12 de abril de 2021
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Me gustaría ser alcalde

30 de diciembre de 2010
30 de diciembre de 2010

Hay otra razón: me parece que, a diferencia de lo que se ve en otras partes, nuestros gobernantes hacen lo mejor que pueden, en medio de las severas limitaciones presupuestales, los compromisos políticos, la ineficiencia de muchos funcionarios públicos (no todos, por supuesto), la lentitud paquidérmica de la administración y las trabas habituales de la burocracia, etc.

Tienen limitaciones, claro. Pero podría ser peor, mucho peor. Y también podría ser mejor, quién sabe. Sin embargo, y a pesar de que me gustaría que muchas cosas en nuestro Quindío fueran diferentes, creo que en términos de real politik nuestros gobernantes aprueban el año. No tendrán un 10 aclamado, ciertamente, pero parecen aplicados a hacer lo mejor posible, dentro de las limitaciones ya mencionadas, y de todas las concesiones a que obliga “la cosa política” en nuestro país.

Pero podríamos aspirar también a que las cosas fueran mejores, mucho mejores. Basta con mirar las maravillas y milagros que obra día a día el alcalde de Barranquilla, Alejandro Char, para verificar que basta con que haya voluntad política para que de verdad se vean resultados: avances extraordinarios en todos los campos: salud, educación, vivienda, seguridad, convivencia, servicios públicos, etc.

Y entonces me entran ganas de ser alcalde… Sí, ya sé que parece una inocentada decir algo así, con aparente ligereza, como si ser alcalde o gobernador pudiera darse con solo desearlo y no después de una larga carrera pública.
Pero todos tenemos derecho a soñar. Y a desear un mejor vivir para nosotros y nuestros conciudadanos. Y los milagros también existen. Hay para la muestra muchos botones en nuestro país que hablan de las posibilidades reales que tiene una candidatura independiente si concurren felizmente varias situaciones en su debido momento.

El hartazgo de la ciudadanía con la clase política tradicional, por ejemplo. O la desesperanza de la ciudadanía. O la saturación con la corrupción. O el surgimiento de nuevos liderazgos. O la suerte. O qué sé yo, tantas cosas.
Pero no, no estoy pensando en lanzarme, sepa Usted. Entiendo que aunque hay que aspirar a presidente para llegar a zapatero, uno debe hacer su propio camino para madurar una aspiración de esta envergadura. Y empezar desde abajo.
Más bien, con gusto y mucho entusiasmo apoyaría alguna candidatura de uno de los líderes independientes que nuestra tierra da de cuando en cuando. Un líder como el periodista Miguel Ángel Rojas, por ejemplo: paradigma de rectitud, entereza y compromiso ciudadano con la verdad.

Y ahí, a la sombra de un gobernante excelso como lo sería él, poner un granito de arena para el buen gobierno, mientras hace uno la fila para alcanzar en el mediano plazo una dignidad semejante. Anímese, empecemos a soñar juntos. Vale la pena.
P.S. Un 2011 con salud y bienestar para todos los quindianos. Crónica del Quindío.