12 de abril de 2021
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Mote-motete; concordancia del artículo; injerencia del inglés

16 de diciembre de 2010
16 de diciembre de 2010

Los motetes que conocí y en cuya interpretación coral participé, estaban en latín y, por supuesto, hacían parte de la música sagrada, complemento importante de la liturgia católica.

Parodiando el dicho popular “sorpresas nos da la vida”, podemos decir “sorpresas nos dan las palabras”. En una columna de Jorge Enrique Pava Quiceno, que algunos leen con disgusto; con gusto, otros (como yo), se lee: “…para poder seguir recibiendo la colaboración de Córdoba (Piedad), simplemente le cambiaron su motete…” (LA PATRIA, XI-26-10). Y, ¡claro!, pensé que se había equivocado, que había confundido las palabras ‘mote’ y ‘motete’. En efecto, ‘mote’, en su primera acepción, es un “sobrenombre que se da a una persona por una cualidad o condición suya”. Sus sinónimos son ‘sobrenombre, apodo, alias’; también, ‘divisa’ y ‘lema’. En cambio, ‘motete’ (del francés ‘motet’) es una “breve composición musical para cantar en las iglesias, que regularmente se forma sobre algunas palabras de la Escritura” (El Diccionario). Le añade la enciclopedia Uteha: “A cada frase del texto literario, corresponde una frase musical. Su estructura queda subordinada a la expresión del texto. Es una de las formas principales de la música polifónica, para voces solas o con acompañamiento, y dio origen a la fuga”. Los motetes que conocí y en cuya interpretación coral participé, estaban en latín y, por supuesto, hacían parte de la música sagrada, complemento importante de la liturgia católica. Eran piezas maestras, que, desafortunadamente, no quedaron grabadas, pues en la época y en el medio no era fácil esa operación. Hoy, escuchamos en las iglesias baladas y cantos carismáticos, cuando no un bolero o, de pronto, una ranchera. ¡Qué pena! De regreso al comienzo, y para darle la razón al columnista, ‘motete’ también quiere decir ‘apodo, baldón, denuesto’. Sorpresas nos dan las palabras, padre Jaime. **

El artículo gramatical, estimado Luis Enrique, concuerda en género y número con la palabra o nombre que determina. El doctor Luis Enrique García escribió en su nota sobre la educación: “Las centenares de horas dedicadas al inglés…” (Papel Salmón, XI-28-10). Como ‘centenar’ es masculino, su artículo tiene que ser del mismo género gramatical: “Los centenares de horas…”. ‘De horas’, en esta frase, es complemento. Fenómeno igual se presenta cuando se emplean el adjetivo indefinido ‘alguno’, el artículo indeterminado ‘un’ y el adjetivo ‘muchos’, verbigracia, “algunos (o unos o muchos) centenares de personas”. En singular se aprecia mejor: “El centenar de horas dedicadas…”. El mismo oído rechaza la siguiente frase: “La centenar de horas. Error semejante se comete esporádicamente con ‘miles’, cuando hace las veces de sustantivo: “Las miles de personas…”, dicen o escriben, cuando debe ser “los miles…”. Construcción distinta se necesita cuando entran adjetivos en oraciones semejantes, por ejemplo, “las cien horas que los alumnos dedicaron…”, o “las mil mujeres que se presentaron…”; “los cinco mil y más azotes…”, o “los doscientos animales ahogados…”, porque, aquí sí, tienen que concordar en género y número con el sustantivo que acompañan tanto el artículo como el adjetivo. Tal, la lógica de la gramática. **

La injerencia del inglés en nuestro idioma es, por muchas razones, inatajable. Y es un fenómeno que preocupa al señor Orlando López, quien se pregunta si el castellano no tiene las palabras que expresen lo que esos extranjerismos quieren decir. Y pone este ejemplo, tomado de El Tiempo: “El top de los actos ilegales que cometen los bogotanos…” (XI-28-10). Y en nuestro diario, el señor Óscar Robledo Hoyos escribió: “No por vestir la noticia con traje femenino y fanfarrias de pasarela de top models se tiene mayor claridad…” (XII-2-10). El uso de esta palabra, ‘top’, con esa significación, es esnobismo, falta de amor por el idioma, indiferencia hacia el mismo, o el deseo de aparentar. Acerca de esta palabra se pronunció el Diccionario Panhispánico de Dudas, con lo que se demuestra que, en este caso, la Academia de la Lengua hizo su tarea. Dice así: “Top. 2. En inglés es también un adjetivo que significa ‘que está situado en la parte más alta o en el extremo superior de algo’ y, en sentido figurado, ‘superior en calidad o importancia’. (…). El término inglés debe sustituirse, dependiendo del contexto, por equivalentes españoles como ‘máximo, principal, puntero, mejor, mayor, más importante, destacado, de lujo, de gran categoría’, etc.”. Hay, pues, equivalentes para todos los gustos. Basta un poco de buena voluntad para buscarlos y, ¡cómo no!, usarlos. El mismo diccionario asienta la palabra ‘top’ con este significado: “1. (Del inglés top). m. Prenda de vestir femenina, generalmente ajustada, que cubre el pecho y llega como mucho hasta la cintura”. En la edición del 2001, El Diccionario le da a esta acepción su beneplácito. Aunque reconozco que es prácticamente imposible contrarrestar esa injerencia del inglés, más aún en la actualidad, puedo afirmar que el noventa y nueve y medio por ciento de las palabras que entre nosotros circulan en inglés pueden ser traducidas al castellano de una manera adecuada. Digo, con una alta dosis de  buena voluntad y una mayor de amor por el idioma.