flecha Dó?”  

5. ¿De qué autor no soportaría un libro leído?

DSJ: Sufro mucho cuando escucho grabaciones de Neruda, leyendo sus poemas sublimes con una pésima voz y un desastroso acento chileno ¡Que se calle… pero que siga escribiendo desde la gloria!

6. ¿Qué lo hace reír?

DSJ: Eso de que este es un país democrático, que no es racista, y que la Patria existe, ¿qué es la Patria? Cuando los soldaditos van a la selva a morir “defendiendo la Patria”, ¿por quién mueren… cómo se llama esa transnacional? Quizá AITRAP… que es Patria en alrevesino. 

7. En los períodos que estuvo por fuera del país, ¿cómo hacía reír a la gente?

DSJ: Les decía, “Colombia have produced one only universal character, Simon Bolivar, and he was born in Venezuela”.  Todos reían y me reviraban: “And… what about Pablo Escobar”. Entonces, yo, en vez de enverracarme, me reía, y les gritaba: “He who laughs at last laughs more-better”… : El que ríe de último… ríe más mejor”.  

 


 

ENTREVISTA DE CAMILO VILLAMIZAR –DE “VANGUARDIA LIBERAL” DE BUCARAMANGA—A  DAVID SANCHEZ JULIAO 

 

CV: ¿Por qué ese continuo compromiso con la oralidad que le hace publicar sus obras no solo escritas sino también en audio?

DSJ: Pienso que la fuerza de lo oral es tan grande, que la gente olvida que de mis 20 producciones, solo 3 historias han sido escritas con el propósito de ser grabadas en casetes, elepés o CDs. Soy autor de seis muy conocidas novelas que jamás han conocido ese destino de la palabra, entre ellas “Pero sigo siendo el  rey” o “Buenos días, América” o “Dulce veneno moreno”, pero ya ve: la fuerza de lo oral hace que se hable mucho de aquellos tres cuentos esenciales, El Pachanga, El Flecha y Abraham Al Humor. Ello me complace, lógico pero no deja de parecerme algo curioso, y me lleva tal vez a concluir que el colombiano ama la palabra más que a sí mismo. Por eso, discos MTM acaba de lanzar las tres mencionadas historias –vueltas a grabar– en un album titulado HISTORIAS ESENCIALES de David Sánchez Juliao. Está circulando y lo recomiendo ampliamente.

 

CV: El parlamento del Flecha no está escrito en español sino en costeño. Más allá de ser una herramienta literaria ¿a qué se debe tanta precisión idiomática?

DSJ: El Flecha no habla costeño, como tampoco habla español; habla su propia lengua, se habla a sí mismo, se expresa en un lenguaje creación de él y de su clase, pues tanto él como su clase sienten que el lenguaje de las academias y de las altas esferas (el llamado “buen hablar”) no tiene palabras para expresar la complejidad del alma mestiza. Por tanto, en El Felcha, su magia es su labia. Se dice, muy equivocadamente,  que “el popular” latinoamericano, como yo llamo a esa estirpe, no es un hombre conflictuado, ¡y sí que lo es! De modo que él acude a ese lenguaje de su propia invención para expresarse mejor y con mayor precisión.  A eso se debe, para dar respuesta a la última parte de la pregunta, tal precisión idiomática. A ver: ¿cómo podría definirse El Flecha a sí mismo con el lenguaje de las academias…. cuando en su propio lenguaje se define como “boxeador de profesión y bacán de fracaso”? 

 

CV: Perfectamente, en lugar de haber sido el Flecha 2, pudo haber creado un nuevo personaje para su última novela y dejar intacta –por decirlo así– a su creación más famosa ¿Por qué decidió que tenía que ser la segunda parte de El Flecha?

DSJ: No creo que se trate de una novela, es un relato simplemente. Por otro lado, el mismo Flecha me lo exigió. Siempre sentí curiosidad de preguntarle a Cervantes algo parecido: ¿Por qué, habiendo cerrado El Quijote al final del primer tomo, abrió un segundo tomo con el mismo nombre y para tratar el mismo personaje… años después? Pero lastimosamente Cervantes jamás vivió en Lorica; y en un tiempo tal, que me hubiera permitido hacerle la pregunta, ¡qué vaina! Estuve a punto de hacérsela a un pariente suyo de Palenque, llamado Antonio CERVANTES, Kid Pambelé. Pero cuando le pregunte a Pambelé por Miguel De Cervantes y Saavedra, me dijo: “Si es buen boxeador y está ‘rankiao’, que me lo suban al ring para bajármelo en el primero”. Ahí desistí de todo.

