1 de marzo de 2021
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

La negra noche no ha cesado

8 de noviembre de 2010

Devolvernos en el tiempo, para encontrar la serie de descalabros que se han cometido en todas las  pésimas administraciones de, por lo menos, los últimos cuarenta años, es llorar sobre la leche derramada, y a sabiendas de que lo que menos ha debido estar politizado es el sector educativo. Pero, desgraciadamente, tampoco se ha salvado de este flagelo: el futuro de toda sociedad debe afincarse en su sistema educativo preferentemente y por encima de las demás acciones gubernamentales que debe asumir el gobierno. En la historia de nuestro endeble sistema educativo reposan documentos de muchísimas recomendaciones dejadas por gran cantidad de misiones extranjeras que han auscultado la calidad de la educación, que han estudiado los programas, que han conocido la estructura educativa que se ha pretendido montar para nuestros jóvenes,  y esas recomendaciones han pasado a mejor vida, porque en el Ministerio de Educación, politizado y aburguesado como todos los otros ministerios, nunca ha habido uno determinante. Tal vez uno o dos ministros, preparados para regentar los destinos de esa cartera, pero que no han tenido continuidad para desarrollar algún plan serio, sin que esta continuidad, de hecho, garantice un sustancial mejoramiento en la propuesta educativa.
Hace 40 años, el ministerio diseñaba los programas para cada curso, que el maestro debía desarrollar, y esa era su única meta: dar trámite a esos contenidos, sin que el docente pudiese cambiar, ajustar, modificar el programa, pues si llegaba una visita de inspectores, se la cobraban bien cara y corría el riesgo de que su hoja de vida quedara empañada. ¿Quiénes diseñaban lo que se debía o no se debía enseñar? ¿Quiénes eran esos arquitectos de la educación, que poseían la verdad revelada? ¿Acaso eran algunos iluminados genios que tenían patente de corso para imponer lo cognitivo que necesitaban nuestros jóvenes? Me temo que eran maestros con diploma de Normalistas, la mayoría metidos en el Magisterio con recomendaciones políticas, como se ha estilado, o profesionales frustrados, que habían rodado por las universidades, y habían encontrado el escampadero facilista del Mineducacion? Y ni que decir del jueguito, que se ha mantenido, de los sistemas para evaluar si nuestros jóvenes “memorizaron toda esa, a veces, basura de datos, fechas, números, que en nada irían a modificar en el aspecto de actitud al estudiante, ni mucho menos darle una preparación integral y rica, no sólo en conocimientos, muchos innecesarios, sino muy corta en valores, muy precaria en lo afectivo y, particularmente, impositiva y arrogante, que era otro estilo inventado por algunos maestros para hacer prevalecer sus bravuconadas tapando sus debilidades.  Hizo carrera que cada ministro de turno cambiara de un solo lapo lo bueno, regular o malo que hubiese hecho su antecesor, y así de tumbo en tumbo, hemos venido peregrinando, en detrimento de quienes deberían recibir lo mejor para sus vidas, como lo es  una educación equilibrada, incluyente, preferente, que direccione lo que el estudiante necesita realmente para desarrollar su vida futura, y que su desempeño pueda ser exitoso y relevante.
¿Qué estudios se han pretendido realizar para poder corregir algunos de tantos descalabros por los que hemos pasado en todo este tiempo?
Hacia mediados del mes de octubre del 2006, Mineducación convoca a personalidades de diversos sectores, todos ellos especialistas y con amplio reconocimiento, para encomendarles la tarea de establecer una agenda y fijar los temas y las prioridades para organizar un debate público del llamado “Plan Nacional Decenal de Educacion 2006-2015. De este grupo hicieron parte Antanas Mockus, Carlos Eduardo Vasco, Vicky Colbert,  Abadio Green Stocel, Jairo Clopatofsky, Eduardo García Deja, Víctor Raúl Castro Neira, Jaime Abello Banfi, Francisco Piedrahita Plata, Vera Grave y Rafael Serrano Sarmiento.
Cada uno de ellos produjo un documento con su propuesta de agenda que contenía 10 retos, que una vez confrontados, se convirtieron en 10 temas para ser discutidos dentro del Plan Decenal de Educación, los cuales concluyeron en el mes de agosto del 2007. En estos primeros años del siglo XXI, cuando nuestro país ha experimentado las más variadas dificultades internas, sujeta a presiones originadas por los dos grandes monstruos de la época, como lo son la sociedad del conocimiento y la ineludible globalización, la educación hoy más que nunca debe jugar un papel preferencial para la construcción de una sociedad moderna, viable, y, lo que más anhelamos, exitosa.
Para el Dr. Francisco Piedrahita Plata, la educación debe cumplir, por lo menos,  “tres funciones claves”.
-“Conducir la sociedad colombiana hacia la equidad, en el sentido de igualdad de oportunidades para sus jóvenes.
-“Formar a niños y jóvenes para el ejercicio de una ciudadanía participante, tolerante, solidaria, justa y honesta.
“Preparar a niños y jóvenes para ser parte de una economía global competitiva, creadora de riqueza y bienestar”.
Estas propuestas, como otras que se hacen, algunas bien encaminadas, van a tener una tremenda dificultad y es saber, a ciencia cierta, si contamos con el recurso humano suficientemente preparado; si nuestros maestros están saturados de todo el  conocimiento que les permita no sólo ahondar en lo cognitivo, sino en lo afectivo, para que haya un equilibrio necesario y suficiente . Me temo que no, pues  dentro de las grandes problemáticas del sistema educativo colombiano, no podemos marginar a una persona determinante en lograr esos sanos y buenos propósitos, como lo es el maestro.
Y, también, está en las Facultades de Educación la responsabilidad grande de formar, no a cualquier profesional, sino a aquella persona que le va a definir el futuro a muchísimas otras.
El educador, el maestro, para recibir ese encargo que le de la sociedad debe,  ante todo, merecerlo; no ser, como en la mayoría de los casos, un personaje facilista, que busca en la educación un escampadero, que le invierte 4 o 5 horas de su tiempo, no para enseñar algo sino para “cuidar a 40 o más personas”, y de allí salir disparado a hacer lo mismo otras 4 o 5 horas, y, de esta manera, “redondear unos ingresos inmerecidos”, que le permitan por lo menos llevar una vida casi decente.
El siglo XXI acaba de comenzar, y por el momento se parece terriblemente  al siglo XX.
No podemos merecernos tanta desgracia.

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