10 de abril de 2021
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Las imputaciones falsas duran siglos

25 de enero de 2011

En efecto, para Niccolo Machiavelli, su nombre en lengua nativa, su tránsito por la vida fue menos escabroso que después de haber colgado los guayos. Este hombre, tildado de   “intrigante”, y tortuoso”, así como un astuto marrullero, ha tenido la desgracia de tener muchísimos discípulos que vienen practicando lo que era falso para Nicolás, pero es vigente para los políticos de turno en Colombia. A los cinco años de fallecido,  se le endilgaron al estadista y escritor, motes de alto vuelo como ser  un “dictador” además de considerársele muy “agresivo”.
Según el escritor gringo, Ernest Hauser, al señor Tomas Jefferson lo tildaban de ser “astuto vil y malvado” razón por la cual le llamaban “Maquiavelo”. Durante muchos años, los ingleses creyeron que el nombre de pila de Maquiavelo, Niccolo, o Nicolás, había dado origen al nombre de “Old Nick” con el que designan al diablo. Esa ingrata recordación de Maquiavelo, que es un personaje muy distorsionado y vilmente calumniado, ha recibido esa pésima reputación, como consecuencia de su obra más conocida que es “El Príncipe”, un pequeñito libro, que fue publicado muchos años más tarde al fallecimiento del vilipendiado Nicolás. Pero hoy en día conocemos muy bien que esta obra se ha traducido en todos los idiomas, y que se  volvió de obligatoria lectura, por lo menos en la etapa de estudios secundarios. Quizás hay en esta obra dos asuntos que posiblemente le dañaron la imagen a Nicolás, y son aquellos donde dice que “Hay dos métodos de combatir: el uno por medio de la ley;  el otro, por la fuerza. El primero de estos métodos es propio del hombre; el segundo, de las bestias. Mas como el primero de estos métodos, a veces resulta insuficiente, tenemos que recurrir al segundo”. O bien “El gobernante discreto debe abstenerse de cumplir lo prometido, si cumplirlo va contra sus propios intereses”. Con estas solas apreciaciones yo amo a Maquiavelo y me rehúso a que la humanidad lo siga satanizando de una manera rastrera, cuando, no solo fue un gran Estadista, sino un enorme escritor.
De hecho, su existencia fue tremendamente dramática, y los historiadores  modernos ya no rajan de Nicolás, pero tampoco le exaltan su obra, pues lo consideran como un tipo relevante de su época, como alguien que analizó las reglas del moderno arte de gobernar y que “describió con brillantez la política de las potencias, tal como se practica en la actualidad, quizás con algunos cambios”. Nicolás era un gran patriota, era su pasión, su razón de ser, y a ella se entregaba con alma vida y sombrero. Pero el entorno que le tocó vivir era una Italia, hecha una mescolanza de Estados, que se peleaban entre sí y donde la mezquindad era lo más cotizado para que sirviera la hermosa península de juego a las grandes naciones, como Francia, España y Alemania. Por la época en que nació Nicolás, en Florencia, era un Estado independiente gobernada por esa “familia ejemplar como lo fueron los ”Medicis”. Qué tal el panorama. Al cumplir 25 años, y ya no estar por allí la familia Medicis, las autoridades nombran a Nicolás como Segundo Canciller, y se dedica a recorrer y discutir los más graves problemas, con los regidores de cuanta población se le atravesaba. Es de esta manera como sobresale el gran pensador, con aguda inteligencia, lo que le permitía meterse en lo más complejo de los problemas, tanto de la política interior como exterior, y es así como “este burócrata mal remunerado, aparecía muchas veces a caballo, galopando por las ardientes llanuras y por los gélidos Apeninos, en cumplimiento de alguna  misión diplomática. Por desgracia, siendo un hombre pobre, y además sin familia,no tenía derecho a poder ascender a la categoría de Embajador, sin embargo, le toco medírsele a unos chicharrones bien raros, pues  capoteó a otra joyita de esa época que  era el sanguinario César Borgia, quien quería apoderarse de un Estado en la Italia Central, pero que años más tarde le serviría al Florentino, como “modelo” al escribir “el Príncipe”.
Maquiavelo realizo más de treinta misiones diplomáticas de gran importancia, visito Francia en cuatro oportunidades, recorrió Suiza y el Tirol, paso por Mónaco, en fin era un infatigable caminante, que por el amor profundo a su patria no lo “achicopaló” nada. La historia estará en deuda con  Maquiavelo, pues por tirria con el hombre o por ignorancia, han convertido su apellido, en adjetivos descalificadores, peores que un “madrazo”, pues decirle a alguien que “ese Maquiavélico plan de acabar con la pobreza”, deja ver algo monstruoso.
Reivindiquemos a Nicolás Maquiavelo, y siendo justos, si queremos injuriar a alguien o poner por el piso la imagen de algún cobrador de impuestos, o  a algún político corrupto, bueno lo son casi todos, gritémosle con fuerza,  “váyase al carajo desgraciado Samperista, o  “ ignorante Pastranista, o  “ testiculado Gavirista” o cojan a otros personajes, pero a Nicolás no lo maltraten porque no fue una porquería sino todo lo contrario, todo un bacán.

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