 

CV: En un país de regiones y de ciudades, su libro hace un llamado al fin de los regionalismos negativos, esos que en lugar de proteger su identidad lesionan las de los otros. ¿Cuáles son los pros y los contras de los regionalismos en Colombia?

DSJ: Más bien, hago un llamado a que acabemos con los estereotipos, no con los orgullos regionales, porque si en algo estriba la grandeza de este país es en su diversidad regional. No hay derecho a que a estas alturas del siglo XXI sigamos pensando los colombianos que todo santandereano es violento, todo bogotano hipócrita, todo paisa bandido y tumbador, todo chocoano ignorante, todo pastuso tonto, todo costeño perezoso. Conozco mucha gente de cada una de esas regiones que no es el reflejo del respectivo estereotipo.

 

CV: No sólo cita en uno de los pasajes a Fals Borda, sino que la novela está atravesada por la propuesta de un reordenamiento territorial ¿El Flecha 2 es “La historia doble de la Costa” llevada a una novela?

 

DSJ: Este libro, este  personaje y toda mi obra está atravesada por un profundo sentido de admiración y respeto por la obra del profesor Orlando Fals Borda. He sido su discípulo, pero me complace decir que también soy su coterráneo y buen amigo; de él y de esa maravillosa mujer que fue María Cristina Salazar, su esposa. Mi muy conocida novela “Pero sigo siendo el rey” está dedicada a Fals Borda, y mi más reciente libro –aún inédito–, “La Marcha”, a la memoria de María Cristina. Trabajé al lado de Fals Borda en la Costa Atlántica en los setenta, y seguí trabajando con él en los ochenta… y sigo siendo su amigo y discípulo. Cosa curiosa: me correspondió el honor de ser una especie de corrector de estilo y consultor de los originales de “La Historia Doble de la Costa”, y luego la presenté al público lector del Continente conjuntamente con Eduardo Galeano, el prestigioso autor uruguayo, en Bogotá.  Imagínese hasta donde Fals Borda llevó a su discípulo, a que le ‘corrigiera’ un libro que tenía poco que corregir, ¡un honor! Bueno, pienso que aquello constituyó un premio a la lealtad en este país de desleales; así también lo entiendo, pues siempre le he dejado saber al maestro que experimento por él profundos sentimientos de gratitud y de afecto. De modo que la influencia no se recoge del suelo, como dicen las abuelas.

 

CV: Se suele pensar que la región más homogénea en Colombia es sin duda la Costa Caribe, ¿qué tan cierto es eso?

DSJ: Con frecuencia suelo afirmar en mis conferencias a lo largo ancho del país que… “en la Costa, uno primero es costeño y después de algún lugar”. La respuesta a su pregunta sería sí, teniendo en cuenta que de Montería (en Córdoba) a Riohacha (en la Guajira) hay las mismas horas de autobús que de Bogotá a Cali. Y quien sale de Montería y viaja esas diez horas, cuando llega a Riohacha siente que no ha salido de casa. Quien sale de Bogotá, en cambio, para llegar a Cali, debe pasar por Melgar, Girardot, Ibagué, Armenia, Pereira, Cartago… y darle y darle hasta llegar a su destino caleño; y ha  tenido que atravesar muchos climas, subido muchas montañas, escuchado muchos acentos y comido cosas muy diversas.   

 

CV: Hay una relación intrínseca entre la Costa y la música ¿es por eso que usted dedica varios espacios en su libro El Flecha Dos al recate de varias letras famosas del folclor costeño?

DSJ: El costeño es música en todo, en el hablar, en el cantar, en el amar y en el vivir en general; incluido el comer: hemos compuesto canciones al arroz con coco, al chivo guisado, el bocachico, al arroz con lisa, a la arep’e huevo, al suero de leche y al jugo de mango. Al niño que nace y al amigo que muere, y hemos puesto a bailar al continente y al mundo. Todo es música en nosotros, hasta nuestra mitología: El Hombre-caimán, La Llorona Loca, Francisco El Hombre, La Vaca Vieja, “el diablo al que le llaman tren, que sale, por toa La Zona pasa y de tarde se mete a Santa Marta..”  Somos el resultado de una trietnia vigorosa y musical: indios rituales, blanco-moros de la tierra del flamenco y el cante-jondo y negros de las propias entrañas del África, ¿qué más podría salir de allí sino un eterno pentagrama?

  

 

CV: Si bien el término cachaco es una denominación costeña para todas las personas del interior, muchos nos sentimos ofendidos —entre esos los santandereanos—, al ser metidos en ese mismo saco, sin pretender en absoluto ser costeños ¿Qué tan cachacos somos los santandereanos?

DSJ: Santander representa para mí una de las más grandes y vigorosas reservas culturales de Colombia, en dos aspectos particularmente: la comida y la música. Ambas cosas son lo menos cachaco que conozco. Pienso que los santandereanos no caben en ese estereotipo del cachaco bogotano que llega al extremo de decir que los ingleses aprendieron a vestirse como ellos. ¿No se ha dado cuenta de que media Barranquilla, por ejemplo, está hecha de y por santandereanos? La van muy bien el cabro y el arroz con coco, lo mismo que la van bien la pepitoria y el suero de leche. Pienso que costeños y santandereanos nos queremos mucho y nos respetamos más.  

 

CV: ¿Qué lo trae de visita a Bucaramanga?

DSJ: La empresa “Seminarios Andinos” de Santander, ha organizado para muy pronto un taller con el escritor David Sánchez Juliao; taller que ha tenido mucho éxito en otras ciudades del país. Una larga sesión de trabajo de toda una mañana y media tarde, titulado POR QUÉ SOMOS ASÍ, PORQUE SOMOS TAN “DEJAOS”. Es un taller que intenta demostrar que la pobreza y el subdesarrollo, más que de carencia de recursos, son el resultado de una actitud frente a la vida. Así que muy pronto estaré por esas hermosas y queridas tierras… oyendo música y comiendo lo más exquisito de Santander, ¿adivinen qué es?

 

 


 

TÓPICOS PARA UNA ENTREVISTA A DSJ POR CARLOS ARBOLEDA GONZÁLEZ, BASE DEL LIBRO INÉDITO “UNA LARGA CONVERSACIÓN CON DAVID SANCHEZ JULIAO”. 

 

1.      Cine: David Sánchez Juliao en 1999 ha vendido dos guiones cinematográficos a Hollywood al productor Jon Turttle. Uno de ellos está en producción actualmente.

2.      Literatura: Está listo para su publicación el libro “De viaje por el mundo con David Sánchez Juliao”, que cuenta las experiencias de viaje del autor.

3.      Teatro: En Venezuela está en cartelera en “El Ateneo” de Caracas “El Flecha”, personaje de fábula creado por David, que se caracteriza por manejar un lenguaje híbrido entre el autóctono latinoamericano mezclado con el inglés, reflejando la actual simbiosis cultural. La obra, montaje de Yugui Pérez ha tenido un éxito tal que ha ocupado la cartelera de este teatro, uno de los más importantes de Venezuela, durante casi un año.

4.      Sociología: Europa y norteamérica han visto en la telenovela latinoamericana un fenómeno socio – cultural sin precedentes, considerándola una proyección del costumbrismo local. Dentro de esta óptica, David Sánchez Juliao es considerado el máximo exponente del género de la telenovela por considerarlo uno de los pocos escritores que ha sabido traducir el lenguaje literario de sus novelas al lenguaje audiovisual. Es así como ha sido el representante de nuestro continente en importantes conferencias y seminarios, el último de ellos en Baviera Alemania en la Universidad de Eichstaat con la conferencia “Literatura y Televisión en Colombia”.

5.      Televisión: Una de sus fortalezas consiste en conocer a fondo la sociología latinoamericana de donde rescata el género costumbrista, dentro del cual la música es un ingrediente característico de sus obras. Por esto es reconocido como el pionero de la novela costumbrista – musical, que es justamente la que más factura tiene en la venta internacional.

6.      Personales:

La música es una de sus grandes pasiones: Tiene en su casa una sala de música en donde todos los objetos son “musicales”: Las trompetas son lámparas, los ceniceros réplicas de teclados, Beethoven, Mozart, Lucho Bermúdez, Dámaso Pérez Prado, Agustín Lara, Vicente Fernández, Vivaldi, entre otros, conviven allí con su música y sus imágenes. En esta sala  el autor pasa la mayor parte de su tiempo.

Es costeño de pies a cabeza y lo evidencia aún más a la hora de comer, su comida favorita es cualquiera que esté condimentada con agua de coco, tiene sus propias recetas que ha conservado como parte de su tradición familiar. En su cocina el pollo, la sierra, el arroz, los mariscos tienen algo en común: El coco. Y este aroma es el único que, al entrar en su casa, lo delata como costeño:

La casa de David es un anticuario de recuerdos de todos los paises donde ha vivido y cuyas culturas ha capturado a través de objetos que cuida como parte de su herencia vital.

A la hora de tomar también es internacional: El ron no lo apasiona, mientras el whisky lo toma como si fuera parte de un ritual “clínico”: ÉL sostiene que nació menos dos whiskys, por eso sagradamente se toma dos, según auto – receta médica.